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miércoles, 18 de abril de 2018

LEONARD BERNSTEIN – THE MAKING OF WEST SIDE STORY


Queridos amigos, es para mí un enorme placer y un gran honor presentarles el vídeo documental:

Bernstein – Making of West Side Story
(Subtitulado en español)

(Bernstein – Realizando West Side Story [más o menos])

Este vídeo ya está en YT, tanto en inglés como con subtítulos en español; estoy seguro de que, a pesar de ello, si lo subiera yo me lo borrarían antes que canta un gallo, razón por la cual lo subo por aquí para el deleite de cuantos se asomen a estas páginas.

Se trata de un documental en el que podemos ver los ensayos y la grabación, en 1985, de la célebre partitura de Bernstein, dirigida por él mismo y con la participación de cantantes de ópera. El elenco es, en sus principales papeles, el siguiente:

Kiri Te Kanawa                                                   María
Tatiana Troyanos                                       ­–          Anita
José Carreras                                                      Tony
Kurt Ollmann                                                       Riff
Nina Bernstein (hija de Leonard)                       María (diálogos)
Alexander Bernstein (hijo de Leonard)               Tony (diálogos)

En la entrada dedicada recientemente a este mismo compositor y director de orquesta decía que no necesitaba presentación. Después de haber visto el vídeo de dicha entrada esa presentación es todavía menos necesaria. No obstante, quisiera hacer unos comentarios que me parecen importantes, intentaré ser breve.

En este vídeo podemos observar a Bernstein en toda su dimensión: como genial compositor, como director no menos genial, y como hombre, ese hombre temperamental que se emociona y agradece el buen trabajo de los músicos lanzándoles besos pero que también se enfada y casi pierde los cabales cuando las cosas no salen como él quisiera, y, por supuesto, que aprovecha cualquier momento propicio para enceder un cigarrillo. La composición es una obra maestra: su escritura es genial, contiene bellísimas melodías, y la orquestación es impecable: gracias a este vídeo podemos comprobar que no sobra ni una sola nota de las atribuidas a cada uno de los instrumentos: a un percusionista se le pide que toque un poquito más piano una pandereta, indispensable pandereta. El texto, escrito por Arthur Laurents, también es absolutamente magnífico, con momentos de gran y perspicaz ironía compaginados con otros de una conmovedora, deliciosa ternura; se mantiene fresco y original, como ocurre con la música.

Llama poderosamente la atención la gran calidad de la orquesta, una orquesta que no es tal, me explico: para cuando se puso en marcha el proyecto de esta grabación no se pudo encontrar ninguna orquesta estable, todas estaban de gira o atendiendo otros compromisos, de modo que hubo que recurrir a buscar músicos freelance, músicos que no pertenecían a la plantilla de ninguna orquesta, y a quienes se contrató con la única finalidad de realizar este vídeo. Y, como acabo de decir, llama poderosamente la atención la calidad de todos y cada uno de estos músicos; alguno de ellos, como es el caso del primer trompeta, es calificado de «genio» por el propio Bernstein. Músicos que se enfrentan, casi a primera vista, a una composición de una dificultad enorme, para, con tan sólo unos pocos ensayos, proceder a su grabación. ¿De dónde salen tantos músicos y de tanta calidad? Este es uno de los comentarios importantes que quisiera realizar: ¿salen de los conservatorios americanos?: no, salen de la universidad americana. En Estados Unidos, desde el siglo XIX, o antes, los estudios musicales superiores están ubicados donde les corresponde: en la universidad. En pleno siglo XXI, en nuestro país, los estudios superiores musicales siguen estando… en donde a cada comunidad autónoma le da la realísima gana, pero, en ningún caso, en donde les corresponde estar, en la universidad, es decir, que llevamos un retraso de unos doscientos años, arriba o abajo. Esto tiene unas consecuencias desastrosas para la calidad de la enseñanza, dejando de lado que las titulaciones que se pueden conseguir en nuestros «conservatorios superiores» no son titulaciones universitarias. En el curso 2015-2016, las autoridades autonómicas de mi comunidad, la valenciana, propiciaron y consintieron que prácticamente todos los profesores en comisión de servicios que impartían clase en el conservatorio superior de esta capital fuesen ascendidos, únicamente por concurso de méritos y sin ningún tipo de examen ni prueba práctica, a la categoría de catedráticos, con lo que se instituyó un centro, un solo centro, con más de 120 catedráticos, si la burrada es monumental. Esto supone la marginación a perpetuidad de la enseñanza musical del ámbito universitario. Ya volveré, si me veo con ánimos algún día, sobre este lamentabilísimo episodio de la debacle de los estudios musicales en nuestro país. Pero ver este vídeo pone de manifiesto que la calidad profesional está estrechamente ligada a la ubicación adecuada de los estudios pertinentes: no sólo los integrantes de la orquesta son absolutamente magníficos, también lo son los cantantes de los coros que participan en la grabación, todo ello, gracias a que han recibido la mejor cualificación profesional en unos centros dotados de magníficos profesores universitarios. Es emocionante ver y escuchar, por ejemplo, a los muchachos del coro, con qué exactitud, afinación, adecuación de estilo y entusiasmo interpretan sus papeles, que se saben al dedillo, por supuesto.

Este vídeo es célebre, entre otras razones, por la participación del tenor español José Carreras. Y es mucho lo que se ha dicho al respecto. En primer lugar, hay que decir que este tenor está, en el momento de la grabación, quizá, en uno de sus mejores momentos vocalmente hablando. Hay que decir que, para un español, cantar esta composición, con un texto endiabladamente difícil a una velocidad endiablada, supone una dificultad añadida. Carreras se defiende como un gato panza arriba. Pero… En primer lugar, en opinión de expertos consultados, su dicción no es todo lo correcta que cabría desear. Aun así, en mi opinión, no es en donde sale peor parado. En efecto, durante el ensayo podemos observar que en ocasiones no es capaz de cantar con el ritmo adecuado, es decir, que, posiblemente, adolezca de ciertas carencias solfísticas, lo que provoca en Bernstein momentos de verdadera incredulidad y enfado, incluso desesperación. ¿Dónde estudió música Carreras, en un conservatorio, en una universidad? No lo sé, pero me inclinaría a pensar que en lo primero: es mucha casualidad que el único intérprete que comete errores solfísticos sea español. Otro detalle que me chirría es que en uno de los ensayos aparece comiéndose un helado… Pueden llamarme carcamal, pero cuando algún alumno adulto ha entrado con algo comestible en la mano en alguna de las aulas en las que iba yo a impartir alguna clase le he pedido amablemente que saliera, y que en cuanto terminase su merendola estaríamos todos encantados de volver a contar con su presencia. Con todo, rompo una lanza por el gran José Carreras, al final consigue momentos realmente magníficos, tanto a solo como cuando canta a dúo. Creo que mucha gente, aquí en nuestra tierra, ha cargado las tintas contra este estupendo cantante, estoy convencido que de manera injusta; a todo el mundo a quien he escuchado hablar mal de la actuación de Carreras en este vídeo, jamás le he escuchado señalar cualquier otro aspecto de la grabación: estoy convencido de que sólo han visto los fragmentos en los que el tenor sale mal parado. Nuestro proverbial cainismo.

Mención aparte merece la siempre maravillosa Kiri Te Kanawa. Su voz, su presencia, su técnica, su musicalidad, su profesionalidad…, una cantante absolutamente magnífica que siempre ha sabido estar en su papel, ni más ni menos, una de las más valiosas virtudes de cualquier intérprete.

Bien, dije que intentaría ser breve… Les pido disculpas por la digresión en torno a la música en la universidad. Pero no podía dejar de mencionarlo: tras más de treinta años como profesor de conservatorio no puedo dejar de seguir reivindicando algo que es un derecho esencial del alumnado. Siempre he pensado que a las autoridades académicas de este país, y a todos cuantos siempre han puesto dificultades para que la música esté en donde le corresponde, se les tendría que caer la cara de vergüenza. Lo que ocurre es que, en este país, la música culta a nadie le importa ni un pimiento, la música no se considera un arte sino un espectáculo. Perdón, ya me callo, pero como he dicho, quizá algún día escriba una entrada dedicada por completo a analizar este lamentable problema.

Es imposible que una tarde se convierta en algo largo y aburrido disponiendo de la posibilidad de ver y escuchar este vídeo. Yo no sé cuántas veces lo habré visto, muchas, siempre con la misma diversión y emoción, con sonrisas, risas, y también alguna que otra lágrima de emoción y admiración, porque, como me decía un seguidor del blog en un comentario esta mañana: los hombres también lloramos, claro está. Espero y deseo que también ustedes disfruten con la misma intensidad.



 Romeo y Julieta
Sir Francis Bernard Dicksee

domingo, 15 de abril de 2018

3.000.000 DE VISITAS (y pico [de pájaro])



De nuevo una cifra llamativa, de nuevo hemos atravesado una fina e invisible línea. Y otra cosa llamativa es que en bastante menos de un mes hemos recibido 500.000 visitas. Inaudito.

Y eso que aquí no hacemos publicidad, ni pedimos que se le dé al me gusta (o como se diga), ni pedimos subscripciones, aquí no se pide nada de nada: quizá sea esa, precisamente, la razón de nuestro «éxito»; porque aquí no se pide nada de nada. Y lo curioso es que tampoco damos nada de eso que parece tener tanto éxito en los medios de comunicación: política, sucesos, catástrofes, ¡fútbol!, escándalos, ¡fútbol!... ¿O será, precisamente, por eso que no dejan de visitarnos?

En fin, una vez más no sé si debo dar las gracias o qué. Sí, creo que sí debo dar las gracias, pero no porque tanta y tanta gente visite «Guerra y Paz»: gracias porque haya tanta gente que gusta de pasarse por aquí a ver y escuchar, y a leer, lo que aquí se publica, y que no tiene nada que ver con esas otras cosas más arriba mencionadas: resulta esperanzador que todavía queden tantas y tantas personas que encuentran interesante y atractivo un vídeo de Bernstein o de Fricsay, o de Richter, o un audio sobre un pájaro.

Schubert fue un gran caminante, un «paseante», y así lo dejó reflejado en multitud de sus composiciones. También nosotros somos eso, caminantes, paseantes, y también tenemos un poeta que escribió mucho sobre el caminar, sí, nuestro gran Antonio Machado, como en este gran poema:

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas,
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.

O este otro, uno de mis poemas preferidos de todos los tiempos y autores:  

YO VOY SOÑANDO CAMINOS

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas! ...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
—La tarde cayendo está—.
«En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día,
ya no siento el corazón.»

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina dorada
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.»

Pero hablaba de Schubert, quien escribió esta prodigiosa «Fantasía del caminante» (Wanderer-Fantasie, D. 760). Aquí podemos escucharla por nuestro amado Sviatoslav Richter quien, por cierto, también fue un infatigable caminante y viajero. También nosotros procuraremos estar a la altura de las circunstancias y no dejar el camino, seguir, seguir, siempre adelante, caminante, no hay camino, se hace camino al andar…



UNA AÑO MÁS, LAS GOLONDRINAS


 
No es la primera vez que hablo de ellas en el blog, tanto es así que, quizá, alguien piense que soy un poco pelma… Si a esto añadimos que el otro día hablaba de un pájaro solitario que viene a darme los buenos días cada mañana quizá alguien piense que tengo pájaros en la cabeza, es posible…

Esta mañana, hace un rato, he escuchado las primeras golondrinas de este año. Puntuales, como todas las primaveras, a mediados de abril, el mes más bonito del año, se han dado una vuelta por las azoteas de mi pequeño barrio, viejos tejados que propician cientos de recovecos en los que están situados los viejos nidos. No deja de asombrarme; unas aves tan pequeñas que sean capaces de volar miles de kilómetros y encontrar, año tras año, el nido en el que vienen procreando desde vete tú a saber cuándo.

El verano pasado filmé, con el móvil, el paso de un grupo de estas avecillas en torno a un viejo puente por el que suelo pasar en mis casi diarios paseos. Por si alguien entre ustedes todavía no sabe cómo cantan estos alegres pájaros aquí les dejo el vídeo, un vídeo mal filmado, pero en el que se les puede ver revolotear y chillar.


¿Por qué le doy tanta importancia al canto de los pájaros? Por muchas razones. 

Por un lado, porque pienso que debemos reconocer las pocas muestras que de la naturaleza todavía son perceptibles en las ciudades; pienso que en las escuelas ya no se enseñan las cosas esenciales de la vida; pienso que nuestros jóvenes y nuestros niños se pasan la vida de cara a las pantallas de sus dispositivos, lo cual no es que sea malo en sí mismo, sino que lo es porque esas pantallas absorben por completo su atención y dejan de mirar a esa otra cosa que se llama vida: el cielo, la noche, las caras reales (no virtuales) de sus familiares y amigos, los pájaros, los árboles… Con los auriculares puestos no se puede escuchar lo que te cuenta un vecino, un amigo, ni el ladrido de un perro, ni el canto de los pájaros, ni el murmullo del viento al pasar entre las ramas de los árboles. 

Por otro lado, porque estoy convencido de que es mucho más valioso lo que nos cuenta la naturaleza en sus múltiples manifestaciones que lo que nos cuentan tantos y tantos siniestros personajes, una vez más, a través de las pantallas, de Twitter, de WhatsApp, de Facebook, etcétera-etcétera, mediante las que nos llenan la cabeza, o eso intentan, de tantas y tantas paparruchas. Si perdemos el contacto con la realidad, es decir, con la naturaleza, y sólo miramos y escuchamos la realidad virtual, y la que se inventan estos siniestros personajes, al final ya no seremos personas, si no es que ya hemos dejado de serlo, y no tengo ni idea de en qué cosa nos convertiremos.

Aunque parezca que tengo la cabeza llena de pájaros… O, incluso mejor: ojalá tenga la cabeza llena de pájaros.
 
Con las golondrinas nos llega la voz de la vida renovada, de la alegría de vivir, de la esperanza, la voz de la naturaleza. Sólo una cosa anuncian que me inquieta: el calor, ya está aquí el calor, un calor que pronto se volverá insoportable y no nos dejará hasta el próximo octubre o noviembre, ah, el insufrible calor que nos achicharra por estas tierras…