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domingo, 14 de agosto de 2011

LA DUQUESA DE CHINCHÓN, de GOYA / DON GIOVANNI, de MOZART


Así como Mozart fue el primer compositor que captó en sus óperas el carácter psicológico no sólo de sus personajes sino también de las situaciones (Don Giovanni es el ejemplo más claro de ello), Goya, que nació antes y murió después que el genio de Salzburgo, consiguió en sus numerosos retratos dotar a sus modelos de sus perfiles psicológicos y captar las situaciones que los envolvían. Una gran prueba de esa cualidad podemos encontrarla en el Retrato de la condesa de Chinchón. Robert Rosenblum y H. W. Janson nos lo explican de un modo admirable en su libro «El arte del siglo XIX», (pág. 61), publicado en español por la editorial Akal:

«El respeto de Goya hacia la primacía de las observaciones específicas puede ser captado a lo largo de sus retratos, aunque pocas veces con tanta penetración en la realidad psicológica como en su retrato que la condesa de Chinchón. Por razones maquiavélicas, Godoy había preparado su boda en el 1798 con esta joven prima del rey y de la reina, y cuando Goya la pintó,  en abril de 1800, ella tenía veinte años, estaba embarazada y, de hecho, abandonada por su infiel esposo. Elegantemente vestida con un vestido blanco de cintura alta, tan de moda en la época, se sienta incómoda en su silla, con aspecto de niña perdida más que de condesa de la familia real. Como David, en su retrato de Cooper Penrose, Goya parece trastocar todas las convenciones del retrato con el fin de captar la realidad. La condesa aparece abrumada por un entorno de oscuridad y frialdad, en el que su soledad se intensifica y su fragilidad se ve amenazada. Cada detalle -desde la representación de las espigas en su tocado (probablemente un apropiado símbolo de fertilidad) hasta la manera protectora y nerviosa de cogerse las manos- habla de un ser humano concreto en una crisis concreta. Nuevamente, la sensación de encontrarnos ante una realidad reveladora es tan agudo (sic) que el observador moderno podría pensar en la fotografía para encontrar una insistencia comparable en presentar las verdades que no se han hecho públicas. Como ocurre con los mejores fotógrafos, de algún modo Goya ha seleccionado exactamente qué detalles va a mostrar, de forma que captemos, debajo de una superficie de hechos y objetivos, los contornos de su propia personalidad y visión. Tal vez sentimos la propia compasión de Goya, especialmente siendo un hombre sordo, por un mundo sombrío de aislamiento aterrador, así como su sensación de ser un miembro oficial, a la vez que un extraño, en los círculos de la corte. El espíritu aquí no es ajeno al del solitario autorretrato de Goya en la parte posterior de La familia de Carlos IV.»

Trasladémonos ahora al Don Giovanni de Mozart. En esta ópera no será sólo una mujer la traicionada; según un catálogo que lleva adelante Leporello, el lacayo de Don Juan, serían miles y de muy diversos países. Justo al final del primer acto, cuando el insaciable cazador ya ha intentado atraer  con muy malas artes, podría decirse ultrajar, a Doña Anna, el disoluto seductor lucha a espada con el padre de la dama, Il Commendatore, quien ha acudido en auxilio de su hija. En la música de Mozart se escuchan las espadas y, a continuación...(¡!): a continuación comienza un terceto, uno de los más bellos tercetos de la historia de la música, en el que a estos dos personajes masculinos se une Leporello; es aquí donde Mozart capta magistralmente el dramatismo psicológico de la situación y sus personajes: por un lado, Il Commendatore, herido de muerte, pronuncia sus últimas palabras; Don Giovanni se jacta de su felonía e incluso insulta al moribundo y el bueno de Leporello se queda atónito ante la maldad de su amo. Y todo esto lo capta Mozart con una música realmente bella, dramática, como no podría ser de otro modo, dramatismo que consigue con el empleo, entre otras cosas, de diversos intervalos y acordes disminuidos. El texto de este pequeño fragmento lo he tomado de Kareol y dice así:

(Si battono. Il Commendatore è
mortalmente ferito)

IL COMMENDATORE
Ah, soccorso! son tradito!
L'assassino m'ha ferito,
E dal seno palpitante
Sento l'anima partir.

DON GIOVANNI
Ah, già cade il sciagurato,
Affannoso e agonizzante,
Già dal seno palpitante
Veggo l'anima partir.

LEPORELLO
Qual misfatto! qual eccesso!
Entro il sen dallo spavento
Palpitar il cor mi sento!
Io non so che far, che dir.

(Il Commendatore muore.)

oO00Oo

(Se baten. El Comendador cae
mortalmente herido.)

COMENDADOR
¡Ah, socorro! El asesino
me ha traicionado, me ha herido,
y del pecho palpitante
siento el alma partir.

DON JUAN
¡Ah! Ya cae el desdichado
angustiado y agonizante
ya del pecho palpitante
veo su alma partir.

LEPORELLO
¡Qué crimen, qué fechoría!
En el pecho, del espanto
me palpita el corazón.
No sé qué hacer, ni qué decir.

(El Comendador expira)

oO00Oo


Quien así lo desee puede escuchar y bajarse este breve fragmento, interpretado por:

Dietrich Fischer-Dieskau, Don Giovanni
Walter Kreppel, Il Commentadore
Karl Kohn, Leporello

con la RIAS-Kammerchor Radio-Symphonie-Orchester Berlin

bajo la dirección de Ferenc Fricsay:



4 comentarios:

  1. Esta forma tuya de enlazar las cosas,en esta ocasión la pintura y la música;y en otras ocasiones la literatura,y en otras..
    Es una de las razones por las que vengo a visitarte,a saludarte,a compartir un espacio de mi tiempo,y robarte un poquito del tuyo.

    Nunca entendí y nunca entenderé a aquellos que a toda costa,intentaron y aún en la actualidad,y además de forma muy prepotente;separan,fraccionan,dividen el arte.Como si se tratara de un saco de arroz,uno de sal,o de papas(por dar una idea).No pretendo con mi opinión;decir que aquel que se incline por las letras,vaya dando cátedra de pintura o música o lo que fuese.
    Tan sólo pido que mientras se contemple un cuadro o una escultura,podamos también deleitarnos con una composición musical,haciendo vínculos entre ambos.

    Mucho me hubiera gustado tener un profesor como tú,al que sin duda le hubiera pedido que nos deje escuchar a Mozart,aunque el tema del día fueran:Las obras de Goya.

    Nos hubiéramos llevado muy bien.

    Un abrazo y hasta pronto

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    1. El arte es uno, aunque ese uno tenga muchas facetas. Es difícil, en mi opinión, amar sólo una de esas facetas. Otra cosa es que cada cual tenga una predilección, o una vocación por una de sus manifestaciones en particular. También está que cada cual puede tener unas aptitudes para un arte determinado. Es muy bonito relacionar las cosas; todas las cosas relacionadas consiguen un nuevo significado y, a la vez, cada una de ellas adquiere nuevos matices, quizá insospechados.

      Pero no todo el mundo tiene la capacidad, o la curiosidad, de relacionar unas cosas con otras: los hay que no quieren saber nada que no sea su exclusiva especialidad. Quizá en otra vida seamos tú y yo profesor y alumno o viceversa.

      Como no se podía escuchar el terceto de Mozart he subido un nuevo enlace con unos intérpretes distintos. Destaco entre ellos a mi querido Ferenc Fricsay, quizá mi director de orquesta predilecto: un auténtico Maestro, calificativo este que se regala últimamente a diestro y siniestro, por ignorancia o frivolidad, o ambas cosas.

      Un abrazo

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  2. Buenas noches,querido profesor,aquí de nuevo YO!...releyendo con gusto la entrada.Gracias por el nuevo enlace.Es muy emocionante,cuando veo que le has hecho alguna modificación(si vieras mi sonrisota de felicidad) enseguida lo descargo.

    Que tengas un bonito y relajado fin de semana.

    Un abrazo y hasta pronto

    P.S.En la próxima vida que me toque me matriculo en tu clase.

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    1. Me lo apuntaré en algún sitio para que no se me olvide y en esa próxima vida te guardaré un sitio en mi clase.

      Feliz fin de semana, un abrazo

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