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jueves, 8 de septiembre de 2011

BEWITCHED, BOTHERED AND BEWILDERED, but WITH A SONG IN MY HEART


 «Embrujado, incomodado y perplejo» pero «Con una canción en mi corazón».

              La vida, tal como nosotros la conocemos, es un fenómeno cuya principal consecuencia es la generación y propagación de sufrimiento. No se puede esperar mucho más de un sistema cuyo funcionamiento depende de que unos seres se coman a otros. Hambrunas, enfermedades, plagas, catástrofes naturales, guerras y un sinfín de calamidades no han dado respiro a toda criatura viviente desde el comienzo de los tiempos. Dado este estado de cosas no es de extrañar que ya el hombre de las cavernas buscase en donde no hay para encontrar consuelo y esperanza con los que paliar sus incontables miedos e incertezas de todo tipo. Por esa razón, el hombre, desde el origen de los tiempos, ha inventado seres supremos, dioses, a quienes pedir ayuda, en quienes encontrar esperanza y consuelo, y también a quienes culpar de tanta barbaridad. Yo recibí una educación cristiana, por no decir católica, pero ya en mi lejana juventud abracé el ateísmo como luz que ilumine mi camino. Ya por el simple principio de la llamada «navaja de Ockham», «no ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias». Además, en el caso de que existiese un dios, o varios, o un dios que son tres, cosas todas ellas tan posibles como imposibles, lo que no se les podría atribuir a esos seres bajo ningún concepto es «bondad». Charles Manson, Ted Bundy, Adolf Hitler e Iósif Stalin, por sólo nombrar a cuatro de los miles de criminales creados –en todo caso– por algún dios, devienen hermanitas de la caridad o, en todo caso, boy scouts, al lado de quien a ellos les hubiese creado, un dios o cosa parecida. Me viene a la cabeza, una vez más, Borges:

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?


              Sí, un lío. Y después de todo, también Borges nos previene de que si uno no consigue ser feliz en esta vida habrá cometido el peor de los errores, merecerá que los glaciares del olvido le arrastren y le pierdan, despiadados. Porque ser blanco y vivir en occidente y no ser aceptablemente feliz no tiene perdón. Nosotros, aquí, con nuestras pequeñas incertidumbres: ¿qué coche me compro?, ¿me arreglo la cocina?, ¿me apunto a pilates o a taichí?, ¿a qué restaurante vamos a cenar esta noche, cariño?... Y, bueno, me duele decirlo, no me siento digno ni de mencionarlo pero al tiempo me siento obligado a mentarlo, mientras nosotros nos planteamos estos problemas, en el cuerno de África está pasando lo que está pasando. Y aquí que si la visita de ese que casi siempre va de blanco la paga este o aquel. Claro, esta es una manera muy...  parcial, por decir algo, de plantearlo. Si es que existe ese gran creador también a los guapitos de cara nos ha preparado regalitos; estás tan campante y de repente mira lo que ha traído el gato: el médico te mira con cara de circunstancias y te suelta que te quedan tres o cuatro meses envueltos en un papel de regalo que consiste en un sufrimiento atroz. Y si no es a ti, es a tu padre, o a tu amigo, o a tu novia.
              Por todo esto, en mi humilde opinión, tenemos la obligación moral de intentar ser felices, de exprimir de cada día hasta la última gotita de felicidad. Los que tenemos la inmensa suerte de amar la música siempre podemos encontrar un momento de respiro en ella, un momento para la esperanza y para la felicidad. Y siempre sin olvidar que si en la vida no tenemos amor, si no queremos y somos queridos, si no ayudamos a los demás, no tenemos nada ni nada somos, humo, sólo humo. El arte sólo entreteje naderías, aunque nos consuele. Y si nos encontramos «embrujados, incomodados y perplejos», cuando lo veamos todo negro:




              siempre nos queda llevar una canción en el corazón:




2 comentarios:

  1. Dices:" si en la vida no tenemos amor, si no queremos y somos queridos, si no ayudamos a los demás, no tenemos nada ni nada somos, humo, sólo humo" y yo te pregunto: y si sí ¿dejariamos acaso de ser humo? ¿que tendriamos?¿la eternidad al fin? Una eternidad sin dios acaso?.Sin nada no hay nada y por tanto nada,a la postre,importan nuestros sentimientos ni comportamientos.Entonces ¿que hacer?.Yo soy el origen y la meta del bien y del mal, si quiero amor buscare amor,si dinero,dinero,si quiero odio buscare odio ¿que me lo impedirá?

    Saludos...FLP

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  2. Hola, FLP, tienes razón, no dejaríamos de ser humo, pero al menos, mediante el amor y la bondad, paliaríamos, aliviaríamos el sufrimiento al que estamos castigados y encadenados, el propio y el de los demás. La eternidad no existe, con o sin dios, o, en todo caso dura un nano segundo. ¿Quién se acordará de Bach o de Stalin dentro de mil millones de años? Cada uno opta por el amor o el odio, pero independientemente de la existencia de dios. En nombre de dios se ha repartido mucho odio, y se sigue repartiendo a manos llenas. Las personas merecemos dignidad y respeto sólo por el hecho de serlo, no por que nos la conceda ningún dios. Ni con dios ni sin dios existe impedimento alguno para el odio o el amor.
    Gracias por tu comentario, FLP.

    Un cordial saludo

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