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lunes, 19 de septiembre de 2011

CONCIERTO PARA PIANO No. 2. Op. 18, de RACHMANINOV, por RUBINSTEIN


             
          Yo vine a este valle de lágrimas en unas circunstancias un poco adversas. Nací en el piso en el que, a la sazón, vivían mis padres y fui el cuarto hijo de una prole que llegaría a ser de cinco elementos. Eran tiempos más que difíciles, tiempos duros: en mi casa, durante muchos años pasamos necesidades, éramos casi pobres pero sin la dignidad y honorabilidad que ser pobres conlleva, éramos casi pobres.
Yo tuve la ocurrencia de abandonar el acogedor seno de mi madre a las doce de la noche en punto. Tanto es así que los allí presentes se miraron los unos a los otros y se preguntaron, ¿en qué día ha nacido, en el de hoy o en el de mañana? Optaron por lo más sensato, preguntar a mi madre: «en el de mañana» dijo ella, y así me hizo un día más joven. Dicen que quienes nacen a las doce de la noche tienen ciertos poderes sobrenaturales. De hecho, leí en un hermético tratado que para ser brujo había que nacer el día doce del mes doce a las doce de la noche. Según este enigmático precepto yo debo ser un tercio de brujo, abracadabra.
Brujo o no, nací enfermo; me ahogaba y pronto diagnosticaron los galenos bronquitis asmática. De ella yo sólo recuerdo eso, que me ahogaba y me pitaba algo por dentro; también recuerdo algo que me raspaba la cara y me molestaba enormemente: con el tiempo supe que era la tosca manta de lana con que mi madre me enrollaba para llevarme a un médico de urgencia cuando tenía un serio ataque de asma; por último recuerdo la cajita en la que iban las pastillas que tomaba, Dacortin, cortisona pura y dura; era una cajita como de cerillas, blanca casi tranparente y con una tapita corrediza verde.  Mi enfermedad duró hasta que hube cumplido cuatro o cinco años.
Dado mi estado casi siempre estaba metido en la cuna o algo así. Para que me calmara y entretuviese, y a falta de juguetes u osito de peluche, mi madre me ponía un viejo disco de treinta y tres revoluciones, lo que ahora llaman un vinilo, toma castaña pilonga; de estos había en mi casa tres o cuatro, no había más. El que mi madre escogió fue el del concierto para piano y orquesta número dos en do menor de Rachmaninov en interpretación del genial Arthur Rubinstein. Ayer hablaba de la música rusa, de su belleza triste y de sabor eslavo. Este concierto es clarísimo ejemplo de ello. Yo, con esa música, en efecto, me calmaba y entretenía y no sólo eso, forjaba un imaginario musical que para siempre estaría marcado por la música bella y de bella melancolía, que me haría preferir para siempre la tonalidad menor a la mayor. Yo adoraba esa música, la podía escuchar una y otra vez, nunca me cansaba y siempre descubría cosas nuevas.


Rachmaninov es un compositor que durante muchos años ha sido muy maltratado por críticos, musicólogos y músicos listillos. Todos una pandilla de estúpidos paletos que en lugar de pararse a escuchar juzgaban y dictaminaban: «la música de Rachmaninov es anticuada para su época, no es moderna, a la hoguera». No obstante ha habido gente que se ha detenido a escuchar esta música con la atención que merece y, cada vez más, se le va devolviendo el valor, enorme, que nunca debería habérsele arrebatado. Es una música bellísima, con unas armonías muy complejas, y, algo que casi nadie reconoce, de un sofisticado contrapunto. El contrapunto es el arte de simultanear melodías. Bach es considerado el maestro absoluto de este arte y comparar a Rachmaninov con él supone, todavía para muchos ceporros, como comparar un Skoda baratito con un Rolls Royce de la más alta gama.  Y es que la gente no sabe formarse sus propias opiniones de las cosas, prefieren adoptar tal o cual pose predeterminada y arreando. Ni qué decir tiene que yo amo la música de este maltratado ruso.
Arthur Rubinstein fue un grandísimo pianista. Nació en Polonia y era de origen judío. Fue una persona admirable. Su sentido del humor es proverbial. Se le atribuye la frase: «Cuando dejo de estudiar un día lo noto yo; cuando dejo de estudiar dos lo nota mi mujer; cuando dejo de estudiar tres días lo nota el público»


También fue en muchos aspectos un bon vivant; un ejemplo: fumaba habanos a los que hacía etiquetar con una vitola con su nombre. De hecho, cuenta Baremboim que cuando siendo niño le presentaron, hecho un flan, al gran maestro Rubinstein, este le dio un puro y una copa de coñac para quitarle el nerviosismo; hoy en día eso le hubiera costado una temporada entre rejas. Como pianista poseía una técnica que llegaba más alto de lo que se considera virtuosismo. Se suele poner como ejemplo su postura ante el piano, su manera de sentarse en la banqueta: la espalda recta pero con su curvatura natural y en lugar de mover la cabeza de izquierda a derecha y de arriba abajo sólo movía los ojos.


He encontrado en Youtube la grabación que yo escuchaba de niño y marcó, sin lugar a dudas, mi existencia. No se ve a Rubinstein, se ve la partitura denominada a dos pianos: los dos pentagramas de abajo recogen la reducción de la parte de orquesta; los dos de arriba la parte de piano. Sólo está el primer movimiento, por cierto, el que más me gustaba y me sigue gustando. Espero que quienquiera que lo escuche disfrute como un niño:



3 comentarios:

  1. Una vertadera obra d'art. Els concerts de piano més coneguts d'aquest autor, són aquest i el tercer. Però no hi ha que desvalorar el primer i el quart (sobre tot). Baix el meu punt de vista, no són tan dramàtics, però formen part de les obres mestres de l'història de la música. Dit açò, comparteixc fins a cert punt, l'opinió dels crítics i musicòlegs "paletos". No es pot negar que la música d'aquest compositor, està antiquada per a l'època. El concert data entre el 1900 i el 1901, a tan sols 12 anys de l'estrena de la "Consagració de la Primavera", i quan el seu compatriota Scriabin (entre altres), ja portava uns anys intentant inovar en el camp harmònic i formal. Amb tot açò, trobe que que és injust relacionar la novetat o els nous llenguatges amb la qualitat. Tota la música innovadora és bona? La música escrita en els nostres temps, amb llenguatges explotats (aquest cas el tonal) perd en qualitat? Pense que una cosa és independet de l'altra. Si la música romàntica s'idintifica amb l'invidualis-me i amb la preocupació per expressar el sentiment emocional més profund, aquesta, la música de Rachmaninoff, és la música més romàntica i amb més qualitat que s'ha escrit al llarg de l'¡història (amb el permis dels grans mestres no citats ací).

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  2. disculpa'm les faltes... està escrit a la biblio del conservatori i ja saps com anem per ací...

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  3. Y tampoco hay que olvidar el quinto. Sí, yo me quedé tan extrañado como tú cuando un día encontré un CD con el quinto concierto para piano y orquesta de Rachmaninov. Lamentablemente no se trata de una obra «perdida», olvidada en un baúl de algún noble ruso; tan sólo se trata de una transcripción para piano y orquesta de la segunda sinfonía de este autor, transcripción que tiene buenos y no tan buenos momentos.
    Creo entender y compartir algunos de tus puntos de vista. Yo lo que defiendo es la libertad del artista de crear lo que salga de él. También, como el bueno de Satie, tengo un poco de tirria a los críticos, musicólogos y demás especies (como en el contrapunto): en la mayoría de los casos tienen, como mucho, una formación musical o inexistente o lamentable. También detesto a otros mucho individuos que me consta que no saben escribir una redonda con un canuto y tiran por tierra composiciones de sus alumnos alegando que «eso ya se hacía el año pasado...» Al final, los alumnos de composición, tendréis que mirar el telediario para ver qué se ha escrito por la mañana y no incurrir en el grave pecado de escribir algo parecido por la tarde.
    Muchas gracias por tu comentario. En cuanto a los medios del conservatorio... más que medios son tercios, o cuartos...
    Un cordial saludo

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