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sábado, 17 de septiembre de 2011

EL ROBO INFAME DE LA EDUCACIÓN



 Ya he escuchado el testimonio de tres madres que me cuentan que sus respectivos hijos, chavales de doce o trece años, repiten curso. Son madres y chavales de familias modestas, casi al borde de la modestia tirando hacia abajo. Estas madres asumen con dignidad y responsabilidad que sus críos podrían haberse esforzado un poco más el curso pasado, y tratan a sus vástagos con comprensión y cariño ante la fatalidad. Porque los niños son curiosos por naturaleza:


Y eso es lo que hay que alimentar, y saciar con explicaciones claras y sencillas. Y poco más. Además ¿cuánta parte del suspenso le corresponde al alumno y cuánta al profesor? Con pocos medios, mucho cariño, mucho amor por la profesión y, por supuesto, unos muy sólidos conocimientos, un profesor puede hacer mucho bien. Y viceversa.


Pero ahora empiezan las sorpresas. Resulta que al matricularlos del mismo curso que ya hicieron el curso pasado les dicen que ya no les sirven los libros que utilizaron en ese curso suspendido, que han de comprar unos nuevos. La primera interrogante: ¿tanto ha cambiado la cultura como para que lo que el año pasado explicaba las cosas ahora ya no sea útil? ¿acaso se ha descubierto que la Tierra ya no es redonda y que no fue Cervantes quien escribió el Quijote? No saben no contestan: lo que sí saben de carrerilla es el cuento de la pedagogía: ahora los libros son más pedagógicos que el año pasado, más lúdicos, con más colorines, etc. ¿No será que una pandilla de ladrones infames se inventan las mil y una noches para llenarse los bolsillos a expensas de las pobres familias modestas tirando para abajo? ¡No!, eso sería pensar mal y, además, ser ignorante y no saber nada de pedagogía. Bueno, se agacha la testuz y se acude a comprar esos nuevos y maravillosos libros: 350 euros del ala, toma castaña pilonga; cada libro cuesta entre 18 y 35 pavos. ¿Se puede ser más ruin y miserable, más hipócrita, más ladrón?, y por una vez me voy a tirar a la piscina de cabeza ¿se puede ser más malnacido? Sócrates, el mismísimo Sócrates, no necesitaba ni una triste pizarra, bajo los árboles hablaba a sus discípulos. Y se lo pagaron en especie, con cicuta, para ser exactos.


Conozco muy muy bien a un profesor que ha publicado dos o tres libros: este tonto el haba trabajó como una bestia para escribir sus tratados; pues bien, ahora ni los manda comprar a sus alumnos, en todo caso les habla de su existencia, les dice que les serían útiles, les sugiere que si les es posible se compren alguno de ellos, les recuerda que están en la biblioteca del centro, incluso les insinúa que pueden ser fotocopiados. Claro, este profesor, alma de cántaro, no es un buen pedagogo, no se recicla (aunque se pase la vida estudiando), no hace que su asignatura sea lúdica, no adorna con nuevos y vistosos colorines sus caducos planteamientos, en fin, no es más que un pobre chalado.


No hace mucho tiempo que el de la tentadora manzanita presentó al mundo un cacharrito llamado iPad. Es cierto que todos los productos con este emblema son un poco más caros que los que no llevan la manzana y llevan una cebolla o un nabo. Bien, el iPad de 32 GB cuesta 579 euros, el de 64 GB 679; tanto el uno como el otro tienen la capacidad de almacenar todos los libros necesarios para cursar los estudios que van desde la guardería escolar hasta el doctorado. El chisme pesa 601 gramos, la mochila de una criatura pesa, sin exagerar, quince kilos. Este aparato tiene además otras mil funciones aparte de la de simple y llano almacenamiento. Es decir, que con lo que cualquier familia se gasta en dos cursos de un miembro de su prole tiene un iPad que, además, mola mazo. Y de paso no hace falta talar la selva amazónica ni contaminar con cloro y otras porquerías las aguas de nuestro maltrecho planeta.
Pero claro, estas cosas sólo se me ocurren a mí, a mí que no soy más que un pobre chalado. Y no perdamos la esperanza de que los niños, los maravillos niños, con esa vitalidad, con esa curiosidad, con esa naturalidad que les es propia, con esas mentes todavía puras, y a pesar de la pedagogía, los colorines, lo lúdico y los intentos de muchos profesores, no perdamos la esperanza de que salgan adelante con paso firme y decidido:


7 comentarios:

  1. No es mala ocurrencia meter el material lectivo en un iPad que podría además hacerlo más interactivo.

    Lo malo es que, mientras pocos abusones te robarían un libro, muchos querrían robarte el iPad aunque tengan el suyo propio.

    - G.
    Por un momento pensé que ibas a hablar sobre cómo ha cambiado el planteamiento cuando un alumno suspende.

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  2. Los libros de texto, reeditados cada año o no, aparte de ser un abuso no sirven para mucho...
    Recuérdese la anécdota del siglo pasado, cuando los libros eran tan poco atractivos, pero tenían algún contenido, del alumno que expone sus dudas ante el maestro.
    "No sé que será de mí en el futuro, qué profesión elegiré a qué me dedicaré qué será de mi vida...
    A lo que el maestro le respondió:
    "Sea usted curioso, hijo mio"
    Efectivamente con eso basta, lo del negocio de los libros, nada tiene que ver con la enseñanza ni con el aprendizaje.
    Otra cosa son los libros, los libros en general, especialmente los que se leen en la edad escolar
    García Márquez, ávido lector en su infancia de la biblioteca familiar, comenta
    "Abandoné mi instrucción cuando fui a la escuela"
    De manera que los libros de texto, la mayoría de las veces, sólo cumplen esa repugnante función, un sucio negoio para unos pocos

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  3. Ya hay algunos colegios que han adoptado el iPad como herramienta escolar principal; hay otros sistemas que permiten al profesor saber la respuesta de cada alumno al problema que plantea en una pizarra electrónica en cuanto el alumno la responde, en el acto; esto le permite explicar de un modo más personalizado el problema a quien no lo ha entendido y, además, hacerlo con discreción, sin que se entere toda la clase de quién no ha entendido la cuestión.
    Detrás de este sucio y vil negocio de los libros de texto no sólo están algunos de los directores de algunos colegios y algunos de sus profesores: las editoriales son las que fomentan este robo disfrazado de cultura y pedagogía. Y esto da tema para mucho pero sólo diré lo siguiente: las editoriales y muchas librerías se creen paladines del saber, defensores de la cultura; se piensan que lo suyo no es un negocio como los demás, que lo suyo es una encomiable labor social: mentira cochina. Hoy en día se publica cualquier porquería que dé pasta gansa; los libros buenos que «no tienen salida» se retiran de las librerías tan solo dos o tres años después de su fecha de edición y luego ya no los encuentras ni por Internet; esos libros retirados desaparecen, ¿qué hacen con ellos, ¡los queman!?; el precio medio de un libro que no sea de bolsillo está sobre unos 18 euros, casi tres mil de las desaparecidas rubias, pero los hay de hasta 30 pavos o más; con estos precios, ¿cómo quieren que la gente lea?, además, ¿por qué narices no te hacen ni un miserable cinco por ciento de descuento?
    Pero robar a los niños y a las familias que están con el agua al cuello, eso no tiene nombre.

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  4. Al hilo de lo que piensas, ayer se publicaba en El País:

    http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/07/actualidad/1357581236_335734.html

    Yo sólo añado que los pedagogos son ya una especie en extinción. En cuanto a los libros de texto veo que lo fragmentan y los rellenan de imágenes hasta la saciedad. Llego a echar de menos la Enciclopedia que se estudiaba antaño. En fin.
    Que prefiero pasar un día como eso niños que aparecen tan panchos en la foto de Vicoli Napoli que muchos en la escuela.

    Un abrazo, Carlos.

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    Respuestas
    1. Acabo de leer el artículo de El País. Benavides tiene más razón, en más amplio sentido de la palabra, que un santo, además de ser un consumado creyente... Mis clases son semicolectivas, con hasta unos ocho alumnos por turno, alumnos todos ellos mayores de edad: pues cuando a uno de ellos le suena el móvil, al principio de cada curso, me mira como si fuera yo a extrangularle: cuando le digo que no pasa nada, que salga a atender la llamada y que luego lo apague (si no espera nada urgente, pues cuando le digo estas cosas me mira como si fuera la hermana Teresa de Calcuta. Hace ya veinte años que están circulando todos estos chismes por ahí y todavía nadie, al menos en nuestro país, se ha tomado en serio su involucración en la enseñanza: es más rentable mantenerlos en el ámbito del ocio, y de paso ir cambiando libros cada curso para repartirse comisiones unos y otros. Hacemos reír a las gallinas.

      Un fuerte abrazo, Tempero

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  5. Hola de nuevo, Alejandro. Muchas gracias por tu comentario, me sirve de estímulo para intentar reanudar mi trabajo con el blog, que muy abandonado lo tengo desde hace ya demasiado tiempo. En tu comentario a Andrés Neuman nos contabas que eres escritor; te deseo éxito, y te animo a que no cejes, no son estos los mejores tiempos para la escritura y la cultura en general, por eso, sólo una gran constancia, una gran perseverancia, es la única estrategia para salir adelante.
    Un abrazo

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