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domingo, 4 de septiembre de 2011

UNA NOCHE, de JOSÉ ASUNCIÓN SILVA


«Obra poética», José Asunción Silva, con un testimonio de Álvaro Mutis, una introducción de María Mercedes Carranza, una cronología de Héctor H. Orjuela. Edición a cargo de Jesús Munárriz. Hiperión. Madrid, 1996. (Pág. 131).



José Asunción Silva fue un poeta colombiano de vida breve y llena de trágicos sucesos. Vivió entre 1865 y 1896, año este último en el que se quitó la vida: la leyenda quiere que la noche de su suicidio, antes de encerrarse en su habitación para consumar eso que se ha venido a llamar «la solución definitiva para un problema pasajero», le pidió a un amigo médico que le pintase un círculo en donde tenía el corazón, y en ese lugar puso la boca del cañón de su revólver y accionó el gatillo. Aquí en España, pese a ser un escritor en lengua española, no es demasiado conocido, lo cual tampoco es de extrañar. Por ese desconocimiento es por lo que lo traigo a estas páginas, para descubrirlo un poco, puesto que está cubierto con el sucio trapo de la ignorancia o el olvido. Se le considera uno de los iniciadores del «modernismo», movimiento este que alcanzó su cima con ese otro poeta más conocido llamado Rubén Darío. Asunción es su segundo nombre, no su primer apellido, nombre que en nuestros lares se considera sólo adecuado a las mujeres.
              La poesía que traigo fue escrita en 1892, un año después de la muerte, a la edad de diecinueve años, de su hermana Elvira. Con anterioridad a Elvira ya había perdido Silva a otros tres hermanos. Quizá este poema estuviese motivado por la muerte de Elvira, hubo quien habló de relaciones incestuosas. Mucha leyenda en torno a este gran poeta, demasiada.
              «Una noche» es una poesía de una gran musicalidad y una gran imaginación poética. Su rima, empuja al lector a leer como si fuese a lomos de un hermoso caballo, llevado, empujado por un ritmo ajeno a la propia voluntad.

«Una noche»

        Una noche
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
        Una noche
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
A mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
        Muda y pálida
Como si un presentimiento de amarguras infinitas
Hasta el más secreto fondo de tus fibras se agitara,
Por la senda que atraviesa la llanura florecida
        Caminabas,
        Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca.
        Y tu sombra
        Fina y lánguida,
        Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectadas
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban
        Y eran una
        Y eran una
Y eran una sola sombra larga!
Y eran una sola sombra larga!
Y eran una sola sombra larga!
        Esta noche
        Solo, el alma
Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma por la sombra, por el tiempo y la distancia,
        Por el infinito negro
        Donde nuestra voz no alcanza,
        Solo y mudo
        Por la senda caminaba.
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
        A la luna pálida,
        Y el chillido
        De las ranas
Sentí frío. Era el frío que tenían en tu alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas
        Entre las blancuras níveas
        De las mortuorias sábanas.
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
        Era el frío de la nada.
        Y mi sombra
        Por los rayos de la luna proyectada
        Iba sola
        Iba sola
        Iba sola por la estepa solitaria.
        Y tu sombra esbelta y ágil;
        Fina y lánguida
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
        Se acercó y marchó con ella,
        Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se juntan y se buscan en las noches de negruras y de lágrimas!...
 

He escogido el «Claro de luna», tercera pieza de la «Suite Bergamasque» de Debussy en interpretación de mi amado Sviatoslav Richter para acompañar, no ya este poema al que música no le falta, tan solo para acompañar esta página. Quien así lo desee...





5 comentarios:

  1. ¡Buen día!

    Te cuento que he intentado varias veces dejar un comentario,y sin suerte,todos se esfumaron...pero como yo no me rindo,aquí voy de nuevo!

    Profesor,la entrada de hoy lo tiene todo:poesía,música y más música.
    La poesía de José Asunción Silva,impregnada de perfumes,de belleza y tristeza y de tanta melancolía.La ausencia y la pérdida del ser querido parece indicarle el camino...el amor y la muerte lo acompañan,lo llevan de la mano por el infinito negro,donde nuestra voz no alcanza.
    Viene a mi mente Edgar Allan Poe,quien también llora la pérdida de su amada Leonor.

    Gracias por la poesía y el Claro de luna de Debussy.

    Que tengas un buen comienzo de semana,un abrazo.

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    Respuestas
    1. Buenos días, aunque ahí ya será por la tarde, casi de noche...

      No sé a qué será debido que te haya costado tanto dejar un comentario. Ni idea.

      El poema de Silva tiene un poder cautivador insólito. Cuando lo descubrí, recuerdo que desde la primera lectura de sus dos primeros versos, quedé hechizado, ya no pude dejar de leerlo hasta el final, y a continuación lo volví a leer una y otra vez. Creo que es un poema único, excepcional, memorable.

      He vuelto a subir el archivo de audio, tal como se anuncia, en la interpretación de Sviatoslav Richter, una grabación en directo. La versión de Richter es como cabe esperar, luminosa, fresca y clara, sin afectación, con el timbre bellísimo que caracteriza a este pianista, también excepcional, único.

      Gracias por tus buenos deseos. Feliz semana también para ti.

      Un abrazo

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  2. Ya es pasada la medianoche,y aún sigue lloviendo,y seguirá así toda la semana...

    Vengo en busca de la Luna,¿será que está?...Sí,¡aquí está!

    Gracias por Richter,bello,bellísimo.

    Otro abrazo

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    Respuestas
    1. Fíjate, aquí también llueve, y hacía siglos que no lo hacía. ¿Estará lloviendo en todo el mundo? ¿Estará viniendo un segundo diluvio universal?

      No sé si sabes que este tipo de archivos de audio permite descargar la pieza en tu ordenador, has de darle a la flechita que indica hacia abajo.

      Un abrazo

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  3. Nada de eso,nada de eso...he sido yo,que con todas mis fuerzas pedí al cielo,un día lluvioso para ti.

    Bendita,flechita!no sabes las alegrías que me ha dado.

    Ahora sí a dormir.

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