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viernes, 28 de octubre de 2011

ALEKSANDR SCRIABIN


Aleksandr Scriabin fue un compositor y pianista ruso nacido en 1872 y muerto a la temprana edad de 43 años en 1919. Quizá, lo primero que habría que destacar es que nació después que Rachmaninov (1873  ̶  1943) y murió mucho antes. Señalamos esta circunstancia porque la música de Scriabin fue mucho más vanguardista que la de Rachmaninov, de hecho fue uno de los mayores exponentes del llamado «atonalismo libre»; asimismo escribió mucha música de gran expresividad y belleza encuadrada en el llamado «romanticismo tardío».

 
Scriabin tenía una personalidad muy compleja, de hecho, durante toda su vida pero sobre todo hacia el final de sus días manifestó síntomas de diversas, y bastante indefinidas, enfermedades mentales. Hay mucho escrito sobre la relación entre artistas y, por ejemplo, la depresión. Ya en otra ocasión hablamos sobre la compleja sensibilidad de algunos artistas que les empuja a consumir drogas. Son muchos los artistas que han sufrido depresión, y decimos sufrido queriendo decir que «han padecido con gran sufrimiento». Por sólo citar unos pocos, Beethoven, Schubert, Schumann, Chopin, Mussorgsky, Tchaikovski, Rachmaninov, Wolf, y no músicos, Robert Walser, Cesare Pavese, José Asunción Silva, es tristemente célebre el caso de Van Gogh, todos ellos sufrieron, padecieron con gran tormento, diferentes tipos de enfermedades mentales y en distinto grado, algunos de ellos terminaron sus días en instituciones y sanatorios, eufemismo con que se llamó durante una época a lo que luego se llamó manicomios y más tarde «unidad o planta de psiquiatría»; entre ellos podemos encontrar también algunos suicidas. Sólo quien haya padecido una de estas enfermedades sabe el sufrimiento que ocasionan. Todos estos artistas siempre han despertado en mí una gran compasión.
Scriabin estuvo influido por filósofos y pensadores, Nietzsche y Rudolf Steiner quizá los más significativos. Algo célebre de nuestro compositor, y que suele ser lo único que mencionan algunos «profesores de historia de la música», es su teoría de los colores. En realidad esta teoría no era otra cosa que una consecuencia de la llamada sinestesia; la sinestesia es una facultad mental que consiste en la percepción de un objeto no sólo con el sentido que le es adecuado sino con la mezcla de varios sentidos. Todos somos sinestésicos en mayor o menor medida; en realidad, en torno a un noventa por ciento de la población mundial posee esta facultad en un grado tan ínfimo que la mayoría no es consciente de él en toda su vida. Cuando esta facultad se da en un grado muy acentuado se considera patológica. Así, si a cualquiera de nosotros nos preguntan de qué color es el número 5 una gran mayoría diremos que es rojo; el 4, sin embargo, es marrón. Existe un experimento célebre que consiste en preguntar cuál de las dos figuras siguientes se llama Kiki y cuál Booba:


El resultado de este experimento es que entre un 95 y un 98 por ciento de la gente responde que Kiki es la figura angulosa de color naranja y Booba la ondulada violeta.
Scriabin padecía sinestesia en grado patológico. Para él las notas tenían color:


Las diferentes tonalidades musicales también estaban coloreadas en su mente, además expresaban unos sentimientos o estados muy definidos:


Al final de su vida estaba realizando una composición («trabajo multimedia» le llama la Wikipedia [¿?]) con la que pretendía conseguir «una grandiosa síntesis religiosa de todas las artes que anunciaría el nacimiento de un nuevo mundo». Recordemos que el arriba mencionado Rudolf Steiner (quien, por cierto, guarda un asombroso parecido con el actor Jeremy Irons)


fundó la antroposofía, algo que, por otro lado, sabe cualquier criatura que asista con o sin regularidad a cualquiera de nuestras magníficas escuelas, públicas e incluso privadas:

«La antroposofía es un sendero de conocimiento que quisiera conducir lo espiritual en el hombre a lo espiritual en el universo. Pueden ser antropósofos quienes sienten determinadas cuestiones sobre la esencia del hombre y del mundo como una necesidad tan vital como la que se siente cuando tenemos hambre y sed.» (Rudolf Steiner)

Este buen señor obtuvo su epistemología de la visión del mundo de Goethe: 

«El pensamiento es un órgano de percepción al igual que el ojo o el oído. Del mismo modo que el ojo percibe colores y el oído sonidos, así el pensamiento percibe ideas». (Johann Wolfgang Goethe)

Todo esto no está mal, vale, pero quien me conoce bien sabe que para mí todo esto no son más que, hasta cierto punto, milongas... Pero estoy dispuesto a admitir, humildemente junto con Borges, hasta que «hay un dios que son tres».

Bien, dejándonos de milongas, pasemos a escuchar un par de piezas de este gran compositor y pobre enfermo.

En primer lugar su famosísimo estudio para piano Op. 10, nº 12, en la fácil y cómoda tonalidad de re sostenido menor; toca, como bis en un concierto o recital, Evgeny Kissin:


Este mismo estudio en otras tres versiones, dos de las cuales proceden de discos grabados en estudio, en interpretación de:

Grigory Sokolov:



Nikita Magalof:



Yevgeny Sudbin:




La sonata para piano Op. 35, nº 5 de este compositor está escrita en la tonalidad relativa del estudio escuchado, fa sostenido mayor, tonalidad a la que según el cuadro de arriba le correspondería el color azul brillante y representaría la creatividad. Sea como fuere es una sonata magnífica, escrita en un solo movimiento, bellísima pero un poco más difícil de escuchar que el estudio de arriba, más vanguardística. Sviatoslav Richter la ejecuta como nadie:






Por último, aquí están las partituras de estas dos prodigiosas piezas:




P. S. Si un alumno cualquiera de cualquiera de las asignaturas que imparto tiene a bien interpretar cualquiera (y van tres) de estas dos piezas y transportarla a la tonalidad que le plazca en nuestra próxima clase puede estar seguro de que en primer lugar besaré su frente, a continuación me postraré ante él en genuflexión sencilla y le otorgaré una matrícula de honor ipso flauta, así como mi más sincero reconocimiento y admiración y, por último, adornaré su cabello con una corona de fresco laurel.

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. Oye tú, Mari Erthel, aquí no vengas con cochinadas, así que dentro de un ratito voy a borrar tu improcedente comentario. Guarro, puerco, gorrino...

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  3. Corona de laurel? lástima que no me han dejado matricularme contigo este año!!

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  4. Sé que es muy tentador, además, a ti te hubiera quedado muy bien. No obstante, si te pasas un día por clase, salimos un momento al jardín y ya te hago una con alguna hierbecilla que encontremos por ahí.

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