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domingo, 9 de octubre de 2011

DESHIELO A MEDIODÍA, de TOMAS TRANSTRÖMER




Ayer por la tarde fui al centro a buscar algún libro del nuevo Premio Nobel de literatura. En la primera librería que visité ni tan siquiera pregunté... En la segunda, librería de un importante centro comercial, pregunté: ¿por favor, tienen algún título del nuevo Premio Nobel de literatura? Sí, me dijeron un flamante «sí» que llenó mi corazón de regocijo, de esperanza y fe en el ser humano. Me condujeron a una estantería que estaba repleta de libros de ¡Vargas Llosa!: un escalofrío, un estremecimiento, un calambre recorrió todo mi ser y mi no ser. «No, de “ese” no, del nuevo, del que concedieron el jueves». La cara que puso quien me atendía expresó incredulidad, asombro y un pequeño pero visible gesto de desprecio: «Espere que hable con el encargado». Viene el encargado: «De Vargas Llosa lo tenemos casi todo, ¿qué es lo que busca?». «No, de “ese” no busco nada, busco algo del nuevo Premio Nobel, Tomas Tranströmer, poeta, para ser exactos». La cara que puso el encargado ni Tranströmer sería capaz de describir. «Espere, vamos a mirar al ordenador», okey Mackey, vamos para allá. «¿Cómo dice que se llama?». A ver cómo le explicas al buen señor cómo se llama el gachó. Mi cara debió de expresar lo conveniente para que dijese el encargado, «o no, espere que ya lo busco yo en el ordenador». «Aquí está... a ver... espere un momentito... pues no, no tenemos nada, ¿ve qué fácil?, para eso está el ordenador, para hacernos las cosas más fáciles». «Gracias, muchas gracias, muy amable»: «No hay de qué, caballero». Y llevo dos.

Dudé, anduve y desanduve unos cuantos metros en dirección a la librería más próxima. Al final mi curiosidad venció y me dirigí a la supradicha. «Buenas tardes, ¿tienen algo del nuevo Premio Nobel de literatura?», «A ver... sí, mire, me queda el último»: «Deshielo a mediodía»; pensé «alabado sea el santísimo sacramento del altar, bendito sea por siempre y alabado», pero dije, «pues mira tú qué bien, me lo llevo». No obstante, en unos días en todas las librerías entrarán toneladas de libros de el sueco de marras que desplazarán a Cervantes, Eurípides, Homero, Góngora, McCarthy, Borges, Jiménez, Yourcenar, Catulo, etcétera, a los rincones más oscuros de las más ocultas estanterías.
Y es que esta España nuestra será lo que será pero es lo que es.

Del libro en cuestión me bajé anteayer 29 páginas de propaganda, algo es algo. Quien quiera bajarse este fragmento para ir haciendo boca que le dé aquí abajo:

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