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lunes, 21 de noviembre de 2011

ARQUÍLOCO


Esta mañana, como casi todas, me he levantado a poco más de las cinco y media. Hoy, a las seis y excepcionalmente, he encendido la tele, pues no tenía ni idea de cómo quedó ayer la cosa. He visto y oído lo que tenía que ver y oír y he apagado la tele. Me he puesto a lo mío.

Me ha venido a la cabeza un fragmento de un poeta y guerrero griego, Arquíloco, no de la maltrecha Grecia actual, de la del siglo VII a. c. El fragmento en cuestión dice así:

Corazón, corazón, si te turban pesares
invencibles, ¡arriba!, resístele al contrario
ofreciéndole el pecho de frente, y al ardid
del enemigo oponte con firmeza. Y si sales
vencedor, disimula, corazón, no te ufanes, ni,
de salir vencido, te envilezcas llorando en casa.
No les dejes que importen demasiado
a tu dicha los éxitos, a tu pena los fracasos.
Comprende que en la vida impera la alternancia.

Debe de ser norma de la cortesía política dejar solo al perdedor, que se las den a él todas y con su pan se las coma. Cada vez detesto más y más la política y a los políticos, si es que es eso posible. Qué gentuza, dios misericordioso, qué miserable hampa y gentuza. Cada vez estoy más convencido de la necesidad de un cambio radical en la gerencia de los estados: creo que la solución estaría, sobre todo en los tiempos que corren, en encontrar una fórmula de neo-tecnocracia pragmática, o de pragmatismo neo-tecnócrata, pero seguro que saltarían unos diciendo que eso no es democracia y otros diciendo que eso es anarquía. En Italia, para intentar solucionar la terrible situación que ha conseguido Berlusconi con gran apoyo democrático y toda la pesca, han optado por llamar a especialistas, a tecnócratas, a ver si pueden salvar algún trasto.

Me había propuesto no volver a hablar aquí de temas de este tipo de actualidad, por eso el otro día retiré una entrada. Pero en esta ocasión no me he podido morder la lengua, o no he querido, que hace daño morderse la lengua. Por eso, e intentaré que esta sí sea la última vez, he hablado de estos malandrines e bellacos, con la escusa de Arquíloco, del pobre Arquíloco.

No me gusta Arturo Pérez Reverte, se toma por un personaje de sus novelas de espadachines, se cree que está por encima del resto de los mortales, por encima del bien y del mal, por haber sido corresponsal de guerra, en fin, me parece un poco pedante, un arrogante sabelotodo. En ocasiones señala cosas ciertas y con el tono justo, pero son excepciones. Como cuando cinco guardias civiles destinados en Afganistán rindieron homenaje a dos compañeros y su intérprete asesinados:

«A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.»

Yo soy de la opinión de que tanto en la paz como en la guerra el hombre es capaz de demostrar lo mejor y lo peor de sí mismo, de ahí el nombre de este blog. Pero volviendo a Pérez Reverte, con fecha del 22 de agosto del 2011, escribió un artículo en XLSemanal (que no sé qué narices es eso) titulado «Sobre imbéciles y malvados». Es un artículo, como tantos otros de este escritor, que suena fuerte, casi grita. No obstante me parece la despedida que merece, y con esto sí que acabo con este tipo, el señor Rodríguez, así se pudra.

Sobre imbéciles y malvados
Arturo Pérez Reverte

No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.

Arturo Pérez Reverte.


4 comentarios:

  1. Que nadie se escandalice... el mayor arma de un estado nunca ha sido un caballo, un carro de combate o un avión. El mayor arma, y por consiguiente, lo primero que cualquier gobierno que se precie cambia y se apropia es la famosa EDUCACIÓN. Por eso ahora estan bajando la educación pública a marchas forzadas. Ya sabemos demasiado, ya basta!!-dicen-todos no podemos chupar del tarro. Mientras no llege al poder una persona sensata que consiga engañar a todos los de su partido hasta que llege al govierno y pege el esquinazo, será complicado viendo los resultados de unas elecciones en las cuales los grandes partidos sacan la inmensa mayoría de los votos y ven incrementado su poder mediante nuestra Ley más democrática, la Ley Electoral, por la cuál millones de españoles no ven su voto reflejado en ninguna cámara, ni si quiera de gas.

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  2. El Führer cometió sus atrocidades gracias a esa tan anciana como manoseada dama llamada Democracia. Yo estoy harto de escuchar aquello de «es el sistema menos malo»; ese pretexto es un enorme paraguas bajo el que se cobijan todos, los de antes, los de mucho antes, los de ahora y los que han de venir, porque si no ¿dónde están todos? ¿dónde se han metido? Los políticos, los politólogos, deberían devanarse los sesos para encontrar nuevas soluciones a nuevos tiempos: quieren que estás naves circulen con las velas de hace más de dos mil años; claro, van dando bandazos, ahora un vuelco hacia allá (una inmensa mayoría), ahora acullá (otra inmensa mayoría). No interesa intentar solucionar nada, interesa estar en el poder, no sé qué tendrá. Mientras tanto «nosotros los demócratas iremos a colegios privados (de curas y monjas, hay que joderse) y el pueblo allá se las ingenie». Gracias por el comentario.

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  3. Todo está atado y bien atado. No se preocupen que la rueda del bipartidismo sigue su curso. Que el Psoe lo hace mal; pongamos al PP que lo soluciona. Que ahora el PP la ha liado; pues cambiemos al Psoe que ya se habrá regenerado. Y así, ad infinitum.

    8 añitos yo, 8 añitos tú. Y aquí tan contentos. Y la gente con la ilusión de que están eligiendo algo. Esto es como lo de las películas de Poli bueno y Poli malo. Que al final, te la clavan los dos igual.

    Un mero reparto de papeles. Un teatro bien montando de cara a la galería para tenernos entretenidos con carnaza fácil. Estoy del "Y tú, más" hasta la coronilla.

    Quizás la única salvación venga de la mano de Europa y, de ello, no estoy muy convencido.

    Los artículos de Reverte son auténtica trilita.

    Un cordial saludo y espero que algún día toda esta gentuza pague todo el mal que han causado a tanta buena e inocente gente.

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    Respuestas
    1. La vida no suele ser justa: esta chusma acaba retirada cobrando fortunas de nuestros bolsillos, y ve a saber de dónde más.., viviendo a cuerpo de rey, sean o no manárquicos, que con eso también nos lían a los pobrecitos ciudadanos de a pie.

      Ojalá venga Europa... pero creo que en realidad tendrá que venir un planeta del que ni conocemos su existencia.

      Muchas gracias por su comentario

      Un afectuoso saludo

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