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domingo, 20 de noviembre de 2011

FERENC FRICSAY

Ferenc Fricsay
Es realmente difícil encontrar a alguien que merezca el calificativo de maestro. Es más, cuando se llama así a alguien conocido, a alguien del terreno, suena ridículo. Yo no he conocido, personalmente, a ningún maestro a lo largo de mi vida. Sí que he llamado maestro al director de la banda de música en la que toqué en mis años mozos, pero eso era y es irreflexiva costumbre: «maestro» esto, «mestre...». A nadie más. Pero sí he conocido músicos a quienes llamaban «maestro» sin ser directores de banda, eran profesores, o intérpretes, algo espantosamente ridículo; también he conocido profesores que han dicho a sus alumnos que les llamasen «maestro»; por último, profesores que se jactaban, se sentían orgullosos, de que sus alumnos les llamasen «maestro», ¡sin haberlo ellos impuesto!
El director de orquesta húngaro, Ferenc Fricsay, fue un verdadero maestro. Nació en 1914 y murió en 1963 a la temprana edad de 48 años como consecuencia de una grave enfermedad. Estudió en la Academia Franz Liszt de Budapest, con profesores de la talla de Béla Bartók, Zoltán Kodály y Ernst von Dohnányi.
¿Qué hace que Fricsay sea considerado, al menos por mí, un maestro? En primer lugar su gran talento como director de orquesta y su enorme calidad como músico. Los profesores con quienes estudió fueron, a su vez, también grandes maestros. Karajan también tenía una técnica impecable y también era un excelente músico, pero no fue un maestro: los músicos de la Filarmónica de Berlín le temían, no le respetaban, no sentían aprecio ni cariño por él sino miedo; fue un oportunista que no dudó en inscribirse al partido nazi para de ese modo medrar profesionalmente.

Karajan
Para merecer el apelativo de maestro no sólo hay que ser un extraordinario profesional, también hay que ser una gran persona: recta y trabajadora pero tolerante y comprensiva; exigente y perfeccionista pero no déspota e irrespetuosa. En la presente entrada vamos a tener la oportunidad de ver a Fricsay ensayando la pieza «El Moldava» de Bedřich Smetana.

Bedřich Smetana
Veremos a un hombre, que se sabe un hombre y no se cree superior, al contrario, se muestra humilde y sencillo.

Fricsay con su mujer, Silvia, y sus hijos: Ferenc, Marta, Andras y Kristian
No se cree un dios, trata con gran respeto, hasta con bondad, a los músicos; aun estando gravemente enfermo trabaja con total entrega, elogia a todo aquel que hace algo bien y a quien se equivoca no le pone en evidencia, no le grita, no le insulta, todo lo contrario, como un buen amigo pasa por alto, disimula su error. Para conseguir los resultados musicales que busca utiliza metáforas de persona culta y de buen gusto, refinada, de buen tono, y lo hace de una manera llana, sin hacer ostentación de su cultura. En todo momento se comporta con elegancia, con esa elegancia que no se busca ni pretende sino que se posee de una manera natural. Creo que Fricsay no consideraría elegante que siguiera enumerando aquí sus virtudes, pido disculpas por haberme dejado llevar por la admiración. Bien, está claro qué entiendo yo por un maestro.


Las imágenes que podemos ver a continuación pertenecen al vídeo:

«Great Conductors. FERENC FRICSAY in rehearsal & in concert.
Bedřich Smetana’s, Die Moldau. Südfunk Sinfonieorchester»

Comienza el director de la película presentando a Fricsay y explicando las circunstancias que rodean a la filmación:


A continuación, Fricsay entra en la sala de ensayo. Podemos ver a un hombre que teniendo 45 años aparenta 60:


Comienza el ensayo propiamente dicho. Los músicos de una orquesta no siempre son capaces de guardar silencio, de mantener la debida atención y concentración durante todo el tiempo. Hay momentos especialmente «críticos»: al comienzo están distraídos, dispersos, hay que reclamar su atención. Enseguida podemos comprobar uno de los detalles señalados más arriba, en el que un flautista se equivoca repetidamente. Compruébese la manera de pedir las cosas de Fricsay: «si tienen la bondad», «muy amables», «debemos tener un poco de paciencia», «caballeros, les ruego»; también es delicioso cómo describe el nacimiento del río; en un momento dice «ir por la vida con asombro y alegría», sabiendo que Fricsay está gravemente enfermo esas y otras palabras, tal como dice el presentador, conmueven y emocionan de un modo especial:

 
El ensayo prosigue y el río sigue creciendo. En este fragmento, Fricsay dice cosas como:
«los errores no importan tanto, lo que importa es la impresión ambiental, las notas equivocadas no cuentan»; «hermoso, muchas gracias»; «caballeros, tengan a bien disculpar»; «puede calificarse de música de cámara, se oyen las cuatro voces independientes»; para pedir silencio: «disculpen ustedes»; «Tengo la impresión de que por primera vez, esta joven criatura, pues, bien, nos encontramos con una criatura, que comienza a hacer olas... son los primeros síntomas de una nueva vida...».
Estoy intentando todo el tiempo, y Fricsay me lo pone muy fácil, que la entrada sea amena incluso para aquellos que no sean músicos. No obstante, ahora he de hacer unas observaciones destinadas en particular a los estudiantes de dirección de orquesta.
El verdadero mérito de un director de orquesta estriba en obtener de los músicos la interpretación más perfecta, más correcta musicalmente, y eso se obtiene trabajando muy duro durante los ensayos. El director de «espejo», que únicamente se preocupa de su gestualidad y que durante los ensayos no hace más que ir da capo una y otra vez no es más que un fantoche. El día del concierto, el director se puede decir que está de más; su labor no será otra más que la de recordar a los músicos qué deben hacer, algo así como el apuntador en una obra de teatro. Destaquemos pues, a continuación, algunos de los objetivos que demuestra perseguir Fricsay durante el ensayo:
  • Búsqueda de planos; 
  • Homogeneidad en la zona central;
  • Continuidad en los enlaces entre pasajes compartidos por instrumentos de distintas tesituras; 
  • Pide a las trompas «un tono jugoso»; 
  • Pide que se escuchen unos a otros: «¡Escuchen a los primeros!»;
  • En un momento que trabaja un pasaje con las trompas pide que se marque ¡la sexta semicorchea!, es decir, la que sirve de anacrusa de la nota siguiente en tiempo fuerte (traducen mal: «antecompás» por «anacrusa».


Y el Moldava sigue su curso:
«Caballeros, con mayor despreocupación. Somos todos jóvenes aún...»
«Creo que el momento más solemne en DIE MOLDAU trata del amor a la patria. Vamos, cantad...»
«Hagamos música de cámara, como si yo no estuviese»
«De pronto, el sonido se estrella contra una roca enorme»
Hace una indicación al timbalero, que atiende y ejecuta como le es requerido: luego, en el transcurso del pasaje, Fricsay, le da la entrada y al comprobar lo bien que lo hace le hace un saludo de satisfacción tocándose la frente.
Hay músicos que disfrutan y están muy concentrados: el trompa primero, el triángulo, el timbalero, un contrabajo...
«Esto que ha compuesto Smetana tan bonito, con el primer toque de triángulo,... ¡elegante! El triángulo podrá preguntar ¿Cómo se ejecuta un toque con elegancia? Ese no sería un triángulo digno. Pues, usted, usted no preguntaría...»
Cuando va a ir da capo por primera vez, interrumpe y establece un paralelismo, es un chiste: «Un momento, caballeros, quiero relatarles algo (...) de pronto un arco iris juguetón sale de su escondrijo»
En un momento da una entrada equivocada e inmediatamente pide perdón.
Traducen mal: «tromba» por «trompa»


Escena de «La caza en el bosque»: «No se trata de los cazadores sino de los perros»:


  Escena de «La boda en la aldea»: «Pegad con el puño en la mesa» «Creo que, en estos países del este, creo, yo también provengo de allí... ¡Se trata de una fuerza indescriptible! Para volver a ser tierno...» «El timbre no es todo lo pueblerino que podría»
«Me temo que ustedes no pueden comprender lo maravilloso que es sentir cuando las parejas bailan con estos atuendos coloridos, y de pronto todos se inclinan un poco, ¿no es cierto? Y de pronto todos se enternecen. Así... Por favor, les estaré muy agradecido si lo consideran.»


Último fragmento:
«¡Qué hermosa que es la vida! Eso es. Es realmente hermoso el estar vivo.»


Por último, escuchemos esta pieza en el concierto para el que se estuvo ensayando: 


 Eso es todo. Este fue el gran Ferenc Fricsay, un auténtico maestro.

8 comentarios:

  1. Es cierto, uno solo puede emocionarse con asombro ante un hombre así. Personas como esta hacen muy ciertas las palabras de Fricsay: «¡Qué hermosa es la vida. Es realmente hermoso el estar vivo!» Gracias por el comentario.

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  2. Dos apuntes:

    En el 4'14" del vídeo
    http://youtu.be/T8oGadqyqFQ
    el director dice 'El río no fluye sino que corre...' Carlos, mi memoria no me falla y sé que en algún sitio te he oído echar pestes del verbo fluir, claro que no es en el sentido del río sino en el sentido de los comportamientos humanos de donde se ha llegado a abusar del verbo hasta el hastío.

    En el 1' 38"
    http://youtu.be/4Tse7ENiURY

    Ferenc dice, 'Me gustaría que el arco saliera volando y que Usted lo sujetara en el aire...' y añade después 'Dejen un segundo para gozar.'

    Este director era puro gozo. Carlos, esta entrada es modélica para el aprendizaje. Qué maravilla verlo inmerso en la obra y metaforizando constantemente con la naturaleza en una obra sobre el río Moldava.

    No sé si tú tendrás algo de maestro o algo de Ferenc Fricsay. Al menos tu foto de 'avatar' te identifica, ¿no? Sea lo que fuere, Carlos, das tu toque de maestro en este lugar.

    Un abrazo.

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    1. Es cierto, Manuel, hoy en día se abusa de muchas expresiones o palabras hasta el extremo de que pierden su significado. Por ejemplo: tal artista "juega" con estas texturas...; me toca las narices, un artista no juega: trabaja, suda, sufre, se rompe la cabeza, pero no juega, se juega al parchís (vaya, en mi opinión). Del verbo fluir pienso lo mismo, hoy en día todo fluye... hummm... me suena a hare krishna o algo peor...

      Fricsay es, quizá, mi director de orquesta preferido. Esas metáforas que tú señalas me parecen de una elegancia excepcional; en ningún momento se muestra histriónico; su respeto hacia los músicos es admirable: cuando al inicio, el clarinete se equivoca repetidamente, Fricsay lo trata con una comprensión casi paternal. No desaprovecha ninguna oportunidad de alabar a algún músico, como al que toca el triángulo, por ejemplo; en un punto comete un pequeño error y en seguida se disculpa.

      Un director de orquesta es lo mismo que un profesor, y enseñar es, para mí, un acto de amor. Creo que Fricsay pensaba de igual modo, trata de hacer entender, como quien enseña a atarse los zapatos a un niño, con toda su bondad, con todo respeto, incluso con todo cariño, cómo cree él que se ha de tocar esa pieza. A pesar de estar gravemente enfermo, de haber pasado una noche horrenda, acude al ensayo y se muestra como un verdadero maestro en todo momento.

      Yo no he sido otra cosa en toda mi vida que profesor; quizá de ahí mi empatía con mi querido Ferenc. Luego está el cariño y la ternura que me despierta, no vivió ni 50 años... Manuel, me las pillas todas...

      Un abrazo

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  3. Estimado Carlos: me ha encantado este post sobre el maestro Fricsay!
    Desmenuza Ud de manera clara y pedagógica todas sus enseñanzas, y nos hace aprender, vibrar, a quienes no sabemos nada de música ni de estos hombres que nos redimen como especie.
    Gracias nuevamente por todo su blog!
    Lo saludo con profundo afecto!

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  4. Apreciada Inés, me alegra que haya disfrutado con esta entrada. Estoy pensando desde hace un ratito... no sé si es fácil o si, por el contrario, es difícil escribir sobre un hombre como Fricsay. Me he quedado sin respuesta. Lo que me ha venido a la mente es el apelativo de "héroe"; sí, además de todas las grandes virtudes que poseía este gran hombre, me ha venido a la cabeza el más elevado rasgo de la heroicidad: dar la vida por alguien. En este vídeo podemos conteplar cómo Fricsay da su vida, da muchas de las pocas horas que le quedan de vida, por, como usted dice, redimirnos, devolvernos por unos maravillosos instantes, el gozo de la vida, el gozo más intenso de la vida.
    Muchas gracias, Inés, por su comentario, siempre recibido con alegría.
    Mi más afectuoso saludo

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  5. Yo creo que el maestro Fricsay poseía algo precioso, esa pepita de oro tan difícil de encontrar, el amor inconmensurable por la música y el ser humano. Porque se puede ser un genio en la música o cualquier otra expresión creativa, pero ser mezquino y narcisista.
    Fricsay no concibe su amor por la música fuera de los hombres, por eso se "derrama", da todo de sí en cada ensayo, y aunque se está muriendo nos habla del amor a la vida.
    Eso es lo que lo hace único, héroe, e irremplazables a Fricsay.
    Por eso digo que seres como Fricsay nos redimen como especie, más aún en estos oscuros días de espectáculo y miserias.
    Su entrada, como todo lo que nos regala es un gran refugio, un llamado amoroso, una nota elegante de triángulo, para recordarnos, no sólo en la música, también en la literatura y la poesía, que la vida merece ser transitada por estas cosas.
    Gracias nuevamente.

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    1. Gracias a usted, querida Inés, sus palabras también nos recuerdan, nos evidencian las preciosas palabras de Fricsay: "¡Qué hermosa que es la vida! Eso es. Es realmente hermoso el estar vivo!"
      Un entrañable saludo

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