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lunes, 7 de noviembre de 2011

JACO PASTORIUS, «EL MEJOR BAJISTA DEL MUNDO»



De nuevo un gran libro:

Milkowski, Hill: Jaco Pastorius. La extraordinaria vida del mejor bajista del mundo. Alba Editorial. Barcelona 2007. Traducción de Marc Rosich.


Una biografía, en este caso la de Jaco Pastorius, virtuoso del bajo eléctrico, cargada de datos, fechas de toda clase de eventos, de opiniones, de más fechas de más clases de acontecimientos, citas, documentaciones... uff, es más que probable que sea un tostón infumable. Sin embargo, cuando quien la escribe es alguien del talento de Milkowski, resulta ser todo lo contrario. Este libro es interesante y muy ameno de leer de principio a fin; se nota que además de talento, Milkowski, sentía una gran admiración por Jaco Pastorius y también cariño, y ternura.


Porque no se puede sentir otra cosa por este bajista. Cuando estás leyendo su biografía, aún sabiendo su dramático final, lees página tras página con comprensión ante sus excentricidades, con ternura por sus constantes muestras de infantil inocencia, con verdadera compasión por su inmadurez y enfermedad.



El preámbulo de este libro dice ya casi todo sobre Jaco. Además, contiene informaciones muy valiosas para los estudiantes de música, léase, pues, con suma atención:

Preámbulo de Bob Moses:

            «Todavía hoy pienso mucho en Jaco, especialmente cuando doy mis clases de música. Me encuentro con muchos alumnos que tocan bien y tienen un buen gusto musical. Saben seguir el ritmo, conocen el lenguaje, y todas esas cosas. Pero en cierta manera, no hay nada que me sorprenda: ¡nada que sobresalga! Tengo una sección en mi departamento que se dedica particularmente a aquellos estudiantes y músicos en esa categoría, es decir, aquéllos con suficiente oficio pero incapaces de volar a la misma altura que sus héroes. Tengo un nombre para este síndrome: bloqueo de identidad. Porque la mayor parte del problema se encuentra en que mucha gente tiene bloqueado el centro emocional, la identidad. Saben tocar, pero no les sale del corazón como le salía a Jaco. El cuerpo no les canta de pies a cabeza, como parecía ocurrirle siempre a Jaco. Es una especie de estreñimiento emocional. Es un bloqueo del yo emocional. Y para aquellos que sufren este mal, invoco a menudo la figura de Jaco. Porque existió un tipo que no sufría en absoluto ese síndrome de bloqueo de identidad. Al contrario, su identidad estaba completamente abierta. No tenía miedo. Y el miedo es precisamente el mayor enemigo de la creatividad.
            Cuando miro hoy a mi alrededor, me parece que nuestro tiempo está más lleno de miedo que nunca. Y eso hace que todavía eche en falta a Jaco mucho más. Porque no hay demasiada gente que viva de esa manera, exhibiendo a todas horas su estado emocional. Es cierto que a veces es desagradable. La verdad puede ser desagradable, pero gracias a Dios que existe. Y gracias a Dios que conocí a Jaco.
            Os contaré una historia sobre este individuo. Yo antes vivía en el norte de Nueva York. Mi casa se encontraba en un valle entre dos cordilleras de montañas. Los bosques bajaban hasta un arroyo que se alimentaba de dos cataratas que se formaban en la montaña. El único acceso al arroyo era una pendiente de unos cuatro metros y medio, completamente rocosa. La piedra es muy resbaladiza y es muy fácil caer, de manera que la gente suele bajar muy despacio, e incluso utilizan (sic) las manos para no caer. Por otro lado, las aguas del arroyo están heladas. En primavera, cuando la nieve ya se ha fundido, en la parte más profunda el agua no te llega más arriba del pecho. Hay otros puntos que sólo tienen una profundidad de medio metro como mucho, de manera que no puedes ni nadar. Digamos que, básicamente, sólo te puedes remojar para refrescarte.
            Un día llevé a Jaco a ese lugar y cuando llegó al punto desde donde se veía el arroyo se volvió loco. “¡Joder, tío! ¡Un arroyo! ¡Me encanta! ¡Es genial!”  Estaba al borde de de la montaña, a unos cuatro metros y medio del agua. Pero tampoco estaba exactamente encima del arroyo. El borde de la montaña se inclinaba un poco, quedando todavía más lejos del agua. Entonces, con un solo movimiento, se quitó la ropa, se quedó completamente desnudo y se dispuso a saltar.  Él no tenía ni idea de la profundidad que aquello tenía. Quizá no llegara al metro y medio de profundidad, y había cuatro metros de distancia, y todo estaba lleno de rocas. Ya estaba en el aire cuando grité: “¡Jaco! ¡Noooooooo!”. Pero fue gritar esas palabras, y él ya estaba abajo.
            De repente, toda la escena me pasó por la cabeza en un solo segundo, como si fuera a presenciar la muerte de ese chico. Todo lo que sentía era mucha tristeza. Pero el chico dio contra el agua e hizo una milagrosa pirueta. Tan pronto como su cuerpo impactó, se deslizó no sé cómo y se las apañó para transformar toda esa energía descendiente (sic) en ascendente. Ese tío era muy grande; y no precisamente ligero. Así que al impactar contra el agua desde aquella altura, esperaba oír el golpe contra el fondo de rocas. Pero entonces empezó a desperezarse, y salió del agua riendo histéricamente. Nunca había visto nada igual. Nadie se mete en un arroyo de esa manera. Lo que hace la gente es poner primero un dedo del pie, sentarse en la pendiente y gradualmente descender intentando no resbalar con las piedras. Pero él era como Tarzán. Era como un doble de acción salido de alguna película al estilo de Indiana Jones. Yo lo vi. Yo estaba allí, y aún no me lo creo. Ese tío no le temía a nada. Tenía su identidad abierta por completo. Y él vivía la vida partiendo de ese baremo.»

 
Jaco Pastorius nació en Pennsylvania en 1951 y murió, demasiado joven, en 1987, a los 35 años de edad. Además de ser un bajista incomparable fue compositor y arreglista. Comenzó tocando la batería pero una lesión en la muñeca hizo que se pasara al bajo eléctrico; en tan sólo una semana ya estaba a punto con este nuevo instrumento y ya se sabía el repertorio suficiente para tocar en un concierto. Era un genio, o casi: tenía una memoria casi implacable, un gran oído musical, una destreza de la que no se llegó a conocer sus límites. Wayne Cochran dijo de él:

«Lo que sabía hacer con el bajo no era normal. Nunca más he visto a alguien tocar el bajo de una manera tan rápida y precisa. Nunca. Era un monstruo de la naturaleza, algo que en principio no tenía que existir, pero existió. Y que nunca más volverá a existir»


Un bajo eléctrico es un instrumento similar en su forma a una guitarra eléctrica pero con algunas diferencias: las más importantes son que este sólo tiene cuatro cuerdas y mucho más gruesas lo que tiene como consecuencia que produzca sonidos mucho más graves.


Hasta la aparición en escena de Jaco el bajo tenía una función muy básica dentro de los conjuntos o bandas; se limitaba a hacer unas pocas notas dando los graves y poco más. Una de sus más trascendentales innovaciones fue el arrancar en plan chapucilla los trastes del mástil; con ello inventó, sin saberlo, lo que luego se ha llamado el fretless


Poco a poco fue dando tanto protagonismo al bajo dentro de las composiciones que interpretaba con las primeras bandas que trabajó que llegó a convertirlo en instrumento solista. En sus comienzos profesionales, Jaco, fue de una banda a otra; realizó su primera grabación con Paul Bley, el gran pianista de jazz.

Paul Bley con Chet Baker
Se casó, tuvo un par de niños. No bebía ni consumía ningún tipo de drogas, practicada deportes. Pero siempre tuvo comportamientos excéntricos, raros, como el que se cuenta en el preámbulo del libro. Cuando le gustaba algo y lo quería, fuese lo que fuese a la hora que fuese y en el lugar que fuese, siempre lo reclamaba diciendo que lo quería ¡AHORA MISMO!

 
Luego comenzaron sus años de gloria. En 1874, la prestigiosa banda Weather Report, cuyo líder era el gran Joe Zawinul, estaba tocando en Miami. En aquel entonces Jaco daba clases en el departamento de jazz de la universidad de la ciudad. En un concierto en el que Jaco tocaba con la big band de la universidad de telonera de Weather Report entablaron el primer contacto, bastante breve:

(...)

Jaco: «Mi nombre es John Francis Pastorius III, y soy el mejor bajista del mundo»

Zawinul: «¡Anda, lárgate de aquí!»

Joe Zawinul
Jaco hizo llegar a Zawinul una demo que había grabado. Zawinul la escuchó y le agradó pero explicó a Jaco que ya tenía un bajista con el que se sentía muy satisfecho; le dio su dirección y le dijo que estarían en contacto. Jaco comenzó a mandarle cartas y más cartas; Zawinul recuerda: «Su letra era muy estética y bella, como una partitura de Mozart». Bien, el caso es que más adelante, cuando el bajista de Weather Report se marchó por su lado, Zawinul no dudó un instante en contratar a Jaco. Pastorius tocó con Weather Report desde 1975/76 hasta 1981, en la que fue la mejor época de la legendaria banda.

Weather Report
A todo esto su vida personal y afectiva iba de mala en peor. Se había marchado de casa y tuvo relaciones que no le satisficieron, además de no quitarse de encima el sentimiento de culpabilidad por haber dejado a su familia. En torno a 1985, Jaco comenzó a dar muestras de trastornos mentales; ya no eran simplemente las chifladuras de un genio. 



Se le diagnosticó una depresión con trastorno bipolar y se le prescribieron los medicamentos que en aquel entonces estaban disponibles. Hoy en día sabemos que quienes padecen esta enfermedad sufren de un modo indecible y requieren un tratamiento personalizado y la medicina dispone de una gran gama de fármacos de una probada efectividad; en aquel entonces no era así. Jaco no tomó la medicación ni siguió tratamiento alguno, es más, por primera vez en su vida se puso a consumir cocaína y a beber alcohol. Se puso a vivir en la calle, en la indigencia. Iba con su viejo bajo arriba y abajo, cuando se encontraba con gente jugando al baloncesto lo dejaba tirado de cualquier manera y se ponía a jugar. Su comportamiento fue empeorando. Comenzó a acudir a conciertos y actuaciones en bares a reventarlos: empezaba a gritar que si esto que si aquello hasta que lo echaban de mala manera.

Su final fue trágico, por no llamarlo de tragicomedia. Una noche de septiembre de 1987, después de que lo echaran de un concierto de Santana por intentar subirse al escenario, se marchó a un bar de mala muerte. Intentó entrar pero se lo prohibieron, lo volvió a intentar; entonces, un grandísimo malnacido, el gerente de aquel barucho de mala muerte (resulta trágico lo oportuno del calificativo), un tipejo llamado Luc Hava, maldito el día en que vino al mundo, especialista en artes marciales, le dio una paliza que lo dejó mal herido, le había fracturado el cráneo. Fue ingresado en estado de coma en el Centro Médico General Broward donde poco más de una semana más tarde murió. El asesino criminal malnacido que lo mató fue condenado a 5 miserables años de cárcel de los cuales sólo cumplió 4 meses, 4 meses por matar al mejor bajista del mundo. En ocasiones, la ley es tan injusta que le vienen a uno pensamientos que tampoco tienen mucho que ver con la justicia.

Y con Jaco ya llevamos no sé cuántos los grandes artistas desaparecidos de manera trágica y prematura. Todos ellos eran, o estaban, en realidad, enfermos; la enfermedad es algo que tiene muchos matices, muchas caras, se puede ocultar tras infinitas apariencias. Hoy en día hay muchísimas más herramientas y procedimientos para detectar y definir enfermedades; también hay muchísimos más medios para curarlas o, al menos, paliar sus estragos. Lo que todavía sigue habiendo, al menos en nuestro país, es un desconocimiento casi total del amplísimo mundo de la enfermedad mental, también sigue habiendo mucho prejuicio y sigue envuelto en una espesa leyenda negra. Basta que a uno le digan que sería aconsejable que visitara un psiquiatra para que se ponga hecho un energúmeno y suelte algo parecido a: «¡MUY BIEN, VENGO A PEDIRTE AYUDA Y TÚ ME LLAMAS LOCO!». Cuando a alguien le duele mucho la garganta acude a un otorrino y santas pascuas; cuando a alguien le duele el alma, cosa que de existir se ubicaría en el cerebro, en lugar de acudir a un especialista en ese importante y delicado órgano va a una pitonisa a que le eche las cartas, o se echa a la bebida o a un tren, o va a un curandero, o acude a algún sitio en plan rollo zen-oriental y tal. En las escuelas y en los hogares debería enseñarse, del mismo modo que se enseña la higiene corporal, la higiene mental: cómo mantener una mente sana y saludable a partir de una higiene psicológica. Y no estoy hablando de aquello de «no consentirás pensamientos ni deseos impuros», claro está, dios me libre.

Jaco dio un concierto, que se grabó en directo, para celebrar su trigésimo cumpleaños:

«Jaco Pastorius – The Birthday Concert»


Para este concierto, y excepcional CD, juntó una banda que llamó «Word of Mouth», que si mi pésimo inglés no me traiciona significa «Boca a boca». Esta banda estaba formada ni más ni menos que por:

Jaco Pastorius (bajo); Bob Mintzer (saxo tenor y soprano y clarinete bajo); Michael Brecker (saxo tenor); Randy Emerick (saxo barítono); Dan Bonsanti, Neal Bonsanti, Gary Lindsay (saxo y otros instrumentos de viento madera); Brian O'Flaherty, Ken Faulk, Brett Murphey, Melton Mustafa (trompeta); Russ Freeland, Mike Katz (trombón); Dave Bargeron (trombón y tuba); Randy Emerick (trombón bajo); Peter Gordon, Jerry Peel, Steve Roitstein (trompa); Peter Erskine (percusión); Don Alias, Othello Molineaux, Paul Hornmuller («tambor metálico»); Bobby Thomas, Jr. (conga); Oscar Salas (percusión).

Escuchemos una selección de este brillante concierto.

El célebre, «Soul Intro, The Chicken»:




«Portrait of Tracy»:





La partitura



En es siguiente estándar podemos escuchar el steel drum, mal llamado y mal traducido, «tambor metálico», puesto que para ser un tambor tendría que llevar un parche de piel o plástico, cosa que no es así. Un cacharro de estos se construye a partir de un gran bidón de petróleo; una de sus caras se moldea y se va hundiendo poco a poco; posteriormente se van haciendo pequeñas caras en esa concavidad y se afinan al gusto. Ya se construyen industrialmente. 



Notas

«Liberty City»:




Por último una pieza en la que parece adivinarse el himno de Estados Unidos,

«Amerika»:


2 comentarios:

  1. Que pena de Jaco sin duda el mejor bajista de todos los tiempos

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    1. Sí, qué pena, un músico y un bajista único e irrepetible.

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