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viernes, 4 de noviembre de 2011

EL TIGRE, de JOHN VAILLANT. III


Para finalizar con este comentario sobre «El tigre» voy a extraer citas y pequeños fragmentos del libro. Mis comentarios serán pocos y breves puesto que lo escrito y escogido por Vaillant es más que elocuente.


«Cuando miramos a la naturaleza,
solo miramos supervivientes».
Stephen Budiansky
«Si los animales hablaran»


«Y me envuelve, amenazadora, la tremenda vastedad,
reflejada con terrible fuerza en mis profundidades»
Nikolai Gogol, Almas muertas


«He leído que un tigre no es peligroso,
Dicen que el tigre no atacará,
Pero una cosa no tengo clara.
¿También él ha leído esto? ¿Lo sabe?»


¿Por qué el hombre es y ha sido siempre tan beligerante? ¿Por qué no ha habido ni un solo día en la historia de la humanidad en el que en alguna parte del globo no hubiese algún tipo de confrontación bélica? Vaillant habla de ello en algún lugar de su libro. No son explicaciones, mucho menos justificaciones, son tan solo breves escritos que intentan comprender la maldad del hombre. En un lugar cita a Robinson Jeffers:

«Pero ¿de dónde vino la raza humana? Haré una conjetura.
Un cambio en el clima acabó con los grandes bosques del norte,
Obligando a los monos humanoides a bajar de sus árboles...
Tuvieron que bajar a tierra, donde aún crecía el verde
Y podían capturar pequeñas presas. Mas allí, los grandes comedores de carne
El tigre y la pantera y el horrible y torpe oso, 
e inacabables manadas de lobos,
hacían de la vida un sueño mortal. 
Por tanto, el hombre tiene esos sueños,
Y mata por puro terror».


Las noches de la prehistoria debieron de ser muy largas y muy ocuras.



En otro lugar del libro dice: «...  un período de violencia sin precedentes como fue la Segunda Guerra Mundial; también Vietnam ocupaba un lugar muy destacado en la conciencia académica occidental. Como resultado, muchos intelectuales luchaban con cuestiones fundamentales sobre la naturaleza humana y se preguntaban cómo los hombre en particular habían evolucionado hasta convertirse en cazadores-matadores tan feroces». Y aquí cita a un poeta, Robinson Jeffers:

«No echéis nunca la culpa al hombre: sus apurados
Antepasados lo formaron: los otros monos antropoides estaban a salvo
En el gran bosque tropical del sur y apenas cambiaron
En un millón de años: pero la raza del hombre se hizo
A golpes y sufrimiento...
... una herida se hizo en el cerebro
Cuando la vida se volvió demasiado dura, y nunca se curó.
Es allí donde aprendieron la trémula religión y sacrificios de la sangre,
Es allí donde aprendieron a sacrificar animales y matar hombres,
Y a odiar al mundo»



 
 

También en este sabio libro hay un pequeño lugar para esos fieros hombres que fueron los cosacos:

«”Son semisalvajes, de ojos negros, expresión feroz, los mejores jinetes del mundo, y poco les importa tu vida o la suya propia”, escribió sir John Foster Fraset, corresponsal británico que pasó algún tiempo con los cosacos en 1901, cuando iba camino de Harbin, ciudad construida por los rusos a unos trescientos veinte kilómetros en el interior de la Manchuria china. Fraser se fue tan conmovido por la hospitalidad de los soldados como impresionado por su valor tan temerario. “Para una carga [de caballería] no hay tropas que puedan igualarlos... ¿Y quién que haya escuchado una canción eslava, melodiosa, patética, extraña, entonada de noche por un cosaco en medio de una llanura silenciosa como la muerte, puede olvidarla?”»


 
«Ivan Dunkai, justo es decirlo, era un Dersu Uzala de nuestros días, un último vínculo con un tiempo en que los habitantes nativos de esta región veían al tigre como el verdadero señor del bosque. Dunkai murió en 2006. En vida era un hombre menudo y delicado, de ojos brillantes, que evocaba una gentileza y una sabiduría que parecían de otra época. Pertenecía a la vieja escuela de los habitantes del bosque y era un hombre de talento, conocido y respetado en todo el Bikin medio. Tenía un apodo cuya traducción es “En el mundo de los animales”. Para Ivan Dunkai, la taiga era la fuente de todas las cosas y el tigre ocupaba en ella un lugar de honor. En el año 2004, cuando Dunkai contaba unos setenta y cinco años, fue entrevistado por un documentalista británico llamado Sasha Snow. “El tigre es una criatura astuta pero misericordiosa  ̶ explicó Dunkai a Snow ̶ . Sabes que está ahí, pero que es invisible, como un dios. Los rusos dicen: ‘Confía en Dios, pero ten los ojos abiertos’. Nosotros [los nanais] somos gente independiente, pero rezamos para que el tigre nos ayude. Rendimos culto a su fuerza”»

Ivan Dunkai

Es sumamente asombroso cómo a lo largo de la historia se van repitiendo los mitos. En algún lugar, en algún momento, el hombre tuvo miedo, e inventó cosas que paliaran ese miedo. Y entonces inventó dioses, rituales, magias, ofrendas y sacrificios, que le protegieran o que al menos le hicieran sentirse protegido. Más arriba decía Jeffers: «Es allí donde aprendieron la trémula religión y sacrificios de la sangre...»

En las citas siguientes se puede entender una muy clara prefiguración de Abraham.

«Es normal en los cuentos populares... que
un padre compre su propia seguridad
ofreciendo a su hijo en sacrificio
a un animal feroz o a un
enemigo sobrenatural».
C. F. Coxwell
«Siberian and Others Folk Tales»


«Amba, el tigre, dijo al padre: “Anciano, déjame a
tu hijo aquí; no te lo lleves contigo. Si te lo llevas
contigo, vendré y os mataré a los dos»
Nina Vasilievna Munina
«The Boy and the Tiger»


Yuri Trush, uno de los protagonistas del libro





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