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domingo, 27 de noviembre de 2011

ROBERT WALSER, HUGO WOLF, CARL SEELIG

Robert Walser

Ayer hablaba de Hölderlin. Hoy me gustaría hablar de Robert Walser y junto con él, brevemente de Hugo Wolf y Carl Seelig.

Robert Walser fue un escritor y poeta suizo que vivió entre 1878 y 1956. No escribió demasiado, toda su obra cabe en un estante de medianas dimensiones. Si relaciono a Walser con Hölderlin es porque ambos terminaron sus días en la solitaria paz de la sinrazón. Otra suerte corrió el pobre Wolf, luego lo veremos.

Walser fue el séptimo hijo de una familia de ocho hermanos. A los 14 años dejó los estudios y trabajó en los más diversos oficios: librero, botones de un banco, secretario, oficinista... mientras tanto escribía poesía. 

Robert Walser
Desde 1898 a 1905, su hermano Karl, pintor e ilustrador, le invitó a vivir con él en Berlín. En esta ciudad escribió tres novelas, «Los hermanos Tanner» (1907), «El ayudante» (1908) y «Jakob von Gunten» (1909). A partir de esta última fecha vivió sin domicilio fijo y siempre al borde de la miseria: este era un modo de vida que hasta cierto punto era escogido por él, algo así como Erik Satie, quien solía predicar «Sed pobres», y predicaba con el ejemplo. En torno a 1915 sufrió una fuerte depresión acompañada de alucinaciones auditivas, aunque a pesar de todo seguía escribiendo. Recibió tratamientos durante años pero en 1929 fue ingresado en una institución psiquiátrica y luego en otra, de la que ya no saldría hasta el día de su muerte.

Robert Walser
De nuevo nos encontramos con que talento artístico y enfermedad mental se cogen de la mano.

Más triste fue el caso del compositor Hugo Wolf, nacido en 1860 en lo que actualmente es Eslovenia y muerto en Viena en 1903. Wolf  escribió una enorme cantidad de Lieder, y es considerado con justicia el continuador del género que tomó de manos de los últimos compositores románticos. Era una persona desequilibrada con frecuentes crisis de psicosis. En 1896, tras una de estas crisis, intentó suicidarse arrojándose a un río del que fue rescatado. Fue ingresado en un manicomio del que ya no salió.

Hugo Wolf
(¿No guardan cierto parecido?)


La obra de Walser publicada en español es, al menos la que yo tengo:

Publicadas por la editorial Siruela:

· Escrito a lápiz: MICROGRAMAS I
· Escrito a lápiz: MICROGRAMAS II
· Escrito a lápiz: MICROGRAMAS III
· La habitación del poeta
· El bandido
· Jakob von Gunten
· Historias de amor
· El ayudante
· Los hermanos Tanner
· La rosa
· El paseo
· Historias
· Ante la pintura

Por Pre-Textos:

· Los cuadernos de Fritz Kocher

Por Alfaguara:

· Vida de poeta

Los traductores son varios y todos ejercen su oficio con sumo acierto. Pido disculpas por no ofrecer una lista detallada de los mismos.

La primera vez que te enfrentas a la prosa de Walser no sabes qué pensar. Es muy delicada, refinada, densa, muy «educada», casi te parece amanerada. Pero en cuanto te adentras en su obra y captas su estilo te das cuenta de que no es amaneramiento, sino una sensibilidad muy refinada y un gran ingenio literario. El otro día, hablando del bossa nova, decía que en ese género se dan giros inesperados y hasta cierto punto inverosímiles, aunque al cabo todo encaja. Salvando las distancias lo mismo se podría decir del estilo de Walser, no deja de sorprenderte. Pongamos un ejemplo. Su novela, «Jacob von Gunten» relata la estancia del protagonista en un instituto llamado «Benjamenta»; empieza así este libro:

«Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada; es decir, que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito.»

Kafka reconoció en la prosa de Walser el modelo que tenía que seguir la literatura del siglo XX; Elías Canetti ha dicho de Walser que es «el más culto de los escritores».

Más adelante, en la novela citada, Jacob ha de escribir un currículum vite que nunca se decide a comenzar. Al final, tras darle mil rodeos a la cuestión:

«Currículum.

El que suscribe, Jakob von Gunten, hijo de buena familia, nacido el día tal del año tal, educado en tal y tal lugar, ha ingresado como alumno en el Instituto Benjamenta a fin de adquirir los escasos conocimientos necesarios para entrar al servicio de alguien. El infrascrito no espera absolutamente nada de la vida. Desea ser tratado con severidad para saber qué significa tener que dominarse. Jakob von Gunten no hace grandes promesas, pero se propone comportarse de manera honesta y encomiable. Los von Gunten son un antiguo linaje. En otros tiempos fueron guerreros, pero al menguar su belicosidad se han convertido, hoy día, en altos consejeros y comerciantes. Y el último retoño de la estirpe, objeto del presente informe, ha decidido repudiar por completo cualquier tradición envirotada. Quiere ser educado por la vida y no por principios hereditarios o aristocráticos. Sin duda es orgulloso, ya que le es imposible renegar de su naturaleza innata, pero por orgullo entiende algo totalmente nuevo, algo que corresponde, en cierto modo, a la época en que vive. Confía en ser moderno y de alguna manera apto para prestar servicios, además de no demasiado tonto e inútil; pero miente, pues no sólo confía, sino que lo afirma y sabe. De carácter rebelde, en él perviven todavía ciertos rasgos del espíritu, indomable de sus antepasados; sin embargo, pide ser reconvenido si da muestras de obstinación, y si esto no surtiera efecto, ser castigado, pues cree que entonces sí resultaría. Sea como fuere, ya sabrán cómo tratarlo. El infrascrito cree poder adaptarse a cualquier situación, por eso le es indiferente lo que se le ordene hacer; está firmemente convencido de que cualquier trabajo hecho con cuidado le supondrá más honor que llevar una vida ociosa y angustiada junto a la estufa de su casa. Un von Gunten no puede permanecer junto a la estufa. Si los abuelos del que respetuosamente suscribe ciñeron la espada de caballeros, su descendiente prolonga la tradición al desear con toda el alma hacerse útil de algún modo. Su modestia no conoce límites cuando halagan su valor, y su celo por servir iguala a su ambición, que le ordena despreciar cualquier sentimiento de honor molesto y pernicioso. En su casa, el infrascrito ha vapuleado a su profesor de historia, el respetable doctor Merz, infamia de la cual se arrepiente. En la actualidad aspira a vencer el orgullo y la arrogancia que aún lo animan parcialmente, arrojándolos contra el inexorable roquedal de un trabajo duro. Es parco en palabras y jamás divulgará las confidencias que se le hagan. No cree en un reino de los cielos ni tampoco en un infierno. La satisfacción de quien lo emplee será su paraíso, y la triste reacción contraria, su infierno aniquilador; pero está convencido de que no habrá quejas contra él ni contra sus servicios. Esta firme certidumbre le da valor para ser lo que es».

Ayer escuchamos una canción de Eisler. Hoy me ustaría que escuchásemos otra que me resulta muy afín al estilo de Walser, además de muy bonita. También Eisler murió con una fuerte depresión: nunca se repuso del fallecimiento de su gran amigo y colaborador Bertolt Brecht. 

Eisler y Brech
La canción se llama «An den kleinen Radioapparat»:

 

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En el libro: «Robert Walser. Poemas. Blancanieves» de la editorial Icaria dice que « Robert Walser fue un hombre que rebosó de amor a las cosas, hizo alardes de valentía frente la vida, y ésta le dotó con la razón del poeta». De este bello libro extraigo estos poemas:

QUIETUD

Qué contento estaría si pudiera
descansar sosegado en algún sitio,
darme el gusto de usar por toda ropa
una paz interior.

Amarla si pudiera
sentir alguna clase de consuelo,
seguro que es así, pues no hay discordia
que no encontrara en ella su final.


NIEVE

Nieve que nieva, la tierra se cubre
 de un blanco quejido allá a lo lejos.

Vacila bajo el cielo el hervidero
de copos en un ay, nieve, la nieve.

Una quietud te da, una amplitud,
me ablanda el mundo blanco de la nieve.

Mi afán, pequeño, pues, y luego grande,
en lágrimas me apremia de por dentro.


Otro, más o menos contemporáneo, me viene ahora a la cabeza, de la manera más inesperada: Ottorino Respighi fue un compositor italiano que vivió entre 1879 y 1936. No compuso mucho, pero todo con muy buen gusto. Así esta canción, «Nevicata» (Nevada), interpretada por Pavarotti, viene con más nieve, blanca nieve:

ATARDECER

Brilla en la nieve el amarillo oscuro
de un camino que se abre entre los árboles.
Anochece, y el aire
espeso va empapando los colores.

Bajo estos árboles voy caminando.
Sus ramas como manos infantiles
suplican sin cesar
con indecible amor, cuando me paro.

Los lejanos jardines y los setos
arden en el oscuro laberinto,
y el cielo mira estupefacto
cómo se abren las manos infantiles.



Todavía nos aguarda una similitud entre Hölderlin y Walser: ambos tuvieron la dicha de encontrar a un hombre bueno y amable, en el amplio sentido de la palabra, que amenizase sus días últimos, que fueron muchos y repletos de incontables horas solitarias. Otro libro, siempre los libros, este también muy bonito: «Paseos con Robert Walser» de Carl Seelig, publicado también por Siruela. Tal como nos informa la trasera del libro, Walser, decidió dejar de escribir a los cincuenta años «y se contenta con la vida de un paciente de un sanatorio mental. Carl Seelig, que quería ayudarle a él y a su obra, en apariencia condenada al fracaso, visita regularmente a Walser en el sanatorio, y durante veinte años “se les autoriza a pasear”» Este bello libro, y magnífico testimonio, comienza con una cita de Jacob Burckhardt, el prestigioso historiador del arte:

«¡Qué mal nos sentimos entre las ruedas de la gran maquinaria del mundo actual, si no damos a nuestra existencia personal una consagración propia y noble!»

Copio:

«26 de julio de 1936

Nuestras relaciones las iniciaron unas pocas y sobrias cartas: preguntas y respuestas breves y concisas. Yo sabía que Robert Walser había ingresado en 1929, en calidad de enfermo mental, en el sanatorio bernés de Waldau, y que desde junio de 1933 era paciente del sanatorio y hogar cantonal de Appenzell-Ausserhoden, en Herisau. Sentía la necesidad de hacer algo por la publicación de sus obras y por él mismo...»

De ese modo tan formal y por esos tan nobles motivos comenzó esa relación que tantos años iba a durar. Las visitas las aprovechaban para salir a realizar pequeñas excursiones a pueblos y lugares cercanos en los que poder pasear y comer, y beber, en algún restaurante, cosa que Walser apreciaba mucho. De esos encuentros nació el libro y numerosas fotografías que tomó Seelig de Walser.


«Las naturalezas creativas no son especulativas. Eso las distingue de los imitadores» (Estoy, me permito decir, plenamente de acuerdo)



«... la vida social es un veneno para el artista. Le hace perderse en trivialidades y le induce a aceptar compromisos» (También)


Refiriéndose a Stalin: «Siempre me repugnó el incienso que hacía extender a su alrededor. Rodeado de servilismo, al final se convirtió en un ídolo que ya no podía vivir como un hombre normal. Quizá en él se ocultara la genialidad. Pero a los pueblos les conviene más ser gobernados por naturalezas mediocres. En el genio acechan casi siempre perversidades que los pueblos tendrán que pagar con sangre, dolor y vergüenza»


Escuchemos a Christa Ludwig cantando «Auch kleine Dinge», del «Italienisches Liederbuch» de Hugo Wolf:



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Este es un pequeño poema que no sé dónde he encontrado:

Con las manos cansadas,
con las piernas cansadas,
a tientas por el mundo,
me río de que giren
las paredes, mas miento,
porque estoy llorando.

Ahora podemos escuchar al gran Hans Hotter cantando «Verborgenheit», de los «Mörike Lieder», también de Wolf:



El día de Navidad de 1956 se encontró a un hombre muerto, tendido en la nieve, en las cercanías del hogar cantonal de Appenzell-Ausserhoden: era Robert Walser, un paro cardiaco había puesto fin a sus días.




He dejado para el final el Lied más bello, «Wenn du mich mit den Augen streifst», del «Italienisches Liederbuch», también de Hugo Wolf, en interpretación de Dietrich Fischer-Dieskau. Sirva de recuerdo, siempre emocionado, de todos estos grandes hombres, que sufrieron, y que, sin embargo, hicieron con sus obras un lugar más feliz de este mundo:




9 comentarios:

  1. Gracias. ¡Hermosos lieders ha puesto aquí! ...

    un quijote

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  2. Excúseme usted, por favor, "lieder". (Sonriendo)

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    1. Me alegra que se equivoque, así podemos imaginarle sonreír... Wolf escribió una canciones maravillosas. Hacía tiempo que no las escuchaba; ahora, gracias a usted, las vuelvo a escuchar y, le confieso, no puedo contener la emoción ante la belleza, ante el recuerdo, ante la evocación de la vida, triste y gloriosa, de estos dos grandes hombres: Walser y Wolf.

      Un afectuoso saludo

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  3. He de decirle que me encanta "Nevicata" de Respighi, ésta sencilla melodía -no recuerdo ahora mismo su letra- en la interpretación y voz de Pavarotti, hermosísimas.

    (Hace un momento he hallado de Walser frases ... -ésta palabra frases significa nada aquí-... No sé intentar, extender, el comentario; el ensayo es atento y de buena factura. http://www.um.edu.uy/_upload/_descarga/web_descarga_92_PALACIOS_CaminandoconRobertWalser.pdf )

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    1. Respighi es un compositor que tiene piezas realmente hermosas. En efecto, esta canción es una de ellas, sencilla, sin pretensiones, pero con voz y personalidad propias. He hojeado el artículo al que me remite; tiene buena pinta, lo leeré en cuanto tenga un momento. No sé si sabrá que existe un libro (quizá se mencione en el artículo) titulado "Paseos con Robert Walser" de Carl Seelig (Editorial Siruela). Si no lo ha leído y tiene la oportunidad de hacerlo me atrevería a aconsejárselo.

      Un cordial saludo.

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  4. Muchas gracias profesor, estaré buscando el libro del señor Seelig.

    Mientras tanto continúo aquí, disfrutando sus blogs y música.
    Buenos días, hasta pronto,

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  5. Acabo de hallar, en este momento, una agradable reseña de un libro de Walser "Diario de 1926", Ediciones La uÑa RoTa, 2013. Por si conoce usted el libro o por si no, me permito copiar la cita allí: " Dice Walser: ' Considero que el hombre que escribe o el criado que está al servicio de la escritura escribe con la máxima seguridad y sin la menor preocupación si lo hace con alegría, de buena gana, esto es, con verdadero gozo y de mil amores, si, al escribir, sobrevolando numerosos contratiempos, que quizá podrían ser comparados con una especie de precipicios, halla un placer, y un placer, además, sumamente raro y exquisito'."
    http://www.elcultural.es/blogs/tengo-una-cita/2013/06/los-paseitos-de-robert-walser/

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    1. Muchas gracias, estimado Señor, por informarme sobre le libro de Walser. Lo compré en cuanto salió y lo leí en un par de horas o algo así pues se trata de, más que un libro, un pequeño cuadernito, lo cual no merma, evidentemente, la calidad de su contenido.

      Un cordial saludo

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  6. Un pequeño cuadernito, sí. Hallar la referencia a él en aquella reseña supuso un conjunto de coincidencias con las cuales me alegré. Lo tendré y leeré esta semana.

    Gracias a usted. Mi afectuoso saludo.

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