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domingo, 11 de diciembre de 2011

FRITZ WUNDERLICH (II)

Ya tuvimos oportunidad de asomarnos brevemente a la vida del gran tenor alemán Fritz Wunderlich. En aquel momento manifesté mi deseo de volver a hablar sobre esta figura insustituible del canto lírico. Creo que ha llegado el momento.


Antes que nada debo decir que casi toda la información para esta entrada, así como las secuencias de vídeo, las he obtenido del DVD «Fritz Wunderlich. Leben un Legende», editado por DG. Este vídeo lo adquirí hace muchos años. Desconozco si todavía está a la venta. Yo ofrezco aquí una minúscula parte del mismo, es un DVD magnífico, por lo que aconsejo encarecidamente su obtención.


Wunderlich nació en Kusel, Alemania, en 1930, en el seno de una familia de músicos; su madre era violinista y su padre director de coro, según unas fuentes, de orquesta según otras. Aquellos tiempos fueron muy duros, con una gran crisis mundial sin precedentes, de modo que la familia decide hacerse cargo de una posada para salir adelante, negocio que también tuvieron que dejar. 


Entonces su padre se hizo cargo de la Asociación Musical de Kusel. Son los tiempos del surgimiento del nazismo y dos miembros del partido le arrebatan el puesto con sus criminales intrigas. Al fin, Paul Wunderlich, desesperado por no poder sacar su familia adelante, se suicida el 23 de Octubre de 1935, cuando Fritz sólo contaba cinco años de edad; este hecho supuso un desgarro en su vida, es algo que le atormentó durante el resto de su vida.

Paul Wunderlich
Fritz siempre quiso dedicarse a la música, en especial al canto. Conseguir abrirse camino en el mundo de la música es algo sumamente difícil, son muchos los factores que tienen que coincidir de un modo favorable para que se lleva a cabo con éxito. Se ha de poseer unas dotes excepcionales, dotes que se han de desarrollar con los mejores maestros e incontables horas de estudio y trabajo, es necesario un temple especial, unos nervios de acero, una capacidad inagotable de sacrificio. Por último está el factor suerte, que en muchísimos casos es el factor determinante: han de confluir muchos elementos, incontables: se ha de estar el momento adecuado en el lugar oportuno, al tiempo que se ha de estar en plenas condiciones físicas y anímicas para afrontar esa situación, se ha de tener en repertorio lo que se demande en ese momento.

En 1949, el director Emmerich Smola se fijó en la ya entonces bellísima voz de Wunderlich; el pobre Fritz, a sus diecinueve años iba con pantalones cortos en pleno noviembre. Entonces se pensó en la posibilidad de que fuese a estudiar a Friburgo pero las condiciones económicas no lo permitían. No obstante consiguieron que les hiciesen un descuento en las tasas de matrícula y así Fritz se presentó a las pruebas de trompa y canto. Margarethe von Winterfeldt, profesora de canto invidente estuvo presente en su examen de acceso; con ella estudiaría desde 1950 hasta 1955, en la Musikhochschule de Friburgo. De esta gran profesora aprende Wunderlich la técnica del canto y también ella se convierte en su conciencia artística; siempre se sentirá muy unido a ella y abre sus cartas dirigidas a ella como «Muy venerada maestra». 


Para poder salir adelante económicamente dirige una orquesta de baile, en la que además de cantar tocaba la trompeta y el acordeón. Todos sus estudios se los sufragó con su trabajo, únicamente con su esfuerzo. Su cumbre como estudiante la alcanzó en 1954.



Este pequeño triunfo supuso un gran estímulo para Wunderlich, quien escribiría a su madre: «Sabía que estaba interpretando el papel de mi vida... Después de la última nota, pensé: ¡Dios, que aplaudan! Cuando escuché los aplausos atronadores casi me desmayé... ¡Con este éxito he abierto definitivamente la puerta a mi profesión más amada que ninguna otra!»

La mezzosoprano alemana Christa Ludwig diría de él:  



Posteriormente le hicieron un par de ofertas. Aceptó unos papeles pequeños de la Ópera de Stuttgart, uno de los teatros más importantes de Alemania. Aquí se perpetró una deliciosa artimaña para beneficiar la carrera de Wunderlich:



Quien debía reemplazar a Traxel era el tenor Wolfgang Windgassen, quien también estaba compinchado y se negó a realizar el reemplazo, diciendo que tenía que ser el principiante Wunderlich quien tenía que salir a escena. Obsérvese la naturalidad, la frescura y el encanto de Wunderlich en este papel, en una representación unos años más tarde en el mismo teatro:


La vida sigue y nuestro querido Fritz se enamora de una joven arpista, Eva Jungnitsch. Pronto se casan y comienzan a venir los niños, por lo que Eva debe dejar su trabajo ya que la carrera de Fritz progresa brillantemente. Wunderlich apreciaba mucho la opinión musical de su esposa, la llevaba a los ensayos y consideraba que tenía un oído finísimo; en tono jocoso le decía: «Tú oyes toser hasta a las pulgas».


 
Comenzaron entonces las giras por el extranjero, algo muy poco frecuente en la época y que sólo hacían algunos privilegiados. Hace incursiones en otros géneros digamos, menos serios, a Wunderlich lo que le gusta es cantar.

Escuchémosle en la célebre canción: Plaisir d’amour:

 

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A continuación, en la no menos célebre Mattinata:

 

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Luego vendría Salzburgo, con Karl Böhm. Cantó Richard Strauss, un compositor que escribía papeles muy poco vocales para los tenores, muy difíciles. Sin embargo, Wunderlich, una vez más, cantó con una claridad asombrosa y absolutamente impresionante.

Karajan y Böhm
Karajan, de quien ya hicimos mención en este blog, le ofreció un contrato fijo en la Staatsoper de Viena pero Fritz ya había firmado un contrato en Múnich. Y la fama seguía creciendo. Conoció al barítono Hermann Prey y desde ese momento fueron grandes amigos. Se quisieron mucho, se compenetraron muy bien musicalmente y disfrutaban como niños tanto dentro como fuera del escenario:



Poco a poco su agenda se va llenando hasta que no queda ni un sólo día libre, cuando no es un ensayo es una representación o un programa para la televisión. ¿De dónde sacaba Wunderlich tanta energía para hacer frente a un trabajo tan intenso? Su gran, su íntimo amigo Peter Karger encuentra una explicación:


En Múnich Wunderlich, siempre inquieto, se dedica al Lied. En la entrada que ya dedicamos a este cantante en este mismo blog ya tuvimos oportunidad de escucharle cantar, por ejemplo, algún Lied del Dichterliebe de Schumann. Allí cantaba con el gran pianista Hubert Giesen; los comienzos no fueron muy fáciles. Aquí tenemos la maravillosa oportunidad de escuchar a Giesen y un pequeño fragmento de un ensayo precisamente de un Lied de ese mismo ciclo. Al parecer, por aquel entonces, el tabaco no era tan malo para la salud: además, Wunderlich era todo un caballero, hoy en día, cualquier cantorcillo del tres al cuarto te pega la bronca como te huela el aliento a un cigarrillo, no digamos si te ve con un señor puro...


Ya sabemos que también en el Lied Wunderlich alcanzó cimas a las que sólo han llegado los grandes, sólo los más grandes. Escuchémosle junto a Hubert Giesen interpretar dos de los Lieder más bellos jamás escritos

Adelaide, de Beethoven:


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An Silvia, de Schubert:




Hace unas entradas comentaba algo de lo que casualmente el gran amigo de Fritz, Peter Karger, también habla en la siguiente escena. Peter explica muy bien lo que yo sólo insinué el otro día:


Siguió pasando el tiempo. Siguió aumentando su familia. Su fama no hacía sino crecer. Entonces le llegó la oferta del Metropolitan Opera de Nueva York. Fritz, al principio, se asustó un poco, en aquella sala había 4000 asientos. Al final firma el contrato. Antes de ir al Met canta en Edimburgo y da un recital de Lieder con Giesen. Wunderlich estaba en su mejor momento, se sentía absolutamente feliz y todos sus públicos quedaban extasiados con su arte. Giesen dijo de ese su último recital: «Ha cantado el recital de su vida. Es perfecto. No puedo decirle nada más, es grandioso»


Para relajarse un poco, descansar y reponer energías, Wunderlich, como siempre hacía, va al encuentro de la naturaleza y de los amigos, marchó a cazar unos días al sur de Suabia. Peter, su gran amigo, nota que siente una gran presión. Por eso quería reunirse con los amigos, para liberarse de esa tensión.


Esa noche, Wunderlich, como solía hacer todos los días, llamó a Eva por teléfono. Este se hallaba en el piso superior de la casa al que se accedía por una angosta escalerilla. Fritz se había desatado los cordones de las botas, pisó uno, perdió el equilibrio y cayó escaleras abajo. Sufrió una fractura de cráneo. Un día más tarde, con tan solo treinta y seis años de edad, murió Fritz Wunderlich, uno de los más grandes tenores de la historia, una de las voces más bellas, dejando tras sí cuantiosas grabaciones que muchos años después de aquella fatalidad siguen conmoviéndonos de felicidad a todos aquellos que amamos la música.

Löns fue un compositor de canciones sencillas. Esta es la canción Rosemarie, la cantó a Peter Wunderlich, posiblemente la última canción que salió de su milagrosa garganta. Me ha sido imposible encontrar una versión cantada por él. Sólo muy pocos consiguen llegar a donde llegó Fritz Wunderlich, como cantante, músico y persona. No puedo pensar en él si no es con un recuerdo emocionado. Fue un hombre afortunado, la brevedad de su vida hizo que esta fuera todavía más resplandeciente, como el brillo efímero de un rayo, de una estrella fugaz.


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1 comentario:

  1. Emocionante y conmovedora esta tremenda historia del gran tenor Fritz Wundelich. Un verdadero regalo para lo que desconocíamos su biografía. Prometo ver la película recomendada.
    Muchas gracias!

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