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sábado, 3 de diciembre de 2011

GOLDBERG

Braque. Hommage à J. S. Bach

Ayer ya tuvimos la oportunidad de ver qué cosa son unas variaciones. Este tipo de composición ha sido muy querido por todos los compositores de todas las épocas. También suponen un ejercicio muy bueno para afilar el ingenio musical.

Si preguntamos al primero que encontremos por la calle que nos diga el nombre de unas variaciones nos dirá que no tiene ni idea y que si estamos desvariando. Pero si no cejamos y seguimos preguntando durante, pongamos... dos o tres horas más, lo más seguro es que alguien nos diga, en todo caso, «Las variaciones Goldberg»; es muy difícil que esa misma persona sepa que fueron escritas por Johann Sebastian Bach, pero más probable que confiese conocerlas gracias a la película «El silencio de los corderos»; «asín semo loz’erpañole’h, ¿qué no?».


Bach las escribió en 1741. Consta esta obra de un tema, denominado Aria, treinta variaciones, y una repetición, al final, del Aria inicial; esta repetición se denomina reprise y hace que la estructura general de las variaciones funcione como un «Aria da capo». Lo que se varía no es la melodía del Aria sino su bajo, es decir, la línea de notas más grave que acompaña dicha melodía. La obra fue encargada a Bach por el conde Hermann Carl von Keyserlingk para amenizar sus noches de insomnio, todavía no se había inventado el Tranxilium ni similares. El clavecinista del conde se llamaba Johann Gottlieb Goldberg, de ahí el nombre de las variaciones. 


Esta obra fue escrita por Bach para un instrumento muy concreto: un clave de dos teclados. No es frecuente tanta concreción. Lo corriente es que se escribiese para Klavier, palabra que literalmente significa «teclado» y cuya mejor traducción es «instrumento de teclado». Por Klavier entendían en la Alemania del barroco a varios instrumentos distintos, principalmente a tres: el clave, el clavicordio y el órgano. En español, «clave», se dice «clave» y se escribe «clave»; es aclaración necesaria porque mucho clavecinista gilipollas, e inculto como animal de tiro, hace tiempo que pasó a llamarle «clavecín» y a escribirlo de igual modo; ya digo, gilipollas perdido. No obstante, como nuestra Real Academia de la Lengua tiene a los mejores musicólogos del mundo para asesorarse en temas musicales ha incluido en su diccionario la estúpida y gilipolla palabra «clavecín», «asín semo loz’erpañole’h, ¿qué no?».


El origen de la memez está muy claro, aparte del poco entendimiento de quienes pusieron en circulación la cursilada, pero su explicación nos haría perder un tiempo precioso; no obstante, si alguien tiene curiosidad que lo diga que le ilustraré, con mucho gusto, al respecto.


Es para mí un verdadero placer y un gran motivo de alegría compartir con todos los lectores de este blog una parte de mis más amadas posesiones. Hace años, comencé a recopilar versiones de las variaciones que nos ocupan interpretadas al clave pero también con otros instrumentos. Cuando la música es grande el instrumento no importa, lo que importa es quien maneje el instrumento, como ahora mismo tendremos ocasión de comprobar.


Escucharemos sólo su hermosa Aria inicial, en versiones muy distintas. Esta Aria está profusamente ornamentada, es decir, que tiene muchas notas de adorno, tales como trinos, semitrinos, mordentes, apoyaturas y otros adornos cuyos nombres sería muy difícil traducir al español. También hay que tener mucho cuidado en cómo articularla, es decir, en cómo unir (ligar) o destacar (picar) sus notas. Es mucha la controversia que hay en cuanto a cómo interpretar dichos adornos y dichas articulaciones: al final, la cosa es sencilla, con musicalidad y buen gusto, con sentido común y sin afán de lucimiento. Poco más, que no es poco.

Comencemos con una versión convencional. Una magnífica interpretación de la clavecinista Christine Schornsheim:

 
En esta otra versión al clave podemos comprobar que la ornamentación se ejecuta de otro modo pero también con sumo acierto. Toca Lars Ulrik Mortensen:


Ahora escuchemos dos versiones muy parecidas a las que acabamos de escuchar pero al piano. Primero Simone Dinnerstein, para descubrirse:

Ahora, un poco al estilo de Mortensen pero al piano. Toca Yuji Takahashi:
Tratándose del piano no puede faltar la versión de 1981 de Glenn Gould, la que tanto gustaba a Hannibal Lecter. O quizá le siga gustando...:



Una de mis predilectas. Toca maravillosamente al acordeón Mika Väyrynen:

Otra al acordeón. También es muy buena, aunque yo, quizá me quede con la de arriba. Toca Wolfgang Dimetrik:

Un guitarrista llamado Jozsef Eotvos realiza una versión muy digna:
Y donde toca un guitarrista bien pueden tocar dos: el Dúo Caputo Pompillo:

 












La cuerda punteada es muy adecuada a esta Aria. Escuchen qué delicia tocada al arpa por Catrin Finch:
Volvamos al piano. Mejor dicho a los pianos, dos pianos. Se trata de una transcripción muy discreta realizada por Joseph Rheinberger y revisada por Max Reger. Obsérvese la economía en la adición de adornos; y queda tan ricamente. Tocan Adelheid Lechler y Ulrich Eisenlohr:


Otra versión a dos pianos. En esta ocasión el Aria ya es un poco variada, modificada por los intérpretes, que son el Micallef-Inanga Piano Duo:

No puedo dejar de lado al instrumento de Bach, el órgano. Escuchemos a Gunther Rost. Sublime:



Siguiendo con este periplo escuchemos ahora una transcripción para violín, viola y violonchelo realizada por Dmitry Stikovetsky. Tocan Dmitry Stikovetsky, Gérard Caussé, Misha Maisky:
Ahora otra transcripción muy curiosa y acertada para flauta, viola da gamba y bajo continuo (chelo y laúd). Tocan miembros del Parnassi Musici:
Gambista un poco descocada


También tocada por una pequeña orquesta barroca esta Aria suena que da gozo. Así lo demuestra Bernard Labadie dirigiendo a Les Violons Du Roi:
En esta tierra nuestra de nuestras entretelas predominan los instrumentos de viento. Pues bien, para acabar con esta selección escuchemos, si es que hay alguien que todavía está despierto, esta Aria en arreglo para brass band. Toca The Canadian Brass:


 



Si alguna noche padecen insomnio y no les funciona lo de los borreguitos ni quieren pasar a mayores con el Tranxilium, siempre pueden visitar esta entrada que, aunque sea de mero cansancio, casi seguro que Morfeo se adueña de sus cansados párpados.

6 comentarios:

  1. Entre los audios de clave y los de piano hay una diferencia de medio tono, o algo así, o mi oído me engaña por el cambio tímbrico? o es brujería?

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  2. Buen oído, Manu, después de publicar pensé que debería de haber dicho algo al respecto. Se trata de los diferentes tipos de afinación: los claves utilizan una afinación barroca, supongo que la nota la en torno a 430 Hz, mientras que los pianos emplean afinación actual, a 440 Hz o incluso 442; luego, la guitarra, según esté el día, tú como guitarrista, ya sabes. Y los demás instrumentos... pues no sé, cada uno estará afinado a la altura que le sea más adecuada por razones organológicas. Ese es el quid de la cuestión. Abracadabra...

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  3. Carlos,
    Si no te importa, me gustaría conocer por qué pasaron a denominarlo clavecín.
    ¿Quizá porque se dedució que si eran clavecinistas tocaban el clavecín?
    Muchas gracias por tu tiempo

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  4. No faltaba más, es muy curioso. La palabra original italiana y luego alemana es «cembalo», que más tarde pasó a llamarse «clacicembalo», de hecho es correcto llamarlo así en español, clavicémbalo; pues bien, la palabra «clavicembalo» pasó al francés y allí se abrevió como «clavicem», cuya pronunciación aproximada en dicho idioma sería «clavesen», de hecho, en torno al siglo XVII, en francés se escribía «clavessen»; de ahí, en francés, pasó a llamarse «clavecin», y de ahí al catalán, «clavecí», que se pronuncia «clavesí»; pues bien, se ve que a alguien le gustó, le resultó mono esa especie de diminutivo y lo metió en el lenguaje oral español como «clavecín», siendo que en nuestro idioma tenemos desde hace siglos las palabras: «cémbalo», «clavicémbalo» y la más breve «clave». Recuerdo que el Diccionario de Autoridades (1726 y 1739) aparecen otros sinónimos de los cuales ahora sólo recuerdo el de «gravicémbalo». Si quieres más información y más documentada pídemelo que puedo buscarla. Y no es que yo esté en contra de que el diccionario adopte nuevas palabras, sean neologismos, anglicismos, o, como es el caso, galicismos, pero siempre que sea, bien para enriquecer o bien para abreviar palabras farragosas o demasiado largas. Pero no para satisfacer el capricho de unos cuantos ignorantes. Un cordial saludo

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  5. Muchas gracias de nuevo

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  6. Hola de nuevo, no hay de qué, espero haberme explicado con suficiente claridad. Te he escrito con muy poco tiempo y las prisas no son buenas para nada. De hecho veo un error: la palabra "clacicembalo" no existe, quería escribir "clavicembalo" y con las prisas me equivoqué. Si necesitas que me explique mejor no dudes en decírmelo.
    Un cordial saludo

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