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sábado, 24 de diciembre de 2011

THE SWINGLE SINGERS


Queridos amigos, esta noche es noche buena y mañana navidad. Por esa razón he querido traerles una selección de piezas entre las que no haya ni un solo villancico. ¡Cuánto me entristecía y preocupaba de niño aquello de «La noche buena se viene, la noche buena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más»! Hace falta mala leche, si nuestras navidades, supongo que también muchas de las de ustedes, ya eran bastante... menesterosas por no decir pordioseras, en aquellos tiempos de necesidades, en las que los reyes más que magos eran magros y te traían juguetes rotos, de los que ponían a precio de saldo por sus desperfectos, encima de todas esas calamidades, toma castaña pilonga: «y nosotros nos iremos y no volveremos más». Pasemos página.

The Swingle Singers es un grupo vocal que ya nos ha visitado en una ocasión. A diferencia de los King’s Singers, constituido sólo por hombres, The Swimgle Singers son paritarios, es decir, que alguna de sus miembras en alguna ocasión habrá tenido que acudir a un paritorio. Cantan como cantarían los ángeles si es que existiesen tales criaturas. Bueno, me dejo de romances y escuchemos música, que a eso hemos venido.


Comencemos con Bach. El Adagio de su sonata nº3, para violín y clave, BWV 1016. La contralto tiene una voz preciosa, da unas notas graves de terciopelo:

 


Del mismo Bach, el Largo de uno de sus conciertos para clave, o violín, u oboe, en fin, uno muy bonito:



Ahora, de las Invenciones y Sinfonías del Kantor de Santo Tomás, una de sus sinfonías, o invención a tres voces. Se trata de una pieza sencilla, recuerdo haberla tocado cuando comencé a estudiar el piano, allá por el año de Mari Castaña; ya entonces causó en mí una honda impresión que se ha mantenido intacta durante toda mi vida. Las disonancias que contiene son de lo más hermoso de este mundo. Es una obra pequeña, pero eterna obra maestra.



¿Qué?, ¿a que quita el aliento? Permítanme una burrada de esas que suelto yo a menudo. Hay compositores, como el enano cabeza gorda y antisemita de Wagner, 


que piensan que a mayor acumulación de elementos artísticos, mayor y mejor va a ser el resultado de la obra de arte obtenido. Hace falta ser bestia. No saben estos ceporros, porque su vanidad, orgullo y soberbia les impide verlo, que una sola superficie de papel puede contener varios mundos:


Hubo un músico de jazz que consiguió un sonido muy particular de su orquesta: Glenn Miller. De este autor escuchemos, si así les place, su célebre «Serenata a la luz de la luna»:



Creo que todavía no nos ha visitado en este blog ese gran músico que fue Chopin.


Chopin fue uno de los más grandes. Sí, ya sé, siempre digo lo mismo, pero es que tela con el Chopin. No se puede no amar la música de Chopin; a diferencia del mencionado un poco más arriba de la cabeza gorda, Chopin la tenía normal, proporcionada con el resto de su fino cuerpo, y de ella salían piezas de proporciones normales, y de una belleza estremecedora. Casi toda su música está impregnada de una gran melancolía, por su patria, Polonia, esa pobre tierra tan mancillada por unos y por otros, o de una profunda tristeza, debida, quizá, a su vida errante, a sus enfermedades, en fin, a su desdicha casi constante. No se puede no amar la música de Chopin. Escuchemos uno de sus valses, el que está en do sostenido menor:



Como gran pianista que era, Chopin escribió estudios para piano, obras maestras en su género. Escuchemos uno de cierto virtuosismo:

 


El siguiente estudio de este gran maestro polaco es de una belleza y una melancolía que eso no es normal, eso es de otro mundo:



Para finalizar con esta pequeña muestra de este gran grupo, Swingle Singers, una pieza muy famosa, muy bonita y con un halo de magia, de misterio. El «Claro de luna» de Claude Debussy:





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