Páginas vistas en total

Seguidores

jueves, 28 de julio de 2011

È LA SOLITA STORIA - CILEA - PAVAROTTI

«L’arlesianaÈ la solita storia (Il lamento di Federico)» Francesco Cilea – Luciano Pavarotti

Habrá quien después de escuchar el breve fragmento de la entrada anterior sienta curiosidad por escuchar la aria entera. Aquí la tenemos. Es una aria muy hermosa, de una belleza rara, con unos giros que las primeras veces que se escuchan no se entienden bien pero que al final resultan del todo coherentes, lógicos, insustituibles. Creo que lo mismo ocurre con todas las grandes arias del verismo. Si Björling fue un gran cantante más lo fue Pavarotti, claro, en mi humilde opinión. Il lamento di Federico, Björling lo interpreta con una entrega, con una energía inigualable. Pero, en general, Jussi fue un cantante un tanto desigual; quizá sus problemas con el alcohol tuvieran algo que ver con esa falta de homogeneidad.
Pavarotti quizá haya sido la voz más bella de todos los tiempos. Ha habido muchos grandes tenores: Corelli, Di Stefano, Bergonzi, Gigli, Caruso... por sólo citar cantantes italianos. Pero Pavarotti... siento debilidad por Pavarotti. Su timbre aterciopelado y redondo, su potencia, su expresividad, y esa voz tan bella, uf, me atraviesa como un rayo, me fulmina. Hay otro tenor, completamente distinto, por el que siento una debilidad muy parecida: Fritz Wunderlich, de quien quizá más adelante escuchemos alguna cosa.
El vídeo que hay más abajo está sacado de Youtube. Sólo sé que canta Pavarotti, no sé quién dirige (muy bien, por cierto), ni sé qué orquesta es la que suena ni tan siquiera el año de la grabación. Pido disculpas por poner de manifiesto un desconocimiento tan sobresaliente. Tanto el vídeo como la letra y su traducción los encontré en:
http://karahidden.blogspot.com/2010/01/lamento-di-federico-larlesiana-cilea.html con quienes quedo en impagable deuda. La traducción, tal como se indica en la página citada, es de Kara Hidden, y es una traducción excelente.


È la solita storia del pastore...
el povero ragazzo voleva raccontarla
e s'addormì.
C'è nel sonno l'oblio,
come l'invidio!
Anch'io vorrei dormir così,
nel sonno almen l'oblio trovar!
La pace sol cercando io vo'
vorrei poter tutto scordar!
Ma ogni sforzo è vano,
davanti ho sempre di lei il dolce sembiante.
La pace tolta è solo a me,
perchè degg'io tanto penar?
Lei! Sempre lei mi parla al cor!
Fatale vision, mi lascia!
Mi fai tanto male! Ahimè!

Es la típica historia del pastor...
el pobre muchacho quería contarla
y se quedó dormido.
En el sueño está el olvido,
¡cómo lo envidio!
¡También yo querría dormir así,
en el sueño al menos el olvido encontrar!
La paz sólo voy buscando
¡me gustaría poder olvidarlo todo!
Pero todo esfuerzo es vano,
siempre tengo ante mí el dulce semblante de ella.
Sólo a mí se me priva de la paz,
¿por qué debo sufrir tanto?
¡Ella! ¡Siempre ella me habla al corazón!
¡Visión fatal, déjame!
¡Me haces tanto daño! ¡Ay de mí!



           Quizá después de escuchar, y ver, este vídeo entiendan un poco más, y perdonen, mi debilidad por Pavarotti.

È LA SOLITA STORIA - CILEA - BJÖRLING

«L’arlesianaÈ la solita storia (Il lamento di Federico)» (fragmento) Francesco Cilea – Jussi Björling.

               Tiempo atrás leí todo lo publicado en español del escritor sueco Henning Mankell. Estoy convencido de que la novela negra es de lo mejorcito, con contadas –contadísimas–excepciones, que se está escribiendo  en los últimos tiempos; Mankell es un indiscutible maestro en el género. El personaje principal de todas sus novelas es el inspector Kurt Wallander, buen policía y buena persona, un agente de la ley con un gran carisma, atípico, que siente una gran admiración, se podría decir pasión, por el tenor lírico sueco Jussi Björling. Este cantante fue uno de los más grandes y su muerte prematura hizo de él un mito, recóndito, sólo conocido por verdaderos amateurs, casi completamente desconocido en este nuestro peculiar país. Gracias a Mankell descubrí a Björling, para que luego digan que de las novelas policíacas no se puede sacar nada de provecho. Con el tiempo se hicieron algunas series de televisión basadas en estas en estas novelas. En un capítulo de una de ellas basado en «La pista falsa», hay una escena en la que Wallander se encuentra en un momento especialmente difícil, se siente abrumado, casi desesperado, y en su piso de la calle Mariagatan, en Ystad, se abandona a su tristeza, se pone a beber y escucha, entre sollozos, la célebre aria que da título a esta entrada. Pues bien, ahí escuché a Björling por primera vez y quedé tan fascinado por su voz y su manera de cantar que en cuanto me fue posible recorrí todas las tiendas de discos y, aunque en la mayoría me miraron con extrañeza y cierto temor al preguntarles por ¡¿Björling?!, en alguna encontré dos o tres cedés de este gran cantante. Y, para más suerte, en uno de ellos cantaba la aria de Cilea. Pero, pobre de mí, no era la misma versión, la misma grabación que se podía escuchar en el capítulo mencionado. De modo que cada vez que quería escucharla tenía que ver la escena en el DVD, algo ciertamente incómodo. Pasado un tiempo conseguí, mediante unos cuantos malabarismos  informáticos, extraer la música de la escena y crear un breve archivo de audio. Uf, casi cuesta más contarlo que hacerlo. Bien, el resultado es un pequeño fragmento, en el cual se puede escuchar hasta el ruidito de los cubitos de hielo en el  whisky de Wallander, audio que quien esté interesado puede escuchar, bajar o ambas cosas mediante el enlace de más abajo. Muchos esfuerzos tuve que realizar para conseguir estos pocos minutos, pero la versión es tan magnífica que los volvería a acometer sin dudarlo ni un momento. Pura emoción y pasión pura, así ya no canta nadie.

(Corrección y añadido a 10 de agosto de 2015)

El archivo de audio correspondiente a esta entrada fue borrado irremediablemente. Por eso, a día de hoy, mucho tiempo después de la publicación de esta entrada, añado el aria completa en la versión a la que se alude en el texto. Asimismo, presento la letra completa del aria y su traducción.

Lamento di Federico

È la solita storia del pastore…...
Il povero ragazzo
voleva raccontarla,
e s'addormi.
C'è nel sonno l'oblio.
Come l'invidio!

Anch'io vorrei dormir cosi,
nel sonno almeno l'oblio trovar!
La pace sot cercando io vò:
vorrei poter tutto scordar.
Ma ogni sforzo è vano... 
Davanti ho sempre di lei il dolce sembiante!

La pace tolta è solo a me...
Perché degg'io tanto penar?
Lei! sempre mi paria at cor!
Fatale vision, mi lascia!
mi fai tanto male!
Ahimè!

Lamento de Federico

Es la típica historia del pastor...
El pobre muchacho
quería contarla
y se durmió.
En el sueño está el olvido,
¡cómo lo envidio!

¡También yo quisiera dormir así,
en el sueño, al menos, encontrar el olvido!
La paz sólo voy buscando,
¡quisiera poder olvidar todo!
Pero todo esfuerzo es vano,
siempre tengo ante mí, de ella su dulce semblante.

Sólo a mí se me priva de la paz,
¿por qué debo sufrir tanto?
¡Ella! ¡Siempre ella me habla al corazón!
¡Visión fatal, déjame!
¡Me haces tanto daño!
¡Ay de mí!



martes, 26 de julio de 2011

CUENTO DE HADAS Op. 20, Nº 1, de MEDTNER


Nikolai (Karlovich) Medtner fue un compositor ruso nacido en 1880 en Moscú y fallecido en Londres en el año 1951. No es necesario decir que en este país, España, es entre bastante y completamente desconocido. Su copiosa obra está dedicada principalmente a su instrumento, el piano, para el cual escribió, entre otras obras,  38 piezas que llamó Сказки, (Skazki), cuya traducción sería «cuentos de hadas». Un poco, pero sólo un poco más conocido en nuestro país es el virtuoso violinista Jascha Heifetz, que se encargó de realizar una transcripción para violín y piano de la op. 20, nº 1. Quizá les suene todavía un poco más a los intelectuales de nuestra tierra el pianista a quien dedicó Heifetz su transcripción, el inefable Vladimir Horowith, pero sólo un poco más: nunca he entendido por qué razón la música no se considera, en nuestro país, un conocimiento que ha de formar parte inexcusable de toda persona que sea considerada culta. Dejémoslo ahí.
Esta pieza es de un romanticismo estremecedor, impregnada de esa peculiar tristeza, de esa melancolía rusa tan característica, por ejemplo,  en Rachmaninoff. La primera vez que la escuché causó en mí una tan honda impresión que anduve mucho tiempo llevándola, como carga emocional, en la cabeza. Esta impresión me sumió «en uno de esos estupores juveniles, de los que el doctor Heidekind decía que, si bien eran comprensibles y no especialmente peligrosos, a la larga podían degenerar en melancolía. Dichos estados de ánimo se caracterizaban por la pérdida total de la función reflexiva sin que la capacidad de registrar estímulos sensoriales fuertes sufriera mengua alguna»[i]. Bien, esta pieza me parece arrebatadoramente bella. Y esa es mi música predilecta, la música bella, la música que, corrigiendo un poco al poeta judío Gabriel Preil , desde el primer compás «es un halcón que no deja escapar a su presa». Quede avisado el lector dado a estados como los descritos por el doctor Heidekind y recuerde que, al fin y al cabo, la palabra «melancolía» significa en su original sentido griego «bilis negra».

Aquí puede ser escuchada esta bella pieza de Medtner:


PARTITURA COMPLETA
Medtner (Heifetz) - Fairy Tale op.20 n°1 para violín y piano:



[i] Huelle, Paweł: «Castorp». Alianza

lunes, 25 de julio de 2011

LAS COSAS QUE LLEVABAN LOS HOMBRES QUE LUCHARON

«Las cosas que llevaban los hombres que lucharon» de Tim O’Brien. Ed. Anagrama.

Es un lugar común en las películas sobre la guerra que los soldados novatos lleven en sus mochilas infinidad de utensilios inútiles y que sólo suponen una carga extra; es frecuente que un soldado veterano o un superior supervise esa mochila y empiece a vaciarla de todo lo innecesario echándolo al suelo sin ningún miramiento ante el espanto del novato.
              El título de este libro hace referencia a ese hecho y su trama se desarrolla en Vietnam. Soldados, suboficiales y oficiales todos jovencísimos han de llevar más de veinte kilos de pertrechos arriba y abajo, por selvas, aldeas, arrozales. Pero no sólo cargan con armas y otros artilugios: el que más y el que menos también lleva su particular carga emocional, cartas, fotografías, pequeños amuletos.
              ¿Qué es lo valiente, acudir a la oficina de alistamiento en cuanto uno es llamado? ¿o huir, escapar, desertar anticipadamente de esa atrocidad que es la guerra?
              ¿Quién es el valiente, quién el cobarde?
              El libro funciona bastante bien, deja leerse con fluidez y curiosidad. Pero no siempre, hay momentos en los que aquello se para, se hace un poco pesado, como la mochila de los soldados.
              Uno de sus personajes, un soldado, recurre con demasiada soltura a los tranquilizantes: «Como cuando Ted Lavender se pasó con los tranquilizantes. “¿Cómo está la guerra hoy?”, decía alguien, y Ted Lavender mostraba una sonrisa amplia, distraída, y decía: “Suave, chico. Hoy tenemos una encantadora guerra suave”» (pág. 46).
              Es este un libro de lectura bastante grata, bueno, casi muy bueno, aconsejable para cualquier momento, también, cómo no, en tiempo de vacaciones. He leído otro título del mismo autor: «En el lago de los Bosques», también publicado por Anagrama y ya muy difícil de conseguir, y cuya búsqueda resulta esfuerzo que no merece la pena acometer, es un libro mediocre, de esos que te dejan con el sabor de la decepción en la boca.