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miércoles, 31 de agosto de 2011

BARBARA DENNERLEIN, organista Hammond


           
           En la primera entrada en que hablamos sobre el órgano Hammond ya se mencionó el nombre de esta excepcional organista: Barbara Dennerlein. Nacida en Múnich en 1964, comenzó a estudiar el órgano litúrgico pero ya a los once años comenzó con  otros tipos de órganos, entre ellos el Hammond, instrumento en el que se especializaría para llegar a alcanzar un dominio espectacular. Barbara Dennerlein es una mujer de un elegante encanto, una gran artista muy alejada de estridentes exibicionismos.


             El órgano Hammond consta de dos manuales, es decir, dos teclados dispuestos en terraza para ser tocados con las manos, y un pedalier, teclado para ser tocado con los pies. Si de algo adolecen, en general, los organistas Hammond es en el manejo de este teclado inferior: todos los grandes organistas han sido virtuosos con los manuales pero muy pocos, casi ninguno, ha dominado el pedalier. Barbara Dennerlein es una brillante excepción: su virtuosismo con los tres teclados es asombroso. Hace poco veíamos cómo Cameron Carter hacía volar sus pies, como si de un Fred Astaire se tratara, sólo para su lucimiento personal. En el caso de Dennerlein el virtuosismo de su pie izquierdo es similar pero su propósito no es el lucimiento sino absolutamente musical, artístico. En el vídeo siguiente podemos comprobar la gran destreza de esta admirable mujer así como su enorme y vitalista musicalidad:


              Ha grabado un buen número de CDS que son muy difíciles de conseguir en este fantástico país en el que nos ha tocado vivir; en las tiendas de CDS tienes que repetir su nombre un montón de veces a ver si entienden para llegar a la amarga conclusión de que has estado perdiendo miserablemente el tiempo. En Amazon se pueden comprar y en Internet hay muchas páginas dedicadas a esta gran dama del Hammond.

EL MARAVILLOSO MUNDO DEL CIRCO

              En la entrada anterior fui despectivo con el circo, con el maravilloso mundo del circo, lo cual lamento sinceramente. Ventaja que tiene esto del blog, que puedes enmendar desmanes, limar asperezas. Cuando dije «denigrar la interpretación»  lo que en realidad quise decir es que en esos casos se incurre en lo denominado quid pro cuo, tomar una cosa por otra. Ni es una sala de conciertos el sitio adecuado para un malabarista ni la carpa de un circo adecuada para la música... llamémosle clásica. El enorme sacrificio y esfuerzo necesario para llegar a ser un buen artista del circo merece toda mi admiración y, por supuesto, todo mi respeto. Sólo he ido una vez al circo, además, hace muy pocos años. En esa ocasión pude presenciar cómo una chica iba haciendo rodar por el aire pelotas que alguien le iba lanzando, mientras ella subía y bajaba una escalera; si no recuerdo mal llegó a tener en movimiento diez pelotas. Aquello fue emocionante: la coordinación, la destreza, el temple y sangre fría, la elegancia que demostró aquella malabarista, el fruto de cientos, miles de horas de trabajo y esfuerzo, además de haber nacido con esa habilidad. Casi me saltaron las lágrimas y me hizo recordar las cientos y miles de horas que también pasé yo en mi juventud delante de mi instrumento, para no conseguir, ni de lejos, el virtuosismo de esta dama.



              Como he dicho sólo he asistido a esa función de circo y porque se empeñó y me invitó un gran amigo. Cuando fui niño, en mi casa, utilizando la expresión al uso en aquel entonces y que hoy sería políticamente incorrectísima, «no teníamos ni para hacer cantar a un ciego». Más tarde, sinceramente, nunca me interesó en lo más mínimo ni el circo ni cualquier otro tipo de espectáculo: no voy ni al cine, y ya hace muchos años que dejé de asistir a las salas de concierto. Pero gracias a aquella señorita que movía en el aire diez bolas al mismo tiempo siempre guardaré un emocionado recuerdo de ese denominado «el maravilloso mundo del circo»


martes, 30 de agosto de 2011

CHOPIN – ESTUDIO REVOLUCIONARIO – CAMERON CARPENTER, órgano - ¡PASEN Y VEAN!


              En ocasiones a la música la convierten en circo. Desde tiempos inmemoriales ha habido «empresarios» que han llevado por pueblos y ciudades a músicos que por su virtuosismo ante su instrumento podían ser explotados como monos de feria, con o sin el consentimiento del propio músico. Se trata del «más difícil todavía», se trata de rebajar una de las facetas de un arte sublime como es la música, la de la interpretación, a número de circo, al célebre «pasen y vean». Quizá a Mozart cuando era niño le tocó en más de una ocasión hacer el numerito. Albéniz se ganó la vida durante un tiempo tocando el  piano de espaldas.
              De hecho sigue habiendo un disimulado apetito por el número de circo en los habituales a asistir conciertos en directo: unas veces se va a «ver» (no a oír) si tal intérprete las da todas, cuántas notas falsas se le escapan, si toca a la velocidad adecuada, etc. Existe una gran mitificación del concierto en directo; se habla de que si la música en vivo y que si tal y que si cual. He asistido a conciertos en los que la sala estaba abarrotada porque los intérpretes eran tales o cuales, o porque el concierto tenía una significación añadida, conciertos en los que se estaba tocando una música asquerosa de una manera puerca a más no poder; recuerdo uno de estos conciertos, se celebraba en una iglesia y, además, hacía un calor sofocante, el público tenía que estar en pie y todos los asistentes sudábamos como animales de corral, con la consecuente pestilencia nauseabunda; pues allí que aguantaban todos por el significado político del concierto; toda esa chusma, en su casa no se pone un CD en la vida pero allí tenían que dejarse ver. Y aplaudían como bellacos. Poco a poco me fui escabullendo en medio del gentío abriéndome paso con codos y manos hasta que gané la libertad del aire libre, dios misericordioso.
              Un caso ejemplar de honradez y coherencia musical fue el de Sviatoslav Richter; a pesar de tener una memoria prodigiosa -se calcula que tenía en su memoria unos ochenta programas distintos sin contar la música de cámara- hacia el final de su carrera comenzó a tocar con partitura en los conciertos porque decía que no recordaba con exactitud alguna que otra minúscula indicación del compositor. Además la sala debía permanecer a oscuras y con sólo una pequeña lamparita que iluminase  la partitura. Decía que a un concierto se iba a «escuchar» la música y que el intérprete tenía un papel completamente secundario; por supuesto a nadie debía importarle las muecas o gestos que hiciese el intérprete. Richter era un gran virtuoso que estaba por encima de su virtuosismo y que lo supeditaba de una manera tajante a la música que tocaba.
              En la entrada anterior hablábamos del órgano Hammond. Veamos ahora un órgano litúrgico tocado por un joven organista que hasta va ataviado como un trapecista o cosa similar. Se trata de Cameron Carpenter tocando el célebre estudio para piano llamado el Revolucionario de Chopin al órgano ejecutando la difícil parte de la mano izquierda con los pies. Pasen y vean:


lunes, 29 de agosto de 2011

THE GOOD LIFE (LA BUENA VIDA), por JOEY DEFRANCESCO, Hammond organist

Hammond b3 con Leslie
              Una de mis debilidades de la que quería hablar en estas páginas desde hace tiempo es el denominado: «Órgano Hammond b3». Copio y pego como un bellaco de la Wikipedia:
«Un órgano Hammond es un instrumento musical basado en los principios del electromagnetismo y de la amplificación a través de altavoces individuales, creado por el inventor estadounidense Laurens Hammond (1895-1973) y cuya producción va desde 1935 hasta 1978.»


Es decir, que se trata de un instrumento casi prehistórico de una sonoridad única. Lo de «b3» es el modelo, de los que hay infinidad. Hay otro modelo, el «c3», que es idéntico en todo al «b3» excepto en el mueble. 
Hammond c3
Estos dos modelos son los que se han empleado desde su fabricación para hacer un tipo de jazz muy particular. Como dice la Wiki, dejaron de fabricarse en 1978 por varias razones, la más importante es quizá que pesaba cien kilos aproximadamente, lo que dificultaba enormemente su transporte de un club de jazz a otro. Posteriormente la casa Hammond ha construido nuevos instrumentos, ya no electromagnéticos sino electrónicos, un poco más manejables.
Hammond Portable
  Ha habido infinidad de organistas Hammond, desde el legendario Jimmy Smith hasta el muy actual Joey DeFrancesco, pasando por Jimmy McGriff, Jack McDuff, Lou Bennett, Lonnie Smith... Últimamente está tocando muy bien un español, Mauri Sanchis. Y nunca debemos olvidar a la gran dama del Hammond, la virtuosa organista Barbara Dennerlein.
El estándar que se puede escuchar dándole al link de aquí debajo es «The Good Life», de Sacha Distel, en interpretación del inigualable y polifacético Joey DeFrancesco. 


Nacido en Springfield, Pennsylvania, en 1971, debutó y se convirtió en una estrella muy joven. Además de tocar el órgano de una manera increíble también canta y toca la trompeta. Creo que se puede considerar el mejor organista actual, además de la Dennerlein arriba mencionada. Joey lleva con muy buen humor y despreocupación lo que en mi entender es cierto problema de sobrepeso.
Con respecto a su interpretación de este estándar no se puede decir mucho, es simplemente increíble lo que consigue del instrumento; las armonías que utiliza son portentosas, con acordes de esos que, como yo digo bromeando a mis alumnos, no están en la mayoría de los pianos; su virtuosismo raya lo inverosímil.

The Good Life - Joey DeFrancesco - The Philadelphia Connection -  A Tribute To Don Patterson:

LA BUENA VIDA O DE LA SERENIDAD ANTE EL HORROR, de FRED WANDER


«La buena vida o de la serenidad ante el horror. Memorias» Fred Wander
Traducción de  Richard Gross. Ed. Pre-textos. Valencia 2010.

              Este es un libro de los que yo llamo «testimoniales», y con esto lo que pretendo es diferenciarlos de lo que comúnmente se entiende como «memorias». Para mí, unas memorias son, por ejemplo, las que escribió Salvador Pániker: hombre de una gran cultura nos habla de sí mismo, de sus avatares, de las personas que ha conocido, nos da sus opiniones, unas memorias realmente interesantes, hasta con índice onomástico. Pero un libro «testimonial» es, como todo el mundo sabe, el escrito por alguien que ha pasado realmente las de Caín y ha sobrevivido y en lugar de tumbarse a la bartola a disfrutar de los buenos o al menos mejores tiempos realiza el enorme esfuerzo humano que supone revivir el pánico, el horror vivido y plasmarlo por escrito, para memoria no ya de sí mismo sino sobre todo en memoria de  quienes el azar no consintió que sobrevivieran, para rescatar de las odiosas estadísticas a seres humanos con nombre y apellidos, y también para recordar a la humanidad que hubo monstruos, seres abominables que cometieron con el prójimo inconcebibles atrocidades. He leído y sigo leyendo multitud de libros de este tipo que, por desgracia, hay muchos: yo me siento obligado a escuchar a quienes acometen un esfuerzo tan doloroso, me siento obligado a escuchar esas voces que me cuentan sus sufrimientos desde el pasado. Recalco, es una obligación que asumo yo solito y no hago extensible a nadie más en absoluto.
              Wander realiza su trabajo de una manera ejemplar. En la sobrecubierta trasera del libro podemos leer: «Wander no pretende que se le admire como un héroe ni que se le compadezca como víctima; sólo quiere dar testimonio ante sí y ante nosotros». No dramatiza ni carga las tintas en ningún momento. Judío nacido en Viena en 1917, estuvo confinado en los campos de concentración, o de exterminio, de Auschwitz y de Buchenwald, y sobrevivió a ambos. Además de esta terrible experiencia también le tocó vivir otras terribles circunstancias  personales. Vivió en multitud de lugares, incluyendo la recién estrenada República Democrática Alemana. Estuvo casado con Maxie Wander, nacida Elfriede Brunner, una mujer extraordinaria de una encantadora belleza, también escritora, y con quien tuvo varios hijos.


              Wander no siente ninguna estima por las grandes cifras: «Nunca me he interesado por el grupo, sino siempre por el individuo. Lo que yo contemplaba y seguía observando con hambre canina era la gente atormentada, los solitarios y los marginados envueltos en una nube de tensión inmensa, tras la guerra de los genocidas y ante las macrotransformaciones de las estructuras políticas y sociales que cabía esperar» (p.173). Y también, en la página 110, dice «(...) su mujer y sus dos que se habían quedado en Cracovia habían sido asesinados por los alemanes. ¡Seis millones de judíos masacrados! Sobre millones de muertos nada puede decirse. ¡Pero sobre tres o cuatro se podría contar una historia!»
              Es natural que no tuviese una buena opinión de los gobernantes: «Es inherente a todo conglomerado de poder el disponer del suficiente número de criaturas serviles, carreristas, oportunistas, cabezas huecas, lameculos, policías y espías. El poder siempre mantiene a una élite de funcionarios sumamente privilegiados y corruptos, cuyo interés vital es mantener el poder» (p.132).
              En muchas ocasiones tuvo que vivir, por razones de trabajo, alejado de su querida Maxie. En este libro se recogen muchas de las cartas que se escribieron durante esos lapsos. Así, al final de una carta escrita desde Viena el 2 de septiembre de 1974, Wander le cuenta a su mujer: «Mäxl, voy a mandar esta carta, de lo contrario nunca recibirías nada. El sábado vi con Otti en el cine Gartenbau una película que supera con creces La gran comilona. Una tortura desde el principio hasta el fin. Arrabal, Iré como un caballo loco. Mentirosa, perversa, diletante, descabellada, repugnante hasta la extenuación. Y la gente no se la pierde, va y se ríe» (p.259). Y es que Wander, a pesar de haber abandonado los estudios a los catorce años, siempre fue un lector empedernido, lo que le dio una gran cultura y por lo que acabamos de ver, también refinó su buen gusto.
              Fred Wander murió en Viena en el año 1983. Recientemente he releído otro libro suyo, «El séptimo pozo», libro en el que como si fuera una novela o una colección de relatos se centra en la narración de sus vivencias en cautiverio. De este libro comentó la autora alemana Christa Wolf: «Arrancar por lo menos a algunos de esa legión de anónimos, convocar algunos nombres, hacer despertar algunas voces, dibujar el recuerdo de algunas caras»
              Tanto el libro protagonista de esta entrada como el mencionado en el párrafo de arriba son sumamente aconsejables.

Buchenwald - Entrada - «A cada uno lo suyo»


domingo, 28 de agosto de 2011

FE DE ERRORES


              Acabo de darme cuenta de que en el lado inferior derecho de la pantalla de mi ordenador pone «28/08/2011». Ceporro de mí creía que hoy era 27 en lugar de 28. No sé qué voy a hacer conmigo mismo. No obstante el error, sirve todo lo dicho referente al insigne Tomás Luis de Victoria.
TARUGO

OPINIÓN I. ECO MEDIÁTICO AL ANIVERSARIO DE TOMÁS LUIS DE VICTORIA

              Sólo veo la tele mientras como a mediodía, las noticias, y sólo el Canal 24 Horas de RTVE y Euronews. En el canal 24 Horas de RTVE, en el noticiario que hacen cada media hora, hoy se ha hablado de un huracán, de un tal Rubalcaba, del primer gol de la liga, del tiempo, no he aguantado más; a ese tal Rubalcaba le escuché una vez decir que no sé quién era su «entrenador personal», y me pregunté ¿qué es entrenador personal?, y a continuación, ¿es coherente que una persona de izquierdas tenga, y se ufane de ello, un entrenador personal? Al parecer sí, del mismo modo que se puede ser de izquierdas y ser un perfecto beato besa anillos a un tiempo, toma castaña pilonga; aquí todo se hace a la medida de las conveniencias de cada cual, sobre todo si se es marxista: «Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros», como dijo el gran Marx.
Pero sigamos con la tele. A continuación han hecho un programa cultural: una dama ha hablado de una vajilla que ha creado inspirándose en su abuela; ha salido el mercado de abastos de Madrid que ha sido convertido en un «espacio de ocio» con restaurantes súper chulos y toda la pesca; se ha hablado de no sé qué diseñador de no sé qué cosas; todo hay que decirlo, han presentado el último libro de Javier Reverte, de quien no he leído nada; y sí, también se ha hablado de música, en concreto de un tal David Guetta, que creo que es un pincha discos; tal como me temía, de Victoria, del Bach español, ni chufa, ni mención, ni de refilón. Además, ¿victoria?, ¿victoria no es cuando se gana la Champions League, o Los Mundiales?.
También he leído por encima las ediciones digitales de los dos periódicos más gordos en español: El País y el ABC. Yo, tal como hacía Baudelaire, nunca leo la prensa pero hoy me he dicho: Hypocrite lecteur, anda, echa un vistazo, que tampoco te vas a morir. Nada, nada en absoluto referido a Victoria he hallado, y eso que el numerito es redondo, cuatrocientos, (400), años.
 Maldito país este que olvida a sus grandes y ensalza a sus insignificantes; que tiene a pencos ocupando los puestos más relevantes del país y participando en el «The Grand Nacional» y a pura sangres tirando del carro de la basura; país inmundo en el que el talento es despreciado y cualquier inútil tarugo corre pasillos llega a ministro; país en el que se híper subvenciona el cine, el asqueroso cine que se hace en este asqueroso país, para que se puedan pagar buenas alfombras rojas y buenas limusinas, para que celebren con todo lujo y toda pompa  sus asquerosos premios Goya (¡ay, si levantara la cabeza!) y se adulen los unos a los otros y se aplaudan sus raquíticas ocurrencias, y mientras, en la ciudad en la que yo vivo, se ha tardado casi cuarenta años en construir un conservatorio digno; país de truhanes, de «malandrines e bellacos», de rufianes, bribones, viles y despreciables, de rastreros, de villanos, de lerdos y vilordos, de mostrencos, de zanguangos, de gañanes.
Haya paz, todos estos adjetivos los digo yo que no soy más que un don nadie que a falta de entendimiento ha de recurrir a la cantidad ya que no le da para calidad. Leí en no recuerdo dónde, por Internet, que Pío Baroja, en una tertulia en la que estaban presentes pelagatos tales como Valle-Inclán, Zuloaga, Rusiñol, Unamuno, Pérez Galdós, y algún otro, saltó y dijo:

«La verdad es que en España hay siete clases de españoles... sí, como los siete pecados capitales. A saber:

1)      los que no saben
2)      los que no quieren saber
3)      los que odian el saber
4)      los que sufren por no saber
5)      los que aparentan que saben
6)      los que triunfan sin saber, y
7)      los que viven gracias a que los demás no saben.  

               Estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”»

              Claro, nada puedo añadir, tan sólo que únicamente me merecen respeto los primeros y los pobres de la cuarta especie. Para acabar, quiero recordar aquellas palabras de Antonio Machado:

«...una de las dos Españas
ha de helarte el corazón»

              ¿Y si no una de las dos sino las dos Españas te hielan el corazón?, ¿y si ya no hay dos Españas sino docenas y todas te hielan el corazón?

O MAGNUM MYSTERIUM, de TOMÁS LUIS DE VICTORIA


              El día 27 de agosto del año 1611, es decir, hace cuatrocientos años exactos, moría en Madrid el gran compositor Tomás Luis de Victoria (veremos el eco que hacen los doctos mass media españoles de este aniversario). En realidad el adjetivo «compositor» no es el más adecuado pues no sería hasta muchos años más tarde, hacia el Clasicismo, cuando se denominaría así a quienes escribían música. En el caso de Victoria sería más adecuado decir que fue un polifonista y maestro de capilla. A menudo me preguntan mis alumnos qué compositores españoles han sido los mejores, me preguntan por Albéniz, Falla, Rodrigo. Mi respuesta siempre ha sido la misma: los maestros del Renacimiento Español:
              Cristóbal de Morales (1500 - 1553), Antonio de Cabezón (1510 - 1566), Francisco Guerrero (1528 - 599) y, en especial, quien hoy nos ocupa, el gran Tomás Luis de Victoria (1548 - 1611), por sólo citar unos cuantos y en orden cronológico.
              Estos, sin duda, y ningunos otros han sido los grandes compositores españoles de la historia. Pero mis alumnos insisten, «pero, ¿y Falla, y Albéniz, y el maestro Rodrigo?». Tampoco quiero echar por tierra el amor y orgullo patrio de mis pupilos y me escurro como una anguila: «¿sabéis cuál es la obra maestra de Falla?»; nadie da en el blanco, la mayoría dice que si «El amor brujo», que si «Noches en los Jardines de España», y siempre hay uno más informado que apuesta por el «Concierto para clave»; mi cabeza se tambalea y al final disparo: «El retablo de Maese Pedro»; fin de la conversación.
              Victoria fue un gran maestro dentro de la historia universal de la música;  de la música española en concreto quizá fue el mejor compositor de todos los tiempos. Sólo escribió música religiosa y él mismo fue ordenado sacerdote. Ejerció su oficio en España y Roma.
              El «O magnum mysterium» es un canto responsorial que, como resulta obvio tras la lectura de su texto, forma parte de los Maitines de Navidad. Dice así:

O magnum mysterium,
et admirabile sacramentum,
ut animalia viderent Dominum natum,
jacentem in praesepio!
Beata Virgo, cujus viscera
meruerunt portare
Dominum Christum.
Alleluia.

¡Oh gran misterio,
y maravilloso sacramento,
que los animales deben ver al recién nacido Señor,
acostado en un pesebre!
Bienaventurada la Virgen, cuyo vientre
fue digno de llevar
a Cristo el Señor.
Aleluya.

              Escuchémoslo en interpretación de los inefables «The Sixteen» bajo la dirección de Harry Christophers:
 
             Como viene siendo costumbre, quien así lo desee, puede escuchar y bajarse el  célebre «Ave Maria» de Victoria en interpretación del «Choir of Westminster Cathedral» bajo la dirección de David Hill:


También «Regina Caeli Laetare», en interpretación del grupo «Chanticleer» dirigido por Joseph Jennings:


P. S. He de advertir de que en la sección de etiquetas el sistema permite tan sólo un número limitado de caracteres, por lo que muchos términos se han de quedar, a la fuerza, en el tintero.

sábado, 27 de agosto de 2011

DON’T LET ME BE LONELY TONIGHT, de JAMES TAYLOR

              
            «Don’t let me be lonely tonight», (No me dejes solo esta noche), es una canción de amor con letra y música, creo, de James Taylor. No sé en qué año se escribiría pero desde luego que no hace uno ni dos. No conocí ni la canción ni su autor e intérprete más autorizado hasta hace bien poco, quizá no haga ni un año. Es una de las cosas buenas que tiene Internet, que te permite ir descubriendo cosas. Este cantautor, bostoniano, nació en el 48. He escuchado bastantes canciones de él y, la verdad, aparte de esta, sólo me gusta otra que ya subiré al blog en otra ocasión. El texto es un poco afectado, sentimentalista, se trata de la clásica petición de no ser abandonado por la persona amada al estilo de «Ne me quitte pas» de Jacques Brel, de quien ya hemos hablado anteriormente, pero al estilo americano; es un texto que haría llorar en su pequeña buhardilla parisina a una modistilla de principios del siglo pasado. Además, hoy en día todos sabemos que no hay que suplicar por asuntos de semejante cariz: hoy en día, si te abandonan, racionalizas un poco tus sentimientos y arreando; si con esto no es suficiente vas a un psiquiatra y en un mes o dos de tratamiento te deja como nuevo. O no, nuevo ya no te puede dejar nada ni nadie, como dice la policía forense actual todo contacto deja una huella; en el caso de la mente esa huella es imperecedera. El texto en cuestión dice así (no dispongo de traducción):

Do me wrong, do me right,
Tell me lies but hold me tight,
Save your goodbyes for the morning light,
But don't let me be lonely tonight.

Say goodbye and say hello,
Sure enough good to see you, but it's time to go,
Don't say yes but please don't say no,
I don't want to be lonely tonight.

Go away then, damn you,
Go on and do as you please,
You ain't gonna see me gettin' down on my knees.
I'm undecided, and your heart's been divided,
You've been turning my world upside down.

Do me wrong, do me right (right now baby),
Go on and tell me lies but hold me tight.
Save your goodbyes for the morning light (morning light),
But don't let me be lonely tonight.
I don't want to be lonely tonight.
No, no, I don't want to be lonely tonight.

I don't want to be lonely tonight.


Traigo la versión del propio autor en un concierto en directo. En esta grabación se puede ver a muchas damas absolutamente, embelesadas, entregadas en alma, en cuerpo no lo sabemos. Vale la pena observar el entusiasmo con el que canta Taylor, la franqueza, la entrega, y lo bien que se lo pasa todo el mundo de la manera más inocente:



En esta otra versión, a cargo de Nils Landgren, podemos escuchar al mítico y siempre impecable saxofonista Michael Brecker, muy triste y prematuramente desaparecido en 2007. Landgren es un artista polifacético: trombonista, bailarín, actor y cantante. Es un buen músico. En esta versión de la canción que nos ocupa podemos observar cierta influencia de la interpretación de Taylor:


Quien así lo desee puede bajarse un archivo comprimido que contiene:

Un audio Kevin Mahogany
Un audio de Karrin Allyson
Un audio de Jenna Mammina
El audio de la versión de Landgren, perteneciente al CD «Michael Brecker - Nearness Of You - The Ballad Book»
Un audio de James Taylor, con una versión distinta de la del vídeo.
Los dos vídeos de esta entrada.

Para ello hay que pinchar en el siguiente link:


Huelga decir que si subo esta canción aquí es porque, dentro de la música llamada ligera, me gusta mucho. Bueno, entre bastante y mucho.

jueves, 25 de agosto de 2011

CRUCIFIXUS A OCHO VOCES, de ANTONIO LOTTI

               
              Esta mañana he recibido un email de un alumno-amigo o viceversa en el que me hacía partícipe, como hace a menudo, de este uno de sus últimos descubrimientos: el célebre «Crucifixus» a 8 voces de Antonio Lotti (ca. 1667-1740), compositor italiano casi riguroso contemporáneo de Bach (1685-1750) y por lo tanto enmarcado en eso que se ha venido a llamar Barroco Tardío. Una composición en contrapunto a ocho voces es algo de inestimable valor además de terriblemente complicado de escribir. Al observar la partitura podemos comprobar cómo las voces entran de una en una en imitación, cada una de ellas hace lo mismo que la primera con ligeras desviaciones del modelo para, más adelante, proseguir un poco más libremente. Esto, como he dicho, es muy difícil de conseguir... si se quiere obtener como resultado una música bella; si no, si la bella música no es la meta que se pretende, no es más que un inútil ejercicio de escuela que tiene como principal finalidad el lucimiento, falso, del profesor de turno y el martirio, auténtico, del pobre alumno. Lotti fue un gran músico, el remoquete de barroco tardío, como adjetivo, no debe interpretarse de un modo peyorativo. Sólo un ejemplo de su valentía en pos de una buena y hermosa música: entre el compás tercero y cuarto el tenor segundo hace un salto de sexta mayor; este salto viene más o menos obligado por la trama pero aun así es severa infracción del contrapunto riguroso. Pero sobre todo es necesario destacar la inmensa belleza que encierra esta partitura; su dramatismo se consigue, entre otras cosas, con el empleo de retardos de segunda menor, intervalo este siempre, incluso hoy en día, sumamente expresivo, y que en la música culta se utilizó durante siglos para momentos de gran intensidad dramática como, por ejemplo y como es el caso, la crucifixión de Cristo. En el siguiente vídeo de Youtube se puede seguir la partitura al tiempo que se escucha la música:





              Quien así lo desee puede bajarse un archivo mp3 de esta bella música en interpretación de no sé quién, el lugar de donde lo he obtenido sólo trae la miserable información: VA - Best 100 Sacred (2007), y es de EMI Classics.


P. S. 1. Nadie interprete esta entrada como una manifestación religiosa de su autor. Quien escribe estas líneas es no creyente, es decir, rigurosamente ateo. 

P. S. 2. Agradezco a mi amigo-alumno o viceversa el haber compartido conmigo su inestimable descubrimiento.

miércoles, 24 de agosto de 2011

BORGES Y YO, de JORGE LUIS BORGES


             El día 24 de agosto del año 1899 nacía en la ciudad, ya tantas veces mencionada en estas páginas, de Buenos Aires Jorge Luis Borges. Es vano intento definir a este escritor en pocas líneas, más aún en pocas palabras. Dejo, por tanto, que sea él mismo quien de sí hable, de ese él que son dos.

BORGES Y YO

         «Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, las etimologías, la tipografía del siglo XVIII, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
         No sé cuál de los dos escribe esta página».

(«El hacedor», Buenos Aires: Emecé, 1960)

              Aquí abajo hay un link mediante el cual se accede a un audio en el que el propio Borges, el de carne y hueso, recita esta página.

DESAFINADO, de JOBIM y MENDONÇA


     
              Por casi se me termina el verano y no pongo aquí un poco de la música que, a mi modo de ver, le es más afín: el bossa nova. No me lo he pensado dos veces a la hora de escoger «Desafinado», pero no por el tema en sí sino sobre todo por la versión. En el vídeo de aquí debajo se puede, además de ver y escuchar, leer la letra en inglés y el nombre de los intérpretes. En esta versión podemos escuchar la introducción que siempre se escatima y que es fantástica; en ella, Paulo Jobim, hace como que desafina un poco. Llama la atención lo bien que se lo pasan estos cinco músicos, disfrutan como niños y lo hacen de un modo discreto, contenido, íntimo, y no dejan de sonreír. Y es que el lado bello de la vida tiene cosas muy hermosas, de ahí que en muchas ocasiones digamos: «qué hermosa es la vida». La música, cuando es bella, está en ese lado, en el lado bello de la vida. 



              Quien desee tener en su ordenador esta versión puede bajársela, en tres formatos distintos, dándole al http de aquí abajo:


domingo, 21 de agosto de 2011

MISTERIOSA BUENOS AIRES – III LA SIRENA – MANUEL MUJICA LÁINEZ


            Ya se ha mencionado en este blog al gran escritor argentino, nacido en Buenos Aires en 1910 y muerto en Córdoba en 1984, Manuel Mujica Láinez. Se trata, sin duda, de uno de los mejores escritores latinoamericanos. Sin embrago, en España no es lo conocido ni reconocido que merece ser; aquí, nos contentamos con ese señor a quien le han dado el Nobel en el año en curso y poco más. La obra maestra, quizá, de este escritor es «Bomarzo», pero escribió mucho y siempre de calidad exquisita. Su prosa es tan musical, tan rica y jugosa, que parece poesía.
Del libro «Misteriosa Buenos Aires» traigo hoy una pequeña muestra. El libro se trata de una colección de relatos o cuentos que tienen en común el hecho de que sus tramas todas acontecen en la ciudad mencionada. Cada relato ocurre en un año determinado que acompaña a su título y es una historia de la capital argentina que mezcla personajes reales con elementos fantásticos.
Todo aquel que ha leído la Odisea sabe que las sirenas eran, originariamente, seres mitad mujer mitad pájaro, de ahí su canto y de ahí que Ulises mandase a su tripulación taponar sus oídos con cera para no dejarse seducir por la mítica belleza de ese canto, el de la sirena. 


No sé en qué momento ni por qué razón la mitad ave de la sirena pasó a ser mitad pez, pero tuvo  tanto éxito esa transformación que hoy en día sólo se conoce la versión mujer pez, para encono de los helenistas.
De ese tipo de sirena, como indica el título del relato, trata el cuento de Mujica Láinez. En él podemos encontrar todas las virtudes de este gran escritor: fantasía, grandes conocimientos históricos y, sobre todo, esa prosa tan colorista que le caracteriza. El trasfondo del relato es uno de los temas eternos: el amor; en este caso el amor inalcanzable, si es que hay otro tipo de amor.

III
LA SIRENA
1541

Corren a lo largo de los grandes ríos, desde las empalizadas de Buenos Aires hasta la casa fuerte de Nuestra Señora de la Asunción, las noticias sobre los hombres blancos, sobre sus victorias y sus desalientos, sus locos viajes y la traidora pasión con que se matan unos a otros. Las conducen los indios en sus canoas y pasan de tribu en tribu, internándose en los bosques, derramándose por las llanuras, desfigurándose, complicándose, abultándose. Las llevan las bestias feroces o curiosas: los jaguares, los pumas, las vizcachas, los quirquinchos, las serpientes pintarrajeadas, los monos, papagayos y picaflores infinitos. Y las transmiten también en su torbellino los vientos contrarios: el del sudeste, que sopla con olor a agua; el polvoriento pampero; el del norte, que empuja las nubes de langostas; el del sur, que tiene la boca dura de escarcha.
 La Sirena oyó hablar de ellos hace años, desde que aparecieron asombrando al paisaje fluvial las expediciones de Juan Díaz de Solís y Sebastián Caboto. Por verles abandonó su refugio de la laguna de Itapuá. A todos les ha visto, como vio más tarde a quienes vinieron en la flota magnífica de don Pedro de Mendoza, el fundador. Y ha crecido su inquietud. Sus compañeros la interrogaban, burlones:
-¿Has encontrado? ¿Has encontrado?
Y la Sirena se limitaba a mover la cabeza  tristemente. No, no había  encontrado. Se lo dijo al Anta de orejas de mula y hocico de ternera que cría en su seno la misteriosa piedra bezoar; se lo dijo al Carbunclo que ostenta en la frente una brasa; se lo dijo al Gigante que habita cerca de las cataratas estruendosas y que acude a pescar en la Peña Pobre, desnudo. No había encontrado. No había encontrado.
Ya no regresó a la laguna de Itapuá. Nadaba perezosamente, semiescondida por el fleco de los sauces, y los pájaros acallaban el bullicio para oírla cantar.
Va de un extremo al otro de los ríos patriarcales. No teme ni a los remolinos ni a los saltos que levantan cortinas de lluvia transparente; ni al rigor del invierno ni a la llama del estío. El agua juega con sus pechos y con su cabellera; con sus brazos ágiles; con la cola de escamas azules prolongada en tenues aletas caudales color del arco iris. A veces se sumerge durante horas y a veces se tiende en la corriente tranquila y un rayo de sol se acuesta sobre la frescura de su torso. Los yacarés la acompañan un trecho; revolotean en torno suyo los patos y las palomas llamadas apicazú, pero presto se fatigan, y la Sirena continúa su viaje, río abajo, río arriba, enarcada como un cisne, flojos los brazos como trenzas, y hace pensar en ciertas alhajas del Renacimiento, con perlas barrocas, esmaltes y rubíes.
-¿Has encontrado? ¿Has encontrado?
La mofa: ¿Has encontrado?
Suspira porque presiente que nunca hallará. Los hombres blancos son como los aborígenes: sólo hombres. Tienen la piel más fina y más clara, pero son eso: sólo hombres. Y ella no puede amar a un hombre. No puede amar a un hombre que sólo sea hombre, ni a un pez que sea sólo pez.
Ahora nada por el Río de la Plata, rumbo a la aldea de Mendoza. El Gigante le ha referido que unos bergantines descendieron de Asunción, y por los faisanes ha sabido que sus jefes se aprestan a despoblar a Buenos Aires. Precaria fue la vida de la ciudad. Y triste. Apenas han transcurrido cinco años desde que el Adelantado alzó allí las chozas. Y la destruirán.
En la vaguedad del crepúsculo, la Sirena distingue los tres navíos que cabecean en el Riachuelo. Más allá, en la meseta, arden los fuegos del villorrio destinado a morir.
Se aproxima cautelosamente. No ha quedado casi nadie en los bergantines. Eso le permite acercarse. Nunca ha rozado como hoy con el pecho grácil las proas; nunca ha mirado tan vecinas las velas cuadradas que tiemblan al paso de la brisa. Son unos barcos viejos, mal calafateados. La noche de junio se derrumba sobre ellos. Y la Sirena bracea silenciosamente alrededor de los cascos. En el más grande, en lo alto de la roda, bajo el bauprés, advierte una armada figura, y de inmediato se esconde, temerosa de ser descubierta. Luego reaparece, mojado el cabello negro, goteantes las negras pestañas.
            ¿Es un hombre? ¿Es un hombre armado de un cuchillo? O no... o no es un hombre... El corazón le brinca. Vuelve a zambullirse. La noche lo cubre todo. Únicamente fulgen en el cielo las estrellas frías y en la aldea las fogaradas de quienes preparan el viaje. Han incendiado la nao que hacía de fortaleza, la capilla, las casas. Hay hombres y mujeres que lloran y se resisten a embarcar, y los vacunos lanzan unos mugidos sonoros, desesperados, que suenan como bocinas melancólicas en la desierta oscuridad.
Al amanecer prosigue la carga de los bergantines. Partirán hoy. En lo que fue Buenos Aires, sólo queda una carta con instrucciones para quienes arriben al puerto, aconsejándoles cómo precaverse de los indios y prometiéndoles el Paraíso en Asunción, donde los cristianos cuentan con setecientas esclavas para servirles.
Las naos remontan el río, entre las islas del delta. La Sirena las sigue a la distancia, columpiándose en el vaivén de las estelas espumosas.
¿Es un hombre? ¿Es un hombre armado de un cuchillo?
Tuvo que aguardar a la luz indecisa de la tarde para verle. No había abandonado su puesto de vigía. Con un tridente en la derecha y una rodela embrazada, custodiaba el bauprés del cual tironeaban los foques al menor balanceo. No, no era un hombre. Era un ser como ella, de su casta ambigua, hombre hasta la mitad del cuerpo, pues el resto, de la cintura a los pies, se transformaba en una ménsula adherida al barco. Una barba rígida, triangular, le dividía el pecho. Le rodeaba la frente una pequeña corona. Y así, medio hombre y medio capitel, todo él moreno, soleado, estriado por las tormentas, parecía arrastrar el navío al impulso de su torso recio.
La Sirena ahogó un grito. Surgieron en la borda las cabezas de los soldados. Y ella se ocultó. Se sumergió tan hondo que sus manos se enredaron en plantas extrañas, incoloras, y el olear se llenó de burbujas.
La noche arma de nuevo sus tenebrosas tiendas, y la hija del Mar se arriesga a arrimarse a la popa y a deslizarse hasta el bauprés, eludiendo las manchas amarillas de los faroles encendidos. A su claridad el Mascarón es más hermoso. Se le sube la luz por las barbas de dios del Océano hacia los ojos que acechan el horizonte.
La Sirena le llama por lo bajo. Le llama y es tan suave su voz que los animales nocturnos que rugen y ríen en la cercana espesura callan a un tiempo.
Pero el Mascarón de afilado tridente no contesta y sólo se escucha el chapotear del agua contra los flancos del bergantín y la salmodia del paje que anuncia la hora junto al reloj de arena.
Entonces la Sirena comienza a cantar para seducir al impasible, y las bordas de los tres navíos se pueblan de cabezas maravilladas. Hasta irrumpe en el puente Domingo
Martínez de Irala, el jefe violento. Y todos imaginan que un pájaro está cantando en la floresta y escudriñan la negrura de los árboles. Canta la Sirena y los hombres recuerdan sus caseríos españoles, los ríos familiares que murmuran en las huertas, los cigarrales, las torres de piedra erguidas hacia el vuelo de las golondrinas. Y recuerdan sus amores distantes, sus lejanas juventudes, las mujeres que acariciaron a la sombra de las anchas encinas, cuando sonaban los tamboriles y las flautas y el zumbido de las abejas amodorraba los campos. Huelen el perfume del heno y del vino que se mezcla al rumor de las ruecas veloces. Es como si una gran vaharada del aire de Castilla, de Andalucía, de Extremadura, meciera las velas y los pendones del Rey.

El Mascarón es el único en quien no hace mella esa voz peregrina.
Y los hombres se alejan uno a uno cuando cesa la canción. Se arrojan en sus cujas o sobre los rollos de cuerdas, a soñar. Dijérase que los tres bergantines han florecido de repente, que hay guirnaldas tendidas en los velámenes, de tantos sueños.
La Sirena se estira en el agua quieta. Lentamente, angustiosamente, se enlaza a la vieja proa. Su cola golpea contra las tablas carcomidas. Ayudándose con las uñas y las aletas empieza a ascender hacia el Mascarón que, allá arriba, señala el camino de los tesoros. Ya se ciñe a la ménsula rota. Ya rodea con los brazos la cintura de madera. Ya aprieta su desesperación contra el tronco insensible.
Le besa los labios esculpidos, los ojos pintados. Le abraza, le abraza y por sus mejillas ruedan las lágrimas que nunca lloró. Siente un dolor dulcísimo y terrible, porque el corto tridente se le ha clavado en el seno y su sangre pálida mana de la herida sobre el cuerpo esbelto del Mascarón.
Entonces se oye un grito lastimero y la estatua se desgaja del bauprés. Caen al río, estrechados en una sola forma, y se hunden, inseparables, entre la fuga plateada de los pejerreyes, de los sábalos, de los surubíes.

sábado, 20 de agosto de 2011

BENEDETTO SIA 'L GIORNO, de FRANCESCO PETRARCA

                
Francesco Petrarca, (1304 – 1374), como por todo el mundo es sabido, fue un gran humanista italiano cuya vida transcurrió entre el servicio a la iglesia y a la familia Colonna, familia de las más poderosas y beligerantes de la época y eterna rival de la familia Orsini, tal como narra Manuel Mujica Láinez en su majestuosa novela «Bomarzo». La relación de Petrarca con los Colonna fue el hecho que hizo que estos apareciesen en su obra, en particular en su «Cancionero». Muy importante fue el encuentro de Francesco con Boccaccio, encuentro en el que se asentaron principios de ese humanismo que vino a llamarse «Primer Renacimiento Italiano». De su cancionero proviene el soneto que podemos leer más abajo. Adjunto la traducción para que se entienda perfectamente el significado pero aconsejo que se lea en el original italiano, dado que nuestra lengua no se aleja demasiado de la de Petrarca. De este modo, podremos saborear la rima y rica musicalidad de este bello soneto.

Petrarca - Cancionero

LXI

Benedetto sia ‘l giorno, e ‘l mese, et l’anno,
et la stagione, e ‘l tempo, et l’ora, e ‘l punto,
e ‘l bel paese, e ‘l loco ov’io fui giunto
da’ duo begli occhi che legato m’ànno;

et benedetto il primo dolce affanno
ch’i’ ebbi ad esser con Amor congiunto,
et l’arco, et le saette ond’i’ fui punto,
et le piaghe che ‘nfin al cor mi vanno.

Benedette le voci tante ch’io
chiamando il nome de mia donna ò sparte,
e i sospiri, et le lagrime, e ‘l desio;

et benedette sian tutte le carte
ov’io fama l’acquisto, e ‘l pensier mio,
ch’è sol di lei, sí ch’altra non v’à parte.


LXI

Bendito sea el día, el mes, y el año,
y la estación, la hora, y el instante,
y el país, y el lugar donde fui preso
de los dos bellos ojos que me ataron;

y bendito el afán dulce primero
que al ser unido con Amor obtuve,
y el arco, y las saetas que me hirieron,
y las llagas que van hasta mi pecho.

Benditas cuantas voces esparciera
al pronunciar el nombre de mi dueño,
y el llanto, y los suspiros, y el deseo;

y sean benditos los escritos todos
con que fama le doy, y el pensar mío,
que pertenece a ella, y no a otra alguna.

Edición bilingüe a cargo de Jacobo Cortines
CÁTEDRA

             
              La música, en la época de Petrarca, se hallaba en un período denominado «Ars Nova», en contraposición al inmediatamente anterior «Ars Antiqua». No es muy de mi agrado la música «Nova», prefiero la «Antiqua», con su Perotin y Leonin, dos grandes maestros. No obstante, quien así lo desee puede, dándole al link de aquí abajo, escuchar y bajarse Echo la primavera, de Francesco Landini, en interpretación del grupo «Anonymous 4».

http://www.sharebeast.com/g8jsp9dmzhoq

            Otro cantar es el Lied que compuso Liszt homónimo del soneto de Petrarca que, quien así lo desee, puede escucharlo e incluso bajárselo cómodamente, haciendo clic sobre el link de aquí abajo, en interpretación de Dietrich Fischer-Dieskau acompañado al piano por Daniel Barenboim.



viernes, 19 de agosto de 2011

JE NE SAIS PAS, de JACQUES BREL



              Muy poca gente recuerda todavía a este maestro de cantautores. Jacques Brel (1929 - 1978) fue un compositor, letrista y cantante belga, a quien el tabaco le impidió cumplir los cincuenta años y cuyas canciones se caracterizan por su belleza, ternura, poesía y denuncia social. En los tiempos estériles que nos ha tocado vivir se ha instaurado el revival como una de las máximas manifestaciones artísticas. Pero se ha hecho revivir, sobre todo, lo fácil, lo cómodo de entender y disfrutar por una mayoría. Nadie, o casi nadie, se acuerda ni hace revivir a este gran cantautor. 
             Son muchas sus canciones que son obras maestras en su género, lo cual hace muy difícil escoger sólo una. He pensado que hoy subiré «Je ne sais pas», una de las que más me gustan si no la que más, y en otras ocasiones subiré alguna otra. Es una canción bella, muy bella, triste, que canta el desamor con una ternura conmovedora. Hay que decir que detrás de Brel había unos grandes músicos haciendo los arreglos de sus canciones; estos arreglos muchas veces son soberbios y consiguen no sólo sacar el máximo partido de lo escrito por Brel, también elevar todavía un poco más la calidad artística final hasta límites inauditos. La letra de esta canción dice así:








Je ne sais pas
Paroles & musique : Jacques Brel

Je ne sais pas pourquoi la pluie
Quitte là-haut ses oripeaux
Que son les lourds nuages gris
Pour se coucher sur nos côteaux
Je ne sais pas pourquoi le vent
S’amuse dans les matins clairs
A colporter les rir’s d’enfants
Carillons frêles de l’hiver
Je ne sais rien de tout cela
Mais je sais que je t’aime encore

Je ne sais pas pourquoi la route
Qui me pousse vers la cité
A l’odeur froide des déroutes
De peuplier en peuplier
Je ne sais pas pourquoi le voile
Du brouillard glacé qui m’escorte
Me fait penser aux cathédrales
Où l’on prie pour les amours mortes
Je ne sais rien de tout cela
Mais je sais que je t’aime encore

Je ne sais pas pourquoi ces rues
S’ouvrent devant moi une à une
Vierges et froides, froides et nues
Rien que mes pas et pas de lune
Je ne sais pas pourquoi la nuit
Jouant de moi comme guitare
M’a forcé de venir ici
Pour pleurer devant cette gare
Je ne sais rien de tout cela
Mais je sais que je t’aime encore

Je ne sais pas à quelle heure part
Ce triste train pour Amsterdam
Qu’un couple doit prendre ce soir
Un couplet dont tu es la femme
Et je ne sais pas pour quel port
Part d’Amsterdam ce grand navire
Qui brise mon cœur et mon corps
Notre amour et mon avenir
Je ne sais rien de tout cela
Mais je sais que je t’aime encore
Mais je sais que je t’aime encore.

oO0Oo

 No sé
Letra y música: Jacques Brel

No sé por qué la lluvia
Deja en lo alto sus adornos
Que son las pesadas nubes grises
Para acostarse sobre nuestras costas
No sé por qué el viento
Se divierte en las mañanas claras
Propagando las risas de los niños
Campanas frágiles del invierno
No sé nada de todo esto
Pero sé que te amo todavía

No sé por qué la carretera
Que me empuja hacia la ciudad
Tiene el olor frío de las derrotas
De chopo en chopo
No sé por qué el velo
De niebla helada que me escolta
Me hace pensar en las catedrales
Donde se reza por los amores muertos
No sé nada de todo esto
Pero sé que te amo todavía

No sé por qué estas calles
Se abren ante mí una a una
Vírgenes y frías, frías y desnudas
Sólo mis pasos y nada de luna
No sé por qué la noche
Tocándome como a una guitarra
Me ha forzado a venir aquí
Para llorar delante de esta estación
No sé nada de todo esto
Pero sé que te amo todavía

No sé a qué hora parte
Este triste tren para Amsterdam
Que una pareja ha de tomar esta tarde
Una pareja en la que tú eres la mujer
Y no sé hacia qué puerto
Parte de Amsterdam este gran navío
Que rompe mi corazón y mi cuerpo
Nuestro amor y mi porvenir
No sé nada de todo esto
Pero sé que te amo todavía
Pero sé que te amo todavía.

              Me permito aconsejarles que le den al enlace de aquí abajo a través del cual podrán escuchar y bajarse esta canción.