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domingo, 27 de noviembre de 2011

ROBERT WALSER, HUGO WOLF, CARL SEELIG

Robert Walser

Ayer hablaba de Hölderlin. Hoy me gustaría hablar de Robert Walser y junto con él, brevemente de Hugo Wolf y Carl Seelig.

Robert Walser fue un escritor y poeta suizo que vivió entre 1878 y 1956. No escribió demasiado, toda su obra cabe en un estante de medianas dimensiones. Si relaciono a Walser con Hölderlin es porque ambos terminaron sus días en la solitaria paz de la sinrazón. Otra suerte corrió el pobre Wolf, luego lo veremos.

Walser fue el séptimo hijo de una familia de ocho hermanos. A los 14 años dejó los estudios y trabajó en los más diversos oficios: librero, botones de un banco, secretario, oficinista... mientras tanto escribía poesía. 

Robert Walser
Desde 1898 a 1905, su hermano Karl, pintor e ilustrador, le invitó a vivir con él en Berlín. En esta ciudad escribió tres novelas, «Los hermanos Tanner» (1907), «El ayudante» (1908) y «Jakob von Gunten» (1909). A partir de esta última fecha vivió sin domicilio fijo y siempre al borde de la miseria: este era un modo de vida que hasta cierto punto era escogido por él, algo así como Erik Satie, quien solía predicar «Sed pobres», y predicaba con el ejemplo. En torno a 1915 sufrió una fuerte depresión acompañada de alucinaciones auditivas, aunque a pesar de todo seguía escribiendo. Recibió tratamientos durante años pero en 1929 fue ingresado en una institución psiquiátrica y luego en otra, de la que ya no saldría hasta el día de su muerte.

Robert Walser
De nuevo nos encontramos con que talento artístico y enfermedad mental se cogen de la mano.

Más triste fue el caso del compositor Hugo Wolf, nacido en 1860 en lo que actualmente es Eslovenia y muerto en Viena en 1903. Wolf  escribió una enorme cantidad de Lieder, y es considerado con justicia el continuador del género que tomó de manos de los últimos compositores románticos. Era una persona desequilibrada con frecuentes crisis de psicosis. En 1896, tras una de estas crisis, intentó suicidarse arrojándose a un río del que fue rescatado. Fue ingresado en un manicomio del que ya no salió.

Hugo Wolf
(¿No guardan cierto parecido?)


La obra de Walser publicada en español es, al menos la que yo tengo:

Publicadas por la editorial Siruela:

· Escrito a lápiz: MICROGRAMAS I
· Escrito a lápiz: MICROGRAMAS II
· Escrito a lápiz: MICROGRAMAS III
· La habitación del poeta
· El bandido
· Jakob von Gunten
· Historias de amor
· El ayudante
· Los hermanos Tanner
· La rosa
· El paseo
· Historias
· Ante la pintura

Por Pre-Textos:

· Los cuadernos de Fritz Kocher

Por Alfaguara:

· Vida de poeta

Los traductores son varios y todos ejercen su oficio con sumo acierto. Pido disculpas por no ofrecer una lista detallada de los mismos.

La primera vez que te enfrentas a la prosa de Walser no sabes qué pensar. Es muy delicada, refinada, densa, muy «educada», casi te parece amanerada. Pero en cuanto te adentras en su obra y captas su estilo te das cuenta de que no es amaneramiento, sino una sensibilidad muy refinada y un gran ingenio literario. El otro día, hablando del bossa nova, decía que en ese género se dan giros inesperados y hasta cierto punto inverosímiles, aunque al cabo todo encaja. Salvando las distancias lo mismo se podría decir del estilo de Walser, no deja de sorprenderte. Pongamos un ejemplo. Su novela, «Jacob von Gunten» relata la estancia del protagonista en un instituto llamado «Benjamenta»; empieza así este libro:

«Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada; es decir, que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito.»

Kafka reconoció en la prosa de Walser el modelo que tenía que seguir la literatura del siglo XX; Elías Canetti ha dicho de Walser que es «el más culto de los escritores».

Más adelante, en la novela citada, Jacob ha de escribir un currículum vite que nunca se decide a comenzar. Al final, tras darle mil rodeos a la cuestión:

«Currículum.

El que suscribe, Jakob von Gunten, hijo de buena familia, nacido el día tal del año tal, educado en tal y tal lugar, ha ingresado como alumno en el Instituto Benjamenta a fin de adquirir los escasos conocimientos necesarios para entrar al servicio de alguien. El infrascrito no espera absolutamente nada de la vida. Desea ser tratado con severidad para saber qué significa tener que dominarse. Jakob von Gunten no hace grandes promesas, pero se propone comportarse de manera honesta y encomiable. Los von Gunten son un antiguo linaje. En otros tiempos fueron guerreros, pero al menguar su belicosidad se han convertido, hoy día, en altos consejeros y comerciantes. Y el último retoño de la estirpe, objeto del presente informe, ha decidido repudiar por completo cualquier tradición envirotada. Quiere ser educado por la vida y no por principios hereditarios o aristocráticos. Sin duda es orgulloso, ya que le es imposible renegar de su naturaleza innata, pero por orgullo entiende algo totalmente nuevo, algo que corresponde, en cierto modo, a la época en que vive. Confía en ser moderno y de alguna manera apto para prestar servicios, además de no demasiado tonto e inútil; pero miente, pues no sólo confía, sino que lo afirma y sabe. De carácter rebelde, en él perviven todavía ciertos rasgos del espíritu, indomable de sus antepasados; sin embargo, pide ser reconvenido si da muestras de obstinación, y si esto no surtiera efecto, ser castigado, pues cree que entonces sí resultaría. Sea como fuere, ya sabrán cómo tratarlo. El infrascrito cree poder adaptarse a cualquier situación, por eso le es indiferente lo que se le ordene hacer; está firmemente convencido de que cualquier trabajo hecho con cuidado le supondrá más honor que llevar una vida ociosa y angustiada junto a la estufa de su casa. Un von Gunten no puede permanecer junto a la estufa. Si los abuelos del que respetuosamente suscribe ciñeron la espada de caballeros, su descendiente prolonga la tradición al desear con toda el alma hacerse útil de algún modo. Su modestia no conoce límites cuando halagan su valor, y su celo por servir iguala a su ambición, que le ordena despreciar cualquier sentimiento de honor molesto y pernicioso. En su casa, el infrascrito ha vapuleado a su profesor de historia, el respetable doctor Merz, infamia de la cual se arrepiente. En la actualidad aspira a vencer el orgullo y la arrogancia que aún lo animan parcialmente, arrojándolos contra el inexorable roquedal de un trabajo duro. Es parco en palabras y jamás divulgará las confidencias que se le hagan. No cree en un reino de los cielos ni tampoco en un infierno. La satisfacción de quien lo emplee será su paraíso, y la triste reacción contraria, su infierno aniquilador; pero está convencido de que no habrá quejas contra él ni contra sus servicios. Esta firme certidumbre le da valor para ser lo que es».

Ayer escuchamos una canción de Eisler. Hoy me ustaría que escuchásemos otra que me resulta muy afín al estilo de Walser, además de muy bonita. También Eisler murió con una fuerte depresión: nunca se repuso del fallecimiento de su gran amigo y colaborador Bertolt Brecht. 

Eisler y Brech
La canción se llama «An den kleinen Radioapparat»:

 

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En el libro: «Robert Walser. Poemas. Blancanieves» de la editorial Icaria dice que « Robert Walser fue un hombre que rebosó de amor a las cosas, hizo alardes de valentía frente la vida, y ésta le dotó con la razón del poeta». De este bello libro extraigo estos poemas:

QUIETUD

Qué contento estaría si pudiera
descansar sosegado en algún sitio,
darme el gusto de usar por toda ropa
una paz interior.

Amarla si pudiera
sentir alguna clase de consuelo,
seguro que es así, pues no hay discordia
que no encontrara en ella su final.


NIEVE

Nieve que nieva, la tierra se cubre
 de un blanco quejido allá a lo lejos.

Vacila bajo el cielo el hervidero
de copos en un ay, nieve, la nieve.

Una quietud te da, una amplitud,
me ablanda el mundo blanco de la nieve.

Mi afán, pequeño, pues, y luego grande,
en lágrimas me apremia de por dentro.


Otro, más o menos contemporáneo, me viene ahora a la cabeza, de la manera más inesperada: Ottorino Respighi fue un compositor italiano que vivió entre 1879 y 1936. No compuso mucho, pero todo con muy buen gusto. Así esta canción, «Nevicata» (Nevada), interpretada por Pavarotti, viene con más nieve, blanca nieve:

ATARDECER

Brilla en la nieve el amarillo oscuro
de un camino que se abre entre los árboles.
Anochece, y el aire
espeso va empapando los colores.

Bajo estos árboles voy caminando.
Sus ramas como manos infantiles
suplican sin cesar
con indecible amor, cuando me paro.

Los lejanos jardines y los setos
arden en el oscuro laberinto,
y el cielo mira estupefacto
cómo se abren las manos infantiles.



Todavía nos aguarda una similitud entre Hölderlin y Walser: ambos tuvieron la dicha de encontrar a un hombre bueno y amable, en el amplio sentido de la palabra, que amenizase sus días últimos, que fueron muchos y repletos de incontables horas solitarias. Otro libro, siempre los libros, este también muy bonito: «Paseos con Robert Walser» de Carl Seelig, publicado también por Siruela. Tal como nos informa la trasera del libro, Walser, decidió dejar de escribir a los cincuenta años «y se contenta con la vida de un paciente de un sanatorio mental. Carl Seelig, que quería ayudarle a él y a su obra, en apariencia condenada al fracaso, visita regularmente a Walser en el sanatorio, y durante veinte años “se les autoriza a pasear”» Este bello libro, y magnífico testimonio, comienza con una cita de Jacob Burckhardt, el prestigioso historiador del arte:

«¡Qué mal nos sentimos entre las ruedas de la gran maquinaria del mundo actual, si no damos a nuestra existencia personal una consagración propia y noble!»

Copio:

«26 de julio de 1936

Nuestras relaciones las iniciaron unas pocas y sobrias cartas: preguntas y respuestas breves y concisas. Yo sabía que Robert Walser había ingresado en 1929, en calidad de enfermo mental, en el sanatorio bernés de Waldau, y que desde junio de 1933 era paciente del sanatorio y hogar cantonal de Appenzell-Ausserhoden, en Herisau. Sentía la necesidad de hacer algo por la publicación de sus obras y por él mismo...»

De ese modo tan formal y por esos tan nobles motivos comenzó esa relación que tantos años iba a durar. Las visitas las aprovechaban para salir a realizar pequeñas excursiones a pueblos y lugares cercanos en los que poder pasear y comer, y beber, en algún restaurante, cosa que Walser apreciaba mucho. De esos encuentros nació el libro y numerosas fotografías que tomó Seelig de Walser.


«Las naturalezas creativas no son especulativas. Eso las distingue de los imitadores» (Estoy, me permito decir, plenamente de acuerdo)



«... la vida social es un veneno para el artista. Le hace perderse en trivialidades y le induce a aceptar compromisos» (También)


Refiriéndose a Stalin: «Siempre me repugnó el incienso que hacía extender a su alrededor. Rodeado de servilismo, al final se convirtió en un ídolo que ya no podía vivir como un hombre normal. Quizá en él se ocultara la genialidad. Pero a los pueblos les conviene más ser gobernados por naturalezas mediocres. En el genio acechan casi siempre perversidades que los pueblos tendrán que pagar con sangre, dolor y vergüenza»


Escuchemos a Christa Ludwig cantando «Auch kleine Dinge», del «Italienisches Liederbuch» de Hugo Wolf:



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Este es un pequeño poema que no sé dónde he encontrado:

Con las manos cansadas,
con las piernas cansadas,
a tientas por el mundo,
me río de que giren
las paredes, mas miento,
porque estoy llorando.

Ahora podemos escuchar al gran Hans Hotter cantando «Verborgenheit», de los «Mörike Lieder», también de Wolf:



El día de Navidad de 1956 se encontró a un hombre muerto, tendido en la nieve, en las cercanías del hogar cantonal de Appenzell-Ausserhoden: era Robert Walser, un paro cardiaco había puesto fin a sus días.




He dejado para el final el Lied más bello, «Wenn du mich mit den Augen streifst», del «Italienisches Liederbuch», también de Hugo Wolf, en interpretación de Dietrich Fischer-Dieskau. Sirva de recuerdo, siempre emocionado, de todos estos grandes hombres, que sufrieron, y que, sin embargo, hicieron con sus obras un lugar más feliz de este mundo:




sábado, 26 de noviembre de 2011

HÖLDERLIN



Pero a nosotros nos corresponde, ¡poetas!, enfrentarnos
a las tormentas de Dios con la cabeza descubierta.
Hölderlin

Friedrich Hölderlin
 
No deja de sorprender la similitud de la cita que abre esta entrada con unos versos del grandísimo poeta y caballero valenciano Ausiàs March, quien casi cuatrocientos años antes escribió:

Jo sóc aquell qui’n lo tems de tempesta...
vaig sobre neu descalç ab nua testa.

(Yo soy aquel que en los tiempos de tempestad...
voy sobre nieve descalzo con la cabeza desnuda.)


Ausiàs March
 

Johann Christian Friedrich Hölderlin fue, como todo el mundo sabe, un poeta, un gran poeta alemán, lo cual es lo mismo que decir que fue uno de los mayores poetas de la literatura universal. Nació en 1770 y murió en 1840 pero abandonó este mundo mucho antes: en 1806 fue internado en una clínica debido a severos problemas mentales. Allí se le diagnosticó una enfermedad incurable que en aquel entonces llamaban simple y llanamente «locura»; 


en la actualidad quizá encajaría en lo que se llama «esquizofrenia catatónica» pero en la actualidad de dentro de cincuenta o cien años no sabemos dónde la harán encajar. Desde ese momento, 1806, hasta el día de su muerte, un siete de junio de 1843, es decir, durante treinta y seis años, se hizo cargo de él un buen hombre, el ebanista Ernst Zimmer, quien lo alojó en una habitación independiente de su casa con forma de torre a orillas del río Néckar, en la pequeña ciudad de Tubinga.


En esa habitación y en sus mundos fantasmales vivió todo ese tiempo, aunque, como ya hemos dicho, ya no era él. No se reconocía a sí mismo por su nombre sino que se atribuía nombres italianos; el más frecuente fue el de Scardanelli y con él firmó numerosos de los poemas que todavía escribió desde el otro lado.


La obra de Hölderlin es muy extensa y su influencia en el pensamiento y poesía de su época de gran importancia. No obstante, no entraremos en detalles. En la habitación de la torre de Tubinga recibía visitas de curiosos, pero también de personas cultas que querían distraerle y consolarle lo mejor que supieran y pudieran. Es de destacar la relación que mantuvo con Scardanelli Wilhelm Waiblinger, quien lo visitó durante muchos años, daba paseos con él, le hacía escribir, cosas así. Waiblinger escribió un libro, publicado en español por la editorial Hiperión, editado por Txaro Santoro y Anacleto Ferrer, titulado «Vida, poesía y locura de Friedrich Hölderlin»; de este libro estoy extrayendo muchas cosas para esta entrada.

Cuando Scardanelli era todavía Hölderlin mantuvo una relación con una mujer casada, Susette, a quien el poeta rebautizó con el nombre de Diotima. En el diario de Waiblinger se puede leer:

«Si se le dice que su Diotima tuvo que ser una noble criatura, contesta conmovido: “¡Ay, mi Diotima!... No me hable usted de mi Diotima. Trece hijos me ha parido. El uno es Papa, el otro Sultán, el tercero Zar de Rusia...
¿Y sabe usted lo que le ha pasado? Se ha vuelto loca; loca, loca, loca.”»


El hecho de que Hölderlin se olvidara de su nombre y pasara a llamarse, mayormente, Scardanelli, obedece a una particularidad de su enfermedad que le hacía distanciarse cada vez más de la realidad. Como señala Federico Bermúdez-Cañete Scardanelli mantenía «una actitud distanciadora, a través de exageradas fórmulas de cortesía en el trato social, con las que protegía su maltratada afectividad»: «Vuesa majestad», «vuesa santidad», «reverendo padre», «señor barón», eran algunas de esas disparatadas fórmulas.

En el mismo diario, en otro lugar podemos leer:

«Le hicieron entrega de un ejemplar de sus poemas, dio las gracias, hojeó el libro y dijo: “Sí, los poemas son auténticos, son míos, pero el título es falso. En mi vida me he llamado Hölderlin, sino Scardanelli, o Salvador Rosa o algo así”»

De unas conversaciones entre el escritor Gustav Kühne con el ebanista Zimmer destacamos:

Zimmer:
«Cuando está cansado de haber andado se retira a su cuarto, declama al vacío con la ventana abierta, no sabe cómo desembarazarse de su gran saber. A veces se sienta a su espineta y toca durante cuatro horas sin cesar, como si quisiera hacer salir hasta la última brizna de su saber. Y siempre el mismo tono monótono, la misma cantilena, que uno ya no sabe dónde meterse en toda la casa. Tengo que dominarme con todas mis fuerzas para que no me estalle la cabeza. Pero por otra parte a menudo toca muy bien. Lo único molesto es el ruido de sus uñas demasiado largas. Es toda una batalla cortárselas...»



Kühne:
«¿Aún escribe versos?

Zimmer:
«Casi todo el día...»



Todos los poemas que aparecen a continuación fueron escritos en la torre junto al Néckar:


NO TODOS LOS DÍAS

No todos los días alcanzan la belleza
Para aquel que añora las alegrías
De los amigos que le amaron, de los hombres
Demorándose con afecto junto al adolescente.


LAS DELICIAS DE ESTE MUNDO

Las delicias de este mundo ya he gozado,
Los días de mi juventud hace tanto, ¡tanto!, que se desvanecieron,
Abril y Mayo y Julio están lejanos,
¡Ya nada soy, ya nada me complace!


A ZIMMER

Un hombre sabio, pienso, cuando es bueno
Y sabio, ¿qué más precisa? ¿Hay algo
Que baste a un alma? ¿Ha crecido
Sobre la tierra algún cálamo, algún

Sarmiento en sazón que pueda alimentarlo? Tal es el sentido.
Un amigo a menudo es la amante, y más
El Arte. Oh amadísimo, a ti te digo la verdad.
Tuyo es el genio de Dédalo y del bosque.


EL ESPÍRITU DEL TIEMPO

La vida es la tarea del hombre en este mundo,
Y así como los años pasan, así como los tiempos hacia lo más alto avanzan,
Así como el cambio existe, así
En el paso de los años se alcanza la permanencia;
La perfección se logra en esta vida
Acomodándose a ella la noble ambición de los hombres.

24 de mayo de 1748
Humildemente
Scardanelli.


Obsérvese cómo la fecha que escribe Scardanelli pone más de manifiesto su distanciamiento de la realidad arriba mencionado.


LA PRIMAVERA

Despierta el día, esplendoroso está el cielo,
Brillan las estrellas luminarias,
Mirándolas el hombre a sí mismo se encuentra,
El comienzo del año es altamente contemplado.

Se destacan los montes donde brillan los ríos,
Las florescencias de los árboles son radiantes coronas,
El joven año comienza como con Fiestas,
Formándose los hombres con lo mejor y lo más alto.
24 de mayo
1748
Humildemente
Scardanelli.


LA VIDA ALBOROZADA

Cuando a la pradera llego,
a través de estos campos, Bueno y pacífico me siento,
Invulnerable a los espinos.
Mi ropa ondea en el viento,
Y el alegre espíritu busca
Su fondo, hasta
Que hallado lo celebra.

Oh dulce cuadro,
Bajo los verdes árboles,
Que mi paso detiene
Como el letrero de una taberna.
La paz de los tranquilos días
Me parece decididamente excelsa,
Pero no preguntes nada,
Pues yo he de decírtelo.

Hacia el hermoso arroyo
Afanosamente busco una alegre senda,
Hasta que a mis ojos muestra
Su serpentear por la salvaje ribera,
El pequeño puente que airoso lo cruza
Y que al bello bosque asciende;
Donde el viento agita el puente,
Alzo la vista alborozado.

En lo alto de la colina
Algunas tardes a reposar me siento
Mientras el viento alrededor de las cumbres silba
Y suenan las campanas en la torre,
La contemplación trae la paz a mi corazón
Que unido queda a esa imagen,
Aliviando sus dolores
Más allá de la razón.

¡Paisaje amado! por cuyo centro
Pasa el camino, tan llano,
Y sobre él la pálida luna se eleva
Cuando el viento del anochecer comienza,
Y más grandiosas las montañas,
A mi hogar regreso, pleno,
En busca del dorado vino.


EL CEMENTERIO

Pacífico lugar donde la joven hierba verdea,
Donde hombre y mujer yacen y las cruces se elevan,
Donde son conducidos los amigos,
Donde claro cristal relumbra en las ventanas.

Desde el alto resplandor del cielo
De mediodía, hasta la Primavera que en tu silencio se demora,
Nubes espirituales, grises y húmedas,
La hermosura del apacible día, todos sobre ti pasan.

Qué paz en este muro gris
Sobre el que cuelgan los frutos de un árbol;
Ramas negras cubiertas de rocío y de duelo,
Pero que sin embargo muestran en sus frutos la belleza.

Reina una oscura paz en la iglesia
Y el altar es esta noche más recogido,
Brillan aún en él los ornamentos,
Canta un grillo en los campos del Verano.

Cuando se escucha allí hablar al sacerdote,
Junto al grupo de amigos
Que acompañan al muerto. ¡Qué intimidad
Y noble espíritu, que la piedad propician!



Hölderlin sirvió de inspiración a músicos y otros artistas. Brahms escribió esta bella «Canción del destino» para coro y orquesta sobre el texto «Hyperions Schicksalslied». Lleva el nº de opus 54.
Interpretan:
Danish National Choir
Danish National Symphony Orchestra
Gerd Albrecht




«Hyperions Schicksalslied»,

Ihr wandelt droben im Licht
Auf weichem Boden, selige Genien!
Glänzende Götterlüfte
Rühren Euch leicht,
Wie die Finger der Künstlerin
Heilige saiten.
Schicksallos, wie der schlafende
Säugling, atmen die Himmlischen;
Keusch bewahrt
in bescheidener Knospe
Blühet ewig
Ihnen der Geist,
Und die seligen Augen
Blicken in stiller
Ewiger Klarheit.
Doch uns ist gegeben,
Auf keiner Stätte zu ruhn;
Es schwinden, es fallen
Die leidenden Menschen
Blindlings von einer
Stunde zur andern,
Wie Wasser von Klippe
Zu Klippe geworfen,
         Jahrlang ins Ungewisse hinab.         


«Canción del Destino»

¡Andáis arriba, en la luz,
por blando suelo, genios felices!
Espléndidas brisas divinas
os rozan apenas,
como los dedos de la artista
las cuerdas sagradas.
Carentes de destino, como el niño
dormido, respiran los celestes;
con pudor preservado
en humilde capullo,
florece eternamente
el espíritu en ellos,
y sus ojos felices
contemplan la tranquila
y eterna claridad.
Pero a nosotros no nos es dado
descansar en ninguna parte;
desaparecen, sufren
los hombres, caen
ciegamente de una
hora en otra,
como agua, de roca
en roca arrojada
durante años a la incertidumbre.

(Traducción de Jesús Munárriz)


Hanns Eisler fue un compositor alemán alumno de Arnold Schoenberg pero que se desmarcó de los postulados del dodecafonismo y por eso es bastante desconocido. Fue adepto del llamado realismo socialista. Escribió este Lied con texto de Hölderlin del que lamentablemente no dispongo del texto, por lo que pido disculpas. La música de Eisler es de una belleza misteriosa y, sin duda, injustamente olvidada.

Hanns Eisler
El Lied que vamos a escuchar pertenece al álbum «Hollywooder Liederbuch», en concreto el número 5 de los «Hölderlin-Fragmente», titulado «An eine Stadt».
Interpretan:
Matthias Goerne
Eric Schneider




Muchos han sido los poetas y escritores que han sido influidos por Hölderlin o han querido escribirle un texto en homenaje. Del libro «Poetas del poeta. A Friedrich Hölderlin en el 150 aniversario de su muerte», que es una recopilación de textos de este tipo realizada por Anacleto Ferrer y Jesús Munárriz y publicada también por la editorial Hiperión extraigo unos cuantos.


A Hölderlin
por Olga Botsi

¿Qué hermosamente te adormeciste
en las aguas silenciosas de la locura,
pájaro sagrado, tú, amigo de los dioses,
y desapareciste en la lejana
belleza por ti siempre deseada!



Invocación a Hölderlin
por Antonio Colinas

para Vicente Aleixandre

El levitón gastado, el sombrero caído
hacia atrás, las guedejas de trapo y unas llamas
en las cuencas profundas de sus dos ojos bellos.
No sé si esta figura maltrecha al caminar
escapa de un castigo o busca un paraíso.
De vez en cuando palpa su pecho traspasado
y toma la honda queja para el labio sin beso.
Oh Hölderlin a un tiempo andrajo y vara en flor,
nido pleno de trinos, muñeco maltratado.
A tu locura se abren los bosques más sombríos.
No ves cómo las fuentes se quiebran de abandono
cada vez que te acercas con tu paso cansado,
cada vez que desatas tu carcajada rota,
cada vez que sollozas tirado entre la yerba.
¿Qué claro estaba escrito tu sino bajo el cielo...!
Antes de que pusieras tu mano en el papel
fríos soles de invierno cruzaban la Suabia,
dejaban por las nubes agrios trazos verdosos.
Cuando tú, silencioso y enlutado, leías
latín en una celda ya hubo duendes extraños
sembrando por tus venas no sé qué fuego noble.
Y antes de que acabaras hablando a las estatuas
aves negras picaban tus dos ojos azules.
Hölderlin vagabundo, Hölderlin ruiseñor
de estremecido canto sin ojos y sin ramas
ahora que cae espesa la noche del otoño
contempla a nuestro lado la enfebrecida luna,
deja fluir tu queja, tus parloteos mágicos,
deja un silbo tan solo de tu canto en el aire.
Detén por un momento tu caminar y espanta
la muerte que en tus hombros encorvada te acecha.
Rasga los polvorientos velos de tu memoria
y que discurra el sueño, y que sepamos todos
 de dónde brota el agua que sacia nuestra sed.


Tübingen
por Eugénio de Andrade

Sólo la torre oscilaba
sobre el río.
Sólo la torre.
Ni la fiebre de la mirada
adolescente, ni
la locura tardía.
O la pasión de la palabra
vuelta melancolía.



Hölderlin
por Julio Cortázar

Criaturas de agua y césped son las nubes
Que ascienden sin violencia por las gradas
Del monte prodigioso, y salvan leves
El exceso temible del espacio,
Su dura resistencia imprevisible.
La liviana leticia las impulsa
Como faldas o anémonas o géyseres,
Y se ciernen más altas que el topacio
Durísimo del tiempo. Los sauces desde el suelo las repiten;
Cabalgadas de pájaros discurren
Como profundas solitarias cosas.


Soneto nº 9
por Günter Grass

Baldío yace el país al cuervo hambriento entregado,
se propaga el topo, hay demasiado, es sospechoso,
perro raro delante del cercado, celoso.
Quieren que paguemos: en la mano y al contado.

Porque en el centro situado, rico, indefenso,
miedo metódico sudó un arquitectónico invento:
como baluarte tierra noviembre se quiere asegurar
ante gitanos, negros, judíos y los de ultramar.

Hacia el Este como marca fronteriza estará Polonia;
así de rápido y útil nos inventamos la historia.
De siempre construimos castillos por placer puro,

levantamos murallas, erigimos el muro,
y contra claustrofobia, monotonía, depre de cuartel,
un Hölderlin placía, en el macuto pan y poesías de él.


Oda a Hölderlin
por Hermann Hesse

Amigo de juventud, vuelvo a ti agradecido
algunas tardes, cuando en la mata de lilas
del jardín que ya duerme
sólo sigue sonando la fuente en su murmullo.

Hoy nadie te conoce, amigo; el tiempo nuevo
se alejó del tranquilo encanto de tu Grecia;
sin oración ni dioses,
va prosaicamente el pueblo por el polvo.

Pero par el secreto grupo de ensimismados
cuyas almas hirió el dios con anhelos,
aún siguen resonando
las canciones de tu divina arpa.

Volvemos impacientes, fatigados del día,
a la ambrosiaca noche de tus cantos,
cuyas alas abiertas
nos dan sombra con sueño dorado.

Y cuando nos arroba tu canto, arde más fuerte,
más dolorosamente, hacia el feliz país del tiempo ido,
hacia los templos griegos,
nuestra eterna nostalgia.

Escultura de Hölderlin

Cuando murió Hölderlin, alguien pintó en la fachada de la torre:

«Hölderlin no estaba loco»

viernes, 25 de noviembre de 2011

FOTO EN BLANCO Y NEGRO

Cuando apareció la fotografía la pintura tuvo que reinventarse. Luego apareció la fotografía en color y todos flipamos en colorines. Pero al poco tiempo nos dimos cuenta de que la fotografía en blanco y negro tenía algo especial, insustituible, algo propio que la hacía particularmente expresiva. Los colorines quedan muy monos, nadie lo niega, pero las cosas se reconocen igual sin ellos; así, la madera sigue siendo madera:


y la piedra, piedra:
El hombre feliz, sigue feliz:


El guapo, guapo:
La mujer bella lo sigue siendo, tanto por fuera:

como por dentro:


El beso sigue siendo igual de dulce:

y la guerra no es menos guerra:


París siempre será París:

y Venecia, húmeda:


La mirada del niño sigue diciendo lo mismo:


Y las aves, o acuáticas:

o de las otras:
Claro, el blanco sigue siendo blanco y el negro, negro:

A veces nos encontramos con una vieja foto, a menudo en blanco y negro, que nos trae recuerdos, buenos o malos, que nos hace reír o sonreír, o hace que, por un instante, se nos humedezcan los ojos. De esto trata el bossa nova del que traigo unas cuantas versiones, y que se llama Retrato em branco e preto (Foto en blanco y negro). Su letra dice así:

Já conheço os passos dessa estrada              
sei que não vai dar em nada                        
seus segredos sei de cór                               
já conheço as pedras do caminho                
e sei também que ali sozinho                       
eu vou ficar, tanto pior
o que é que eu posso contra o encanto
desse amor que eu nego tanto
evito tanto
e que no entanto
volta sempre a enfeitiçar
com seus mesmos tristes velhos fatos
que num álbum de retrato
eu teimo em colecionar
Lá vou eu de novo como um tolo
procurar o desconsolo
que cansei de conhecer
novos dias tristes, noites claras
versos, cartas, minha cara
ainda volto a lhe escrever
pra lhe dizer que isso é pecado
eu trago o peito tão marcado
de lembranças do passado
e você sabe a razão
vou colecionar mais um soneto
outro retrato em branco e preto
a maltratar meu coração

Es una letra que más o menos se entiende. Con la música se entiende mejor. El bossa nova es un género en el que predominan las canciones tristes, de una dulce y embriagadora tristeza. Sus giros melódicos son muchas veces inesperados y, en ocasiones, inverosímiles. Tal es el caso de este bello y nostálgico bossa nova.

Escuchémoslo, en primer lugar, en interpretación del gran Joao Gilberto. Se trata de una grabación en directo y siempre hay algún zopenco que hace ruido o grita algo:

 


Ahora, con el autor al piano:



Norma Winstone, en una versión más de jazz:





Ahora la siempre dulce Lisa Ono:



Para terminar, y no por ser la última la peor, en versión de Rosa Passos, sí, como John Dos...