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miércoles, 4 de enero de 2012

GRETCHEN - MARGARITA


Gretchen
Margarita


Casi tan antiguo como la noche es el mito de Fausto: Eva, por querer saber qué era eso del bien y el mal, aceptó el trato. Desde ese instante mítico, el folclore será el largo camino por el que transite el mito, el mito del pacto con el diablo: el humano, impulsado por diversos afanes, ofrece su alma al diablo a cambio de placer, de saber, de poder, de poseer. Si mis libros no mienten, no será hasta el año 1587, que aparezca en Alemania una primera impresión de un libreto titulado «Historia del doctor Johann Fausto, celebérrimo mago y nigromante, de cómo se entregó al Diablo por un determinado tiempo, y de las extrañas aventuras y encantamientos que vio y practicón entre tanto, hasta recibir al fin su merecido castigo», con la que el mito adquirió la trama con la que hoy, tras incontables versiones y variantes, lo conocemos, a saber: Fausto, hombre aburrido, cansado de la vida y sus placeres, pacta con el diablo, Mefistófeles, a quienes la leyenda quiere brindarles una víctima, la cándida Margarita. Este mito será llamado a convertirse en uno de los más fecundos de la cultura, del folclore, occidental. Por sólo citar a dos de los incontables autores que escribieron sus particulares versiones del mito nombraré a Johann Wolfgang von Goethe y a Thomas Mann. El primero escribió «Fausto», obra que consideran algunos la mejor obra de Goethe, otros no están de acuerdo con este juicio; el segundo escribió «Doktor Faustus», libro en el que Fausto, llamado aquí Adrian Leverkühn, es músico, compositor. O no, citaré a un tercero, autor de quien ya traje un cuento o dos a este blog, Charles Baudelaire, quien en su obra «El spleen de París», escribió el relato titulado «El jugador generoso», relato número veintinueve de la colección, que se puede bajar y leer mediante el siguiente enlace:


El hecho de que Mann quiera que su Fausto sea músico no es la única relación que existe entre el mito y la música, muy al contrario, han sido muchos los compositores que de una manera u otra han tratado la vieja leyenda. Son tantos y en géneros tan diversos que obviaremos el tema. Sólo nos detendremos en dos, quizá los más famosos: Schubert y Liszt.


El título de esta entrada es Gretchen, que en español equivale al nombre Margarita. No es sin porqué, a ella está dedicada esta entrada, no a Fausto, ni al mito, sólo a Gretchen, Margarita.


Schubert, basándose en el texto de Goethe, escribe su famoso Lied «Gretchen am Spinnrade», en español, «Margarita en la rueca». Ya poca gente sabe qué cosa es una rueca: se trata de un instrumento que se utilizaba para hilar, es decir, para convertir en hilo lo que no es más que enmarañada madeja de lana u otra fibra. Podemos verlo en primer plano en el enigmático cuadro de Velázquez «La fábula de Aracné», también conocido como «La hilanderas»:


Ya hemos dicho que la víctima de esta historia es Margarita. El pasaje del «Fausto» de Goethe al que Schubert convierte en Lied no es otro que aquel en el que esta se encuentra sentada a la rueca y declama un monólogo lírico, ya enamorada ardiente y destructivamente de Fausto, quien la ha conquistado con los malignos poderes de Mefistófeles. Existen numerosas traducciones de este monólogo, por la Red se pueden encontrar bastantes y en las muchas ediciones que se han hecho del «Fausto» muchas más. Dado que hace bien poco hablamos de Rafael Cansinos Asséns he escogido, de las muchas que tengo a mano, su versión, para que vean el modo de traducir este hombre «que había leído todos los libros»:

Se fue mi sosiego,
me pesa el corazón;
hallar la paz no puedo,
para mí se acabó.

Cual una muerta soy
si él no está junto a mí,
y el mundo entero pierde
su atractivo gentil.

Enajenada tengo
mi pobre cabecita,
y mis sentidos todos
incoherentes deliran.

Se fue mi sosiego,
me pesa el corazón;
hallar la paz no puedo,
que para siempre huyó.

Solo a él buscan mis ojos,
si miro a la ventana;
solo por encontrarlo
salgo fuera de casa.

Su altivo andar, su noble
figura, de su boca
la sonrisa y el fuego
que de sus ojos brota,

y de su charla amena
el canto tan fluyente,
y su apretón de manos,
¡oh, y sus besos ardientes!

Mi sosiego se fue,
me pesa el corazón;
nunca hallaré de nuevo
la paz que me dejó.

Mi pecho hacia él se enarca
en poderoso impulso;
¡si pudiera cogerlo,
a mí tenerlo junto,

y besarlo, besarlo
hasta saciar mis ansias,
hasta quedarme muerta
de sus labios colgada!

La música de Schubert para este Lied es, como siempre, sublime. De nuevo hemos de hablar de la música descriptiva, del antiguo dilema de si el arte imita a la naturaleza. En este caso casi podemos asegurar el carácter descriptivo de la música de Schubert.


Una rueca es un «cacharro», valga la expresión, que traquetea; ese traqueteo lo imita Schubert con un diseño en la parte superior del acompañamiento pianístico; es un ondulante dibujo en semicorcheas en la tonalidad de re menor que evoca ese movimiento continuo del instrumento; por otro lado, y ya metidos, no en descripciones sino en simbologías, el dibujo sobre el pentagrama de dicho diseño bien puede recordar a una serpiente, eterno símbolo, desde el árbol mencionado más arriba, del diablo. Mucho más se puede decir de imitaciones y simbologías pero, como siempre, no pretendo ser exhaustivo. En la imagen de aquí abajo podemos ver la Spinning figure (figura de la rueca) y el momento en el que el Lied alcanza su clímax:


Aquí podemos ver el manuscrito de la primera página:


Como primera versión propongo esta, curiosísima, en la que la soprano Paula Bar-Giese canta y se acompaña al piano; el instrumento, o es de la época de Schubert o una copia actual. Canta y se acompaña Paula magníficamente:


A continuación, podemos escuchar a Soile Isokoski acompañada por Martha Viitasalo:



Barbara Hendricks con el gran pianista rumano Radu Lupu:



Otra versión curiosa, una transcripción para orquesta de cámara.


La mezzosoprano Anne Sofie von Otter acompañada por la Chamber Orchestra of Europe dirigidos por Claudio Abbado:



Franz Liszt realizó numerosas transcripciones para piano solo tanto de Lieder como de otro tipo de obras. Escuchemos la que realizó de nuestro Lied en interpretación de Idil Biret:



La misma transcripción en manos de Yevgeni Kissin:



Liszt, inspirándose en la obra de Goethe, compuso una sinfonía titulada «Eine Faust-Simphonie in drei Charakterbildern», que podríamos traducir como «Sinfonía Fausto en tres cuadros característicos (o tres piezas de carácter)»; no obstante se conoce como «Sinfonía Fausto». 


En efecto, tiene tres movimientos, titulados: I Faust, II Gretchen y III Mephistopheles. Se estrenó esta obra el 5 de septiembre de 1857 en la inauguración del monumento a esos dos grandes amigos que fueron Goethe y Schiller.


Nosotros, como ha quedado dicho, nos vamos a dedicar únicamente a su segundo movimiento. En mi opinión, este sungo movimiento, es una de las piezas más bellas y expresivas de Liszt; capta la ternura, el miedo, el estupor de la dulce Margarita de un modo estremecedor. Pero esto no son más que mudas, vacías palabras, escuchemos la música que sólo ella lo dirá todo. Podemos escuchar la versión de Leonard Bernstein al frente de la Boston Symphony Orchestra:

 

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Liszt no transcribía para piano sólo música ajena, también propia. Escuchemos esta versión para piano solo a cargo del pianista Leslie Howard:


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Por último, escuchemos una transcripción, casi una recreación, también del propio Liszt, en este caso para dos pianos. Interpretan Vittorio Bresciani y Tiziano Poli:


http://www.megaupload.com/?d=W5GG62ZB


P. S. En ocasiones Megaupload tarda un poco en tener el archivo listo. En ese caso sólo cabe un poco de paciencia.

2 comentarios:

  1. Odio ser hombre y no poder cantar este lied! (poder puedo, aunque suele estar revervado a las mujeres) Es precioso, sencillo pero bello. Con el motivo de la rueca te mantiene durante toda la canción, siempre igual pero distinto a la vez!
    Me encanta

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  2. Yo no tengo ninguna versión cantada por un hombre. Estoy pensando ahora que quizá haya alguna cantada por un contratenor. Pero, claro, el texto es muy propio para una mujer, hay todo un contexto que así lo requiere. Sea como fuere, es un Lied estremecedor. Al final, poco a poco se va deteniendo la rueca... Uno de los grandes, Schubert, uno de los más grandes.
    Gracias por el comentario

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