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sábado, 21 de enero de 2012

GUTENBERG / BERNERS-LEE

GUTENBERG

Tiempo atrás comenté que la cancilleresa alemana Angela Merkel había comparado Internet con la Imprenta. También dije que, aunque la comparación es obvia, me parecía lo más inteligente que había salido de la boca de un político referido a Internet.

ANGELA MERKEL
Johannes Gutenberg nació en Alemania c. 1400 y murió por allí cerca en 1468. A Gutenberg, como es bien sabido, se atribuye la invención de la imprenta. Siglos después, Sir Timothy «Tim» John Berners-Lee, físico ingles nacido en 1955 desarrolló la web (World Wide Web), que es el sistema que en estos momentos estamos utilizando para comunicarnos, yo con ustedes, ustedes conmigo.

SIR THIMOTY
Ahí radica la similitud de los dos inventos: en que cada uno en su momento supuso el nacimiento de un sistema que permitía una mayor facilidad en la comunicación. Gracias a la imprenta los libros dejaron de ser patrimonio exclusivo de los poderosos y poco a poco pasaron a estar al alcance de todo el mundo. Gracias a Internet, la comunicación instantánea dejó de estar sólo al alcance de los poderosos y pasó a ser patrimonio de todo el mundo.

Quizá, sólo dos hechos puedan compararse a estos dos inventos; antes que la imprenta las rutas de peregrinaje, y en particular El Camino de Santiago, eran los vehículos por donde circulaba la cultura, que en aquel entonces estaba exclusivamente en manos e la Iglesia; antes de Internet, el teléfono, después del telégrafo, fue un gran avance para la transmisión de las comunicaciones.

Hay otra similitud que señalar: los poderosos siguen teniendo la misma mentalidad hoy en día que en la época de Gutenberg. El poder siempre ha considerado la comunicación, la fácil transmisión de pensamientos, ideas, inventos y, sobre todo, la información, como algo peligroso para su estatus: «Si todo el mundo sabe lo que nosotros (quienes ostentamos el poder) sabemos y con ello desarrollan su inteligencia (su capacidad de entender), su opinión personal y su capacidad de crítica, no tardarán en darse cuenta de lo que nosotros en realidad hacemos (mentir, robar, asesinar, explotar, extorsionar, traficar y, sobre todo, hacernos multimillonarios)». Afortunadamente, como los poderosos siempre están liados con alguna guerra para así poder vender el armamento que fabrican, tardan un poco en reaccionar; por otra parte, siempre están alerta a ser atacados con armas, de destrucción masiva o, más simple, la hoja de una espada, sin darse cuenta, en su necio y mezquino modo de pensar,  de que no hay nada más afilado que el canto de una hoja… de las de escribir. Por eso, cuando surge un nuevo medio de comunicación, el poder tarda un tiempo en reaccionar, piensan: ¿Internet? Bah, que se entretengan con ese jueguecito. Hasta que se dan cuenta de que, por un lado, el jueguecito sirve para propagar instantáneamente consignas revolucionarias, y por otro, hace que sus incalculables ingresos económicos lleguen a ser casi calculables.

Es entonces cuando personajes tan siniestros como Sinde o Bautista se ponen en marcha. Y lo primero que hacen es, como siempre, prohibir, atacar, meter en la cárcel (por cierto, ¿qué ha sido del Teddy?), cerrar, insultar, agredir, esas cosas que son las únicas que saben hacer y mejor que nadie. Una actitud seria, responsable y justa sería analizar, dialogar, buscar soluciones que beneficien a todos por igual. Pero no: ¡Abran la puerta! ¡EFE-BE-I!, cosa que no sé para qué la dicen porque acto seguido derriban la puerta y ponen sus automáticas en las bocas de los presentes y les sueltan aquello de tiene derecho a callarse el pico y tal, como en las pelis.

Desde hace unos años hasta estos últimos días ha habido lo que se denomina un «vacío legal», lo que viene a ser una tierra de nadie o una ciudad sin ley. Cuando se abren este tipo de brechas siempre hay personas que crean negocios  más o menos justos, ya que no se puede hablar de legales ni ilegales, son, en todo caso, alegales o paralegales. En el caso que nos ocupa ha habido una serie de espabilados que han montado unos negocios denominados servidores. Un servidor es «una computadora que, formando parte de una red, provee servicios a otras computadoras denominadas clientes». Es decir, que con cuatro chavos se monta un tinglado que no posee nada, sólo facilita el intercambio, en este caso, de archivos. A cambio de ese servicio te cobran una pequeña cuota, más o menos diez dólares al mes. A cambio de esa cuota el cliente puede poner a disposición de todo el mundo los archivos que le dé la gana para que otros clientes se los bajen. Todos los clientes pagan los diez pavos al mes pero los que suben cosas, si luego hay mucha gente que se las baja, también cobran un tanto por ciento. Ejemplo: yo tengo un CD de Manolo Escobar y lo subo a un servidor; si ese CD tiene éxito y se lo baja mucha gente me dan unos pocos centavos: no lo sé con exactitud pero creo que te dan un dólar por cada mil bajadas. Supongamos que yo tengo muchos cedés o, mejor aún, tengo al alcance de mi mano una inmensa cantidad de cedés; empiezo a subir miles de cedés; puede que me forre sin invertir ni un solo centavo. Por otro lado está el cliente que sólo baja: si va a una tienda: no tienen el CD que busca, hay que pedirlo a Japón y tardará dos meses; cuando llega a la tienda pasas a recogerlo y te cuesta veintidós pavos, por lo menos; llegas a casa, lo desprecintas, lo pones en el reproductor y, ah maravilla, te das cuenta de que ese CD no es exactamente lo que tú te imaginabas; te aguantas, no lo puedes devolver; lo dejas en cualquier sitio a que empiece a acumular polvo. Hay veces que aciertas, chachi, lo escuchas a menudo pero también has de dejarlo en un sitio a que empiece a acumular polvo. Antes eran los vinilos, ahora son los cedés: cualquier persona amante de la música y con cierta edad, por ejemplo yo, ha acumulado a lo largo de su vida miles de vinilos y miles de cedés. Como te has gastado un pastón impresionante en estos artilugios no te has podido comprar un palacio, ni tan siquiera un adosado; vives en un pisito de noventa si llega metros cuadrados y cuando tienes ganas de bostezar te sales al balcón. Entonces, un buen día, descubres, por ti mismo porque esto nadie te lo enseña ni lo puedes leer en ningún sitio porque todo funciona de una manera más o menos clandestina, descubres que por diez dólares al mes te puedes bajar, veinte treinta, cincuenta cedés diarios… aproximadamente 1200 cedés al mes, es decir, que has conseguido una mercancía por valor de 24.000 euretes por nueve dólares. Mola ¿eh?

A todo esto, los poderosos, que si Irak por aquí que si Afganistán por allá. Y luego dos o tres meapilas, como la Sinde el Bautista y su cuadrilla, cacareando por aquí y por allá y, con un poco de suerte, llenándose uno o más bolsillos, más grandes o más pequeños.

Bien, ¿es justa esta situación?, es decir, ¿es justo que los discos que ha grabado un músico se regalen como churros en un sitio que no tiene nada en absoluto que ver con la producción de ese disco? En efecto, evidentemente la respuesta es no, no es justo. Paradójicamente, los mejores músicos, los que han estudiado toda una vida, no dicen ni mu, claro, están estudiando; son cuatro cantamañanas como un tal Ramoncín los que ponen el grito en el cielo. Vale, aunque sea un cantamañanas y esté enmarañado en una paradoja, tiene razón, la pela es la pela.

Está claro, ¿no? Ni veinte euros por un CD, ni 0,0075 euros por un CD, ni un Teddy por el medio, ni el FBI empapelando a la peña. Se está produciendo una revolución industrial y como consecuencia de ella una revolución cultural. Detengámonos a analizar, pensar, reflexionar y construyamos soluciones inteligentes que se adapten a los nuevos tiempos. Pues no señor, primero todo lo hacen al revés y luego de lo que se habían imaginado.

El CD ha muerto, ¡viva el mp3!, o el FLAC, o cualquier otro formato similar. Y creemos tiendas virtuales en las que en cualquier momento del día y de la noche de cualquier día del año puedas adquirir exactamente lo que deseas y a un precio justo. Ya hay tiendas virtuales de este tipo, yo he comprado en ellas muchas de las cosas que he publicado en mi blog: entras, te registras (no vaya a ser que vayas armado), buscas, encuentras exactamente lo que buscas, porque puedes escuchar un pedacito, si no quieres todo el CD porque en él hay dos o tres pistas que te dan asco las deseleccionas y escoges exactamente lo que quieres; la pista viene a costar, depende del sitio, unos nueve céntimos de dólar; ingresas la pasta y, ¡ale hop!, te bajas lo que querías, el jueves santo a las cinco y cuarto de la madrugada: diez pistas por nueve céntimos de dólar. Todos ganamos, todos contentos, santas pascuas… pues no, que si la Sinde, que si el FBI, que si…

He aquí las dos tiendas virtuales mencionadas. Pueden entrar en ellas sin ningún tipo de temor:

http://www.gomusicnow.com/artists.html?c=&p=2&genreid=371

http://www.mp3vips.com/

Bien, de momento, la pasma está actuando contra quienes sacan beneficio con lo ajeno, es decir, contra quienes actúan con ánimo de lucro. Tranquilos.

¿En qué me afecta esta nueva situación a mí y en qué al blog? Yo no actúo con ánimo de lucro, al contrario, a mí me cuesta pasta y mucho tiempo de trabajo escribir las entradas y subir las músicas pertinentes, además, habrán observado, que nunca subo un CD completo, sólo una pista por aquí, otra por allá, con lo cual lo que en todo caso hago es publicidad gratuita; por lo tanto en lugar de «tancame a la presò» digo yo que me tendrían que dar más libertad, cosa que no tengo ni idea de cómo se podría hacer. En cuanto al blog: de momento todo lo que he subido para ustedes que se podía bajar se ha ido a hacer puñetas; no obstante, he podido comprobar que el archivo que más veces se ha bajado no ha llegado ni a las quince descargas; ah, se me olvidaba decir que para que te paguen por las descargas has de hacer no sé qué trámites que yo, por supuesto, no he hecho; aun así, buscaré otro servidor que funcione e intentaré subir a él lo que quiera compartir con ustedes. Cuando se acabe el sistema este de los servidores y normalicen lo de las tiendas virtuales les diré en dónde, por nueve céntimos, se pueden bajar tal o cual pista de música. Quizá surjan nuevas posibilidades. Por otro lado, de momento podré seguir poniendo en mis entradas esos reproductores de audio con los que se pueden escuchar los ejemplos que pongo. Creo que eso es todo.

No quiero ir de marisabidilla pero hace años que vengo diciendo que este momento tenía que llegar. Ha llegado, estamos al comienzo del fin de lo de antes y del principio de una nueva manera de proceder. Poco a poco va llegando el futuro. Ya saben, partiendo de la nada alcanzaremos…

Con los libros pasa un poco lo mismo: en mi piso, el de noventa si llega metros cuadrados, además de los vinilos y los cedés, hay miles de partituras y miles y miles de libros: no puedo poner música muy fuerte porque no cabe. Pero los libros de papel tienen ese je ne sais quo que los hace diferentes. Yo creo que convivirán por muchos años los libros de papel con los electrónicos. Eso sí, los cedés tienen las horas contadas. Tiempo al tiempo.

Pido disculpas por el rollo macabeo que acabo de soltar. Al mismo tiempo aviso de que mis entradas serán, de momento, menos numerosas porque mi salud, últimamente, se está portando bastante mal.

Un afectuoso saludo a todo el mundo

6 comentarios:

  1. Un abrazo Carlos, recupérate pronto. ;)

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    1. Querido Manu, qué suerte tengo de tenerte como amigo.
      Muchas gracias.
      Un fuerte abrazo

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  2. Uff! Menudo análisis del panorama, Carlos! Genial...
    Enfín, veremos dónde nos lleva todo ésto. Que te mejores muy pronto! Un saludo!

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    1. Muchas gracias, ¡sisoldó!, seamos optimistas y pensemos que al final saldremos todos beneficiados. Tanto la imprenta, como el teléfono, como Internet han acabado sirviendo al loable fin de la comunicación, ¿por qué ha de ser distinto ahora? En fin, ya ves que a pesar de mis dolencias el mínimo optimismo no lo pierdo. Muchas gracias, B., me animáis mucho con vuestras palabras.
      Un abrazo

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  3. Carlos de todo lo que ocurra en estos tiempos sólo nos queda la opción de padecerlo o por el contrario disfrutarlo. Sea como fuere nos darán lo que ya tienen pactado, creo que no está en nuestras manos a no ser que salgamos como ventiañeros a recorrer las calles pidiendo un poco de honestidad. Hace tiempo que me alejé de esa edad, mis articulaciones ya se resienten de hacer mi trabajo cotidiano pero he aprendido a disfrutar de lo que me viene, no todo es bueno, podría ser mejor pero me quedo con hacer grande lo pequeño bueno que tengo para compensar lo malo. Sé que no estás bien, tu extrema sensibilidad no es compatible con esta sociedad, tu día a día debe de ser una contínua batalla. Reposa, encuentra sosiego y aunque me duela no leerte todos los días, tómate un descanso para con tus fieles lectores. Con todos mis respetos. Un abrazo.

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    1. Sólo puedo darte las gracias por tu comprensión y felicitarte por tu lucidez. Y mandarte un afectuoso abrazo

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