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viernes, 13 de enero de 2012

QUINCEMIL Y PICO



De nuevo, siguiendo nuestro camino, hemos cruzado un puente sobre un arroyo. ¿Qué camino?, ¿qué puente?, ¿qué río?, ¡ah!, ¡es tan hermoso no saberlo! Todo lo que necesitamos saber es que, ligeros de equipaje, seguimos adelante y seguimos encontrando en nuestro camino bellos paisajes que contemplar; siempre encontramos a alguien que nos canta una canción, que nos toca una piececilla con su instrumento, que nos narra una historia o nos recita un poema. Somos afortunados, no necesitamos más, sigamos caminando.

Les voy a contar un pequeño secreto; habrán observado, quizá, que esta semana he publicado muy poco. La razón es la de siempre, mi salud, esa que no debería llamarse así pero que nadie ha inventado, descubierto, formulado una palabra que la nombre. Digamos que mi salud está más o menos tan maltrecha como mi bolsillo, y como el de la mayoría de ustedes, gracias a esos granujillas que tenemos por políticos. La cuestión es que el lunes pasado, el día nueve del mes en curso, el médico me dio la baja; tomo un cóctel molotov de medicamentos, más de diez distintos al día, que se enmanchambraron y me hicieron una llave de yudo que me tiró a la lona. Ese mismo lunes, ya casi por la noche, cuando hube regresado del médico, mandé un email a mis alumnos advirtiéndoles del estado de las cosas. Pues bien, todos, absolutamente todos y cada uno, (lo cual quiere decir que quizá faltase alguno) me respondieron deseándome un pronto restablecimiento. Para que luego digan que si la juventud esto o aquello. Mi corazón se ensanchó de gozo y mi salud... siguió igual de fornicadita. Como humilde muestra de gratitud a todos estos alumnos quiero dedicarles esta entrada. El email que les mandé terminaba diciendo:

«Os aprecia vuestro profesor y a pesar de ello amigo...»

Bien, la cosa sigue igual o viceversa:

«Os aprecia vuestro amigo y a pesar de ello profesor...»

Hubo quien que me devolvió la pelota:

«Te aprecia tu alumno y a pesar de ello amigo...»

De modo que a vosotros os dedico esta entrada, mis queridos perroflautas, y el vídeo y la música que le acompaña.

Y gracias a todo el mundo por seguir tolerándome.

En el Lied que traigo, Schubert vuelve a tratar el tema del río, del río como camino, de la libertad y de la alegría de vivir. Sus intérpretes ya no necesitan presentación, son viejos amigos nuestros. Obsérvese la magistral interpretación de Richter al alternar el forte con el piano; ambos están absolutamente definidos, sin ambigüedades; el pequeño ritardando final también es prodigioso. Sólo un pequeño comentario más: ya hemos dicho que el lenguaje corporal no miente nunca; obsérvese cómo, Fischer-Dieskau, que canta este Lied de un modo insuperable, es víctima de su vanidad justo cuando termina su parte; todavía queda el postludio pianístico pero Dietrich, sin darse cuenta, mira a la cámara anunciando que ÉL ya ha terminado, como si el Lied terminase ahí donde acaba Él, reacciona y ya hace su teatro de escuchar el postludio.

La traducción del texto se la debemos a Fernando Pérez Cárceles:


D. 881 La canción del pescador

El pescador no conoce preocupaciones
ni pesares ni sufrimientos;
desatraca de buena mañana
su barca con ánimo dispuesto.

A su alrededor reina la paz
en el bosque, el campo y el río.
Con sus cantos despierta
el dorado sol.

Mientras pesca, canta
a pleno pulmón;
el trabajo le da energía,
y la energía, alegría de vivir.

Pronto un hervidero multicolor
se percibe en las profundidades
y chapalea en el cielo
que en el agua se reflleja.

Pero quien quiera lanzar la red,
ha de estar ojo avizor,
tiene que ser alegre como las olas
y libre como la corriente.

Desde el puente lanza la caña
la pastora. Astuta moza,
deja tus malas intenciones,
¡este pez no lo cogerás!

·.o0o.·

Música y vídeo:


Partituras:





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