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lunes, 2 de enero de 2012

WINTERREISE - 2, DIE WETTERFAHNE - FRANZ SCHUBERT


Winterreise - 2, Die Wetterfahne


La Veleta

Es una metáfora antigua, comparar a la mujer voluble con el viento y lo que con él se cambia de sitio, de dirección. Verdi, en su Rigoletto, (1851) hizo famosa esta comparación con la celebérrima aria La donna è mobile


cuyo texto, después de repetir el título sigue diciendo qual piuma al vento, (La mujer es voluble, cual pluma al viento). Metáfora fácil, ofensiva, pero de gran éxito, qué le vamos a hacer, eran otros tiempos. La manera un tanto chabacana como trata el asunto Verdi en comparación con cómo lo hace Schubert pone por sí misma a cada compositor en su sitio.


Nuestro poeta, Müller, no duda en emplearla en el segundo Lied del Winterreise. Así, nuestro amigo, el joven viajero, todavía antes de partir se detiene a cavilar un poco, a martirizarse con ese tipo de metáforas que sólo hieren sin ningún provecho. Es un poema que refleja el pensamiento confuso y errático del muchacho, su pensar contradictorio: primero dice que creía que la veleta se burlaba de él para luego señalar que de haber advertido la presencia del símbolo no hubiera buscado en ese lugar lo que el símbolo anunciaba. El enamoramiento, tal como Freud entre otros ha señalado, no es más que un estado de enajenación transitorio durante el cual se pierde la capacidad de pensar lúcidamente. Claro, Freud todavía tardaría muchos años en nacer y los poetas liaban y complicaban las cosas con sus bellos pero intrigantes poemas.


En la primera entrada dedicada a este ciclo utilicé una traducción que, si bien era bastante fiel al texto, era poco expresiva, poco poética. Alguien en un comentario tuvo la gentileza de escribir en el mismo una traducción mucho mejor, la realizada por Andrés Neuman para la editorial El Acantilado. Yo tengo ese libro desde hace muchos años pero también voy teniendo cada vez menos memoria. Veamos qué dice este Lied en traducción de este traductor:

LA VELETA

Juega con la veleta
el viento en el tejado de mi amada;
y yo, en mi locura,
pensé que se burlaba.

Si hubiera visto antes
emblema semejante bajo el cielo,
nunca habría buscado
a una mujer fiel dentro…

Con corazones juega
el viento en esa casa, sin sonido.
¿Les importa si sufro?
Su hijita es buen partido.


Hay más traducciones. Existe una edición de todos los Lieder de Schubert en su lengua original y traducidos por Fernando Pérez Cárceles publicada por Hyperión. Veamos cómo traduce este otro autor:

LA VELETA

El viento juega con la veleta
de la casa de mi bella adorada.
En mi ilusión yo pensaba
que silbaba al pobre fugitivo.

Tendría que haber visto antes
este símbolo colocado en lo alto del tejado;
así él jamás hubiera buscado
en la casa la imagen de una mujer fiel.

El viento juega dentro de los corazones
como sobre el tejado, aunque no tan ruidosamente.
¿Por qué preguntar por mis penas?
Su hija es una novia rica.


Es fácil comprobar que, aunque el sentido general viene a ser el mismo, las diferencias entre una traducción y otra son inmensas. Un buen alumno me comentaba hace poco que detestaba tener que leer traducciones. Es comprensible pero la alternativa es aprender muchos idiomas: este alumno es joven y seguro que los aprenderá.


De nuevo, en mi modesta opinión, la música hace inmortal un poema que sin ella habría sido olvidado. Los dos primeros versos se salvan: «Juega con la veleta el viento en el tejado de mi amada«; el resto quizá sea demasiado previsible, y el final... bueno, un final.


La música, en cambio, desde el comienzo es insuperable. Mucho se ha hablado de que si la música descriptiva y de que si la música pura y no sé cuántas cosas más. Los músicos de pensamiento más moderno, progresista y vanguardista, siempre han quitado mérito a la llamada música programática o descriptiva, contraponiéndola a algo que jamás nunca nadie ha definido con claridad llamado «música pura». Recuerdo que, sin embargo, hace años acudí a un concierto de música electroacústica, con cierto temor por si me daba la corriente, y escuché hasta que salí escopetado y blasfemando una grandísima mierda (con perdón) que se titulaba algo así como «Un viaje a las estrellas»; con aparatos de esos raros, el compositor, había construido una monserga en la que, al principio, se podía escuchar cómo despegaba una nave, grrrrrrr, brrrrr, luego ascendía, sssssssssss, luego atravesaba una zona de meteoritos, fiu, fiu, fiu, y luego... es cuando salí blasfemando. Esta enorme mierda era obra de un compositor valenciano de lo más contemporáneo, progresista, anti formalista, revolucionario y... vale, ya me callo.


La música, si es buena, si está escrita con dignidad, respeto, honradez, amor y esas cosas que al parecer no tienen nada que ver con la vanguardia, es buena y punto. Da igual que sea descriptiva, retórica, pura, impura, casta, deshonesta, da igual.

María Magdalena
Schubert comienza el Lied con una introducción pianística que podría ser entendida como una imitación del viento. Pronto comprobaremos que ese breve preludio actuará también como interludio. El dibujo melódico de este diseño es osado para la época, como osadas son las modulaciones que se escucharán a lo largo del Lied. El comienzo de la parte vocal, al unísono con el piano, también tiene un trazo muy bien conformado, y quizá pudiera ser entendido también como el ulular del viento. Con razón los amigos de Schubert no entendían bien esta música, verdaderamente vanguardista para su tiempo.

Comienzo en versión para voz grave

Escuchemos en primer lugar a Fischer-Dieskau con Moore:

 

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Ahora a Schreier con Richter. Señalemos que Schreier da a su voz un tono algo distinto en cada Lied, dependiendo del texto y carácter del mismo. Aquí parece que imite con su voz el viento, un viento frío, desapacible y huraño:


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Prosigamos con el gran Peter Anders con Michael Raucheisen:

 

Ahora Christa Ludwig con James Levine:


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La versión para cuarteto de cuerda cantada por Christian Elsner:


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Volvamos a la recreación para orquesta del compositor Hans Zender y escuchemos este segundo Lied del ciclo en interpretación del tenor Hans Peter Blochwitz:




Hoy traigo una novedad, la versión del tenor Mark Padmore acompañado por el pianista Paul Lewis. Es una muy buena versión:


También hoy he dejado para el final la que es una de mis versiones preferidas, la de Hans Hotter con Gerald Moore:

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