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lunes, 13 de febrero de 2012

EL PODER DE LA MÚSICA SOBRE LOS SERES INTELIGENTES


Ya he dicho en alguna ocasión, creo, que hace muchos años que dejé de asistir a conciertos: la actitud de un gran sector del público, que aplaude a deshoras, que siempre que oye un silencio por muy breve que sea tose con o sin ganas, que ha de chupar caramelos envueltos en celofán..., mientras que el otro sector restante, menos dos o tres individuos, habla, comenta, se mueve, mira en rededor a ver si está esta o aquel, esos individuos que el peor de los destinos ha sentado a tu diestra y a tu siniestra que no dejan de hablarte haciendo lo imposible por demostrarte sus muy nauseabundos conocimientos musicales, más esos otros que cuando llega el descanso te buscan y te interrogan y te lanzan sus opiniones acompañadas de abundantes gotas que no de rocío aunque te importe un rábano sus necias opiniones repletas de tópicos y lugares comunes, además de la escasa oferta musical realmente interesante que programan quienes quiera que lo hagan que sólo se empeñan en traer estrellas, primeros espadas, pagándoles precios exorbitados... por todo esto, y por otras cosas realmente repugnantes que me callo, no voy a conciertos. Fui a escuchar a Gustav Leonhardt y a Sviatoslav Richter cuando tocaron en mi ciudad, quienes además lo hicieron en salas prácticamente vacías. Por supuesto que también acudí a otros muchos más conciertos. Pero ya no más, nunca más.

Por otro lado, ni en los músicos de nuestras orquestas y bandas se observa la necesaria atención y buena disposición: sólo miran al director al final, para ver si les hace levantar; al resto de miembros de la agrupación como si no estuviese: los ojos clavados en la partitura y a contar compases de espera.

Otro gallo me cantara si el público de nuestros conciertos fuese tan atento y educado como el que presencia esta actuación de aquí abajo. Además, el escenario también es inmejorable, nada de Calatrava u otros estrellas de la arquitectura mundial, un escenario más humilde y normalito que se monta con cuatro clavos, no con cuarenta... millones, de euros.

Nadie se ofenda si disfruta del espectáculo y se siente aludido por lo de los seres inteligentes: estos, los del vídeo, además, te dan buena leche mientras que los otros te generan una mala leche que cogerías a más de uno y...



P. S. Gracias, mi querido sobrinete.

8 comentarios:

  1. Ja ja ja! Gracias a ti por esta entrada, querido tío. La verdad que sorpende por cómo atienden, se agrupan y quedan tan misteriosamente en silencio, inmóviles. ¡Adorable público!.
    Hay un comentario en el vídeo, está en inglés y dice algo así: ¿Cómo nos podemos comer a un animal con tan buen gusto musical?

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  2. A quien habría que comerse es a quienes NO tienen tan buen gusto musical.
    Un fuerte abrazo

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  3. Al final siempre aprendiendo de ellos, los animalitoss. Sin pagar entradas millonarias ni trajes espectaculares ni na de na. Además quietas, educadas, en silencio, sin móviles que les suene a mitad concierto, con las orejas orientadas a la orquesta. Qué bonicas! ¿no?. Ale pa que aprenda más de uno...

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    1. Los animalitos, además, aprenden, son capaces de aprender y parece que les guste hacerlo. Más de uno no. Ni aprende, ni es capaz, ni le gusta: está demasiado preocupado en sus atavíos, móviles, en hacerse ver... ¿Tú te crees? ¿Que en esta ciudad se hayan gastado tropecientos millones en construir un casco de guerrero monumental para que en un par de ocasiones hayan ido unos cuantos políticos mequetrefes para salir luego por la tele a demostrar su monumental incultura? Es mil veces más valioso el abono las vaquitas que los abonos de conciertos de más de uno...
      Gracias por tu amable comentario.
      Un cordial saludo

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  4. Si yo me llamase Sergiu Celibidache le diría que usted está sordo o no le gusta la música. Como no me llamo Sergiu ni Celibidache, me limitará a recomendarle que no deje de ir a conciertos. Por lo que se puede leer y escuchar en su blog la música que a usted le gusta es fundamentalmente acústica, y esa es música que se escribió siempre para ser escuchada sin altavoces. Si escuchó a Leonhardt y a Richter en vivo, será fácil que escuche ahora sus discos recordando aquellos conciertos. Pero lo que se escucha en esos discos es nostalgia frente a la vivencia de un concierto.

    Por cierto, Britten era un compositor. Puede que otras muchas cosas tambien, pero era un buen compositor.

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    1. Desde luego, usted no se llama Celibidache, si así fuera no abriría la boca, estaría más muerto que Carracuca. Le agradezco su consejo pero no se lo he pedido, no es de buen gusto dar consejos si no han sido solicitados, aun en al caso de que sean demandados hay que ser muy prudente a la hora de darlos.

      Tanto Leonhardt como Richter grabaron discos, por lo cual, yo cuando los escucho, recuerdo grabaciones a las que no asistí, cosa harto difícil, recordar algo que no se ha presenciado.

      En un disco hay cosas que se pierden, nadie osará negarlo, pero lo fundamental prevalece, a ver si lo adivina.

      Britten fue un buen compositor y un brillante pianista. Fue Stravinski quien lo puso en duda en una de sus conferencias. He escuchado en directo mucha música de Britten y, la verdad, después de haber escuchado la obra completa de Bach, Beethoven, Brahms, Schubert, Chopin, y casi entera de decenas de compositores, le diré, entre nosotros, que no era gran cosa. En cuanto a sus gustos sexuales sencillamente le diré que hoy son perseguidos por la ley en todos los países civilizados, más o menos civilizados.

      Si yo fuese un maleducado prepotente le diría a usted que no tiene ni idea de lo que en realidad es la música, de lo que significa y transmite, le diría que yo soy músico y profesor de música desde hace más de treinta años y no sé su edad pero posiblemente haya asistido a muchos más conciertos que usted, desde mi ciudad natal pasando por media Europa y terminando en los EE UU.

      Vaya usted a los innumerables lugares del planeta en los que no se puede escuchar un concierto en directo ni en Navidad con la historia esa de los altavoces.

      Hay algo que me intriga, ¿pone usted música en su programa de radio? en tal caso, ¿cómo hace para que no suene a través de unos altavoces? En su blog he escuchado al famoso Paul Robeson cantando «Ol Man River», pero no he conseguido que su portentosa voz no saliese por los altavoces de mi equipo.

      Anota también en su blog la pérdida de Leonhardt: le doy un consejo: escuche usted música grabada, ¡hombre!, así podrá usted volver a escucharlo.

      Me llama la atención eso de «música acústica». Es la primera vez que oigo tal expresión. En las salas de concierto suele haber pequeños micrófonos que a través de ocultos altavoces amplifican lo que suena en el escenario; según su concepción de las cosas, lo que ocurre en una durante un recital o un concierto qué es, ¿un acontecimiento acústico - electrónico - eléctrico?

      En los comentarios se suele introducir unas fórmulas de cortesía mínimas, es como el «dígame» o el «aló» de cuando uno coge el teléfono y el «adiós, buenas tardes» o el «au reovoire que dijo Voltaire» de cuando lo cuelga.

      Usted no se llama Celibidache pero ¿cómo se llama? Yo Carlos Gimeno

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    2. Siento que lo que debió ser interpretado con un cierto sentido del humor haya sido interpretado de otra manera. Tengo bastantes años y muchas canas, por lo que yo tampoco estoy siempre con las ganas de aguantar según qué cosas. En los casi cuarenta años que llevo dedicando a la música como amateur, si algo he aprendido ha sido que no se prácticamente nada. En los años que pasé en el Conservatorio, en los años que he cantado y dirigido en los tres paises en los que he vivido, he aprendido que los profesores están para enseñar, no necesariamente para aprender. Yo no soy profesor y no tengo nada que enseñarle ni aconsejarle a usted, simplemente pasé por casualidad por su blog, me he quedado un par de semanas y me he animado a hacer un comentario, sin mayor importancia.

      Yo vivo en Francia y la vida da muchas vueltas, pero no creo que lleguemos a cruzarnos alguna vez, salvo en un descanso del Concertgebouw de Amsterdam si alguna vez va por allí. Hasta nunca, adiós.

      Firmado: Aperitivos Musicales.

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    3. Yo también lamento haber interpretado mal su sentido del humor, se lo digo sinceramente. Yo tengo, creo, un gran sentido del humor, pero, desde luego: no supe captar el suyo. También pienso que su primer comentario se prestaba, quizá, al malentendido; quizá, si usted vuelve a leerlo, pueda reconocer en él cierto sentido equívoco. Siento mucho todo este malentendido: si ha estado usted un par de semanas por mi blog quizá haya comprobado que no soy persona belicosa, más bien todo lo contrario.
      Puesto que usted se despide hasta nunca, si no cambia de opinión, así sea. Me parece que usted también es ateo, lo cual da a la palabra «nunca» una dimensión estremecedora: «O Ewigkeit, du Donnerwort».
      No obstante, me gustaría mucho que no nos quedásemos ambos con un mal sabor de boca. Le pido disculpas por haberle puesto de mal humor y le deseo lo mejor. También le mando un afectuoso saludo, aunque sea de despedida.
      Carlos Gimeno

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