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domingo, 19 de febrero de 2012

EL RETABLO DE MAESE PEDRO / EL CUADRO DENTRO DE UN CUADRO


«El retablo de Maese Pedro» es un obra de Manuel de Falla difícil de definir. Quizá lo más adecuado sería llamarla ópera de cámara. Sin embargo, es una obra tan peculiar que merece una explicación más detallada. El texto que emplea Falla para esta obra proviene de «Don Quijote de la Mancha», en particular de su segunda parte, capítulos XXV y XXVI. La composición de Falla no es otra cosa que un ejemplo de un género artístico muy rico en ejemplos denominado «el cuadro dentro del cuadro», pero que, dado que no se trata de una obra pictórica, adquiere unas dimensiones muy especiales.

Zuloaga - El retablo de maese Pedro

El género mencionado es de un gran interés, tanto artístico como histórico: gracias a él se ha podido reconocer y atribuir pinturas desaparecidas a sus autores correspondientes al aparecer en cuadros posteriores, algo de un inmenso valor en el ámbito de la investigación y crítica artística. ¿Qué es un cuadro dentro de un cuadro?, pues como su propio nombre indica una obra pictórica, escultórica, arquitectónica, etc., que aparece pintada dentro de otro cuadro; así, «Las Meninas» de Velázquez es un cuadro ejemplar de este género; en efecto, dentro de esta famosa pintura podemos encontrar representados al menos otros nueve cuadros decorando las paredes de la estancia en la que posan los modelos; además, vemos un espejo al fondo e incluso una puerta por la que transita un personaje; por si todo esto fuese poco también aparece la trasera del propio lienzo de «Las Meninas» en el mismo momento en el que el Velázquez lo está pintando: parece como si ese gran genio que fue Velázquez quisiera no sólo dar mayor profundidad a su obra incluyendo en ella otras pinturas sino dotarla de nuevas dimensiones; un cuadro en el que el autor aparece pintándolo es, casi, un bucle en el tiempo: el artista está presente en plena realización de su obra, luego no está acabada, al mismo tiempo que el observador puede contemplarla terminada; pero no acaba ahí la cosa: mucho se ha escrito sobre las auténticas dimensiones del espacio representado así como de la ubicación de sus personajes: si Velázquez está de cara al espectador, ¿cómo puede al mismo tiempo estar al frente para poder ver la escena y así pintarla? Puede pensarse que Velázquez está utilizando un enorme espejo que estaría situado en el sitio del espectador, pero al fondo de la escena aparece un pequeño espejo que refleja dos figuras, Felipe IV y su esposa, Marina de Austria, las cuales también estarían en el lugar del espectador obstaculizando la visión de Velázquez. No es aquí el sitio donde describir y, mucho menos, explicar la magnitud de esta obra maestra. El lector curioso encontrará incontables referencias tanto de la obra como de su autor navegando un poquito por Internet.


Como he dicho existen numerosísimo ejemplos de este género. Veamos algunos de ellos. En «Las hilanderas» o «La fábula de Aracne» encontramos una representación compleja y altamente intelectual del mito clásico de Aracne. Según la fábula narrada por el autor romano Ovidio (Metamorfosis, Libro VI, I), Aracne era una joven lidia (Asia Menor) maestra en el arte de tejer, que retó a Atenea, diosa de la Sabiduría, a superarla en habilidad. Ésta, consciente durante la competición de la supremacía de la mortal y viendo su burla al representar en su tapiz la infidelidad conyugal de su padre Zeus, convirtiéndose en toro y raptando a la ninfa Europa, convirtió a Aracne en araña.

El mito aparece representado en dos planos bajo la apariencia de un día cotidiano en la Fábrica de Tapices de Santa Isabel. Al fondo de la escena el rapto de Europa aparece hilado en el tapiz que cuelga de la pared y, ante él Atenea, vestida con armadura, castiga a Aracne. Las mujeres que observan el suceso, y que podríamos confundir con clientas de la fábrica, serían en realidad las jóvenes lidias testigos del momento. En primer término, las hilanderas representarían el desarrollo del concurso. Atenea, hilando en la rueda y Aracne devanando una madeja. (Museo Nacional del Prado)

Velázquez. «Las hilanderas» o «La fábula de Aracne»

La comprensión verdadera de este cuadro se debe a su estudio iconográfico - iconológico, basado en el análisis y estudio exhaustivo de cada uno de los elementos que aparecen en la obra, estudio en el que la identificación de los cuadros incluidos son de vital importancia. Hace unos cuantos años tuve la inmensa suerte y honor de estudiar Historia del Arte con el erudito profesor Santiago Sebastián. Este maestro era un gran especialista en este tipo de análisis, el iconográfico - iconológico, se puede decir que era una autoridad a nivel mundial. Hombre de una gran erudición, todavía mantenía su curiosidad y afán de aprender intactas a la edad de, aproximadamente, sesenta años; no dejaba de preguntarme sobre asuntos musicales y pedirme constantemente libros en los que encontrar respuestas a sus siempre acertadas y pertinentes preguntas, libros que, tras habérselos leído de pe a pa, me devolvía puntualmente. Una terrible enfermedad que le causó la muerte en pocos meses nos arrebató cruelmente, sobre todo, a una gran persona, honrada, dedicada a la docencia con verdadera entrega, estudiosa hasta el último momento. A Santiago Sebastián le debo los modestos conocimientos que poseo al respecto de este apasionante método analítico, modestos por mi falta de dedicación, que no por no haber tenido el mejor de los maestros.

Más:

Bazille. Atelier de la rue Furstenberg
Vermeer. Alegoría de la pintura
Giuseppe Borsato. (Desconozco el título)

Anton Pieck. (Desconozco el título)


Aunque parezca mentira y debería caérseme la cara de vergüenza, desconozco autor y título de los siguientes cuadros. Aun así acarreo con mi vergüenza pero no les privo del placer de contemplar estas maravillas:





De estos otros sólo sé el autor:
Georg Friedrich Kersting

Vincenty Kasprzcki

También los hay más actuales:
René Magritte
Juan Medina
Steven J. Levin
Juan Medina
¿?

Dando una vuelta más de tuerca se consigue el denominado efecto Droste, así llamado por la ilustración que aparecía en las latas de Cacao Droste: en esta ilustración se puede ver a una enfermera sosteniendo una bandeja en la que hay una lata de Cacao Droste con su ilustración de una enfermera con una bandeja en la que hay una lata de Cacao Droste...


Sí, es como cuando estamos dentro de un gran ascensor de esos cuyas paredes internas son espejos. Otro ejemplo:
Casparus Johannes More
Aquí un ejemplo más claro todavía, o más complejo, según se mire:
Un gran maestro en este género fue el genial dibujante M. C. Escher (1898 - 1972):



Este genio, que hizo romperse la cabeza a más de un matemático, creó maravillas como estas:

Un antecesor de Escher se puede considerar a:
William Hogarth. False Perspective. 1754

Mmmm... ¿de qué estábamos hablando..? ¡Ah!, sí, de «El retablo de maese Pedro» de Manuel de Falla.

Falla escribe una ópera de cámara, ese es el cuadro general o principal; esta ópera está basada en una obra literaria, «El quijote», primer cuadro dentro del cuadro; el pasaje de «El Quijote» escogido cuenta cómo unos titiriteros representan, en una venta y ante Don Quijote, una obra dramática, segundo cuadro; por último, no son actores quienes representan la obra, sino títeres dentro de un pequeño escenario, tercer cuadro. Si a esto añadimos que los personajes del primer cuadro dentro del cuadro invaden el escenario del segundo y viceversa (interactúan, se dice hoy en día), nos encontramos con un espacio artístico con un número de dimensiones difícil de cuantificar. Cuando todo esto se interpreta en directo, sobre un escenario en el que a su vez está situado el pequeño teatro de marionetas y los instrumentistas musicales vete tú a saber dónde los metes...


Obras como esta vuelven vano el antiguo debate sobre qué es más importante, si el texto o la música. En esta obra están tan imbricados todos sus elementos que son inseparables, por la sencilla razón de que cuando se pretenda extraer sólo un elemento ocurrirá como cuando se pretende coger sólo una cereza de un montón de ellas: pegadas, adheridas, enganchadas, como quiera decirse, saldrán tras la primera cereza un número indeterminado de ellas; lo mismo que ocurrirá con el Retablo, con el elemento escogido vendrán, a modo de flecos, otros elementos que se resistirán a ser separados del primero, enmarañados.


El Retablo es una de las obras musicales más importantes del siglo XX, no sólo dentro del arte español sino en términos generales. Es una pequeña, por sus dimensiones, obra de arte muy grande, por su transcendencia. Falla, no sólo consigue ese tour de force que acabamos de describir someramente: consigue lo más importante en todo objeto artístico, consigue belleza, coherencia, unidad, consigue un objeto proporcionado, equilibrado, utilizando para ello tanto técnicas compositivas propias de su momento como elementos de épocas pasadas, unificando estilos de un modo magistral, todo ello con una economía de medios ejemplar. Aquí encontramos también, folclore, pero un folclore muy alejado de ese manido folclore empleado, por ejemplo, por Albéniz, el folclore andaluz, que siendo vivo y vibrante en origen, deviene amanerado, artificial y cansino tras pasar por los fogones de la composición académica.

Bueno, seguro que más de uno estará pensando aquella oportuna frase, de las más sabias, oportunas y espontáneas de quien la pronunció: ¡Pero por qué no te callas! Ya, ya me callo. 

 
La edición impresa de esta como otras obras de Falla no la hizo ninguna editorial española, claro. Fue publicada por la inglesa Chester; hace unos veinte años, o más, me compré la partitura de bolsillo del Retablo; una partitura de bolsillo es una miniatura de 18 por 14 centímetros en la que con ayuda de una lupa, mejor si es un microscopio, puedes más o menos ver las notas: en aquel entonces, cuando un café costaba nueve pesetas, me costó la friolera de 3.450 pesetas... los españoles semos asín. En esta partitura encontramos muy precisas instrucciones que da Falla en cuanto a la distribución de los pocos instrumentos así como a la interpretación: «Habrá que evitar todo amaneramiento vocal teatral en el estilo vocal de los tres personajes cantores», que son: 

Don Quijote:  bajo cantante o barítono
Maese Pedro: tenor
El trujamán:  niño soprano

Por otro lado está la instrumentación que es de lo más escueta y que Falla se preocupa de dar sabias directrices en cuanto a su adaptación dependiendo de las dimensiones de la sala donde se vaya a interpretar. Por último, están los personajes marionetas, las figuras del retablo. El texto, para que quien lo quisiera seguir pueda hacerlo está en:

 http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/edicion/parte2/cap26/default.htm#arriba

Aquí podemos escuchar esta conspicua obra del talento humano en interpretación de la Orquesta de Cambra Teatre Lliure, con Joan Martín, (niño soprano), Iñaki Fresán (barítono) y Joan Cabero (tenor), todos ellos bajo la dirección de Josep Pons: 
(N. B. Si alguno de los mencionados o cualquier otra entidad, sociedad, fundación, organismo, cámara agropecuaria o tribunal de las aguas creyese vulnerados sus sacrosantos derechos de propiedad intelectual o de cualquier otra clase que me lo diga y retiro la música antes que canta un gallo; ya saben, «Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo estos otros»; a mandar, que pa eso estamos)
 
1. El pregón
2. Maese Pedro: «Vengan a ver...»




3. La sinfonía de maese Pedro
4. Maese Pedro: «Siéntense todos...»


5 y 6. La corte de Carlo Magno


7. Melisendra
8. El trujamán: «Miren luégo vuesas mercedes...»


9. El suplicio del moro


10. Los Pirineos
11. El trujamán: «Ahora veréis...»
12. La fuga


13. Final



Otras imágenes:













5 comentarios:

  1. Este verano estuve en Granada y visité allí la residencia de Falla mientras este habitó allí. Tuve la suerte de "mal tocar" su piano (Pleyel, creo que era), puesto que no había nadie visitándola. La chica comentó que en ese mismo salón podían estar Falla, Lorca y si no recuerdo mal, Picasso también. Ya querría yo un salón así...

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    1. Qué suerte, yo no he estado allí pero según he leído es un lugar muy hermoso. Es muy probable que sí, que se trate de un Pleyel. Además de los mencionados quizá también pasaran por allí Alberti y Rubinstein, el pianista. Menuda pandilla...

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  2. Pues la verdad que es una casa preciosa. Está en una de las cuestas que llevan a la Alhambra,y tiene una vista preciosa del Sacromonte, y de toda la ciudad de Granada. Algunos amigos de Falla, dibujaron la casa porque cuando este marchó, no podía pagar el alquiler. Y sus amigos supieron que algún día aquello sería un museo, y dibujaron la disposición de los muebles, libros, cuadros... Al entrar allí me sentí un don nadie, aquello eran ARTISTAS, y no los artistas de hoy en día, que se ponen la etiqueta para sentirse especiales. Ellos lo eran, y algunos viven de su gloria porque se consideran de la misma clase-élite "social".
    ¡Lo que daría por haber pasado una velada siendo una pared de aquella habitación!

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  3. Nunca hubo un hasta nunca tan breve, pero es que nunca hubo un pretendido sentido del humor que sonase tan arrogante. A partir de ahora me tomaré más tiempo con la escritura de comentarios aquí y allá, porque uno va siempre deprisa y luego hay que explicarse y es peor.

    En realidad quería volver por aquí porque lo tengo en la punta de la lengua desde hace unos días pero no me sale: es sobre los cuatro cuadros en los que aparecen muros llenos de pinturas. Usted no cita los autores, y habría que investigar entre Jan Brueghel el viejo, David Teniers el joven o Willem van Haecht. Por ahí debe andar la cosa.

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    1. Me alegro mucho de encontrarle por aquí. El hecho de que un nunca haya sido breve añade más interés, si cabe, a su visita.

      Ha dado usted en el clavo. De los cuatro cuadros consecutivos de los que digo desconocer el autor, el último pertenece al pintor David Teniers, como usted suponía, y se titula «La galería de pintura del archiduque Leopoldo-Guillermo» (Madrid, Museo del Prado). He encontrado esta información en un libro que cuando escribí esta entrada no encontré por mucho que estuve buscándolo por mi desordenada biblioteca, y que ahora, de chiripa, me he dado con él de narices: «El cuadro dentro del cuadro», de Julián Gallego y publicado por CÁTEDRA. De los demás sigo desconociendo autor y título. Le sugiero que visite esta página y las veinte siguientes:

      http://76.74.241.70/foro/viewtopic.php?f=29&t=44131&st=0&sk=t&sd=a&sid=34ca47ce7deea0090fedfe3ec24930d3

      En ellas podrá encontrar una inmensa cantidad de cuadros de este siempre sugestivo género; eso sí, de los que me falta identificar ni rastro. Seguiré indagando y en cuanto identifique algún otro, o todos, escribiré otra entrada.

      Gracias por su comentario

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