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viernes, 17 de febrero de 2012

EUGENIA BURGOYNE



Hace unos pocos años tuve la suerte, el placer y el honor de tener como alumna a la protagonista de esta entrada, la mezzosoprano valenciana Eugenia Burgoyne. Desde el primer momento en que escuché su voz, cantando una lección de solfeo o una escala, quedé asombrado por la peculiar belleza de su timbre, por su impostación natural e implacable afinación. Fue alumna mía durante algunos años pero mucho me temo que, al igual que a otros grandes artistas que he tenido como alumnos, no le pude enseñar gran cosa: estos artistas tienen un talento innato y una sensibilidad musical que uno casi ha de limitarse únicamente a preservar esas facultades, a cuidarlas como el tesoro que son e intentar a toda costa protegerlas, no dañarlas, dejar que sean ellas mismas las que sigan su evolución de manera natural.


Esto no quiere decir que estos artistas se queden de brazos cruzados viendo pasar las estaciones, ni mucho menos: pocas personas he conocido que hayan estudiado y trabajado tanto y tan bien como Burgoyne; su capacidad de sacrificio no conoce límites, su dedicación a su arte siempre ha sido total, su entrega a la música y al canto absoluta; todavía estudia a diario con el mismo entusiasmo que el primer día. Ha conseguido las más altas calificaciones, ganado premios, cantado en las mejores salas... pues sigue estudiando, perfeccionando, cuestionándose cada nota que canta, cada pasaje, de modo incansable y con el único fin de obtener de cada nota, de cada pasaje, toda su belleza, toda su expresión.

Eugenia recibiendo un Primer Premio de manos de Joan Sutherland   
Ya saben que no me echa «patrás» feminismo ninguno a la hora de destacar la belleza de una mujer. Eugenia, no sólo vino al mundo con una voz excepcional y un buen gusto musical exquisito: también tuvo la fortuna de ser obsequiada por la vida con una belleza y un encanto femenino que no dejan indiferente a nadie. Lo mismo puede decirse de sus dotes dramáticas.


Aquí podemos escuchar su maravillosa voz y exquisito modo de cantar en un aria de Vivaldi:


El próximo día 2 de marzo, viernes, a las 19:30, Eugenia Burgoyne interpretará un recital, junto al pianista Matthias Lademann, en la sala Rodrigo del Palau de la Música de Valencia. El programa se titula «La gitana». Como todos ustedes saben es tradición muy antigua escribir e interpretar música inspirada en el rico mundo gitano, zíngaro. No sólo Lieder se han escrito bajo el influjo de este sabor, también es frecuente encontrar piezas instrumentales a las que se les llama Alla Gitana.


Como ya dije en una entrada muy reciente, y que al parecer y por razones que se me escapan a alguien no le hizo mucha gracia, yo no acudo a conciertos. Yo, con mis comentarios, no pretendo influir en nadie, sólo me permito dar algún consejo o alguna pista a mis alumnos actuales. Por lo tanto, obviamente, que yo no acuda a conciertos no quiere decir que desaconseje, censure, ni nada parecido que noventainueve de cada cien personas acudan, siempre que el bolsillo y el tiempo les sean propicios, a cuantos conciertos les parezca oportuno (e incluso inoportuno).

La Bohème - Teatro alla Scala. Milano 

La voz humana en particular es muy hermoso escucharla en directo; es música producida exclusivamente por un cuerpo que se dirige directamente a otro cuerpo: desde un aparato respiratorio y fonador a un aparato auditivo. Cuánto me hubiese gustado escuchar a Callas en directo, posiblemente me hubiera desmayado ante semejante portento. A Eugenia Burgoyne ya he tenido el honor e imborrable placer de haberla escuchado en vivo, desde el salón de mi casa y acompañada al piano por mí mismo, hasta en salas de concierto en Viena.

Teatro alla Scala. Milano

De modo que el día 2 de marzo, si su disponibilidad de tiempo les permite acudir al Palau de Música de Valencia, y el bolsillo de ustedes también les consiente pagar una entrada de 15 euros, tienen la oportunidad de escuchar y presenciar algo fuera de lo común. 

17 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Desde luego, es una mujer muy bella y con una voz igual de bella.

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  2. Hola a todos.

    Soy Eugenia Burgoyne.


    He tenido la gran suerte de estudiar en Viena e Italia en las mejores escuelas de canto del mundo y con importantes profesores, recibiendo incluso consejos de los más grandes cantantes de ópera en clases privadas.

    Nunca nadie, ninguno de estos docentes que se cruzaron en mi vida, me aportó algo nuevo que Carlos no me hubiera ya enseñado.

    No solo me enseñó solfeo, sino que me enseñó a vivir la música, a sentirla, a analizarla, a ESCUCHARLA, a interpretarla... Si soy tan perfeccionista es porque él me enseño además, el respeto por la música y siempre me recordó que los grandes son ellos, los compositores, no nosotros, que somos meros interpretes... Esa humidad ante la música y ante la vida me ha acompañado siempre y es algo que me ha hecho crecer y me ha hecho sentirme siempre muy feliz.

    El mundo es un pañuelo y el mundo de los músicos, aunque parezca grande, es pequeño. Digo esto, porque durante mis andanzas por Europa me he topado con frecuencia con muchos condiscípulos que como yo, tuvieron la misma gran suetre de tener en algun momento de su vida a Carlos de profesor. Hoy por hoy son grandes instrumentistas e incluso algunos muy reconocidos directores de orquesta. Ellos, al igual que yo, tuvieron la oportunidad de irse fuera de Valencia para seguir estudiando. Pues bien, cada uno de ellos, me han dicho que pocos o ningún profesor con los que ha estudiado en el extranjero, les habia dicho nada nuevo que no huneira salido ya de la boca de Carlos. Es más, muchos de ellos ya en carrera, como es mi caso, me cuentan que es ahora con cierta madurez, cuado entienden y aplican consejos que Carlos en su dia nos dió y que por nuestra temprana edad no conseguiamos asumir en su totalidad.

    Las enseñanzas de Carlos cuando estudiábamos solfeo, no eran sólo para ese momento puntual, sino ya se encargó él de enseñarnos cosas que nos servirián de por vida y nos acompañan y nos acompañarán siempre.

    Gracias Carlos.

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    1. Gracias a ti, Eugenia. Contigo me pasa como a Brahms (salvando las distancias) le pasaba con su amigo el violinista Joachim (sin salvarlas), que cuando estaba un tiempo sin escucharle tocar "echaba de menos el bello sonido que conseguía de su violín"; a mí me pasa con el bello timbre de tu incomparable voz. Gracias a ti, Eugenia.
      Un abrazo

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  3. Carlos, he leído y visto las fotografías de esta bella mujer, Eugenia Burgoyne, y realmente no destaca sólo por su belleza exterior, su voz es tan hermosa como cualquier voz de fama internacional. Lo que me extraña una vez más es por qué esta valenciana teniendo este talento no está promocionada de la forma que debiera. Me refiero que actuar en nuestro Palau de la Música debería ser un privilegio para él y no al revés. Me da la sensación de que esta chica no está valorada como se merece. Recuerdo haber oído, con gran estupor, en la radio y durante muchos muchos dias que venía al Palau "La Pantoja", sí, sí ella misma... Que pasa ¿que hay que ser folklórica para que te menten?. Sería una verdadera lástima que como tantos y tantos talentos Eugenia se tuviera que alejar de su tierra para poder subsistir. !Ojalá me esté equivocando!.

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    1. Hace poco escribí una entrada en la explicaba algunas de las razones por las que no acudo a conciertos. Una de ellas era precisamente el hecho de que aquí o traen a Zubin Mehta pagándole el triple o el cuádruple de lo que suele cobrar en el Musikverein o a la Pantoja, pagándole todavía un poquito más. Luego hay una serie de artistas que están muy bien relacionados con no sé qué altas esferas que tienen más o menos una continuidad laboral asegurada. Yo amo a mi tierra, no canto su himno, cuando llegan sus fiestas tradicionales he de emigrar... pero la amo, sus cielos, su huerta, su azahar, su luz y sus lunas... No obstante no somos los de esta tierra gente de cultura. Como profesor que vengo siendo desde hace treinta años he podido comprobar que aquí, en el Levante español, no sé por qué razón, una mayoría de niños vienen al mundo con una musicalidad que no he visto en ninguna parte del mundo. En Alemania, Austria, Francia, los conservatorios tienen unos pocos alumnos del país con verdadero talento; luego otros pocos alumnos extranjeros con verdadero talento, y una mayoría de alumnos autóctonos que no tienen talento, o muy poco, para la música. Aquí, en nuestro amado Levante, pasa al revés. Y cuando terminan sus estudios en nuestros conservatorios se van a, con titánicos esfuerzos económicos, personales, familiares, sentimentales, a seguir estudiando más allá de los Pirineos. Cuando han conseguido llegar a ser tan buenos o mejores músicos de su edad a nivel mundial, una de dos, o tienen mucha suerte y se quedan a miles de kilómetros de su casa trabajando en lo suyo, o vuelven a casa y con una suerte que raya el milagro encuentran algún quehacer que tiene más o menos algo que ver con su arte que tan gigantescos esfuerzos les ha costado conseguir o... Aparte de todas estas circunstancias está LA CORRUPCIÓN. Si hay corrupción en todos los estamentos del país, ¿por qué no ha de haberla en la música? A lo largo de mi vida he presenciado muchas oposiciones, a veces he formado parte de sus tribunales: he visto cosas que me hacían llorar, así, llorar de impotencia, rabia, incredulidad. No puedo ser más explícito, supongo que todo el mundo lo entenderá. Somos un pueblo inculto hasta lo más hondo de nuestro ser: los jóvenes estudian con ahínco, con amor, con unos esfuerzos casi inhumanos, pero la inmensa mayoría poco a poco se van desengañando, cansando, cabreando... Podría poner infinidad de ejemplos, por modestia me los callo.
      Aquí, en nuestro Palau de la Música, tocaron en su día Sviatoslav Richter y Gustav Leonhardt: los pasillos internos, por donde deambulan los artistas, donde están los camerinos, están repletos de grandes fotografías de músicos que han actuado en él: la última vez que anduve por ellos comprobé estupefacto que no había una sola fotografía de estos dos grandes genios: en su lugar, se repetían hasta la saciedad fotos de ciertos músicos locales en función de su mayor o menor... influencia en las altas esferas.
      Estimado Anónimo, he escrito mucho y quizá he dicho poco. Te ruego que entiendas y disculpes que no pueda ser más explícito.
      Muchas gracias por tu acertado comentario.
      Un afectuoso saludo

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    2. Carlos, lo puedes decir más alto pero no más claro; Ahí quería yo llegar, se nota en tus palabras desengaño, desánimo, frustación... sensaciones que no debería sentir nunca, ninguna persona válida o con talento. Hay que ser fuerte y trabajar, trabajar sin descanso ésto no lo puede impedir nadie, la voluntad de cada cual puede ser intocable, si uno se lo propone. Carlos muchísimas gracias por tu trabajo, eres un gran MAESTRO.

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    3. Gracias, infinitas gracias por tus palabras de ánimo y aliento. Pero no puedo aceptar tu última frase: yo, como recuerdo a mis alumnos cada comienzo de curso, yo no soy otra cosa más que un funcionario del Estado Español, a quien tras un concienzudo examen y una vez superado, se le han atribuido unas funciones y responsabilidades: transmitir unos específicos conocimientos, velar por los intereses y derechos de los alumnos, estar a su disposición en todo lo que sea materia de su competencia, defender a capa y espada a cada uno de sus alumnos sin distinción de ningún tipo, transmitir amor por la música, hacer descubrir la inmensa emoción y valor humano que encierra la música. Ya dije en su día que la educación, como decía mi padre, es muy bonita. Si te dedicas y entregas a ella con amor y humor... justifica y da sentido a tu existencia.

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  4. Querida Eugenia,

    yo si que he tenido la inmenso privilegio de escucharte en vivo y en directo una vez y me encantaría asistir una vez más, pero me pilla un poco lejos (no obstante enviaré a algún enviado especial). Te mando todo el ánimo del mundo y que disfrutes haciendo lo que más te gusta, buena música, que servirá para hacer feliz a todo el mundo que te rodea. Es muy bello lo que dices del magister, creo que de no ser por Carlos nunca nos hubiéramos dado cuenta de todo lo que nos queda por aprender(habríamos sido unos intérpretes egocéntricos engreídos que por tener tal o cual facilidad para determinada destreza se creen lo que no son)y no habríamos tenido la inquietud de seguir perfeccionándonos fuera de nuestro país.

    Mucho éxito!

    Querido Carlos,

    la humildad y el amor por la música que has depositado en cada uno de nosotros, ha sido tu escuela. Nosotros, tus alumnos, seguiremos propagando tu doctrina como buenos discípulos para intentar hacer el mundo más bello.

    Un fuerte abrazo a los dos, con mucho cariño desde Liège y hasta pronto.

    Luisa

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    1. Querida Luisa, me alegra mucho que corrobores mis palabras con respecto a Eugenia y que le envíes ánimo e ilusión para seguir luchando.
      En cuanto a las elogiosas palabras que me dedicas a mí... en fin... ya sabes que nunca he sabido encajar bien los elogios, pero te las agradezco de todo corazón, espero poder dar la taya ante ellas.
      Un abrazo

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  5. Querida Luisa, muchas gracias por tus palabras y por tus ánimos...

    Comparto todo lo que dices sobre nuestro querido maestro. Él dice que no encaja los elogios, lo que él no sabe es que nos resulta imposible nombrarle sin elogiarle porque crea en sus alumnos un modo de vida y un modo de sentir que supone un punto de inflexión maravilloso.

    Espero que estés feliz en Liège.

    Un abrazo,

    Eugenia

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  6. Querida Eugenia,
    Hace unos años nos conocimos en casa de nuestro maestro y amigo Carlos. Me alegré mucho al leer el interesante artículo que te dedica en este blog y saber un poco más de tu trabajada carrera.
    Me encantaría poder escucharte en el Palau el dia 2 pero si no fuese así te deseo muchísima suerte en todos tus proyectos.

    Un abrazo,

    Lluís Granell.

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  7. Querido Lluís,

    muchísimas gracias por tu mensaje, me ha alegrado mucho.

    La verdd es que gracias a Carlos conocí a grandes personas y estupendos músicos como tú!

    Mucha suerte y un abrazo también para tí.

    Eugenia

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  8. He recorrido páginas de su blog, profesor Carlos, me he detenido largo en ellas, anteriormente y en esto días, pero no conocía ésta. Gracias.

    Las palabras que le dedican doña Eugenia Burgoyone y doña Lui me emocionan. Por usted, por usted, y por ellas, por todos sus alumnos. Ese inmenso aporte suyo a la música y a la pedagogía, al arte y al sentido humanista.

    ((Mi abuela madre fué profesora de piano, puedo comprender con cierta especie de cercana resonancia de lo que usted menciona en su respuesta un comentario: de lo que se cuece en los ambientes culturales cuando surgen la superficialidad estética e ideológica, los intereses de poder, la mezquindad, la ausencia de ... en fin. Allá y aquí, por doquiera. ¡¡La obra ha sido realizada, y continuará, sin duda!! Es esto lo que posee valor, perdurable.))

    un quijote

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    1. Querido amigo, muchas gracias. Estas palabras, «muchas gracias», a fuerza de repetirlas parece que pierdan contenido, significado, valor: no es el caso: el hecho de que usted viaje a lo largo y ancho de «Guerra y Paz» es un regalo para mí, sentir que alguien como usted, con su cultura, inteligencia y sensibilidad dedique su preciado tiempo a leer mis modestas páginas es algo que agradezco mucho, no sabe usted cuánto. Atravieso momentos difíciles, parace que la vida es una cuesta cada vez más pronunciada. Sus palabras suponen un alto en el camino, en la ascensión: es usted un hombre bueno, a quien desconozco, y quien tampoco me conoce a mí, y sin embargo le siento como amigo, sus palabras son cercanas, cálidas.

      Gracias, amigo quijote

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    2. Conozco personas que fueron sus alumnos, conozco de su cátedra y sus textos. De lo que usted ha trasmitido a través de su blog.

      Vivo en Suramérica, y porque he tenido enfermedad y dificultades monetarias hube de aplazar mi viaje a España en donde tengo familiares. Mis mejores deseos por su bienestar, de todo corazón.

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    3. Sólo dos palabras, incluso menos, sólo una:

      Gracias

      Le deseo, igualmente, que mejore su situación y pueda ver cumplidos deseos.

      Un afectuoso saludo

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