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lunes, 20 de febrero de 2012

WINTERREISE - 5, DER LINDENBAUM - FRANZ SCHUBERT


Der Lindenbaum



El tilo
Andrés Neuman

Más allá de la verja,
junto a la fuente, un tilo:
soñé bajo su sombra
tantos sueños felices...


 Dibujé en su corteza
mis palabras de amor,
en la dicha y la pena
buscaba su cobijo.




Hoy pasé junto al tilo
en la profunda noche;
pese a la oscuridad,
mis ojos se cerraron.

 
Murmuraron sus ramas,
como si me llamasen:
«¡ven a mí, compañero,
y aquí reposarás!»


 Soplaron vientos fríos
castigando mi rostro,
se me voló el sombrero,
preferí no volverme.

 
Ahora que estoy lejos
de aquel lugar, escucho,
escucho todavía...
«¡aquí reposarás!»


Casi cincuenta años antes de que Schubert compusiera su Winterreise, un extraño fenómeno tuvo lugar en Alemania y, en menor medida, en el resto de Europa. Goethe había publicado, en 1774, una pequeña novela que le catapultó a la fama, que lo sacó del anonimato en el que hasta ese momento había vivido. El libro se tituló Die Leiden des jungen Werthers, «Las cuitas del joven Werther», y su dramático contenido influyó de tal manera que la juventud europea comenzó a vestirse al estilo del personaje principal de esta novelita. Pero no fue eso todo; también arrastrados por el influjo de las tan famosas páginas, se produjo una reacción en los jóvenes del momento que más tarde daría nombre al llamado «suicidio mímico»; se calcula que en torno a unos dos mil lectores del Werther se suicidaron. Este fenómeno fue llamado en su día como Werther-Fieber, es decir, «Fiebre de Werther». Hoy en día ya hemos tenido que escuchar en las noticias muchas veces que grupos más o menos numerosos de jóvenes se suicidan por tal o cual motivo. Pero en la época de Goethe fue un acontecimiento sin precedentes que causó una honda impresión.

 
Algo hasta cierto punto similar ocurrió con este, quizás el más famoso, Lied del Winterreise. La enorme cantidad de iconografía que se puede encontrar relativa a esta canción da la medida de la influencia que ejerció, y quizá todavía siga ejerciendo, sobre la juventud centroeuropea. Siempre se ha interpretado su triste texto como una insinuación, como un guiño al suicidio. En efecto, un tilo, un árbol que suele hacerse muy grande y frondoso, puede dar una muy dulce y fresca sombra en los cálidos veranos; pero también sus fuertes ramas pueden ser utilizadas para un muy distinto propósito:

Murmuraron sus ramas,
como si me llamasen:
«¡ven a mí, compañero,
y aquí reposarás!»

Y cuando el poema de Müller habla del descanso al final del poema:

(...)
alejado de aquel lugar,
y siempre escucho el murmullo:
«¡Aquí encontrarías el descanso!»

parece quedar bastante claro que no se refiere a echar un siestecilla con eso del descanso. En la actualidad, afortunadamente, todos los lectores de este blog hemos estudiado a Freud, por poner un ejemplo, y sabemos que con esa acción denominada «una solución definitiva para un problema pasajero» en realidad no se soluciona nada: si estás «reventao» vas a un especialista y en un plis plas se te quita la tontería; si uno comete el terrible error de acometerla vive el resto de su eternidad dándose de bofetones por haber sido tan imprudente y atolondrado.


Sin más preámbulo pasemos a escuchar este bellísimo Lied, cuyo preludio pianístico bien puede recordar a las hojas de un árbol ondeadas por el viento, en interpretación de quienes aparecen en las carátulas de los discos correspondientes:


 































6 comentarios:

  1. Después de haberlas escuchado todas y señalando que todas son muy buenas y muy dignas, tengo un par que se debaten por el puesto número uno en el ranking de mis preferencias.

    Menudo par, soberbio: Peter Anders con M. Raucheisen y Cristhop Prégardien con Andreas Staier, entre estas dos me quedo con la segunda, me encanta porque es perfecta, la simplicidad y la interpretación. La de Andreas Schmidt me ha sorprendido mucho, no la conocía. Los arreglos para vientos y cuerdas no me gustan demasiado porque se pierde la visión intimista y recogida del texto y pienso que la simplicidad del Lied que le da la belleza a esta música de Schubert, desaparece.

    Gracias, gracias y más gracias por aportar tantas las versiones, no sabía que existían tantas y tan distintas.

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    1. Querida Luisa, muchas gracias por tus comentarios desde aquellas lejanas tierras a las que te fuiste a seguir estudiando; el estudio también es un viaje, un largo viaje que nunca termina. Las versiones para orquesta, como las de cuarteto de cuerda, las subo para que los alumnos de composición escuchen distintas maneras de instrumentar; los arreglos para cuarteto de cuerda me gustan, están hechos respetando esa sencillez de la que hablas; los arreglos para orquesta... la verdad, no me gustan, hay momentos en que aquello parece una partición de banda cuyos miembros se han pasado con la bebida; se trata de una versión, una visión muy particular de su autor; consigue momentos muy acertados pero en otros tanta subjetividad por su parte le hace perder el contacto con el oyente; es uno de los precios que ha de pagar el afán de modernidad: hay directores de escena que en los montajes de ópera hacen unas cosas que... ¡no tienen nombre!
      Para mí las demás versiones son todas muy buenas, por eso pongo tantas: Anders, Prégardien... pero también Schreier, Fischer-Dieskau y uno de mis preferidos, Hans Hotter, todos ellos se esmeran muchísimo en la interpretación de este ciclo.
      Un abrazo desde Il giardino della Espagna

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  2. Siempre que escucho, toco o canto esta bella pieza me vienen a la cabeza imagenes de otro eterno viajero: el joven Hans Castorp, protagonista de "Der Zauberberg" ("La montaña Mágica", de Thomas Mann).
    He leído un par de veces este colosal libro y, una vez tras otra me conmueve el pasaje final (que he releído docenas de veces), con el caminante yendo a la Gran Guerra, siempre con Der Lindenbaum como leitmotiv y telón de fondo.
    Es realmente bello como Mann consigue, a través de esta canción, una identificación de la guerra con el suicidio, el suicidio de la raza humana...
    En estos dias tan convulsos (vengo del centro de Valencia donde acabo de ver como la policía golpea a muchos jovenes estudiantes que solo pretendemos gritar para pedir un futuro digno); me pregunto: ¿caldría, como Hans o como Schubert en su día, entonar esta melodía y preguntarmos si nuestra sociedad no se dirige, inevitablemente... al suicidio...?
    En nuestras manos està el que así sea.
    Gracias, de nuevo, por tu maravilloso blog!

    Un saludo!
    Borja

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    1. Querido Borja, gracias a ti por tu maravillosa participación en este, tu blog. Las relaciones que estableces entre Mann y Schubert/Müller me parecen muy acertadas y oportunas. Muchas gracias por traer aquí esa imagen tan conmovedora de Hans partiendo a la masacre bajo la cancioncilla del tilo. Hemos comentado muchas veces esas dos caras del humano: la destructiva y la creadora: los del Ku Klux Klan destruyendo y la de los médicos creando y reconstruyendo. Yo también creo que vivimos unos tiempos muy convulsos a nivel mundial; la sociedad española, en particular, está pasando por un ya demasiado largo período de enfermedad. ¿Llegará la medicina a tiempo de salvarla de su autodestrucción, o seguirá toda esa gente que se cree médica poniendo tiritas a femorales seccionadas? No perdamos la esperanza: sigamos aportando diminutos granos de arena, quién sabe, quizá consigamos levantar una presa que contenga la hemorragia...
      Un afectuoso saludo

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  3. ull amb la referència a la "partición de banda" que cites en la primera resposta. Hi ha moltes "bandes i bandidos" jajaja i als grans compositors també els agradava empinar el colze, si no que li ho pregunten a Schubert. Supose que a les Schubertiades no es beurien la gèlida aigua del Danubi.

    Bona versió la de Richter, encara que un poc massa reposada, podríem dir la versió més romàntica?

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    1. Mucha gente se habrá quedado sin entender qué es eso de la partición de banda... En esas latitudes se bebe unos vinos dulzones que no valen gran cosa pero con los que pillas unas de espanto. Supongo que estarás de acuerdo en que los arreglos para orquesta son, cuanto menos, un poco ratitos. Yo no sabría decantarme por una sola versión; Richter era un gran especialista en Schubert, y Fischer-Dieskau no te digo nada. Mejor nos quedamos con todas y así variamos.
      Buenas noches y dulces, como el vino austriaco, sueños

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