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lunes, 5 de marzo de 2012

KNUT HAMSUN - POR SENDEROS QUE LA MALEZA OCULTA



El escritor Knut Hamsun nació en Lom, Noruega, el 4 de agosto de 1859 y murió en Grimstad el 19 de febrero de 1952. Según Thomas Mann «El esplendor global que el Premio Nobel dio a su nombre me llenó de auténtica satisfacción personal; en mi opinión, nunca antes alguien mereció tanto recibir este galardón». Este premio le fue concedido en 1920 y Hamsun es uno de los escritores más famosos, junto con Henrik Ibsen, de Noruega; su obra está considerada como una de las más influyentes del siglo XX. 


Nació en un ambiente rural, el que iba a ser Premio Nobel estuvo escolarizado apenas 250 días. Fue aventurero y muy independiente. En 1882, es decir, con 23 añitos, cogió el montante y se fue a Estados Unidos, país en el que trabajó en cualquier cosa. En 1888 regresó a Europa. Por aquel entonces escribió la novela «Hambre», con la que ascendió a la fama.


No deja de llamarme la atención el gran placer que sentía viviendo de manera bucólica, alejado de las ciudades, lo que le llevó a pasar grandes temporadas en su cabaña en el bosque, en soledad, escribiendo; no dejaba entrar ni a la mujer...


Fue un tío raro, como ya he dicho, sumamente independiente, de ideas propias y muy fijas. Estuvo casado toda su vida pero al tempo mantuvo una relación amorosa, clandestina y tortuosa, con otra mujer. Pero, bueno, hasta aquí, todo se puede considerar bastante normal. Fue a partir de 1943 cuando tomo partido por un pro nazi Noruego, Vidkun Quisling. En efecto, cuando Alemania invadió Noruega en la II Guerra Mundial, apoyó pública y entusiastamente al colaboracionista Quisling. En 1943, durante un mitin del psicópata, criminal, asesino hasta de sus propios hijos y suicida Joseph Goebbels, famoso por su brillante oratoria, acudió a saludarle y, felicitándole por su discurso, le regaló la medalla de su Premio Nobel. Mantuvo alguna entrevista con el mismísimo Hitler. En fin, que se le fue la pinza.  A partir de entonces su obra fue cayendo poco a poco en el olvido y su persona quedó estigmatizada para siempre.


Tan sólo he leído de este gran escritor el libro que da título a esta entrada, título ya muy hermoso y expresivo, mérito del cual también tienen parte las traductoras, Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo: «Por senderos que la maleza oculta», publicado por Nørdicalibros (madre mía, lo que me ha costado encontrar la o partida).

Corre el año 1945.
            El 26 de mayo llegó a Nørholm el comisario jefe de policía de Arendal para anunciarnos a mi esposa y a mí un arresto domiciliario de treinta días.

Así comienza este libro de tan bello título. A partir de ese comienzo narra los avatares que vivió por causa del proceso que se abrió contra él y que ya no cesaría hasta el fin de sus días. Evidentemente, no pretendo contar su vida ni profundizar en las causas de su apoyo al nazismo, mucho menos encontrarle una explicación. Pero siempre que se menciona a este hombre es imprescindible señalar estas circunstancias de su trayectoria. Por otro lado, desconozco la historia de su vida: acabo de comenzar un biografía suya publicada por esta misma editorial. Lo único que me gustaría es hablar un poco de este libro, sólo un poco, y copiar para ustedes un capítulo de poco más de cuatro páginas. Sé que es muy poco lo que he leído de este señor como para poder decir si es bueno, si no lo es, en fin, poco puedo decir. Pero sí puedo decir que este libro me ha fascinado. Su manera de escribir, las cosas que cuenta y en las cosas que en las que se fija, sus pensamientos y opiniones... me ha gustado mucho.

Y es que en este libro no cuenta ni explica nada referido a sus opiniones políticas. Sólo nos habla de sus experiencias en los diferentes lugares, sanatorios, instituciones, hospitales y asilos, en los que estuvo confinado mientras se llevaba a cabo su proceso judicial, proceso que se fue dilatando, se fueron posponiendo las vistas, de un modo casi interminable, quizá porque las autoridades judiciales no sabían muy bien qué hacer con un personaje que había sido orgullo y ejemplo de su país. Cuando lo arrestaron por primera vez, Hamsun tenía 86 años, y aunque su salud no era mala y todavía viviría hasta los 92 años, estaba casi completamente sordo, y poco a poco fue perdiendo también la visión.


«Por senderos que la maleza oculta» está constituido por capítulos casi independientes, sólo un fino hilo conductor, que se rompe a menudo, el de las sucesivas comparecencias en los tribunales, crea cierta unidad, pero poca. Habla de los lugares en los que está bajo arresto, del personal y compañeros de esos lugares, de sus paseos, de los árboles, de menudencias. Pero lo hace desde una profunda humanidad y con el estilo literario de alguien que no se ha de preocupar por él. No se reconoce en sus reflexiones a una persona de ideas nazis. Pero, en fin, es tan misteriosa y compleja la mente humana...

En el capítulo que voy a copiar a continuación cuenta un episodio en el que le ha desaparecido un libro; en el hospital en el que estaba bajo arresto no había casi nada que leer y, además, no le permitían leer ni el periódico. Por eso, para él, la desaparición del libro, esa menudencia, le resulta suficiente motivo para escribir un capítulo de su libro, capítulo que, sin embargo, tiene un final un tanto sorprendente y, hasta un poco contradictorio con su planteamiento inicial:

            «No sé quién puede haber comprado el libro de Topsøe para llevárselo a un hospital. Llevo un par de días meditando sobre ello. Y cuando ahora vengo a buscarlo otra vez, el libro ha desaparecido.
            Desaparecido.
            ¿Quién lo ha cogido? De nada sirve que pregunte, no obtengo respuesta, como mucho se me contestará: ¡No lo sé! Quería examinar el libro de cerca, página por página, buscar alguna marca, me arrepiento de no haberlo hecho enseguida, y ahora es demasiado tarde. Era un bonito ejemplar, sin usar, pero pudo haber sido comprado hace cincuenta o cien años -me han desaparecido todas las fechas y años, y no tengo donde consultarlo.
            En mi relativa juventud conocí a la familia Topsøe en París, pero solo a la señora y a tres hijos de corta edad, el propio Topsøe ya había muerto. Una linda y encantadora familia con aficiones, una hija tocaba el violín, otra estudiaba arte, nada de eso era lo mío.
            ¿Pero quién es ese paciente que llegó un día al hospital de Grimstad con un libro de Topsøe en la mano? En mi estado de ociosidad y pereza hago un poco de comedia para mí mismo, fingiendo que me importa mucho encontrar la solución a este misterio, aunque en realidad me importa un bledo, y eso me dije sin tapujos. Es una tontería por tu parte, es peor que hacer crucigramas y solitarios, ¡no creas que no lo sé!
            A continuación de lo cual me pongo a lavar algo de ropa, con el fin de hacer algo útil. Aquí no hay agua caliente, pero tengo jabón y sé muy bien cómo hacerlo desde mi juventud en la pradera americana, donde tampoco había agua caliente.
            De repente llaman a la puerta. Estoy a medio vestir, pero digo ¡pase! Es una señorita, una joven. ¡Qué demonios!, se me escapa. Porque no solo torso desnudo, sino que tampoco me he puesto la dentadura postiza.
            Ella mueve la boca. Está pálida y se siente violenta.
            No oigo, señorita.
Escribe en un papel: Perdóneme por haberle robado este libro.
            ¿Qué libro? Topsøe. No es mío.
            Lo cogí ayer de su mesa.
            A sí. Lo encontré en un armario del pasillo. Es un libro danés.
            Sí. ¡Maravilloso!, escribió ella. No sabía que hubiese otro Topsøe.
            Mientras tanto he conseguido vestirme.
            La joven escribe: ¡Le ruego que me perdone! También ayer llamé repetidas veces a su puerta, de verdad. Por fin he conseguido entrar.
            En mi confusión digo: Creía que usted era danesa.
            Ella negó con la cabeza y escribió su nombre.
            Contó que se alojaba en un pequeño lugar de veraneo de la costa. Du madre y ella. Venían todos os años. No era más que una cabaña en una isla. Por desgracia, ya tenían que marcharse.
            ¿Por qué trae usted útiles de escribir? ¿Toma notas cuando lee?
            Se sonrojó y escribió: Sabía que está usted sordo.
            ¿No quiere sentarse, señorita?
            Ella escribe sin parar, tiene unas manos bonitas, magníficas uñas, un par de anillos en la mano izquierda. No lleva nada de pintura en la cara. Es joven y natural, quiero decir, inocente,
            Empiezo a hablar un poco: No puedo sino reírme del estado en el que usted me ha encontrado, ¡qué habrá pensado de mí! Tengo que lavar alguna que otra cosa, ¿sabe usted? Podría enviarla a casa, claro, pero se tarda mucho. Por fin hoy he recibido un par de zapatos que me ha costado gran esfuerzo conseguir.
            ¡Pobre!
            No, no, yo me río de todo esto, pasará pronto.
            ¡Es usted como sus libros! ¿A veces nos reímos todos en casa cuando leemos algo divertido escrito por usted! Pero otras veces...
            ¿Son ustedes muchos?
            Solo mi hermana, pero ella está casada y tiene su propia casa. Luego estamos mis padres y yo.
            ¿No está su padre con ustedes en la isla?
            No. Este año no. Está detenido.
            Pausa.
            Ha sido muy amable por su parte venir a verme.
            No. Sabíamos muy bien que no le gustaría. Pero ahora nos vamos a ir, y por eso me han enviado. En nombre de toda la familia. Ja ja, se rio a continuación.
            Sí, sí, ha sido muy amable por su parte. Es cierto que no quiero que venga nadie a verme, pero eso es solo en general. ¿Sabe usted? Estoy sordo y nadie tiene paciencia para hablar conmigo, de modo que al final me he olvidado de hablar.
            Me pregunto si realmente está usted tan sordo. ¿Me deja comprobarlo?
            Hablaba despacio y bajo hacia mi oído izquierdo, dijo unas cosas sin importancia y me miró con cara interrogante.
            Pues sí, digo asintiendo.
            ¿De verdad me ha oído?
            Sí, creo que cada palabra. ¿Cómo podía saber usted que mi oído izquierdo es el mejor?
            Porque se inclina hacia la izquierda cuando escucha. Me he dado cuenta.
            Charlamos y dejó de escribir. Elogié su aguda observación, y ella me contó que había empezado a trabajar de enfermera. Le di las gracias por haber venido, es decir, la bendije. ¡Lo contaré en casa!, dijo ella.
            Busca algo en su bolso, lo encuentra y me lo da. De parte de mi madre, dice, es lana para zurcir. Ayer vi por aquí un calcetín que había empezado usted a zurcir con la aguja clavada, estaba ahí, encima de la cama...
            ¿Ah sí?
            Sí, pero no se lo tome a mal, dijo, ¡por favor! No suelo mirar ni hurgar de esa manera...
            Claro que no, hija mía.
            Porque de verdad que no lo hago. Pero me fijé en que estaba usted zurciendo un calcetín de lana con hilo.
            Vaya, es que no soy un experto.
            ¿Pero no tiene usted...? Mi madre pensó que acaso no tenía usted hilo de lana.
            Sí, pero me había olvidado de ello. Tengo de sobra.
            ¿De dónde lo ha sacado? Ahora no puede usted comprarlo.
            Esa niña traviesa me pone en un aprieto, y me veo obligado a decir: Transmítale mi agradecimiento a su madre. Es muy amable por su parte. No he visto nada parecido, fíjese, lana en los tiempos que corren.
Pues sí, charlamos y es posible. Pero gracias al sacrificio por su parte de acercarse mucho a mi oreja. Dice que se alegra de haberme visto hoy, porque mañana se tienen que marchar. Yo le doy las gracias por haber venido y le digo que me produce mucha tristeza que se vaya. ¿De veras?, pregunta. Eso también lo contaré en casa.
            Cuando se hubo marchado, me quedé pensando. Para mí un maravilloso encuentro. Deja tras ella un silencio audible. Y el libro de Topsøe sigue sobre la mesa, tan misterioso como antes, pero ya no me interesa saber quién fue su dueño en el siglo pasado. No hay nada como recibir el aliento de la vida viva.»


Bien, ese ha sido el capítulo, una nimiedad, un pequeño trocito de vida escondido en un rincón. Un diminuto fragmento de los últimos días de un anciano que tuvo la oportunidad de vivirlo y de ponerlo por escrito. Hubo otras muchas, millones, de personas que no tuvieron la misma suerte, que no fueron tan afortunadas de vivir y contar lo que vivieron. Personas a quienes se les arrebató infinitos fragmentos, infinitos instantes en los que podrían haber reído y llorado, remendado un calcetín o caminar descalzas bajo la lluvia. ¿Sabía Hamsun esta cosa tan simple? ¿Sabía cuando apoyó a los nazis que se hacía cómplice de un despiadado holocausto? ¿Sabía que se convertía en el verdugo de infinitos instantes de millones de vidas? De momento, lo único que sé es que escribía como pocos.

  

Un compatriota casi contemporáneo escribió esta breve pieza, como breve ha sido el relato. Se llamaba Grieg, vivió entre 1840 y 1907. La pieza es un pequeño vals de sus famosas «Piezas líricas». Toca Leiv Ove Andsnes:

 

Por último, una también breve pieza para piano pero de un músico de jazz, noruego y actual, Ketil Bjørnstad; la pieza se llama Sommernatt Ved Fjorden:


Knut Hamsun Center by Steven Holl Architect

2 comentarios:

  1. Una cita de Henry Miller que ha llegado a mis manos y en la que nombra a Knut Hamsun:

    "Maravilloso, terrible y espléndido mundo el de Isaac Bashevis Singer;alabado sea su nombre. El que penetra a fondo en él no sabe reaccionar, si danzando, o gritando, o cantando de alegría.

    Hace 40 años elegí como inspirador a Knut Hamsun.
    Si hoy tuviese que empezar a escribir de nuevo, tomaría como modelo a Singer. Todo lo que hace es perfecto: cuando come, come; cuando canta, canta; cundo camina, camina... No vacila nunca. Es un escritor que puede volver loco a quien sepa aprehender la melodía que discurre por sus líneas y el sentido que en ella se encierra."

    Interesante libro este de Hamsun, que tendré que leer. ¡Qué bonita la cabaña blanquita en el bosque!

    A mí Bashevis Siner me gusta bastante. ¿Ha leído Usted algún libro suyo? ¿Qué opinión le merece?

    Un cordial saludo y muy buen post.

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    Respuestas
    1. No sé por qué razón compré, hace no demasiado tiempo, al menos dos libros de Singer: "El esclavo" y "Cuentos", un tomazo este último publicado por RBA. Pero todavía no he leído más que unas páginas del primero, y ya las he olvidado, no doy abasto. No recuerdo tan siquiera por qué compré estos libros...
      Usted viene a recordarme mi cita con Singer, se lo agradezco. La cita de Henry Miller es una excelente carta de presentación. Muchas gracias.
      Un cordial saludo

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