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viernes, 9 de marzo de 2012

LA PARÁBOLA DEL JOVEN Y EL ANCIANO - WILFRED OWEN




Se alzó pues Abraham, cruzó los bosques.
Llevó consigo fuego y un cuchillo.
Y mientras caminaban ambos juntos,
preguntó así Isaac, el primogénito:
«Padre, veo que llevas hierro y fuego,
pero ¿el cordero para el sacrificio?».
Abraham ató al joven con cordajes
y construyó trincheras, parapetos...
Al sacar su cuchillo, de repente,
un ángel lo llamó del Cielo y dijo:
«Retira ya tu mano del muchacho,
no le hagas ningún daño. Hay un carnero
que es presa de ese arbusto por los cuernos;
ofrécelo mejor en sacrificio».

Pero el viejo rehusó, mató a su hijo
y, uno a uno, a los jóvenes de Europa.

EDICIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE
Gabriel Insausti
Acantilado


Como ya señala el editor este poema está basado en el Génesis (22, 1 - 19). Habrá jóvenes que no lo conozcan: el pasaje bíblico en cuestión dice así:

1 Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Y él respondió: Heme aquí. 2 Y Dios dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 3 Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus mozos y a su hijo Isaac; y partió leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho. 4 Al tercer día alzó Abraham los ojos y vio el lugar de lejos. 5 Entonces Abraham dijo a sus mozos: Quedaos aquí con el asno; yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros. 6 Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. 


Y los dos iban juntos. 7 Y habló Isaac a su padre Abraham, y le dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, hijo mío. Y dijo Isaac: Aquí están el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8 Y Abraham respondió: Dios proveerá para sí el cordero para el holocausto, hijo mío. Y los dos iban juntos. 9 Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña. 10 Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo. 11 Mas el ángel del SEÑOR lo llamó desde el cielo y dijo: ¡Abraham, Abraham! Y él respondió: Heme aquí. 12 Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único. 13 Entonces Abraham alzó los ojos y miró, y he aquí, vio un carnero detrás de él trabado por los cuernos en un matorral; y Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Y llamó Abraham aquel lugar con el nombre de El SEÑOR Proveerá, como se dice hasta hoy: En el monte del SEÑOR se proveerá. 15 El ángel del SEÑOR llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo, 16 y dijo: Por mí mismo he jurado, declara el SEÑOR, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único, 17 de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos. 18 Y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido mi voz. 19 Entonces Abraham volvió a sus mozos, y se levantaron y fueron juntos a Beerseba. Y habitó Abraham en Beerseba.


De modo que dios, padre amoroso de Abraham, hijo modélico, le manda que le ofrezca en sacrificio a su único hijo, hijo a su vez de dios todo poderoso. La cosa es seria, más seria que un infarto. Cuando Abraham está a punto de sajar el cuello de su primogénito, aparece un ángel y le dice que no, que era todo un tejemaneje de dios; obsérvese que dios no tiene ni la decencia de contradecir su propia orden en persona, manda a un ángel. No obstante, sangre ha de haber, mátese pues al carnero. El poeta Wilfred Owen, muerto en combate en una de tantas batallas de la Gran Guerra, rectifica la biblia, dice que no, que Abraham desobedece a dios y mata a su hijo; es más, a continuación, uno por uno, a todos los jóvenes de Europa, valga decir del mundo. Owen, además de poeta, predice con sus versos lo que ocurrirá, tanto en la guerra en la que lucha, como en la que estallará años después, y, en efecto, los padres matan a sus hijos, metafórica y literalmente (recordemos el caso de Goebbels y tantos otros). 

¿Cabe más odio? ¿Cabe mayor maldad? ¡Cuánta sangre, qué afán sanguinario! ¿Quién, pues, inculca el crimen, el infanticidio, el fratricidio, el odio, la guerra y la maldad en ese tablero de ajedrez que es la vida? Sería blasfemo arrebatarle a dios el honor de ese mérito.


















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