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domingo, 4 de marzo de 2012

WEISS, SILVIUS LEOPOLD - EL LAÚD

 
Silvius Leopold Weiss fue un compositor y laudista nacido en lo que en aquellos tiempos era llamado Silesia, Polonia en la actualidad, en el año 1687, para morir en Dresde en 1750. Por lo tanto nació dos años después y murió el mismo año que Johann Sebastian Bach, compositor este, por cierto, que admiró la música de Weiss. Además, Weiss y Bach fueron grandes amigos, interpretaron música juntos, quién hubiera presenciado uno de esos encuentros.


Weiss ha sido uno de los más importantes compositores de música para laúd, instrumento este que gozaba de gran afición en la época que nos ocupa, en casi cada hogar había uno. Silvius Leopold escribió en torno a 600 obras para este instrumento de sonoridad dulce y suave. 


En efecto, el laúd es un instrumento de sonido aterciopelado (no tiene nada que ver con el actual laúd, ese chisme que llevan unas bandas llamadas tunas). Está constituido de numerosísimas piezas. Llama la atención su boca, el agujero central, que en estos instrumentos está provisto de un rosetón:


En efecto, idénticos que los de las catedrales y algunas iglesias, pero más pequeño y sin cristalitos. Era instrumento tan querido y familiar que igual era tañido por caballeros:

Que por damas:

Incluso por ángeles:

Entre 1650 y 1721 vivió un curioso personaje: Jan Antonin Losy, conde de Losinthal: este buen señor fue, entre otras muchas cosas a las que le obligaba su rango, un gran laudista y compositor para su instrumento, en el que además era un gran improvisador; también fue doctor en filosofía. Hoy en día, algunos aristócratas se dedican a otras cosas y no saben diferenciar un laúd de una raqueta de tenis, sociedad enferma esta que nos ha tocado vivir.


Pues bien, Weiss admiraba enormemente el arte de este conde, que no se esconde, incluso era para él un modelo que imitar. Cuando el Comte d'Logy, como también se le conocía, murió Weiss compuso para él y su memoria esta bellísima Tombeau sur la mort de M. de Logy. La Wikipedia nos informa de que «una Tombeau (del francés, tumba, sepulcro) es un género musical de la música docta, especialmente usado durante el barroco. Habitualmente se componía en homenaje a un gran personaje o en honor de un amigo o ser querido, tanto en vida como después de muerto, al contrario de lo que pudiera parecer, dado el nombre. Se trata generalmente de una pieza solemne, de ritmo lento y carácter meditativo, no desprovisto a veces de audacia armónica o rítmica», (música docta, cómo mola). Nuestros periodistas de investigación de «Aquí Radio Armenia» se han puesto en contacto con altos directivos del IMSLP para preguntarles por qué razón no hay ni una sola partitura de Weiss en su, por otro lado, magnifico proyecto, pues este alma de dios murió en el año catapúm y sus derechos de autor caducaron cuando cristo llevaba pañales, que si se había pasado por allí la Sinde o el Wert, que también empieza por uve doble o qué, a lo que se les ha respondido que no tienen constancia de ningún Silvius Weiss pero que, no obstante, en la tienda de al lado se puede comprar una partitura de este autor a razón de treinta pavos la hoja, tapa blanda (tócate...). Anécdota: En cierta ocasión tuve la inmensa desgracia de conocer a un soplapollas descomunal; este grandísimo mequetrefe se creía compositor, es más, tenía unos papelotes que así lo acreditaban. Pues este soberano imbécil, junto con otra chusma de su calaña, habían elevado al mismísimo presidente del gobierno, a la sazón un tal Felipe González, quien no la había visto con malos ojos, la petición de que todos los beneficios económicos obtenidos de la venta de composiciones de autores cuyos derechos de autor hubiesen vencido, fueran repartidos, equitativamente, entre todos los compositores actuales, si la ignorancia acompañada de la soberbia junto con una buena dosis de estolidez puede llegar lejos.


Sin más preludio escuchemos esta bellísima Tombeau interpretada, no con un laúd, con un arpa, para ser exactos una Erard construida en torno a 1830 (pero que está como nueva). La tañe con gran pulcritud y esmero Sylvain Blassel, de nombre muy apropiado y oportunísimo:



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