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domingo, 1 de abril de 2012

FRANZ SCHUBERT, 1828



Corre el año de 1828, y en Viena, Franz Schubert anda enfermo y apesadumbrado. Desde hace años padece sífilis, tifus y lo que hoy se denomina depresión grave. Hay autores que señalan que el maestro era bastante voluptuoso:
No sabe Schubert que ese mismo año, el día 19 de noviembre abandonará este mundo, del mismo modo que vivió, humilde y gloriosamente. O sí lo sabía, o lo barruntaba: fue, quizá, el año que más música escribió de su vida, y posiblemente la de mejor calidad; ¿tal vez escribió tanta música porque tenía prisa intuyendo su fin? Entre las obras de este último año está el ciclo de Lieder «Schwanengesang» (El canto del cisne): según la leyenda, de la que Virgilio entre otros hace eco, el cisne, canta por única vez en su vida, y un canto dulce y melodioso, minutos antes de su muerte; de ahí que se utilice la expresión «El canto del cisne» al último momento estético de un artista, a su última obra... 


A este ciclo pertenece la canción «Ständchen», «Serenata», que podemos escuchar al tenor rumano
Petre Munteanu acompañado por Franz Holetschek:


En esta canción podemos encontrar algunas de las características musicales más utilizadas por Schubert, entre otras, la homonimia, es decir, presentar una misma melodía en los dos modos de un mismo tono, mayor y menor. A continuación me gustaría que escuchásemos la «Fantasía» D 940 para piano a cuatro manos. Además del efecto querido por Schubert que acabamos de mencionar, en esta fantasía podemos encontrar otro no menos utilizado por el maestro, «la sexta napolitana»; también utiliza melodías con cierto carácter de marcha militar, algo muy frecuente en la época. Invito a mis alumnos a que localicen de oído estos procedimientos. En primer lugar podemos contemplar y escuchar la versión, magnífica, de Paul Badura-Skoda y Jörg Demus; se trata de una grabación bellísima que, lamentablemente y al igual que algunas obras de Schubert, está incompleta desconozco por qué razones:


Para quien quiera escuchar completa esta fantasía propongo la versión de C. Ivaldi junto a J.C. Pennetier:


Las dos piezas que hemos escuchado hasta ahora están marcadas por la melancolía, quizá una de las notas predominantes en el devenir de los últimos días de Schubert. El invierno lo pasó mal que bien, eso sí, componiendo profusamente aunque eso no le supusiera los ingresos económicos mínimos para vivir dignamente. La primavera le trajo un acontecimiento insólito en su vida: tuvo oportunidad de dar el único concierto de su vida. Anteriormente casi sólo se había interpretado su música en las famosas shubertiadas:


Animado y ayudado económicamente por un puñado de buenos amigos; así, le fue cedido para la ocasión el local de reuniones del Rotem Igel. El concierto fue un éxito, a pesar de que la mezquina y miserable prensa de la época no hizo otra cosa emitir juicios muy desfavorables e incluso comentarios de pésimo gusto. En fin, la prensa... ya se sabe. No obstante, Schubert ganó con el concierto casi 800 gulden, una verdadera fortuna si tenemos en cuenta que por aquel entonces cobró de un editor unos 20 gulden por un trío. La generosidad de Schubert fue, digamos, irresponsable, e invitando a diestro y siniestro a sus amigos ocurrió que hacia el fin del verano los 800 gulden habían volado. Pero el maestro seguía escribiendo obras maestras, como el bellísimo Lied para soprano con acompañamiento de piano y clarinete «Der Hirt auf dem Felsen» que escuchamos hace poco.  Otra obra maestra de este año es su quinteto de cuerda en do mayor D 956, del que quisiera que escuchásemos su famoso segundo movimiento. Melancolía, desesperación, tibios rayos de luz, momentos de honda tristeza... toca el Pražák String Quartet con M. Fukačová al segundo violonchelo:


Schubert no pudo disfrutar de unas vacaciones, de un descanso, de un cambio de aires que tan beneficioso para su salud hubiera sido, se había arruinado una vez más. Las enfermedades comenzaron a agudizarse: terribles dolores de cabeza, vómitos, calambres, fiebre, fatal. Su médico le aconsejó un cambio de aires y Schubert marcha a casa de su fiel hermano Ferdinand a las afueras de Viena. La casa de Ferdinand, sin embargo, resultó ser fría y húmeda. Quizá esa estancia fue el golpe fatal. Las medicinas de la época eran muy elementales pero pareció, por un momento, que surtían efecto. En septiembre realizó un viaje con su hermano y unos amigos a Unterwaltersdorf y Eisenstad, lugar este en el que estuvo largo rato ante la sepultura de Haydn. ¿Qué pensaría ante el sepulcro de tan admirado maestro, quizá en su propia muerte? Arnold Böcklin, el pintor simbolista suizo, hacía un año que había venido al mundo. Este pintor vivió obsesionado con la muerte, como demuestra su autorretrato:


Su obra maestra, de la que realizó no se sabe cuántas versiones, es la que más tarde bautizarían como «La isla de los muertos»; escojo una de las más luminosas:


Esta enigmática pintura sería fuente de inspiración para muchos artistas, músicos, escritores, pintores, arquitectos. Quien tenga curiosidad que visite la siguiente dirección, es asombroso:

http://www.toteninsel.net/home.php

Algunas muestras pictóricas. Esta se la debemos a otro suizo, Hans Ruedi Giger, artista gráfico creador de la criatura y escenarios de la película «Alien, el octavo pasajero»:


Podemos encontrar hasta obras de ese género del que ya hablamos, «El cuadro dentro del cuadro»:


El significado del cuadro parece estar fuera de toda duda. Según la mitología griega, los muertos entraban en el inframundo a través del río Aqueronte; les porteaba con su barca Caronte, que nuestro pintor, José Benlliure, vio así:


Al otro lado les esperaba Cerbero, a quien Orfeo, uno de los contados héroes que entró vivo y salió vivo del Hades, había convertido en un perro de tres cabezas. De este modo, la isla de los muertos sería el Hades, o inframundo, y el barquero Caronte. Una vez en la otra orilla, había cinco ríos, uno de ellos llamado Lete, en el que los muertos debían beber para dejar allí su memoria, hecho este que explica el famosísimo soneto que Quevedo había escrito mucho antes:

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

Mnemosine
Rachmaninoff también encontró inspiración en este cuadro para escribir su poema sinfónico homónimo, Op. 29:


Schubert camina a pasos apresurados al encuentro con Caronte. Pero sigue escribiendo obras maestras. Me viene a la cabeza el poema aquel en el que Bukowski dice que si uno tiene algo que decir, algo que crear

crearás aunque te hayan arrancado partes del cuerpo
y de la
mente,
crearás estando ciego
inválido
loco,
crearás aunque un gato se te encarame por
la espalda

Así, Schubert, mortalmente enfermo y en la más absoluta ruina escribe esta sonata para piano, la D 960 en si bemol mayor. En ella encontramos todas las características queridas por Schubert anteriormente mencionas; ahora añadimos una de las más enigmáticas: la inclusión sin aparente motivo propiamente musical, estructural, de largos silencios. Este recurso ya había sido utilizado con anterioridad, así, Bach, cuando pone música a un texto en el que se trata de la muerte lo utiliza, por ejemplo, cuando se habla, metafóricamente, de «cerrar los ojos». Sviatoslav Richter fue uno de los primeros pianistas en rescatar para el repertorio concertístico las sonatas para piano de Schubert; hasta entonces se habían considerado poco apropiadas por su larga duración, no demasiado virtuosismo u otras razones de parecida índole. Propongo que escuchemos pues esta sonata interpretada por Richter. El vídeo que sigue contiene la sonata completa, que tiene una duración de más de 45 minutos. Les pido que escuchen con especial atención el primer movimiento y el segundo; este último encierra una de las músicas más hermosas jamás escritas y toda la tristeza, toda la desesperación de este mundo; aquí y allá se abren pequeñas fisuras por las que se cuelan tenues atisbos de consuelo y esperanza: 


Para quien quiera disfrutar de cada movimiento por separado de esta grandiosa sonata les ofrezco la versión de otro gran pianista ruso, gran admirador de Richter, hasta el momento inexplicablemente muy poco conocido, Evgeni Koroliov:


I. Molto moderato


II. Andante sostenuto


III. Scherzo (Allegro vivace con delicatezza)


IV: Allegro ma non troppo


El afán de Schubert por aprender, por perfeccionar su arte, todavía le llevó en una fecha tan tardía como el 4 de noviembre, a arreglar las cosas para recibir clases de contrapunto de Simon Sechter. No se tiene la certeza de que llegara a recibir alguna clase del profesor Sechter, aunque se encontró, tras la muerte de Schubert, un buen montón de ejercicios de esta materia. Con todo respeto y todo cariño, y con el distanciamiento de casi dos siglos, permítaseme la broma de decir que, en el caso de que dicho encuentro hubiera llegado a producirse, bien podría haber contribuido al deterioro definitivo de nuestro amado Schubert.
Dice Bernhard Paumgartner, en su magínfica biografía de Schubert traducida al español por Belén Bas Alvarez (sic), y publicada por Alianza Editorial:

«Schubert decaía cada vez más de manera inevitable. La antigua enfermedad, la vida desordenada y pobre, la voraz intensidad de la creación habían agotado su cuerpo. La aguda infección tifoidea encontraba poca resistencia. El 11 de noviembre tuvo que meterse en la cama»

Y ese sería su lecho de muerte. Estuvo acompañado en todo momento por Ferdinand y por su pequeña hermanastra Josefa, que le atendieron en todas sus necesidades. Recibió visitas de amigos que lo único que pudieron hacer es contemplar su caída y escuchar sus delirios. Murió el día 19, miércoles, a las tres de la tarde, y las últimas palabras que su hermano escuchó de su boca fueron: «He aquí, he aquí mi fin». Tal como era costumbre en la época se realizó una «máscara mortuoria del maestro»:


También fue costumbre en la época realizar dibujos o pinturas imaginarios del lecho de muerte de grandes artistas. De Schubert no se realizó ninguno, al menos que yo sepa, pero resulta interesante contemplar algunas piezas de este género para entender mejor hasta qué punto podía llegar la fantasía romántica. De Chopin se hicieron algunas obras, unas reales, otras muy... digamos idealizadas:


Mozart:


Beethoven:


También poetas, John Keats:


El inventario de bienes que Schubert dejó tras su muerte consistía en unas cuantas prendas de ropa, un colchón con su almohada y edredón y unos cuantos viejos objetos musicales, valorado todo ello en 63 gulden. Los gastos ocasionados por su enfermedad, entierro y zanjar las deudas que había dejado pendientes ascendieron a 1000 gulden. Los familiares y amigos se hicieron cargo de esta suma.


Retomo a Paumgartner:

«Ferdinand Schubert creía haber oído, entre las fantasías del moribundo, el deseo íntimo de descansar al lado de Beethoven. (...) Se trasladó al cementerio de Währing, donde fue rezado en la proximidad de Beethoven en la tierra por él tan querida. Sólo tres túmulos había entremedias.
Los funerales fueron sencillos pero dignos. Acudieron muchas personas, a pesar del tiempo gris y lluvioso. Jóvenes, funcionarios y estudiantes llevaron el féretro desde la casa mortuoria hasta la parroquia Margarethen».

En el otoño de 1830 se levantó un monumento con el busto de Schubert realizado por Josef Dialer. En él se puede leer una inscripción con el epitafio que escribió su amigo Grillparzer, emocionante epitafio:

Die Tonkunst begrub hier einen reichen Bestiz,
aber noch viel schönere Hoffningen

«El arte de la música enterró aquí una rica posesión,
pero aun más bellas esperanzas»


Sólo tristeza despierta la muerte de un ser amado. Si el desaparecido es una persona que ha sufrido lo indecible y que ha dejado tras de sí un legado a la humanidad de valor incalculable a la tristeza se añade la admiración, la compasión y una infinita gratitud.

Despidámonos del amado maestro con una de sus más bellas composiciones y no precisamente triste; su canto a la primavera, estación que tanto amó, que ya hemos mencionado, «Der Hirt auf dem Felsen», «El pastor en la roca», en esta ocasión interpretado con instrumentos originales y la maravillosa voz de Elly Ameling:


Aquí dejo un manojillo de partituras para que mis alumnos se deleiten con su estudio. El mismo manojillo en varios servidores:

http://www.4shared.com/zip/6Dj_WVEO/Schubert_1828_Algunas_partitur.html

http://www.mediafire.com/?zcxum9cpv74o4c2

https://rapidshare.com/files/2339410212/Schubert_1828._Algunas_partituras.zip


6 comentarios:

  1. Esta entrada nos acerca con tanta emoción a la etapa final de la vida de Schubert que el sentimiento de dolor por su temprana muerte aparece intacto a pesar de los cientos de años transcurridos.

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    1. Gracias, E., por tu bonito comentario. Treinta y un años vivió Schubert, y una vida repleta de amarguras, enfermedades, en la que "toda incomodidad encontró su asiento". Y todavía sigue sin recibir el auténtico reconocimiento que merece. Sólo pronunciar su nombre me llena de amoción y compasión, pero también de alegría.
      Un afectuoso saludo

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  2. Sería increible poder saber a dónde habrían llegado si hubieran vivido 30 ó 40 años más Mozart o Schubert. Díficil de imaginar. Casi seguro que lo hubieran reventado todo e igual la música no sería lo que tenemos ahora mismo. Chi lo sa.

    31 años y pedazo de música profunda que componía Schubert. ¿Cómo es posible llegar a esas simas insondables del sentimento? ¿Quizás a través del continuo sufrimiento? ¿O el que es un genio es un genio y ya está?

    Siempre hay maestros que evolucionan a lo largo de una dilatada carrera y, a veces, dan grandes frutos tardíos. Otros son precoces y lo dan todo desde el principio.

    Está claro que en un entorno cultural tipo Viena que aparezcan personalidades como éstas es algo inevitabl. Es como cuando llueve copiosamente aparecen los champiñones en el bosque. Causa y efecto.

    Un cordial saludo y muy bonita entrada sobre Schubert.

    P.D. Me gusta mucho de Schubert la Fantasia Wanderer( versión Richter es bestial). Aún tengo mucho que descubrir en las sonatas de Schubert. Me son bastante más desconocidas que las de Beethoven.

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    1. Disculpa por haber tardado tanto en responder, demasiado trabajo.

      Yo veo inseparable la figura de los grandes genios de sus respectivas vidas: es así, sin más, sin porqué. Schubert fue un genio y escribió todo lo que tenía que escribir. Ni una nota más. Si en su época hubiera existido la penicilina se habría muerto de otra cosa.

      Si Schubert es un Cosmos sus sonatas para piano un Universo. Pero, ¿tiene música Schubert que no sea excepcional? Sus sinfonías, su música de cámara. Sus Lieder ni los nombro...

      La Wanderer-Fantasie no es una bagatela y, en efecto, la versión de Richter... sin palabras. Creo recordar otra gran versión por parte de Pollini.

      Muchas gracias por tu comentario y, de nuevo, perdón por la espera.

      Un afectuoso saludo

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  3. Se acercaban las navidades de 1828, y la frágil salud de Schubert ha de haberlo llenado del sombríos presentimientos de no llegar a las mismas. A principios del mismo otoño en el que ya presentía su fin, vuelca en una obra culminante, la sonata para piano D.960, tales vivencias. El estremecedor primer movimiento donde, a la melodía del Adeste Fideles navideño le sigue la ráfaga siniestra de un trino grave, prefigurando la muerte que venía a arrebatarlo... Y los últimos compases que despiden el movimiento, que vuelven al Adeste Fideles...apagándose débilmente como la llama de una vela consumida... Evocar la vida y figura de Schubert junto a su música, como a ti, me llena de emoción y compasión. Gracias por compartir este sitio.

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    1. Muchas gracias a ti por tu sentido comentario. Cientos de veces he escuchado y leído al piano el primer movimiento de la sonata 960 y nunca se me había ocurrido pensar en la similitud de su tema con la del Afeste Fideles, comparación que, desde luego, es verosímil. En lo sucesivo, cuando vuelva a ese primer movimiento, recordaré tu comentario.

      Feliz Año Nuevo

      Un cordial saludo

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