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domingo, 6 de mayo de 2012

CHOPIN - NOCTURNO OP. 15 Nº 2 - FA # MAYOR - RUBINSTEIN


Cuando yo era niño, bueno, ya lo he contado en alguna ocasión, vivíamos con algunas estrecheces. En mi casa no había tele. En la casa de mi único amiguito, un niño que vivía justo en el piso debajo del mío, allí sí había tele, primero en blanco y negro, y pronto fue sustituida por una en color. Yo no entendía por qué en esa casa había tantas cosas y en la mía tan pocas; con el paso del tiempo lo he ido entendiendo. El caso es que no sé por qué acto de magia, un buen día apareció en mi casa una tele en blanco y negro, marca Elbe, si la memoria no me engaña. Mi vecino ya la tenía en color, lo cual desmerecía un poco la nuestra pero no obstante una tele era una tele. Mis padres no nos permitían verla mucho; tampoco nos regalaron jamás una pistola u otra arma de juguete: no eran pacifistas ni milongas, pero al parecer tenían claras una serie de cosas. La cuestión es que un día corrió la noticia por casa de que esa noche hacían una película muy bonita por la tele; bonita, no buena, entonces no se calificaban como buenas las películas, eran bonitas o feas. Había una gran expectación: ¿nos dejarían ver la película? Las primeras indagaciones no pudieron tener un resultado más desmoralizador: un ¡no! rotundo había sido la respuesta. Pero no sé qué negociaciones se llevaron a cabo que al final, casi en el último momento, se obtuvo un anhelado «sí». Como dice la sabiduría popular «poco dura la alegría en casa de los pobres», eso sí que yo ya lo sabía, en cualquier momento se podía ir todo al garete. Esperamos con el corazón en un puño y, al final, comenzó la película, mis padres se acostaron y ya sólo quedaba la desazón de que en cualquier momento fuéramos interrumpidos y enviados a la cama. Pero no, la vimos entera, yo con algunos hermanos y mi abuela. 


La película no era precisamente la más adecuada para unos niños: «Quiero vivir», dramática película, que ahora sí sé que es una película muy buena, y muy adelantada a su tiempo: era una severa crítica contra el sistema judicial americano y un alegato contra la pena de muerte. Como he dicho, es una película magnífica: Susan Hayward ganó un merecidísimo Óscar a la mejor actriz por su interpretación en esta cinta. 


No quiero contar nada de esta peli; seguro que muchos jovencitos no la han visto y no quiero aguarles la fiesta. Sólo diré que, en el momento que es para mí el clímax de la película, suena el nocturno de Chopin que da título a esta entrada, el opus 15 número 2 en fa sostenido mayor. Siempre se dice que la tonalidad mayor expresa alegría; en la mayoría de casos es así. En este nocturno no: desde el primer compás está bañado en una embriagadora melancolía, y alcanza momentos de verdadera emoción y dramatismo. Yo, al escuchar esta música, no pude contener las lágrimas, también debido al dramatismo de la escena en la que aparece; pero esta música se quedó grabada para siempre en mi niña cabecita; de hecho, siempre que recuerdo esta pieza, me viene a la memoria en su altura exacta, mi mente fotografió sus primeras notas, su tonalidad clavada, de un modo imperecedero. 


El siguiente vídeo lo he subido a Youtube exprofeso para ustedes. La versión de Arthur Rubinstein es incontestable; las imágenes que ha escogido el realizador muy adecuadas y de gran belleza. Con Rubinstein, con este bellísimo nocturno, con las imágenes de un Chopin ya imperecedero les dejo, espero que todo ello sea de su agrado. 




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