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martes, 1 de mayo de 2012

ERBARM' DICH, MEIN GOTT - J. S. BACH



La piedad. Omar Ortiz

 La piedad es un sentimiento muy complejo. Igual se siente que se reclama. 


En ambos casos es un sentimiento dramático. Nuestro impagable DRAE sigue desconociendo que el nuestro es un país laico, o se hace el loco:

piedad.
(Del lat. piĕtas, -ātis).
1. f. Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión.
2. f. Amor entrañable que consagramos a los padres y a objetos venerandos.
3. f. Lástima, misericordia, conmiseración.
4. f. Representación en pintura o escultura del dolor de la Virgen María al sostener el cadáver de Jesucristo descendido de la cruz.

Estos del DRAE son peores que los de «Aquí Radio Armenia»; lo más ridículo es lo del monte...:

monte de piedad.
1. m. Establecimiento benéfico, combinado generalmente con una caja de ahorros, que dedica estos y su propio capital a préstamos, generalmente pignoraticios, con interés módico.


Pero para lo que hemos venido es para mostrarles este bellísimo Preludio Coral para órgano de Johann Sebastian Bach titulado «Erbarm’ dich, o Herre Gott», BWV 721, (Ten piedad de mí, Dios mío). Este preludio está escrito en modo frigio. A quienes no sepan música se sonará a chunga, pero no es así: el modo frigio es el que obtenemos si tocamos una sucesión correlativa de notas comenzando por la nota mi; su principal característica es que entre el primero y el segundo grado hay un semitono. Este es uno de los incontables ejemplos que demuestran que la música de Bach no debe encuadrarse dentro de la denominada música tonal, no es música tonal. A falta de un término específico se puede decir que es pre-tonal. Buenas discusiones he mantenido yo con algún que otro musicólogo al respecto: mostrencos ignorantes pretenciosos.


Como se puede observar en la imagen de aquí debajo, Bach utiliza para escribir este preludio coral la armadura pertinente, no tonal, armadura denominada frigia, que se obtiene con una alteración en menos de su equivalente tonalidad menor. Suena un poco raro pero es más fácil que la tabla del uno. 

Es sorprendente y admirable cómo consigue Bach con el empleo de este modo, el frigio, expresar el sentimiento de la piedad, ese semitono entre el primer y segundo grado hace que la música implore, ruegue, y a la vez, exprese la piedad concedida; claro, el modo frigio y el genio inabarcable de Bach. Escuchemos este preludio, primero siguiendo la partitura:


Ahora veamos y escuchemos cómo toca esta pieza un chaval a quien sus padres no le castigaron con una Play Station ni una Nintendo; falla, casi imperceptiblemente, alguna notita; por otro lado, se escucha algún que otro ruido de fondo provocado por los maleducados e irrespetuosos visitantes de la iglesia, zanguangos hay en todo el mundo. Junto al muchacho su profesor, posiblemente, le ayuda con la registración, esto es, poniendo y quitando registros, esos mangos que al sacarlos hacen que suene de una u otra manera:


El órgano es un instrumento de viento. Hoy en día un motor eléctrico, y muy silencioso, se encarga de insuflar el aire necesario a los fuelles. Pero cuando no había electricidad era imprescindible la participación de un «soplador», alguien, generalmente un chiquillo, que accionase los fuelles con unos pedales. En alguna ocasión, estando tocando o cantando yo en alguna misa, se ha ido la luz y no ha habido otra que manchar, casi siempre algún chiquillo. En el siguiente vídeo no se interpreta el preludio que nos ocupa sino la fuga en sol menor BWV 578, pero podemos ver a un maestro manchador desempeñando su trabajo con esmero. Manchar significa «dar viento a los fuelles y las fraguas»:


Escuchemos de nuevo el preludio que nos ocupa tocado por el mismo zagal de antes, ahora en la tranquilidad de su casa y tocando un órgano eléctrico: los puristas pueden saltarse este vídeo y fumarse un puro:


Ahora un vídeo muy curioso en el que se ve un órgano virtual sin organista pero en el cual se pueden ver las teclas pertinentes bajar y volver al sitio:


Para finalizar con este bellísimo preludio coral escuchemos y contemplemos algo muy curioso. El intérprete toca a la vez el órgano y una corneta, instrumento este que es una variante de la trompeta y no eso que nos tortura de vez en cuando en bandadas desfilando por la calle.


No se trata de un «más difícil todavía»; se trata de un buen músico, y muy hábil, que consigue una versión muy hermosa; primero toca el coral a cuatro voces y a continuación el preludio coral que nos ocupa:


Bach, al parecer, era un hombre muy devoto, nadie es perfecto. Empleó el texto de este coral para otras composiciones. En la «Pasión según San Mateo», «Erbarme dich» es un aria para contralto, con violín obligado, en la que se utiliza este texto:

ARIE (Alt)
Erbarme dich, mein Gott,
Um meiner Zähren willen;
Schaue hier,
Herz und Auge Weint vor dir
bitterlich.
Erbarme dich!


ARIA (Contralto)
Ten piedad de mí, Dios mío,
advierte mi llanto.
Mira mi corazón
y mis ojos que lloran
amargamente ante Ti.
¡Ten piedad de mí!


«Ten piedad de mí, mi Dios, advierte mi llanto...». Se trata de una de las arias más hermosas de todos los tiempos, conmovedora de principio a fin. Escuchémosla en primer lugar siguiendo la partitura y en versión de Maureen Forrester, contralto de bellísima voz. La interpretación es muy expresiva y muy alejada de las interpretaciones con instrumentos originales tan en boga actualmente. Los puristas ya saben, puro al canto:


Por último, escuchemos una versión hermosísima. Y para que todos estemos contentos, en una versión en la que se emplean instrumentos actuales y originales conjuntamente. Canta Delphine Galou, contralto, el solo de violín corre a cargo de François-Marie Drieux, y François-Xavier Roth les dirige junto con el conjunto Les Siècles:


Mucho se ha dicho y escrito sobre la piedad, tanto que sería enojoso dilatarse con citas, aforismos, proverbios, adagios y refranes... Por eso, sólo escojo una cita de un desconocido, al menos para mí, Joaquín Araújo:

«Cuando la muerte, aunque sea la de un animal, resulta divertida para alguien, estamos renunciando sencillamente a una de las mejores facetas de lo humano: la piedad»


Un paquetito de regalo pinchando aquí: 
o aquí:

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por esta interesante entrada. Yo me hubiera vuelto loco buscando la tonalidad del coral, ahora lo veo más claro. Con partituras así yo he conocido gente que pensaba, poco más o menos, que Bach se había equivocado. Yo más bien me asustaba porque siempre pensé que Bach sabría algo más de música que lo que yo podría aprender en dos o tres vidas.

    El chaval toca en la St Janskerk de Gouda, que está en una de las plazas más bonitas de Holanda. Gouda y Delft eran dos de mis rincones favoritos cuando vivía allí. En cuanto a la versión de Forrester, que no conocía... dicen que comer mucha grasa es malo, pero yo, con mesura, siempre le pego algún tiento a algún plato canalla (ja, ja, ja...). Una buenísima versión.

    En fin, cuidese ese dedo, que los dedos están para hacer de dedos, no de morcillas. Animo.

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    1. Bach no es un músico grande, es inmenso. La profundidad de su pensamiento musical no acepta las delimitaciones convencionales. ¿Acaso no se puede vislumbrar el Clasicismo o el Romanticismo en su música? ¿Acaso no fue quien hizo mucho por los serialismos del siglo XX? En mis clases, a menudo nos quedamos asombrados de comprobar qué audacias cometía: por ejemplo, las notas re, mi, y fa, (contiguas) sonando simultáneamente, y de una manera bellísima, en El Arte de la Fuga: siempre bromeamos diciendo que ese fue, quizá, el primer clúster de la historia. Lo que no fue Bach es mago, ni vidente, y por lo tanto no podía saber que tras él se iba a desarrollar toda una teoría de la música que iba a fundamentar eso que él creó como quien no quiere la cosa: la tonalidad. Con más frecuencia que el frigio encontramos en Bach el modo dorio: por ejemplo, un «sol menor» con un solo bemol o un «re menor» con nada en la armadura: esta armadura se llama doria y tiene una alteración en más que su equivalente tonalidad menor.

      Estoy de acuerdo con usted, un buen plato «no demasiado mediterráneo» de vez en cuando es un placer. A mí me gustaba fumarme de uvas a peras un buen cigarro habano; hace ya tres o cuatro años dejé de fumar...

      Muchas gracias por sus buenos deseos y por su comentario, siempre esperado y bien recibido.

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