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jueves, 10 de mayo de 2012

VERDE QUE TE QUIERO VERDE



Romance Sonámbulo

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

--Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
--Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de Holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
--Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
--¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.



Si es ruin y miserable, canalla, matar a un ruiseñor, qué no será matar a un poeta. Además, se parecen tanto, los ruiseñores y los poetas. ¿Por qué te mataron? ¿Porque amabas de distinto modo?, o, ¿porque sencillamente amabas?

 Canción del mariquita
 
El mariquita se peina
en su peinador de seda.

Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.

Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.

El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.

La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba
rayado como una cebra.

¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!





El lagarto está llorando

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo.,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran.
¡ay! ¡ay!, cómo están llorando!






2 comentarios:

  1. Carlos, me alegro de que incluyas en tu blog a Lorca, el que ha sido durante muchos años mi poeta favorito. Quiero pensar que este espacio cibernético reconcilia su figura con la del anteriormente posteado Borges, el cual nunca tuvo al poeta español en gran aprecio que digamos. Bajo mi punto de vista ambos representan concepciones antagónicas de la poesía y ambos son extraordinarios... Contribuyo a tu entrada con un poema de Lorca que para mí es de los mejores de su obra.

    Bri.


    GACELA DEL AMOR IMPREVISTO

    Nadie comprendía el perfume
    de la oscura magnolia de tu vientre.
    Nadie sabía que martirizabas
    un colibrí de amor entre los dientes.

    Mil caballitos persas se dormían
    en la plaza con luna de tu frente,
    mientras que yo enlazaba cuatro noches
    tu cintura, enemiga de la nieve.

    Entre yeso y jazmines, tu mirada
    era un pálido ramo de simientes.
    Yo busqué, para darte, por mi pecho
    las letras de marfil que dicen siempre,

    siempre, siempre: jardín de mi agonía,
    tu cuerpo fugitivo para siempre,
    la sangre de tus venas en mi boca,
    tu boca ya sin luz para mi muerte.

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    1. Precisamente, ayer comentaba con alguien que, en efecto, Borges decía de Lorca que era un escritor menor, o un poeta menor, no recuerdo con exactitud. Yo no puedo añadir nada a lo que tú ya has señalado. El poema que has escogido es bellísimo, y muy lorquiano, tu buen gusto en materia de poesía es exquisito, incontestable. Te agradezco mucho tu comentario, que puntualiza cosas muy importantes, pero sobre todo te agradezco la poesía de Lorca, no me canso de leerla, una y otra vez.

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