Páginas vistas en total

Seguidores

jueves, 7 de junio de 2012

ALFRED EISENSTAEDT - HISTORIA DE UNA FOTO

Alfred Eisenstaedt
Ya saben cuánto me gusta esta fotografía. 


La he subido al blog unas cuantas veces. Buscando por aquí y por allá he encontrado unos pocos datos que me han ayudado a entender qué acontecimiento sería el que provocó en estos niños esas expresiones en sus caritas.

La foto pertenece a Alfred Eisenstaedt (1898 - 1995). Luchó en la Gran Guerra, de la que regresó con graves heridas en ambas piernas. Su afición, que pronto se convertiría en pasión, por la fotografía tiene su origen en el hecho de que un tío suyo le regalase una cámara Eastman Kodak Folding.

Al parecer esta preciosa fotografía fue tomada durante la actuación de un teatro de marionetas representando la historia de «San Jorge y el dragón»; el momento exacto es cuando San Jorge mata al dragón, de ahí la carita de susto, de sorpresa de los niños presentes. La fecha, 1963, hora, las 19.27, el lugar, el jardín de Las Tullerías, en el centro de París. Eisenstaedt habría estado merodeando largo rato observando a la chiquillería, y de pronto, zas, el momento exacto, el preciso y precioso momento que capta la vida, inmortal, del instante. Magia, uno no sabe cuándo disparar, sencillamente es, como cuando cae la hoja de la rama, como sale la certera flecha. Yo, modestamente, y salvando las distancias, he vivido esa experiencia. En ocasiones he tenido que componer algo, por encargo o por iniciativa propia. Te pones manos a la obra y poco a poco te vas concentrando hasta que alcanzas un momento en el que estás y no estás, en el que tu mente la controlas tú pero hasta cierto punto; puede que suene el teléfono, que lo cojas, que digas sí a todo sin enterarte de nada, y cuelgues. Y sigues dándole vueltas al asunto: te levantas, te sientas, escribes, borras, horas, más horas, minutos... y de repente acontece, no sabes muy bien si has sido tú o el azar, sencillamente es, magia, a falta de la palabra correcta. Luego pasas a limpio. Miras el reloj, has estado siete horas sin comer ni beber, sin ser ni no ser. En fin, algo así. Alfred dispara, y capta esas caritas tan maravillosas, tan naturales y espontáneas, ni un segundo antes ni después. Y luego, a lo mejor, te pagan una pasta; para troncharse de risa:

Hizo miles de fotos. A mí, Marilyn Monroe nunca me ha gustado, manías que tiene uno. Sin embargo, a través de las fotos que Eisenstaedt hizo de ella he descubierto algo nuevo que sí me gusta, quizá su naturalidad, su lado de mujer normal, de carne y hueso, no de celuloide, su vulnerabilidad. Nietzsche dijo algo así como que cuando uno mira al abismo el abismo también le mira a uno. Estoy absolutamente convencido de que cuando un buen, un gran fotógrafo toma una instantánea, la persona que hace de modelo refleja rasgos de la personalidad, del lenguaje corporal del fotógrafo, seguro.


En estas dos fotos que siguen me parece que Marilyn está bellísima, más guapa que nunca:


Más fotos de Eisenstaedt:







En fin, a dormir, eso sí, bien aferrado a su modesta cámara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada