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viernes, 29 de junio de 2012

APLAUSO DEL DÍA : CASO CASCOS



En Wikipedia, en su entrada «La familia de Carlos VI» encontramos un párrafo, de mano de Manuela Mena, que dice lo siguiente de este célebre cuadro:

«Goya muestra a los miembros de la familia real de pie, dispuestos en forma de friso como aparecen también los personajes de Las Meninas, vestidos con lujosos ropajes de seda y con abundantes joyas y condecoraciones, los varones con la Orden de Carlos III, el Toisón de Oro y la Orden de San Gennaro y las mujeres con la banda de la Orden de María Luisa. El pintor pone en estos detalles todos los recursos de su maestría a fin de representar a la familia real en toda su dignidad, destacando a la vez el carácter bondadoso y sereno del monarca reinante. Lo que podía ser un homenaje a Velázquez servía al mismo tiempo para enlazar las dinastías austriaca y borbónica, abundando en aquella concepción dinástica»

Con todo mi respeto por esta eminente doctora en Historia del Arte y actual Jefa de Conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya del Museo Nacional del Prado, qué enorme diferencia entre su descripción y la que en el libro «El arte del siglo XIX» (Akal) nos propone el gran erudito Robert Rosenblum y H. W. Janson:


 «La incompetencia y promiscuidad de los retratados era bien conocida. Carlos estaba entre los reyes más reaccionarios y débiles, y su esposa, María Luisa, era famosa por su libertinaje y su duradera relación amorosa con el primer ministro, Manuel Godoy, que de hecho era padre de uno de sus hijos. Los dos presiden torpemente el grupo familiar, que incluye, ala izquierda a su hijo mayor, Fernando VII (que a su vez llegaría a ser mecenas de Goya), y una estridente variedad de tipos humanos, desde la fea y anciana infanta, María Josefa, cuya cabeza asoma desde atrás, pasando por los niños más jóvenes de la familia real, que parecen estar aún incorruptos por su madre, que aparece entre ellos, hasta María Luisa Josefina, a la derecha, que sostiene a su hijo con una prosaica vulgaridad que disipa el aura de maternidad regia propuesto por Vigée-Lebrun para María Antonieta (...). Para nosotros, el espectáculo es una acusación -un veredicto totalmente imaginable después de las ejecuciones de María Antonieta y Luis XVI- de que la familia real es una burla de la misma idea de la monarquía, y de que este mito queda, por lo tanto, destruido.»


La profundidad psicológica de estos dos últimos autores es asombrosa. Ya tuvimos oportunidad de ver el precioso cuadro «La duquesa de Chinchón», y de leer el jugoso apunte que del cuadro hacen estos dos autores. Recordemos que el puerco de Godoy había maltratado a la duquesa con una vileza que sólo un personaje tan infame de la historia de España era capaz de cometer.

 
Otro indeseable, quizá el que más de nuestra historia, llamado con ironía «El deseado» y con sumo acierto «el Rey Felón», y que ya todo el mundo sabe que hablo de Fernando VII, también se hizo pintar, en este caso por Vicente López Portaña.


Y es que a los grandes potentados, soberanos, jerarcas, monarcas y otras personalidades, siempre les ha gustado que los pinten, quizá para así arañar un ápice de inmortalidad. Pues bien, toda esta introducción, que en mi modesta opinión es lo único meritorio en esta en entrada, para engalanar un hecho que, a medida que pasan los meses, crece en su ignominia. Se trata del caso del retrato de Francisco Álvarez Cascos, encargado por el señor José Blanco; un retrato encargado al cotizado pintor Antonio López. 

El del medio
 [(Digresión): me viene a la cabeza la anécdota según la cual se encargó a Stravinski no sé qué composición, quien presupuestó la obra, pongamos en 2000 francos; los interesados no podían disponer de esa suma, de modo que acudieron a Erik Satie y le ofrecieron pongamos 1000 francos, a lo que Satie respondió que de ninguna de las maneras, que a santo de qué, que él estaba dispuesto a componer la música solicitada sólo en el caso de que le pagaran 300 francos (fin de la digresión)]. 



El caso es que el retrato de Cascos nos costará a todos los españolitos 190.000 euritos del ala. Eso en una época en que la fotografía ha alcanzado unos niveles de calidad que la han situado junto a las grandes artes, y siempre se puede conseguir una fotografía lo mejor de lo mejor por, pongamos, ¿1000 pavetes?; eso en una época en la que nos recortan hasta las uñas. Por si esto fuese poco, hoy leo en una página de Internet: «Sanidad no tiene 9000 euros para prevenir el sida pero sí hay 190.000 para retratos de políticos»; en efecto, «la empresa Durex, 


famosa marca de preservativos, ha donado 100.000 preservativos y 100.000 unidades de lubricante junto a sus nuevos folletos de prevención contra el VIH. Sin embargo, el Ministerio de Sanidad ha decidido no repartirlos. Según la ministra Ana Mato, la decisión se debe al "alto coste" que supone su empaquetamiento, que ronda los 9.000 euros». En tiempos de Carlos VI había enfermedades incurables semejantes al sida, por ejemplo la sífilis; pero entonces no habían inventado ni las tiritas. Pero que hoy en día, pudiéndose paliar una enfermedad tan cruel no se tomen medidas preventivas es simple y llanamente una canalla infamia.


Por eso, el aplauso de hoy va dedicado al alimón a Francisco Álvarez Cascos, José Blanco y Ana Mato (vaya apellido más inoportuno para una ministra de sanidad). Veremos si Antonio López, el cotizado pintor, sabe, o quiere, pintar todo eso que no se ve en el personaje de Álvarez Cascos, y que, sin embargo, tan magistralmente captó Francisco de Goya y Lucientes.



Y hoy hasta con música


P. S. Para Lali

8 comentarios:

  1. Hola Carlos, soy Ricardo Remborenea; no te puedes ni imaginar, o sí, lo a gusto que me he reido con el arreglo de flauta dulce.
    Una vez más ¡¡GRACIAS por hacernos sonreir!!....aunque yo más que sonreir, tengo la capacidad de partirme el pecho a gusto, hasta que se me pone un microdolor de cabeza... y entonces paro.
    Seguro que me recuerdas de la promoción de 1991 de 5º de solfeo...
    Un cordial SALUDO.

    ENHORABUENA...SUBLIME BLOG Y ENTRADA.

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    1. ¡Ricardo Remborenea! veintiún años han pasado, y parece que fue ayer, bueno, anteayer, que viene a ser prácticamente lo mismo; qué alegría volver a saber se ti (si es que eres quien mi mermada memoria me dice que eres...). También nos reíamos en clase, y es que la risa es una de las mejores cosas de la vida, y la sonrisa su mejor aliada. Muchas gracias a ti por tu comentario. Y no menos por tu elogio a mi blog que, como ya sabes, también es tu blog.

      Muchas gracias, Ricardo, y permíteme que te envíe un fuerte abrazo.

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  2. Tu blog es un impulso, un grito contundente a la vida, a la cultura, a la bondad, a la belleza... Qué sé yo cuántas cosas más. Desde la distancia infinita que es el entramado de internet, me acucias la curiosidad y me despiertas en los momentos de desazón y abatimiento. Por eso, el aplauso del día, y no en el sentido que lo estás utilizando en las últimas entradas, es para ti.

    Plas, Plas, Plas.

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    1. Imagíname en un escenario, de cara al público y haciendo esa flexión de tronco, uno-dos, uno-dos, que se suele hacer para recibir un aplauso: gracias por aquí, gracias por allá, ahora a la derecha, ahora a la izquierda, gracias, muchas gracias...

      Sí, de verdad, muchas gracias. Quienes ejercemos mi modesto y glorioso oficio, pocos o ningún aplauso recibimos; es cierto que, en ocasiones, en la última clase del curso de algún turno en el que las cosas han funcionado especialmente bien, los alumnos, de un modo espontáneo, te aplauden, e incluso se ponen en pie para hacerlo: pero en ese momento, te pilla tan desprevenido que te sientes como un perro en una misa; te rubirizas, es decir, se te pone la cara del color del rubí más encendido, y haces todo lo posible para contener la emoción que en caso de explotar te llenaría la cara de lágrimas y mocos, cosa poco elegante para un momento tan especial.

      Dices «desde la infinita distancia que es el entramado de internet»; sí, es cierto, es infinita, y a la vez tan cercana, tan próxima: por eso internet es tan genial: igual te aproxima a Montevideo que a dos calles de la tuya.

      Rubirizado, y muy agradecido, recibo con entusiasmo tus palabras y tu aplauso.

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  3. La ministra Mato está simplemente desacreditada para ser ministra. Alguien que dice que no sabe si su marido tiene un Jaguar en el garaje de casa (unifamiliar) es simplemente un mentiroso o un tonto. O sea, que no debería servir para ser ministro.

    La introducción me ha recordado una visita que hice al Prado hace un par de meses con mi hija de ocho años. Yo quería enseñarle el Bosco y el azul del cuadro de la laguna de Patinir, pero acabamos pasando rápido para ver Goya tambien. Al entrar en la sala y ver a familia tan regia estalló en sonora carcajada y, con la discreción que acostumbra, empezó a decir lo feos que eran. Como quiera que aquello estaba a rebosar y siempre podía haber algún monárquico recalcitrante, salimos de allí por piernas y luego le expliqué con calma algunas cosas.

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    1. La Mato (qué mal suena) está plenamente desacreditada para ser ministra, por lo que no debería servir para ser ministra, lo cual parece ser la «conditio sine qua non» para llegar a serlo en este país.

      Su jovencita niña tiene un buen gusto que al parecer está a la altura de su infantil discreción. Supongo que ante los azules del cuadro de Patinir se le quedarían los ojos como platos.

      Muchas gracias por su visita.

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  4. Ese Cascos es uno de los políticos más nauseabundos (y mire que hay dónde elegir) de este patético país.

    Es que es inmoral gastarse ese dinero en el retrato de marras. Y el pintor, en vez de tener algo de dignidad y rechazar el encargo, seguro que "parasita" de mala manera esa cantidad de pasta.

    ¡Qué país!

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    1. Sólo podría seguir añadiendo epítetos a la ristra de personajes protagonistas de esta entrada. Parásitos, en efecto, parásitos, y el pueblo sin trabajo, y la pobreza subiendo de modo cada vez más alarmante, y triste, muy triste. Y la educación hecha una porquería...

      Por bromear un poco: ¿y para qué gastarse tanta pasta si se podrían apañar con una buena ampliación de una etiqueta de Anís El Mono?, con todo mi respeto y afán de ahorro, es decir, recorte.

      Muchas gracias por su comentario

      Un cordial saludo

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