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viernes, 22 de junio de 2012

APLAUSO DEL DÍA


Me pongo a escribir estas breves líneas cuando son las 06.26, me levanté a las 05.00. Ayer hizo aquí en mi patria chica un fenómeno climático que en nuestra lengua vernácula describimos diciendo «che tú, quina ponentá que fa», lo que se traduce en 42 grados centígrados a la sombra alcanzados mediante un viento ardiente: era como si el mismísimo Satán, enfadado de ver lo mal que nos portamos (hasta a él le parece que nos pasamos de maldad) hubiera dicho: «¿sí, eh, pues os vais a enterar de lo que os espera como sigáis así: ahí va un minúsculo adelanto». La cuestión es que he tenido que pasar la noche con la casa cerrada a cal y canto y poniendo y quitando el aire acondicionado: emocionante. Por lo tanto sólo me he enterado de mi desdicha interna, y no de la que se estaba montando allende mis paredes, debidamente pertrechado con un par de tapones para los oídos.


Por otro lado, por la zona que vivo, hay un montón de calles de las denominadas peatonales; son calles bastante amplias en las que por necesidad imperiosa la gente, a ambos lados de las mismas, aparca sus utilitarios. De la noche a la mañana, sin aviso previo, todos y cada uno de los coches aparcados fueron obsequiados con un papelito así morado claro que obligaba a los agraciados a abonar la bonita suma de 300 (o 200, la cifra varía según las fuentes) ¡300! pavos del ala: ¡con la que está cayendo! (frase que da nombre a esta época que nos ha tocado vivir). Los mismos agentes que adornaron con esos papelitos los vehículos son los responsables de informar a sus superiores del estado de la señalización, limpieza, tráfico de sustancias estupefacientes, negocios ilegales y cosillas de ese tipo: pues bien, las calzadas, al tratarse de un casi pueblo repleto de ancianas, ancianos y papás y mamás con sus nenes, tienen cada pocos metros unos bonitos pasos de cebra: ¡hace meses que no se ven los pasos de cebra, se han borrado con el paso del tiempo! de modo que dejando a un lado el hecho de que la mayoría de los conductores hace caso omiso a dichos animalescos pasos, cuando tiras a cruzar la calzada por un paso de cebra de estos es como si jugaras a la ruleta rusa con cinco balas: los frenazos son de película y muchas veces el coche infractor termina de pararse a muy pocos centímetros de tu asustada rodilla. No digo nada de las pobres personas ancianas...


Ahora ya son las 06.40: todavía escucho, mientras silenciosamente escribo estas líneas, el repugnante estruendo que una pandilla de... está armando en la plaza cercana a mi miserable morada: escucho «música» a todo volumen, gritos, desabridas y alcohólicas risotadas, perros ladrando, flautas, botellas romperse contra paredes o suelos... en fin, un pandemónium.


Por eso, el aplauso del día, está dedicado a las autoridades, cualesquiera que sean las responsables de todas estas maravillas: alcaldía, gobernación, diputación, generalidad, policía local y demás fuerzas y cuerpos de seguridad del estado (de este lamentable estado), la verdad, no sé con cerveza, ay, en qué estaría yo pensando, certeza, quería decir con certeza, quién o quiénes son los culpables, o si son todos juntos y a la vez. Y digo yo: tanta autoridad y tantas autoridades ¿para qué? ¡Bravo! ¡Campeones! ¡Lo estáis haciendo DE PUTA MADRE! Vaya, pues, dedicado a todos vosotros,  este merecidísimo y cerrado aplauso como justo reconocimiento de vuestra inmejorable labor en pro del bienestar de la ciudadanía.


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