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domingo, 29 de julio de 2012

EMILÍANA TORRINI (y un potaje), para JULIO


Apreciado Julio, el título del audio que creo que me pides es «Sunny Road», del CD «Fisherman’s Woman», y es una canción que interpreta Emilíana Torrini, quizás también ella misma la haya escrito, no lo sé. La chica es islandesa, como su madre, pero su padre es italiano. El género de música que hace es el pop, bueno, un más o menos pop. Emi no canta mal, lo hace con dulzura pero sin melindres y el timbre de su voz es bonito, un poco áspero, muy atractivo. Ya ves, Islandia, qué lejos queda eso de tu Uruguay, un poco menos desde mi España pero de todos modos lejos lejos.


Si quieres, y contigo toda persona que así lo desee, puedes bajarte este CD pinchando donde señala nuestro amigo Martín...


He dicho ya demasiadas veces que soy un gran creyente en el ateísmo. Pero no siempre fue así: de joven creía, o creía creer, en el dios de los cristianos. Era un creyente crítico: todo lo cuestionaba, cantaba cosas en la iglesia que escandalizaban a más de un cura, fui a Taizé, que en aquel entonces era de lo más revolucionario en materia de creencias. Más tarde me hice agnóstico y al final me convertí al ateísmo. Recuerdo que en mi primera época me gustaba san Francisco de Asís; eso de que tuviera mucha pasta y pasara de todo y se pirarse a hablar con los pájaros me molaba mazo. Nadie cambia bueno por malo, ni mucho por poco, el amigo Paco creía más valioso estar por ahí con sus melenas y andrajos que la aburrida vida de un hacendado: la generosidad, casi siempre, es la máscara de un gran egoísmo. Y luego está la soledad; no estaba tonto, no, se piró a estar a solas; la soledad, cuando la escoge uno, es la mejor compañía. Me identificaba con Paquito, por aquel entonces empezaba yo a sacar de oído canciones con una guitarra que había por casa: una de las primeras fue esta, Alone again, de Gilbert O’Sullivan (la traducción es un poco flojilla, naturalmente):


Para quien quiera mejor calidad de sonido o bajársela:


Volviendo al Francescatti, me gustaba mucho un poema atribuido a él, la iglesia lo ha llamado oración, y estudios serios dicen que no se puede saber ni el autor ni el origen. Dice así:

    Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
    donde haya odio, ponga yo amor,
    donde haya ofensa, ponga yo perdón,
    donde haya discordia, ponga yo unión,
    donde haya error, ponga yo verdad,
    donde haya duda, ponga yo la fe,
    donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
    donde haya tinieblas, ponga yo luz,
    donde haya tristeza, ponga yo alegría.
    Oh, Maestro, que yo no busque tanto
    ser consolado como consolar,
    ser comprendido como comprender,
    ser amado como amar.
    Porque dando se recibe,
    olvidando se encuentra,
    perdonando se es perdonado,
    y muriendo se resucita a la vida eterna. 

Releyendo el poema después de muchos años constato lo que decía más arriba; que uno lo que busca es ser el más mejor de los mejores, para así ir al cielo ipso flauta. Ya hace tiempo que reconocí en el poema que era demasiado ambicioso, más bien pretencioso; por otro lado me molestaba bastante eso de poner la fe y lo de la vida eterna. Pero también he de reconocer que durante muchos años llevé una estampita con el poema de marras en la cartera, y que era algo así como mi desiderata. Las cosas que uno hace en la niñez y la juventud siempre dejan huella: a mí se me ha quedado un poco la manía de no hacer mal y, si se puede, hacer bien. Una manía como otra cualquiera.


Menudo potaje, empiezo con Emilíana y acabo con el de Asís… (menos mal que el martes tengo visita con mi psiquiatra). Amigo Julio, me hace feliz ayudarte en lo que sea; amo el arte, la música, la literatura, la cultura en general, pero sobre todo amo al ser humano, es decir, me amo a mí mismo. Y eso que cada vez soy más y más misántropo: odio a la sociedad esta asquerosa que se está montando pero amo al humano en su individualidad, lo cual quiere decir que no me temblaría la mano para quitar de en medio a todo aquel que quisiera hacer daño a un débil, a un desprotegido, a un humano. Ya lo he dicho alguna vez: uno puede tenerlo todo, dinero, un Porsche marrón oscuro metalizado, una isla, arte, música, cultura… pero si no tiene amor todo le falta. ¡SÍ, YA LO SÉ!, suena mierdosamente mal, cursi y beato pero ¿para qué buscar otra construcción gramatical para decir lo mismo?

Un fuerte abrazo, amigo Julio, el prodigio de la tecnología nos ha permitido conocernos sin tan siquiera saber nada el uno del otro. Ni falta que hace.

P. S. Si no era esa la canción por la que preguntabas me lo dices...

2 comentarios:

  1. Carlos:
    Empezando por el final. Era esa la canción. Ya la he bajado ( todo el CD).
    GRACIAS. Pero no sólo por la canción. GRACIAS por todo.
    Por lo demás, sí, nuestras generaciones ( digo, la nuestra y las inmediatas) hemos ido dando bandazos en el tema creencias. Es que tuvimos muchos malos ejemplos y, precisamente, no nos han ayudado demasiado los que, erróneamente, creo, entronizamos como representantes de aquello que a veces, por pudor, supongo, ya no nos atrevemos a nombrar, casi.
    Otro ateo, como tú, a quien considero, humildemente ( quiero decir, si puedo creerme su seguidor) mi mentor, Albert Camus, abrió cierta vez una charla ante un auditorio católico diciendo más o menos algo así: " los
    no creyentes exigen a los creyentes más de lo que se exigen a sí mismos" .
    Te cuento.
    Cierta vez, compartiendo una Comisión honoraria con un colega -soy abogado- mayor que yo, muy creyente, pero muy eh?, le plantée , por empatía mis dudas y mi admiración -o perplejidad- ante su seguridad. Me dijo algo simple pero que nunca olvidé. " No busques creer. Si algún día crees, será porque sentirás algo dentro tuyo, el nombre se lo pondrás tú."
    Creo en algo, no sé como llamarlo y creo que no me interesa tampoco darle nombre. No soy practicante de religión alguna y no me planteo problemas en ese sentido. A veces pienso que a eso ( Dios?) y a mí ( tomando prestado de forma atrevida y variando un párrafo de un poema del genial Borges ) nos une el espanto.
    En fin, ya dicen que no es de buen gusto hablar de religión, política o fútbol en reuniones, o sea, que nos lleva al conflicto, no?
    Este no es el caso, aquí, entre todos los que gozamos de este Blog, esos riesgos no se corren.
    Como tú, estoy del lado de los débiles, siempre lo he estado, y principalmente, de los niños y los animales.
    Comparto , con la mayor sinceridad todo lo que dices sobre los valores en general. Hace rato que he aprendido que los lustres no son para uno, lo importante está en las otras cosas, sea lo que fueren ellas en cada caso. Pero en ningún caso tienen ruedas ( como no sean bicis ) y no cotizan en Bolsa.
    No quiero aburrirte con tanta cháchara, sólo deseo estar a la altura, contestando, el trabajo que te has tomado por mí, que es por todos los que nos regocijamos con tu Blog, sobre todo cuando , por lo que nos cuentas, te cuesta un Perú andar tecleando.
    GRACIAS Carlos. Tú haces algo casi físicamente -que espiritualmente sí- impensable, haces desparecer el Océano y las distancias. Tú nos das esperanza, ilusiones y mucho cariño. Eso sí debería cotizar en las Bolsas. Quizás no lo hagan porque, a riesgo de ponernos cursis, sabemos que no tiene valor, en los términos que hoy -y siempre- se concibe el valor, en dinero, en metálico, contante y sonante. No es nuestro mundo, pero, como dicen los andaluces: " si ha de haber gente pá too"
    Abrazo inmenso Carlos, apretadísimo, aunque te duela un poquito.
    Y como siempre, GRACIAS.

    Julio, desde Montevideo, Uruguay, la tierra de PEÑAROL ( mi más ciego e inexplicable sentimiento, donde mueren todas mis pretensas erudiciones)

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    1. GRACIAS, Julio. Y no quiero ser descortes diciendo la última palabra. Pero aun así no puedo dejar de escribir algo que me viene a la cabeza. Federico el Grande de Prusia dijo: «Las condecoraciones están hechas para los tontos; los grandes hombres no necesitan más que su nombre» Y tu nombre es Julio, de Uruguay para más señas. Gracias, Julio, y venga ese fuerte abrazo.

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