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sábado, 21 de julio de 2012

LA VOZ DE CONTRATENOR

Un contratenor es un hombre adulto que canta en la tesitura vocal propia y habitual de una mujer. Así, un hombre, desarrollando una técnica vocal muy específica, puede cantar como una contralto, una mezzo e incluso como una soprano. A este tipo de cantantes también se les ha llamado  «falsetistas», pues es desarrollando la voz de falsete como consiguen cantar de ese modo, aunque no es el falsete el único modo de alcanzar notas tan agudas.
Antaño, y sobre todo mucho antes de antaño, a las mujeres no se les permitía cantar en iglesias y otros templos, como es fácil imaginar.
Entonces, las partes agudas de los cantos sacros, eran interpretadas por niños cantores. Estas criaturas eran seleccionadas de entre los niños que demostraban mejores cualidades vocales y que habían sido recogidos en orfanatos, conventos, abadías y sitios así. Al pasar a formar parte de una escolanía, el niño escogido pasaba vivir en unas condiciones no tan miserables como el resto. Tanto los cantantes como los no cantantes, al llegar a la pubertad eran expulsados del lugar en el que estuvieran acogidos: se acabó lo que se daba. No obstante, la Iglesia, en su infinita misericordia, ofrecía a los niños cantores que hubiesen demostrado poseer una voz y manera de cantar sobresaliente la posibilidad de seguir bajo su auspicio. El precio era una bicoca: la castración. En efecto, cuando a un niño, antes de cambiar la voz, se le capa (para qué andarnos con eufemismos), se detiene su normal crecimiento y desarrollo hormonal, quedando, entre otras cosas, su voz estancada en su estado infantil. Asunto resuelto: ya tenía la Iglesia voces agudas aseguradas. También es cierto que los «agraciados» no solían rechazar una oportunidad tan espléndida de tener techo y comida, do ut des. A estos niños se les llamaba castrati, que no hay que saber latín para entender que significa «castrados» o «capados», palabra esta última que da lugar a que en español también se les llamase «capones».
Con el paso del tiempo, estos castrados también pasaron a la vida no religiosa, profana, y entraron en las cortes, con sueldo fijo, a cantar óperas y lo que fuese menester. Carl Philipp Emanuel Bach se lamentaba de que él, siendo maestro de capilla, con la enorme cantidad de responsabilidades que tal cargo le imponía, cobrase la mitad o un tercio que Johann Joachim Quantz, flautista, profesor de flauta de Federico y pelota número uno del monarca, e incluso que el capón de turno contratado en la corte del grande de Prusia, tal era la estima que se tenía en aquel entonces por la voz de estos eunucos.
Sigue pasando el tiempo andandito que te andarás y la Iglesia reajusta su moralidad y decide que eso de tener castrati bajo su techo queda feo, inmoral, yo qué sé. Pero tal reajuste sigue considerando a la sufrida mujer objeto de deseo y pecado, y que de cantar en las iglesias y templos ni hablar del peluquín. Y es entonces cuando, manda uebos, comienza a desarrollarse la técnica arriba mencionada del canto de falsete, y cuando nace la figura del contratenor. Claro, todo esto contándolo muy resumidito, en plan muy divulgativo y sencillo.
Siguen corriendo las primaveras y en eso que, entre otros adelantos, ya se permite que las mujeres canten en los templos. De modo que la figura del contratenor va poco a poco dejando paso a sopranos, mezzosopranos y contraltos hembras, mujeres de rompe y rasga. Gracias a estos progresos del pensamiento y la moralidad en general se dan voces como... en fin, como miles de voces producidas por tantas y tantas mujeres, voces bellísimas, voces inimitables e incomparables. Templos, iglesias, teatros, palacios y cualesquiera otros lugares son conquistados por las mujeres cantantes y la cosa queda en que los hombres canten, grosso modo, de bajo, barítono o tenor y las mujeres de soprano, mezzosoprano o contralto, como dios manda.
Ya sabemos de sobra que los humanos se cansan de todo, de todo se aburren, son caprichosos, antojadizos y melindrosos: «... cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así». Y no sólo cortan estas cosas tan lindas y poéticas, ya vimos más arriba que cuando se ponen a cortar no se cortan...
Pues en eso que, más o menos, a principios o mediados del siglo XX, unos cuantos musicólogos de los de verdad se propusieron el justo empeño de recobrar aquellas sonoridades del pasado, y es que la cosa se había desmadrado a más no poder. Se montaban unas Pasiones según San Mateo con ciento cincuenta intérpretes en escena; a mucha gente le parece que cuanto más mejor, cuando en materia de arte, casi siempre, es justo lo contrario. Estos musicólogos, buenos músicos y honrados intelectuales, se percataron de cosas como que, por poner un ejemplo, las cantatas de Bach se interpretaban, la mayoría de las veces, por un puñadito de músicos de medio pelo y siete u ocho cantantes. La cosa era más o menos así: Bach componía una cantata cada semana para el oficio del sábado o del domingo. Un ratito antes de comenzar el oficio se reunían en el coro los chavales cantantes, algún tenor y algún bajo y luego los cinco o seis músicos instrumentistas que la iglesia tenía contratados, por así decirlo, a media jornada. Supongamos que un día el del violone (contrabajo de la época) estaba con una pulmonía triple; corre a buscar al carnicero que sabe tocar el fagot y así solventamos el papel de violone; ese mismo día, u otro, el oboe está borracho como una cuba y está montando un espectáculo bastante penoso y lamentable; a coger entre dos al del oboe y a sacarlo de malas maneras de la iglesia y a la vuelta a ver si pillamos al zapatero que toca un poco la flauta. Ya por fin congregada la peña y con un poco de suerte se echa un vistazo de arriba abajo a la cantata, manuscrita de manera confusa las más de las veces, y arreando que es gerundio: ya está el pastor en escena. Habrá quien piense que estoy exagerando; es posible pero en todo caso no mucho: habría días en que las cosas saldrían a pedir de boca pero también los habría peores que lo que he descrito. Pero pongámonos en el caso de que para una fecha señalada se contrata a unos cuantos buenos instrumentistas, el coro se refuerza con buenos bajos y tenores y la escolanía se reúne al completo, se ensaya unas cuantas veces y, por supuesto, el mismísimo Johann Sebastian Bach está al órgano dirigiendo todo el cotarro.
¿Cómo sonaría la música de Bach interpretada por veinte, a lo sumo treinta intérpretes y sin voces de mujer? Esa fue la genial idea de Gustav Leonhardt entre otros:  intentar reconstruir la sonoridad históricamente más probable de la música de Bach con los medios de los que disponía Bach. De este modo, Leonhardt, contribuyó de una manera decisiva en la recuperación, no sólo de lo que hemos expuesto, también del empleo de instrumentos de la época y, sobre todo, de que esos instrumentos fuesen tocados con la técnica de la época, la técnica que les era propia, tal como quedó reflejada en los incontables tratados escritos en el siglo XVIII. Y se obró el prodigio: la música de Bach sonó sencilla, libre de toda afectación, de todo engolamiento; las arias que habitualmente interpretaban señoras de cincuenta y ocho años y setenta quilos pasaron a ser cantadas por un tierno mozalbete, un chaval de «Los Pequeños Cantores de Viena», por poner un ejemplo.
La soprano mencionada cantaba de maravilla, no es necesario decirlo, pero con un dramatismo, con un «romanticismo» que, simplemente, no era el que Bach había imaginado. Por hacer una comparación -no del todo exacta, como todas- es como cuando se restauraron los frescos de la Capilla Sixtina. Estábamos acostumbrados a verlos con esos tonos oscuros, que parecía que los dotaban de una dignidad, de la honrosa pátina de los siglos. Pues no: esa pátina no era otra cosa que suciedad, la provocada por el humo de los cientos de miles de velas que habían alumbrado la espaciosa estancia.



Más tarde, se pusieron tan de moda las interpretaciones históricas que, una vez más, fueron las mujeres las que tuvieron que pagar el pato, o el capón, tanto da. ¡Prohibido terminantemente que una buena mujer cante nada que vaya más atrás del clasicismo! ¡Qué aberración, qué despropósito, qué desfachatez más gorda sería tal cosa! Durante años las damas fueron absolutamente rechazadas, cual medievales leprosos, en la elección de cantantes para del Barroco hacia atrás. Poco a poco, pero muy poco a poco, fue volviendo el juicio, el sentido común más elemental, y se llegó a la conclusión de que una cosa no quitaba la otra, que la interpretación histórica estaba guay del Paraguay pero que, sobre todo, lo importante es que la música se interpretase bien interpretada, valga la redundancia, que los instrumentos y voces así o asá no conllevaba una buena interpretación. Porque, sobre todo por estos terrenos patrios, se hizo cada mierda con instrumentos originales que hacía vomitar a una hiena hambrienta, mierdas que ni tan siquiera eran históricamente correctas. Una cosa trae a la otra y, los contratenores, al ver que empezaban a perder terreno en su antiguo repertorio, se fueron atreviendo a cantar cosas cada vez más para acá del Barroco, hasta alcanzar la música del mismísimo siglo XX. Hoy por hoy, cada cual canta y toca lo que le da la realísima gana, y por fin prevalece, en ámbitos musicalmente cultos, sólo dos maneras de interpretar: la correcta y la mierdosa.
Sí, ya, ¿pero cómo suena la voz de contratenor? Allá vamos. Un contratenor demasiado desconocido por una gran mayoría, incluso de los cultillos, es Paul Esswood.
Este gran músico e intérprete grabó bajo la dirección de Gustav Leonhardt y Nikolaus Harnoncourt (o Johann Nicolaus Graf de la Fontaine und d'Harnoncourt-Unverzagt, no tiene pasta el colega aristócrata) la primera edición completa de las cantatas de Bach bajo la firma discográfica TELDEC. Sin más dilación, con ustedes, Paul Esswood, uno de los más grandes contratenores, cantando el aria Kommt, ihr angefochtnen Sunder, de la cantata BWV 30 de Johann Sebastian Bach:
Ahora escuchemos a Esswood cantando a dúo con un niño soprano del Knabenchor Hannover; con ellos el Leonhardt-Consort, bajo la dirección del maestro Gustav. Interpretan el aria dueto Die Armut, so Gott auf sich nimmt de la cantata BWV 91:

 

A continuación escuchemos esta bellísima aria, con oboe obligado y continuo formado por fagot y órgano; se trata de la famosa Kreutz und Krone sind verbunden, de la cantata BWV 12. Mismos intérpretes que la anterior. Es asombrosamente estremecedor el modo con el que Bach expresa, en el minuto 01.27, la palabra Kampf (lucha, combate), repitiendo una y otra vez el intervalo de segunda menor, obstinadamente, como obstinado e infatigable ha de ser el combate, la lucha. Estos recursos expresivos, que podríamos calificar de extra musicales, en tanto en cuanto intentan crear una imagen literaria, retórica de la palabra, eran moneda corriente en Bach. En esta misma aria podemos encontrar otros muchos. Es indispensable la lectura de, entre otros, el libro, Bach, el músico poeta, de Albert Schweitzer, para una comprensión de estos recursos. Schweitzer, Premio Nobel de la paz, ha sido puesto en entredicho por mucho intelectual de pacotilla; rompo una vez más una lanza en pro de este gran hombre y de su inmensa sabiduría, bondad y labor. La traducción que apunto es una que he encontrado por ahí...
 
Kreuz und Krone sind verbunden,
Kampf und Kleinod sind vereint.
Christen haben alle Stunden
Ihre Qual und ihren Feind,
Doch ihr Trost sind Christi Wunden.

La corona y la cruz se hacen una,
la recompensa se reúne con la lucha.
A todas horas los cristianos
tienen su angustia y sus enemigos
pero las heridas de Cristo son su consuelo.


Dada mi admiración por Esswood no puedo dejar de ponerles todavía un aria más. Las cantatas de Bach son uno de los mayores tesoros de la Humanidad. Han llegado a nuestros días unas doscientas pero se sabe que Bach escribió unas seiscientas. ¿Qué ha pasado con el resto? Una de las explicaciones es que Anna Magdalena, que quedó en la más negra miseria tras la muerte de su amado esposo, tuviera que hacer trueque con el carnicero de la esquina dándole preciosos manuscritos para envolver sus mercancías a cambio de unas pocas salchichas; el papel era un bien escaso en la época. ¿Saben qué les digo? que, dada la ruindad del hombre, que permitió que esta buena mujer muriera en la miseria, doy por muy bien perdidas esas cuatrocientas cantatas: ante la vida, el arte no es más que una nadería. Aun así, entre doscientas cantatas, es muy difícil escoger arias o lo que sea, es todo tan hermoso los contenido en ellas. Otro consejo: escuchen todas y cada una de estas cantatas; si no disponen de medios económicos para adquirirlas róbenlas, o vendan el televisor y con lo obtenido cómprenlas, y todavía les sobrará para comerse una salchicha y beberse una buena cerveza a la memoria de Anna Magdalena Bach. El aria que vamos a escuchar es Betörte Welt, betörte Welt, con flauta obligada, y pertenece a la cantata BWV 94. Mismos magistrales intérpretes.


Otro gran contratenor: René Jacobs.
Quizá mi versión preferida de entre las muchas que he escuchado de la célebre aria de la «Pasión según san Mateo», Erbarme dich, mein Gott, (Apiádate de mí, Dios mío), sea la interpretada por este músico colosal. Escuchémosle acompañado por La Petite Bande bajo la dirección de, cómo no, Gustav Leonhardt.


La misma aria cantada por otro contratenor en una grabación más reciente. David Daniels (no confundir Jack Daniel's). 
Jack:
David:
Bromas estúpidas aparte, escuchemos esta maravillosa aria en interpretación de este apuesto contratenor:


Otro contratenor Philippe Jaroussky, nos canta Vedro con mio diletto, de la ópera Il Giustino, creo, de Vivaldi:

Aquí, la misma aria, en una grabación de estudio. 


Volvemos a Bach. Ya lleva bastante tiempo en escena pero yo lo descubrí no hace mucho, el contratenor japo (japonés) Yoshikazu Mera. 
La foto en color de este gran cantante muestra un carácter un tanto equívoco, evidentemente da una imagen muy afeminada de Mera. Lo menciono porque es tema muy trillado: ¿son homosexuales todos los contratenores? No lo sé, no tengo ni idea, quizás unos sí y otros no, digo yo. Sí que puedo decir que alguno que he conocido lo era, c'est tout. Evidentemente a todos nos importa tres pitos la definición sexual de cualesquiera personas. Sin ir más lejos, al parecer, el mismísimo Sviatoslav Richter era homosexual, ¿y qué? Bien, sólo he sacado el tema porque es casi casi obligado, dado que estamos tratando de hombres que adoptan un rol muy femenino, nada más, y porque en cuanto se habla de estos caballeros siempre aparecen estúpidos comentarios y no menos estúpidas sonrisitas por aquí y por allá. Lo importante es que Mera también canta que es un primor; tiene un modo de ornamentar muy particular, original y, por supuesto, siempre correcto y dentro del estilo. Escuchemos el aria Bereite dich Zion, del «Oratorio de Navidad».


Del mismo oratorio y con los mismos intérpretes el aria Schliess mein Herze dies selige Wunder:

Esta les va a encantar. Mera canta el aria Ombra mai fu, de la ópera Xerxes, de Handel:


Una única digresión, ¿cómo suena esta bellísima página en voz de un tenor? Wunderlich la cantaba así:

Tal como ya hemos dicho, estos caballeros, pronto rebasaron el repertorio tras las fronteras del Barroco y ya puestos se pusieron a cantar música escrita ayer, o anteayer... Como siempre ocurre, unas veces con acierto, otras con menos acierto. Esta interpretación por parte de Mera de nuestro conocido Lied Morgen de Richard Strauss es muy correcta, en mi modesta opinión:


En cierta ocasión ya escuchamos la canción que propongo ahora: À Chloris, de Reynaldo Hahn. Hoy tenemos la oportunidad de escucharla en interpretación de Philippe Jaroussky:

El otro día compré por la red una porquería del tamaño de Las Montañas Rocosas interpretada, en plan los tres tenores o peor, por no recuerdo qué contratenor. Afortunadamente para ustedes, para la Humanidad y para mí mismo, tal sería la repugnancia que aquella bazofia me causó, que la he perdido, llevo más de media hora buscando y buscando y no la hallo. Lo vengo a decir porque también estos caballeros hacen cosas tan abominables como los que más. Que alguien toque con un instrumento determinado, cante de tal o cual manera, no quiere decir que todo lo que cante o toque se convierta en oro. Adoptar tal o cual pose, comprar tal o cual pasaporte, no conlleva ninguna garantía ni presupone que te otorgue paso franco al Olimpo. Cada vez que se interpreta cualquier música, hay que poner los cinco sentidos en todas y cada una de las notas y silencios que se ejecutan; el sentido común, el buen gusto, la inteligencia, una depuradísima técnica, una gran dosis de humildad, una gran honradez, en fin, podría seguir enumerando incontables factores imprescindibles para aproximarse a una buena interpretación. Es casi un prodigio que una interpretación de una buena música alcance, si no lo sublime, lo correcto, lo magistral. Bien, y para terminar, y ya que nos hemos escapado por los pelos de escuchar una descomunal inmundicia, deleitémonos con la interpretación que nuestro amigo japo Mera nos ofrece de la célebre Vocalise de Rachmaninov, y con ella despidámonos hasta la próxima, que espero que venga muy pronto.



Sin ton ni son he metido en una carpeta comprimida todos los audios, o casi, que aparecen en esta entrada, y quizá alguno más. Quien se los quiera descargar sólo tiene que seguir los protocolos habituales tras

donde pone pinchar en azulito. 

Que disfruten apaciblemente del veranito (veranito al menos por estas latitudes)

8 comentarios:

  1. ¡Olé, olé y olé! En estos tiempos, quizá uno de los pocos motivos por los que sentirse orgulloso de ser español es conocer esta lengua para leer tu blog.

    Que tengas un buen verano.

    Un fuerte abrazo

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    1. Qué alegría más grande que me das. Ojalá que siempre encontremos algún motivo para sentirnos orgullosos de lo que somos y de lo que hablamos.

      Muchas gracias y también para ti un feliz verano

      Un abrazo

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  2. Mis felicitaciones por tu blog...me hipnotiza, me rio, aprendo...voy a ver si voy poniendo en venta la Tv, para comprar las cantatas y algo de Mera.
    Gracias, por compartir de forma gratuita tus "cositas" con todos nosotros.
    GRANDE !!!

    Ramses (desde Rotterdam)

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    1. Pues sí, este Mera bien podría llamarse Mero, meramennte por aquello de que "de la mar el mero...", y porque sé que el mar y sus frutos son cosa muy de tu agrado. Y de las cantatas... qué te voy a decir: si de la mar el mero, del mero las cantatas.

      Me alegro mucho de saber de ti. Y te doy de todo corazón las gracias por tus palabras.

      Magníficos abrazos de tu

      Rincón de Rellano

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  3. ¡¡Ombra mai fu¡¡ Una de las mejores arias de Handel. Siempre me quedo encandilado cuando la escucho... es tan bonita.

    Creo que no se ha nombrado a Andreas Scholl. Me parece un gran contratenor que graba mucho con Herreweghe. Me acuerdo de "Jubilate, Domino" de Buxtehude interpretado por él.

    Y qué decir de R. Jacobs por ejemplo en la Misa en Si menor de Bach o en el Oratorio de Navidad...

    Es apasionante el mundo de los contratenores y su timbre vocal muy bello.

    Un cordial saludo y muy buena entrada en su blog.

    C. Pescanova.

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    1. En efecto, no se ha nombrado a Andreas Scholl, gran contratenor. Aunque últimamente los contratenores se están adentrando en repertorios quizá, al menos para mi gusto, no demasiado adecuados a su timbre. Pero no me parece mal, el arte es muy grande y muy libre.

      René Jacobs fue una de las mejores voces y, además, un músico de grandísima calidad.

      Si tengo tiempo, y me acuerdo (poco tiempo y cada vez peor memoria) subiré algo de Scholl que escuché no hace mucho y que rozaba casi el ridículo, no por su voz, siempre magnífica, sino por la "musiqueta" que cantaba. Y si lo encuentro...

      Muchas gracias por su participación en este su blog

      Un cordial saludo

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  4. Hermoso blog,,,,felicitaciones desde Argentina :)
    Ojalá alguna vez puedan compartir una lista de obras para contratenor, sería muy interesante. Un cálido abrazo.
    Angelito Rios. angelriosmusic@hotmail.com

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    1. Muchas gracias por sus felicitaciones. Últimamente tengo un poco abandonado el blog; ojalá pueda pronto retomarlo.
      Un afectuoso saludo

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