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martes, 14 de agosto de 2012

JOSEP


Aquel año, el aula en la que me había tocado dar clase, estaba en mitad de un larguísimo pasillo. No se sabe por qué ni cómo pero justo enfrente de la puerta había caído un banco vulgar y corriente, salido de un almacén cualquiera. Mi clase comenzaba a las nueve de la mañana. Como cada lunes, como cada jueves, sentado a ese banco se encontraba Josep, a las nueve menos diez de la mañana. Era la hora a la que solía yo llegar, diez minutillos antes del comienzo de la clase. Su saludo, afectuoso pero comedido, delimitado por un sincero respeto. El mío, más suelto, diría yo, afectuoso y sonriente, pero delimitado por un sincero respeto.
Mozart - Horn Quintet in E Flat, K407 - Adagio

Josep era un joven de unos diecinueve años que estudiaba la trompa, y que hacía 5º de Solfeo conmigo, último curso de la materia. Siempre vestía un chándal negro, o casi siempre, pero así lo recuerdo yo. Lo primero que se veía de él era su tamaño: un pecho amplio, tanto izquierda derecha como delante atrás; sobre ese torso su cabeza de pelo corto y negro, como un requinto, la barba lo mismo. Su cara, si estaba contento sonreía, si abrumado, seria, podía infundir un poco de miedo, sus ojos lo mismo, a veces brillantes y sonrientes, o apagados y ojerosos.
Bach - Suite nº 2 in D minor BWV 1008 - Prelude - Transcripción para trompa - Jacek Muzyk
Cuando lo veías por primera vez seguías observando a Josep y te dabas cuenta de que llevaba muletas, y algo más, Josep sólo tenía una pierna; un camal de su chándal iba recogido, o estaba composturado a la altura de la cadera. Las primeras veces no sabías muy bien cómo llevar la situación pero pronto la naturalidad iba marcando las pautas.
Schumann - Adagio and Allegro Op. 70 Adagio Langsam mit innigem Ausdruck - Szabolcs Zempleni
Estudió conmigo 4º de Solfeo del plan del 66, y 5º al año siguiente. Tenía aptitudes, pero para la dificultad de ese nivel de estudios no habían sido educadas y pulidas correctamente. Su curiosidad tan grande como si quisiera llenar su pecho en cada bocanada. Su amor por la música y su buena disposición a su estudio eran espontáneas, constantes. El carácter de Josep, como ya hemos insinuado arriba, era casi siempre alegre y animado; en algunas ocasiones retraído, serio y meditabundo.
Bach - Suite nº 1 in G major BWV 1007 - Menuet 1 - Transcripción para trompa - Jacek Muzyk

Bach - Suite nº 1 in G major BWV 1007 Menuet 2 - Transcripción para trompa - Jacek Muzyk
Jamás se me hubiera ocurrido preguntar a Josep la razón de su carencia. Tampoco él demostraba ningún interés en andarse con explicaciones. Han pasado más de quince años de aquellos cursos, creo que ya se puede hablar de ello sin faltar a la discreción y al respeto. Y es que dio la coincidencia de que alguien que ejercía la enfermería a quien conocía muy bien me dice un buen día: ¡conozco a un alumno tuyo, toca en trombón o algo así! (no recuerdo si dijo «trompón»). Con esa única e imprecisa identificación me quedé igual. Tras unas cuantas explicaciones y descripciones caí en la cuenta de que se trataba de Josep. Este alguien trabajaba en una planta de oncología de un hospital de la ciudad: compartimos opiniones de un joven al que a ambos se nos había encomendado la responsabilidad de atender. Así, mi colega comprendió que aquello no era «el trompón» y yo supe la razón de esa carencia.
Bach Suite nº 3 in C major BWV 1009 - Bourree 1 - Transcripción para trompa - Jacek Muzyk
Pasó el tiempo, los meses. Josep acudía con asiduidad y puntualidad a sus clases de todas las materias. No vivía en la ciudad, en un pueblo a unos cincuenta kilómetros, su padre lo llevaba y traía con idéntica asiduidad y puntualidad. Alguna semana que otra desaparecían padre e hijo, a otros lugares y menesteres tendrían que acudir más importantes, o la salud les impediría acudir al conservatorio.
Llegó un día de especial alegría: Josep me contó que ya habían transcurrido los cinco años preceptivos y que ya le iban a dar el alta, sólo una vez cada seis meses, o una vez al año, tendría que pasar revisión a partir de entonces. La noticia era buena, la palabra curación revoloteaba por el ambiente. Tiempo de esperanza, de planes de futuro, cómo molaría estudiar con Baumann, en fin, tiempo al tiempo.
Schumann - Adagio and Allegro Op. 70 Allegro - Rasch und feurig - Szabolcs Zempleni


Un día me llama ATS: tras unos saludos un poco tensos me cuenta: hemos hecho una revisión a Josep, los resultados no podrían haber sido peores, tres, a lo sumo cuatro meses. ¡Pero si le habían dado el alta hace poco! Ya, pero esto es así, ya sabes... Todo el mundo había decidido no decirle la verdad a Josep. El médico aconsejó a Josep no tocar la trompa durante un tiempo, que tenía una infección pulmonar o algo así, y que llevara vida normal. Josep me contó con pena lo que le había dicho el médico. A las clases de Solfeo podía seguir viniendo pero eso de no poder tocar la trompa... Bueno, le dije yo, siempre puedes aprovechar para estudiar un poco el piano, que buena falta os hace a todos.
Misty - Tsuyoshi Yamamoto Trio
La solución surgió por lógica; a partir de esa semana vendría media hora antes de mi comienzo de las clases a que le enseñase un poco a tocar el piano, de modo extraoficial, claro. Allí venía Josep a tocar escalas y arpegios, y alguna otra cosilla. Yo le exigía lo mismo: no dobles los dedos, mide bien, haz que suene bonito aunque sean cuatro notas, venga, otra vez. Su padre, que sabía que yo estaba al tanto, su padre y yo nos mirábamos al entrar y al salir, de una manera a la vez cómplice y esquiva. Después de un tiempo, Josep, se puso mal, dejó de venir a las clases, le internaron en el hospital. Fui a verle, le llevé de regalo unos cedés con cantatas de Bach. Hay que decir que desde el primer momento se había establecido entre Josep y yo una relación que iba un poquito más allá de la estricta entre un profesor y un alumno. Hablábamos de muchas cosas, decía que yo le había descubierto muchas cosas, estaba contento de tenerme como profesor; yo también tomé muy pronto afecto a Josep, era una persona muy buena, y un buen alumno.

Schumann - Drei Romanzen Op. 94 nº 2. Einfach innig - Transcripción para trompa - Szabolcs Zempleni

De nuevo el teléfono, pronto por la mañana: esta noche, estaba muy sedado, no ha sufrido, su madre está destrozada. Cogí los bártulos y me fui a clase. Estuve casi toda la mañana llevando bien la situación; en algún momento los ojos se me nublaron, quizá en algún momento demasiado. Aquellos odiosos pasillos me evocaban un hospital, o una cárcel, estalinista. No lo digo por presunción ni nada remotamente similar, más bien con asombro: yo era la persona más afectada de todo el conservatorio.
Brahms Trio in C minor, Op. 101- I. Allegro energico


En su pueblo, la tradición, al parecer, consiste en formar fila de a uno a ambos lados de las calles que conducen a la casa del difunto, fila pero mirando al centro de la calzada, a todo quien pasaba. Las calles eran estrechas, y por ellas anduvimos ATS y yo, escudriñados, más que observados. La de Josep era una casa de pueblo, pequeña, recóndita, que al llegar a ella tenía las puertas de par en par, de modo que ya desde la calle podía contemplar la escena. Al entrar, su padre, vino rápido a mí, nos abrazamos, él lloraba, yo decía ánimo. La madre estaba junto al féretro, a su izquierda, de allí no se movía, cuando me vio se dirigió a su hijo: «Mira, Josep, ha venido tu amigo, Carlos, tu profesor». Con toda la templanza de la que pude hacer acopio bajé levemente la cabeza, cerré levemente los ojos, no había nada que decir. Un instante, me di la vuelta, me despedí del padre y salí a desandar la calle oscura, y volví a ser escrudiñado, todavía más escudriñado. No nos quedamos más tiempo, cogimos el coche y a casa.
¿Por qué actué como lo hice durante todo ese tiempo? ¿Por bondad? No lo sé, pero no creo: me desbordaba la situación. Procuraba hacerme preguntas simples: ¿qué crees, que se alegrará si vas a verle al hospital?, sí, creo que se alegrará: pues ve al hospital. Era difícil darle clases de piano sabiendo y él no: ¿cuánto enseñar? ¿cómo? ¿me delataría algún gesto, alguna palabra? Yo pensaba una y otra vez que era mi obligación, mi responsabilidad, tratar a aquella persona lo mejor posible, y por lo tanto en cada clase de piano trabajamos con la mayor exigencia y profesionalidad, con el amor con que se hacen las cosas cuando se quieren hacer bien. Como leí no sé dónde, por millones de judíos no puedes hacer nada, de incontables no puedes contar nada: pero por un ser humano, arrebatado de las estadísticas, se pueden contar unas cuantas cosas, alguna cosa se puede hacer por su bien, para su bien. También he dudado mucho antes de contar esta historia: ¿pensará la gente que lo hago para decir «mirad, qué bueno fui»?; al final, dos conclusiones: no sé por qué lo hago, creo que por vanidad no, tampoco por bondad, en todo caso por rescatar una individualidad, un ser humano con nombre e ilusiones, con sus risas y sus llantos, rescatarlo del olvido, uno es inmortal mientras es recordado, él, no todo un grupo del que forma parte; lo que opine la gente es secundario, no me importa demasiado. La segunda razón es hacer ver a quienes más adelante desempeñen la docencia que se les presentarán situaciones absolutamente inimaginables, y que nadie les habrá preparado para ellas; entonces procurad haceos preguntas sencillas, con respuestas sencillas, acordaos, sois funcionarios del Estado Español, o contratados en cualquier escuela, se os ha escogido entre muchos para que atendáis y defendáis a las personas que os sean encomendadas; no tratéis a vuestros alumnos pensando que podríais ser vosotros, que así es como os gustaría ser tratados; a nadie le importa un pito lo que a vosotros os gustaría, vosotros, sencillamente, debéis cumplir con  vuestro deber. Lo mejor que seáis capaces. Las preguntas profundas, las de respuestas complejas, os las llevaréis con vosotros, cargaréis con ellas toda la vida, nunca estaréis plenamente seguros ni de una sola respuesta. No pasa nada, así son las cosas, la vida está cimentada en la incerteza: solo hay que procurar tener unos pocos pilares bien firmes, unas pocas preguntas sencillas y sus elementales respuestas.
Ravel - Pavane Pour Une Infante Defunte - Transcripción para tuba - Gene Pokorny




6 comentarios:

  1. Se m'han posat el pèls de punta... Moltes vegades la vida és injusta i s'en va la persona més noble, innocent, e indefensa. Els que tenim la sort de tindre una bona salut no sabem el que tenim!A fer la mà els diners, les sumptuositats, déu i sa mare!

    un abraç.

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    1. Sí, José Luis, somos afortunados, muy afortunados. Josep era todo eso que has dicho, noble, inocente, indefensao, y la vida no le dio tiempo para nada, no le dio la más mínima oportunidad, vivió con la sombra del miedo acechándole detrás de cada nota. Aprovechemos cada minuto viviendo las cosas valiosas de la vida, y, como tú dices, lo demás a fer la mà.

      Un abrazo

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    2. Carlos me ha conmovido mucho tu enalce y he recordado y visualzado todo lo que cuentas...

      Curiosamente esta semana me vino a la mente Josep...y recordé una anecdota de él, por eso el hecho de que tu escribieras sobra él ésta semana, me ha conmovido doblemnete.

      Josep fue conmigo a clase de solfeo y recuerdo que otro colega nuestro hizo incampie desde el inico del curso de la super moto que se habia comprado, sieeeeempre hablaba de su motaza. Un dia, a mitad de curso, antes de que comenzara la clase con Carlos, Josep, con el sentido del humor que le caracterizaba se acercó a éste colega de la moto y le dijo: "oye! que le ha pasado a tu moto? menudo golpe le has dado no? que pena, y eso que estaba nueva..."

      El colega de la moto se quedo blaaaancooooo y miro a Josep y le dijo temloroso y con los ojos muy abiertos:

      "que?"

      y Josep : si si , el otro dia no lo tenias pero acabo de ver el golpeztazo que te has dado, que putada , no?...

      Josep le estaba gastando un broma y al pobre colega lo acojono profundamente. Peor Josep acortó su agonia y enseguida corto con un:
      " ye tio! que era broma!
      y todos nos reimos muchoooo porque lo hizo taaan bien....y con tanta gracias....jajajajaja.

      Gracias Carlos por este recuerdo tan bonito.

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    3. Sí, sí, Josep tenía un gran sentido del humor, y otras muchas virtudes. Nunca se sintió acomplejado, ni utilizó su carencia para sacar provecho de ningún profesor; tampoco se dejaba ayudar, sin poner mala cara ni gruñir, pero siempre quería valerse por sí mismo. Al escribir este recuerdo de Josep, he dejado muchas cosas en el tintero, anécdotas graciosas, pero sobre todo detalles muy tristes. No he querido en ningún momento despertar la curiosidad morbosa de nadie. Yo, hubo momentos en los que lo pasé muy mal, todo me resultó muy difícil, imagínate. Pero me alegro enormemente de haber sido yo quien compartiera esos momentos con Josep. Josep y yo fuimos amigos, yo le cambié un poco a él, y sobre todo, él me cambió mucho a mí. Siempre estará en mi recuerdo y siempre estaré en deuda con él.

      Cuánto me alegro de que, a pesar de los muchos años pasados, estemos aquí, recordándole con tanto cariño. Gracias por contarnos la anécdota, muchas gracias.

      Un abrazo

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  2. Carlos:

    Lo de Josep me ha tocado. Quiero-necesito- escribir algo. Me ha dado por ponerme a pensar que debo evitar lo frívolo, pues, qué importa el orzuelo propio ante el cáncer ajeno?

    Sin embargo, lo poco que puedo aportar a los sentidos comentarios que me anteceden, es decirte lo ya dicho: tu Blog me ayuda a vivir un poco más cada día.

    Abrazo desde Montevideo, Uruguay.

    Julio

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    1. Julio:

      También yo, cuando ocurrió lo de Josep, pensé que tenía que cambiar mi vida, sin darme cuenta de que ya había cambiado, de que yo ya era otro. Pero todavía me esforcé, sobre todo, en aprovechar con más ahínco cada minuto de mis días. Pero somos humanos y, por suerte, nuestra mente tiene un mecanismo para ayudarnos a seguir adelante: el olvido. Casi cada día recuerdo a Josep, pero ya no me remuerde la angustia que viví todos aquellos meses. Al cabo, además de la indignación, la inmensa pena, el inabarcable desconsuelo, queda, flotando sobre estos sentimientos, la alegría de haber conocido a una persona tan buena como fue Josep, el mínimo consuelo de haber podido asistirle en su tragedia y haber compartido con él un ápice de su infame, terriblemente injusto infortunio.

      Te abraza desde Valencia

      Carlos

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