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viernes, 14 de septiembre de 2012

GABRIEL FAURÉ - «APRÈS UN RÊVE»

Ya he repetido en sobradas ocasiones que Gabriel Fauré es uno de mis más amados compositores. Es innegable la soberanía de Bach, de Mozart, de Beethoven; Fauré no puede competir con estos colosos, quizá tampoco con otros muchos más modestos. También he repetido mi parecer de que una obra de arte, cuando es una obra maestra, encontrará iguales, pero no superiores. Así, en el caso de Fauré, yo creo, es mi modesta opinión, creo reconocer algunas de tales obras; ciertamente he de admitir que quizá me deje llevar por mis preferencias personales. Hace un momento comentaba con alguien por teléfono que es demostrable objetiva e irrefutablemente la maestría de, pongamos por caso, un intérprete; por lo tanto, también es demostrable la ineptitud, la mediocridad, la vulgaridad, la tosquedad en un artista, que sólo él y sus acólitos utilizarán el adjetivo, en este caso, de artista. Como ejemplo del primer tipo citaba a Chet Baker; no es elegante, lo sé, mentar un espécimen de la segunda especie: no es necesario, el mundete de la música pop o moderna española tiene un extenso elenco con el que ilustrarnos.

No se puede considerar a Fauré un gran compositor, no escribió, por ejemplo, sinfonías. Compuso música para piano solo, de cámara, religiosa, alguna obra orquestal y canciones, especialmente canciones. Dejando a un lado preferencias personales podemos afirmar que es uno de los compositores clave en la evolución de la música europea. Dejando a otro lado rollos históricos es muy importante señalar que compuso algunas de las canciones más bellas de la historia de la música. En Francia, la palabra «mélodie» es la equivalente a la alemana «Lied». Nosotros, los españoletes, no tenemos una palabra equivalente, es una pena. De modo que «mélodie» no significa sólo «melodía» sino más específicamente «canción culta» o «canción de concierto» o simplemente «canción». Fauré escribió multitud de ellas y tan hermosas que es muy difícil decantarse por una u otra. No obstante yo he escogido para hoy «Après un rêve», «Después de un sueño»; es una de mis preferidas y de las más bellas jamás escritas, una verdadera obra maestra. Para que una composición pueda considerarse una obra maestra han de confluir varios factores. En el caso de una canción hay que tener en consideración al menos tres aspectos: melodía, armonía y texto. En la canción que nos ocupa estos tres elementos son de calidad sólo igualable, no superable. 


La melodía de esta canción es de un trazo delicado y de una inspiración encantadora. Su sencillez inicial cautiva desde los primeros intervalos; poco a poco va adquiriendo complejidad que sin embargo pasa desapercibida por la coherencia de su escritura. Así, unos arabescos o melismas de suaves inflexiones modales, fluyen en nuestros oídos como el agua menuda de un arroyo.
Hemos dicho que Fauré es clave en la evolución de la música. Quizá sea en la armonía donde sus aportaciones sean más determinantes. En la canción que nos ocupa, ya desde el inicio, tras la repetición de unos acordes de tónica en estado fundamental, nos sorprende con un acorde repleto de sugerencias, de promesas, nos abre un horizonte en el que una calma curiosidad ilumina con una llama surgida de la nada; se trata de un acorde de novena mayor de dominante, que será ampliamente utilizado por los impresionistas.
El texto es de origen popular toscano, y está estilizado por Romain Bussine, poeta que también fue barítono. Decir que algo es anónimo significa que es de autor desconocido; la mujer o el hombre que escribió este poema compuso, sin quizá percatarse, una obra maestra; seguro que no sabía que bajo el vago nombre de «Anónimo» iba a pasar a la posteridad como gran artista. Son los mejores, aquellos que, como los arquitectos y escultores del románico, como aquellos desconocidos diestros alumnos de Fidias, hacían su labor sin afán de fama, tan sólo afanados en hacer bien su trabajo.
He encontrado en dos sitios distintos la misma traducción aunque en ninguno dice a quién pertenece. Da igual; hay que escuchar la canción varias veces, leer la traducción, poco a poco leerla en francés (quien sabe francés va directo); has de dejarte poseer dulcemente por el ensueño de esta etérea música, melancólica y dulce como un atardecer otoñal en la brumosa campiña. El final del texto es estremecedor, y Fauré le da todo su sentido, toda su expresión con la música que escribe: estirando las notas va repitiendo las palabras que el poeta ha escrito, heroicas, desafiantes:

«Revieens, reviens raideuse,
reviens ô nuit misterieuse

¡Vuelve, vuelve radiante,
vuelve, oh, noche misteriosa!
Après un rëve

Dans un sommeil que charmait ton image
Je rêvais le bonheur ardent mirage,
Tes yeux étaient plus doux, ta voix pure et sonore,
Tu rayonnais comme un ciel éclairé par l´aurore;

Tu m´appelais et je quittais la terre
Pour m´enfuir avec toi vers la lumière,
Les cieux pour nous entr´ouvraient leurs nues,
Splendeurs inconnues, lueurs divines entrevues,

Hélas! Hélas! triste réveil des songes
Je t´appelle, ô nuit, rends moi tes mensonges,
Reviens, reviens radieuse,
Reviens ô nuit mystérieuse

.·*oO0Oo*·.

Después de un sueño

Mientras dormía, atesorando tu imagen,
Soñé la dicha, un espejismo ardiente:
Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora,
Brillabas como un cielo en la claridad de la aurora.

Tú me llamabas y yo dejaba la tierra
Para escapar contigo hacia la luz;
Los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes,
Esplendores desconocidos, divinos claroscuros…

¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños!
Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños,
¡Regresa, regresa radiante,
Regresa, oh noche misteriosa!

La vida onírica es un universo paralelo. Su importancia, su trascendencia en la vida real es determinante. Dejando aparte esos libelos de feria en los que se afirma que, por ejemplo, soñar con la muerte de alguien significa que le alargas la vida y otras sandeces de mayor o menor calibre, la lectura e interpretación inteligente y culta de los sueños es fundamental en el psicoanálisis, y gracias a este estudio de los sueños se puede comprender mucho mejor la patología de un paciente, algo que contribuirá decisivamente en la curación de su enfermedad. La mente necesita soñar mientras se duerme: al despertar, recordaremos o no lo soñado, pero soñar, lo  hemos hecho. Los sueños pueden ser absolutamente fantasiosos, fantásticos, improbables en la vida real, como por ejemplo que se posee la facultad de volar, o pueden reflejar acontecimientos y situaciones de la vida cotidiana. En este segundo caso, la sensación que percibimos durante el sueño es muy amplificada, intensificada, idealizada. De esto trata el texto de esta canción: el protagonista reconoce que el sueño ha sido un engaño, un espejismo, casi un hechizo, en todo caso una falsedad; aún así ansía el retorno del sueño, rechaza el despertar, llama ardientemente a la noche, le ruega que regrese, suplica vehemente el retorno al encantamiento.
Son incontables las versiones y transcripciones que se han hecho de esta maravillosa canción. Creo poseer más de veinte, más de treinta, no lo sé. No se asusten, voy a seleccionar las mínimas posibles, como siempre para no hacer que la aborrezcan. De un modo aparentemente inopinado voy a comenzar por unas transcripciones para instrumentos de metal, en sucesión de más grave a más agudo. El euphonium, en español de toda la vida bombardino, es un instrumento de tesitura tenor; su sonido es muy hermoso, dulce y aterciopelado. Curiosamente es uno de los primeros instrumentos que estudié yo. Interpreta esta canción maravillosamente Steven Mead.
 
A la tesitura alto corresponde la trompa. La audición que ahora propongo es una transcripción para este instrumento interpretada por John Cerminaro. Este hombre consigue un sonido muy hermoso, y el sentido que le da a la canción, la expresión, es muy propia de la personalidad de la trompa: amable, noble, furiosa, potente, dulce pero siempre masculina. No puedo dejar de recordad a mi querido Josep; quién sabe, quizá el más allá no sea más que el paralelo mundo de los sueños, tan lejano y a la vez próximo... Dedicada a Josep.

 
De un disco precioso escuchamos ahora una versión para trompeta: tocan Touvron, G., trompeta y Bourges, J. el piano:
Pasemos ahora a escuchar unas versiones vocales, masculinas. Primero una de mis preferidas, excepcional, debida a un cantante casi desconocido: Paul Derenne. Esta canción hay que cantarla de manera íntima, casi susurrada, con toda la dulzura y ternura de la que uno sea capaz, misteriosamente.
Comparemos a Derenne con Tom Evans. Sin hacerlo nada mal este último, la dulzura, la intimidad de Derenne resulta, al menos para mí, más cautivadora. Evans da a su interpretación el carácter más majestuoso propio del sentido desafiante del final del texto.

 
Quizá el cantante más autorizado en la interpretación de Fauré y otros autores franceses sea Gerard Souzay. Su versión de esta canción como la de tantas otras, no tiene discusión, es, tan sólo,  ejemplar. Escuchemos a Souzay que ya, en alguna ocasión, nos ha deleitado en este blog con su bella voz y elegantes maneras.
Una versión intermedia en cuanto a su ímpetu, entre la de Derenne junto a Souzay por un lado y la de Evans por otro es esta, preciosa, que nos obsequia Hugues Cuenod.

 
Para rescatar de un olvido injusto, o imperdonable ignorancia, a quien ha sido calificado como el mejor tenor del siglo XX, les traigo esta grabación de 1933, en la que George Thill (1897 - 1984), todavía nos emociona y hechiza, a pesar del vintage añadido del ruido que produce la aguja al circular por los finos raíles de un disco negro de aquellos.

 
Escuchemos a las damas. Hay dos versiones en bocas de todo entendido, la de Kiri Te Kanawa y la de Nathalie Stutzmann. No diré cuál de las dos versiones me parece mejor. O peor. Simplemente, como son tan famosas, las pasamos por alto. Comenzaré por una de las, a mi entender, más correctas y más hermosas, la de una cantante mucho menos famosa que las supradichas: Véronique Gens. En este caso, además, los estudiantes de música podrán seguir la partitura y comprobar si sus oídos les habían informado con exactitud del devenir musical o en qué grado desviado. Ya me decidiré a elaborar alguna entrada sobre la formación auditiva con seriedad y cuidado. No obstante, el estudiante avisado no debe dejar pasar las ocasiones de ejercitar su oído musical que, aunque sea por azar, aquí y allá se le presentan. Como decía, Véronique Gens, que da gozo. No desesperen, desde que se da al play hasta que comienza la música pasa una eternidad.

Más ejercicio. La siguiente versión es de la misma cantante, pero, ¿es la misma grabación? ¿sí? ¿no? ¿qué? ...
Otra de las voces famosas es la de Barbara Hendrics. La pongo para que se hagan una idea de cómo cantan esta sencilla canción las «grandes», no porque me entusiasme.

 
Una cantante bastante desconocida nos trae una versión pulcra y sencilla, además tiene una bella voz, Rachel Yakar.

 
Renée Fleming, un poquito excesiva.

 
Sandrine Piau, muy bien.
Volvamos a transcripciones para instrumento solista y piano. Esta, para violín, es muy, muy expresiva, con portamentos y cosas así. No está mal. Anne Akiko Meyers es la intérprete y la toca con un estilo, digamos, más suelto.
Paul Tortieler, al chelo, nos recuerda que fue un gran violonchelista.
Ya en alguna que otra ocasión he traído a este joven violonchelista por quien siento cierta debilidad, Stjepan Hauser. Lleva un tempo tan lento que parece que no vaya a poder, pero sí, puede.

Una canción tan bonita no es fácil que se escape de las garras de arreglistas e intérpretes alejados más o menos del estilo clásico. De nuevo, incontables versiones en prácticamente todos los estilos, se han grabado de Après un rêve. Comencemos por la siempre elegante Barbra Streisand.
Un paso más alejada este arreglo, con momentos muy buenos, en versión de Etiole, en un disco titulado Ali Project.
Ya en un jazz declarado escuchamos esta versión de Fleurine. El disco se llama Fire, pero el trío que toca no sé por quiés está compuesto.
Franck Monnet es un cantante casi completamente desconocido. No lo hace mal del todo, aunque en algún momento desafina un pelín y ponen algún acorde dudoso.
Merece la pena dedicar un tiempo a escuchar a Earld Wild, pianista, cómo arregla y varía nuestra canción.
El Sir Roland Hanna Trio, con Ron Carter y Grady Tate nos ofrecen esta versión jazz, de lo mejor en su género.
 Ya no les robo más tiempo. Hay más versiones, supongo. La uranografía sería una ciencia aplicada útil para quizá hallar otras, quizá en otros planetas, mundos, o más allá de los sueños. Las de la entrada, menos alguna, junto con varias otras difíciles de hallar, pulsando las iniciales del maestro.


P. S. Un bis: Arturo Sandoval con unos colegas.


16 comentarios:

  1. pues nada, que me has hecho buscarme una amiga pianista para hacer nuestra versión de clarinete y piano. No puede ser contigo!

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    1. Seguro que la bordas. Si la grabáis, y queréis, os prometo que la subo. Gracias, José, siempre muchas gracias.

      Un abrazo

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  2. Sí que quiero grabarla y subirla a YouTube. Te la enlazaré, y si te merece la pena el permiso lo tienes, obviamente!

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  3. Ténue quimera, etérea, rodea mi visión. Dádivas te adelanto, Monsier.

    Gracias muchas texto el, música la, por.

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    1. Justo cuando a punto estoy de entregarme a los brazos de Morfeo recibo este enigma. Quizá él, durante el sueño, me ayude a revelar su escondido significado.
      Muchas gracias por el comentario
      Dulces sueños

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  4. Que bella canción... El año pasado tuve el placer de trabajarla con una compañera y, desde el momento en que llegó a mis manos su partitura quedé prendado de su belleza.
    Gracias Carlos por este fabuloso muestrario!!

    Un saludo fuerte!

    PD: Me parece preciosa la versión de Earld Wild, que belleza!

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    1. Es una canción muy hermosa, y melancólica. Se puede estudiar por muchos años que siempre se descubrirán nuevos matices. Wild hace una muy interesante, y bella, recreación.

      Gracias por tu comentario

      Un afectuoso saludo

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  5. La estoy preparando con trombón y piano. Me encanta este tema. Con este intrumento hay una grabación de Christian Lindberg muy buena, pero la de bombardino que tienes aquí arriba es la versión que escuché que más se parece a mi percepción de la obra. Genial, muchas gracias!

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    1. Es que Christian Lindberg es un trombonista excepcional. Ha tocado transcripciones de innumerables obras, demostrando, las más de las veces, un buen gusto exquisito. La versión de aquí arriba al bombardino es muy buena, estoy de acuerdo contigo. No sé si te habrás percatado de que pinchando con el ratón donde pone G. F. te puedes bajar todas las versiones de esta entrada desde Mediafire. Y gracias a ti por tu comentario.
      Un cordial saludo

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  6. Excelente trabajo, he aprendido mucho con todo lo dicho aquí para una bellísima pieza que no sabía tenía tanta historia... Gracias.

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    1. Gracias a usted, Luz Divina, por su amable comentario. Como habrá podido comprobar los reproductores de audio no funcionan pero se puede bajar usted todas las interpretaciones pulsando en las iniciales G. F.

      Un cordial saludo

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    2. Pensé que era una falla de mi audio (ha estado mal estos días), gracias... lo haré.

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  7. Me encantó, descubrí a Fauré haciendo mientras revisaba los otros dos Claros de luna más conocidos. Llegué a este blog buscando la letra. Muchas gracias, tienen un hermoso blog. Saludos cordiales.

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    1. Muchas gracias a usted por su amable comentario. Este blog tuvo sus grandes momentos, cuando, por ejemplo, funcionaban todos los audios. Ahora ya no es lo que era, por eso le agradezco, todavía más, sus generosas palabras.

      Un saludo cordial

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  8. https://www.youtube.com/watch?v=Xdws9vFeTQ4
    sublime

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    1. ¡Una versión más!, y las que todavía nos quedarán por descubrir.

      Muchas gracias,

      un cordial saludo.

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