Páginas vistas en total

Seguidores

jueves, 20 de septiembre de 2012

J. L. BORGES - «LÍMITES» - «A QUIEN ESTÁ LEYÉNDOME»

Borges escribió, que ahora recuerde, dos poemas con el mismo título, «Límites». En ellos evoca confines, lindes, términos y conclusiones inaplazables de sus horas. En uno de ellos nos cuenta que ese verano le va a traer su quincuagésimo verano. A mí, este, me ha traído mi quincuagésimo primo, y no me he parado a sopesarlo, ni tan siquiera, al pasar a mi lado, he demorado mi paso para echarle un vistazo. En otro lugar, en un soneto, «A quien está leyéndome», dice semejantes cosas, pero a quien lee los versos. Me parecen los tres poemas muy hermosos, y han venido a mi mente a ponerme sobre aviso de que el verano acaba, y que el otoño se parece un poco a la muerte, y que el otoño es bello, dulce y amable como la tenue sombra de un bosque.



Límites

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a Quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifronte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son los que me ha querido y olvidado;
espacio y tiempo y Borges ya me dejan.



A quien está leyéndome

Eres invulnerable. ¿No te han dado
los números que rigen tu destino
certidumbre de polvo? ¿No es acaso
tu irreversible tiempo el de aquel río

en cuyo espejo Heráclito vio el símbolo
de su fugacidad? Te espera el mármol
que no leerás. En él ya están escritos
la fecha, la ciudad y el epitafio.

Sueños del tiempo son también los otros,
no firme bronce ni acendrado oro;
el universo es, como tú, Proteo.

Sombra, irás a la sombra que te aguarda
fatal en el confín de tu jornada;
piensa que de algún modo ya estás muerto.



Límites

Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar.
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos.,
hay un espejo que me ha visto por última vez,
hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
hay alguno que ya nunca abriré.
Este verano cumpliré cincuenta años;
la muerte me desgasta, incesante.

 

 


2 comentarios:

  1. Este último Límites arranca lágrimas...oh dios cuánta belleza y dolor!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Usted, querida Inés, debe de entender muchos matices de Borges que a mí, tan lejano a su común país, se me deben de escapar. Por eso, qué placer infinito (ya lo sé, nada es infinito) leer y releer y volver a releer a Borges, siempre descubre uno algo nuevo, algo que hasta ese instante no había percibido. Cuántas veces belleza, lágrimas y dolor van unidos.

      Gracias, querida Inés, por su participación en este su blog.

      Eliminar