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miércoles, 5 de septiembre de 2012

WITH A SONG IN MY HEART (many songs)

Ya estoy de vuelta, sí, he pasado unos encantadores días, por prescripción policial,  en una acogedora habitación con vistas a las bellas ruinas de una central nuclear en la «Burn Unit of the Department of Psychiatry at the Maximum Security Prison Orphanage of Our Lady of Forgetfulness» (Unidad de Quemados de la Sección de Psiquiatría de la Penitenciaria de Máxima Seguridad del Orfanato de Nuestra Señora del Olvido), Florence (no confundir), Kentucky.
La permanencia en este lugar se ve asegurada por un par de sistemas muy ingeniosos: el primero consta de un alambicado entramado de vallas y cercados que le quitan las ganas de huir al más cuerdo de los internos; en una ocasión hubo uno que se sintió capaz de burlar tanto corral y tanta corrala: fracasó, entre coces y mordiscos de las bestias allí adocenadas, el hedor de las boñigas que tales podencos esparcen a su paso y las picaduras de las moscas a enjambres que en tales deposiciones encuentran su alimento y sustento, perdió el poco juicio que le restaba y acabó perdido, a pocos metros de la Institución, desplazando a cuatro patas su andrajoso y lacerado cuerpo, profiriendo unos extraños y escalofriantes gritos y quejidos que parecían querer asemejarse al rebuzno de un onagro.
El otro sistema es más simple pero no menos disuasorio y efectivo:
La cosa es que ayer mismo me soltaron, bueno, me dieron el alta, y acto seguido cogí un viejo caballo alazán que vi por allí un poco despistado y me puse en camino. ¡Ah! no hay nada como la libertad, uno no sabe el verdadero valor de las cosas hasta que no pasa por caja. A lomos de mi caballo avanzaba a trotecillo breve cantando aquella hermosa y vieja canción que aprendí de niño en las extensas praderas y sus largas noches al calor de una higuera, perdón, hoguera, todavía no me han dejado fino fino...

 

En el camino de regreso, en el que no faltaron aventuras, justas y lances, unas bellas, modestas y recatadas lugareñas me cantaron tan bellas canciones que apunto estuve de renunciar a mi regreso y quedarme a recorrer tan hermosas, a menudo agrestes tierras, el corazón dividido, pues dos fueron las canoras damas, tan prendado quedara yo dellas; cantóme primero la de gafas, la de la botella acto seguido:

 


Pero bueno, a lo hecho pecho, y aunque mi corazón estaba herido como paloma en el bosque, no detuve mi trasiego y aquí estoy de nuevo, «Con una canción en mi corazón» o, mejor dicho, con muchas canciones en mi corazón, con un corazón repleto de canciones. Permanezcan atentos a su siempre fiel «Aquí Radio Armenia» que en los días venideros les deleitará con músicas de las más bellas, amenas, deliciosas y entretenidas.

Al llegar, aunque cansado del camino, a mi miserable morada, no pude sino sentarme a mi viejo, a mi amado piano y, junto a unos amigachos que hice en Kentucky, ponerme a desvariar sobre el tema que las doncellas de los lindos tocados me entonaron. No debimos hacerlo mal del todo, pues pronto unos pocos vecinos y extraños se ajuntaron cabe los ventanucos, y algo debió agradarles pues algunos aplausos, breves pero sinceros, nos brindaron.

 


Al terminar la velada, mi amigo Daniel's, Jack Daniel's, se dirigió a los congregados y, de la emoción que sentía (sumada a la curda que llevaba) les dijo unas palabras sin sentido e incomprensibles, para regocijo, e incluso befa, de todos cuantos allí ayuntados nos hallábamos.

2 comentarios:

  1. Amigo, precioso relato te has sacado de la manga. Y qué frases tan buenas y largas… Esperemos que ese camino sea tan largo como esa prosa y siga lleno de aventuras y cosas buenas. Gracias por este soplo de alegría en forma de canción que nos regalas una vez más. Muy bueno lo del amigo Daniel,s.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias, me alegro de que mi destarifo haya sido de tu agrado. Ya ves, Don Quijote cabalga de nuevo. Veamos qué nuevas aventuras nos cuenta este curso.

      Un abrazo

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