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martes, 2 de octubre de 2012

BEETHOVEN - RICHTER - 2º TIEMPO, ARIETTA DE LA SONATA PARA PIANO OP. 111


Hoy me gustaría que escuchásemos el segundo movimiento, subtitulado Arietta, de la sonata para piano nº 32, en do menor, Op. 111 de Ludwig van Beethoven (1770 - 1827), compuesta entre 1820 y 1822, última de sus sonatas y también una de las últimas piezas escritas por el genio de Bonn para este instrumento. Escucharemos la grabación efectuada el 25 de octubre de 1991 por Sviatoslav Richter (1915 - 1997). Se da la coincidencia de que tanto la composición por parte de Beethoven de esta sonata como esta grabación por parte de Richter de la misma acontece aproximadamente en el mismo momento de sus vidas respectivas, es decir, seis o siete años antes de que dejaran este mundo. Nos encontramos, pues, ante dos maestros en las cimas de sus artes, en el momento de mayor madurez y plenitud. Siempre he pensado que el alemán no piensa, directamente escribe: esto lo digo a propósito de los mares de tinta que sobre la bibliografía de esta sonata se han desbordado en el idioma de Goethe. También en otros muchos idiomas se ha escrito, a menudo demasiado, sobre esta obra maestra. Nunca ha sido el propósito de este blog entrar en erudiciones ni nada parecido: su intención es, en todo caso, ir un poquito más allá de la siempre muy respetable divulgación. No obstante, se hace imprescindible señalar, con un carácter poco más que anecdótico, la conferencia que sobre esta sonata aparece en el capítulo octavo de la novela «El Doctor Faustus» de Thomas Mann, novela y, por tanto capítulo, que, como ya quedó dicho en su día en este blog, ningún estudiante de música ha de dejar de leer, valga decir nadie amante de la buena literatura y de la buena música.

Yo sólo señalaré la delicada belleza de una sencillez sobrecogedora del tema que abre este segundo movimiento, la Arietta, y de sus primeras variaciones: do-o, sol sol...; re-e, sol sol..., utilizando únicamente estos dos intervalos, cuarta justa descendente y quinta justa descendente, con su ritmo casi de bagatela, de barcarola o canción de cuna, Beethoven despliega todo un mundo en el que todo queda exprimido hasta el más recóndito detalle, expresando un sinfín de emociones, desde la más tierna delicadeza inicial hasta el muy enérgico momento de arpegios descendentes de los acordes de tónica y de dominante con un ritmo en el que muchos quieren ver una anticipación del jazz cuando no del rock and roll. ¡Y todo el movimiento escrito en do mayor, la más sencilla y simple de las tonalidades!


Como siempre digo a mis alumnos: «la música es lo que suena»; con ello quiero decir que todas las explicaciones, la partitura, todos los análisis, todas las connotaciones literarias o de cualquier otro tipo, todo ello no es la música, en todo caso es su comentario, su post-texto, si se me permite la expresión: «la música es lo que suena», lo que a continuación todos ustedes van a tener la oportunidad de escuchar, y que comienza cantando do-o, sol sol...; re-e, sol sol... Me tomo la libertad de sugerirles que presten especial atención al fragmento que va desde el minuto 02:39 hasta el 05:38 aproximadamente; de este fragmento, su parte final es especialmente amable, de una delicada dulzura.




8 comentarios:

  1. Muchas gracias por una entrada maravillosa. En uno de los cursos de dirección coral en los que participé en los noventa, coincidí con un profesor y director de coro de un pueblo de Tarragona. Además de confesarme que el canto le había cambiado su forma de tocar el piano, me contó una anécdota: en cierta ocasión apareció por el instituto donde daba clases alguien que dijo que quería dar un concierto de piano allí mismo. Según me dijo el pianista viajaba con su piano, el pueblo le había gustado y dió un concierto para alrededor de 200 personas entre alumnos y profesores. Me contó que fue una experiencia que no podría olvidar en su vida. Le habían dicho que el pianista era conocido, pero él no había oido hablar de él. Le pregunté el nombre: Sviatoslav Richter. Poco tiempo después tuve la inmensa suerte de escucharle en circunstancias muy distintas: en el Auditorio de Madrid ante mil y pico personas. No he escuchado tocas así a nadie, ni de lejos. Ni Zimermann, ni Brendel, ni Barenboim, a quienes tengo subidos en un pedestal. Lo de Richter es otra cosa.

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    1. Richter recorrió por Rusia, por Siberia, muchos pueblos de esos que ni nombre tienen, sólo un número, casi gulags. Allí llegaba en un tren acompañado de su esposa, Nina Dorliac, y preguntaba por el «encargado», ya que ni alcalde ni gaitas; le decía que quería dar un recital en ese lugar, ¿pero cuánto cobra?, nada, ¿pero dónde va a tocar, en un almacén, en un hangar?, por mí bien; pero el piano está desafinado, no va el pedal derecho: da igual, si quiere doy el recital; ¿pero qué va a tocar?, mire, podemos escoger entre estos cincuenta o sesenta programas... Y tocaba, gratis, en un piano roto, en un hangar casi o sin casi a bajo cero, y hacía la música lo mejor que sabía, con la misma honradez y asumiendo los mismos riesgos que en la mejor y más importante sala de conciertos. Bach, Beethoven, su amado Haydn brotaban de sus dedos para iluminar por un rato las pobres vidas de los allí congregados. ¿A qué hora sale el próximo tren para 251...? Hasta en Albacete, ya aquí en España, tocó gratis... pasaba por allí.

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  2. Impresionante esta última sonata de Beethoven. Impresionante, a su vez, la versión de S. Richter. Un punto final, una cumbre suprema a la evolución de la sonata para piano.
    De alguna manera me impresiona esta sonata 31 de la misma forma que me impresiona la sonata en Si m de F. Listz. Sí, ya sé que estamos hablando de dos universos musicales muy distintos; pero en mi opinión estas obras comparten una "atmósfera" similar. Son, realmente, unas "fantasias" para piano. Están más allá de la sonata, de la forma sonata.

    En una clase hace muchos años nos comentabas que Beethoven era un maestro de las variaciones y, desde luego, en esta Arietta queda totalmente demostrado. Cuántos ejemplos magníficos de variaciones nos ha dejado este gran compositor. Y cuando engancha la tonalidad de Mi b Mayor por banda, Beethoven hace estragos y nos levanta del sofá. Variaciones "Eroica" para piano y en la tercera sinfonía.

    La Arietta y sus variaciones todavía nos impresionan más después y gracias al contraste con el primer movimiento en Do m. Un gran movimiento tempestuoso con esos arranques de furia que muchos creen que ha inspirado el tema de "La familia Adams". Se podría poner el adjetivo de "salvaje" o "indómito" a este movimiento.

    Sinceramente, cuando finalizo la audición del movimiento de la Arietta, lo primero que me viene a la cabeza ivariablemente es: "Pobre Beethoven, qué zumbado estaba ya, y qué de palos le ha arreado la vida". Me inspira verdadera compasión este movimiento.

    Hay innumerables versiones excelentes de esta sonata, pero me sorprendió gratamente la de C. Arrau (que sé que no es santo de su devoción). Me gustó mucho sinceramente.

    Sin ánimo de enrollarme más, y agradecido por la existencia y cuidado de este interesantísimo blog, me despido depués de éste mi primer "post".

    Un cordial saludo.

    C. Pescanova

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    1. «Lo bueno sale bien», y esta tu primera intervención no te ha salido ha nada mal. Sí, este movimiento, como la sonata de Liszt, es como una fantasía; y digo «como» por no decir «cuasi», que eso ya lo dijo Beethoven en otra de sus obras maestras.

      Sin embargo, en algo discrepo. Para mí este movimiento es un canto de esperanza, de auténtica alegría, de la alegría beethoveniana de la que ya hablaré algún día. Es emoción, la emoción de sentirse todavía vivo, la emoción de decir a la Humanidad: «sí, sí, ya sabemos que todo este tinglado es una mierda, pero escuchad cómo esta música os canta al oído que la vida no es ninguna mierda, que la vida es hermosa, que existe la alegría de vivir y de estar vivo; escuchad qué ternura, qué dulzura, escuchad cuánto amor puede transmitirnos la música y cuánto amor puede albergar el corazón humano, hasta el acartonado corazón de este viejo sordo cascarrabias a quien la vida se las ha dado todas, las suyas y hasta las del pulpo»

      Muchas gracias por tu participación.

      Un afectuoso saludo

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  3. Xicosss vamos a bailarrr, dejémonos llevar, cerremos los ojos y sin darnos cuenta nos levantaremos de la silla. Meditemos... Recojámonos en el calor de la hoguera después de haber andado dos horas por el cerro de santa quiteria en noviembre, y sintamos esa sensación de bienestar, ese "que agustito estoy, xe!!"
    No sabéis cuanto me alegra poder compartir comentarios respecto
    a uno de los pasajes musicales que más me "llenan".
    Este movimiento en términos de vitalidad es más efectivo que un prozac en vena.
    Y aunque Richter siempre es Richter, lástima no haber podido escuchárselo al bueno de Gilels.
    Lo realmente envidiable es llegar a esa edad con ese espíritu. Se nota que el tío ha vivido, ha aprendido, ha madurado, y ha elegido, y ha decidido elegir sentirse afortunado. Así lo siente, y así lo demuestra.
    Grande Beethoven,Granndiiissimo!!!

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    1. No podría asegurarlo pero creo que tiene razón: Gilels no llegó a grabar la última sonata beethoveniana, lo mataron "por error" en un hospital soviético. Quizá, la mejor versión de las sonatas de Beethoven sea la de Gilels, lástima que quedase incompleta.

      Buen sentido del humor el suyo. Enhorabuena y gracias por el comentario.

      Un cordial saludo

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  4. Muy bonita interpretación. Me gustaría subieras ahora la de Claudio Arrau. Para mí el mejor representante de Beethoven. Según me comentaba mi profesor de piano; Arrau llevaba en el alma y en el cuerpo a Beethoven, que ya había pasado por Czerny, Liszt y Martin Krause, era de las pocas técnicas intactas heredadas por tantos genios. Además que es una pieza en la que todo pianista debe ponerse de pie puesto que el más grande de todos se está despidiendo, y lo hace llevando la música a un más allá en el que no existen las reglas ni las etiquetas musicales.

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    1. Muchas gracias por su amable comentario. En efecto, está más allá de épocas, modas, estiquetas, definiciones. Hay algunos compositores que en una composición determinada, o varias, se dan cuenta de que estás traspasando en mucho las fronteras de su tiempo, de su época y estilo; me da la impresión de que podrían llegar mucho más lejos pero que se dicen a sí mismos:"para, deja algo para los demás". Esta obra es sin duda una de ellas. Arrau, en efecto, fue el último heredero, en línea directa, de la técnica pianística y el modo de componer de los maestros de antaño. He de confesarle que no sé. la verdad, si tendré ocasión de satisfacer la petición que me haces; ¡son tantas, tantísimas las cosas que tengo todavía pendientes de subir! No obstante, si cae esta Arieta tocada por Arrau en mis manos dedicaré una entrada sólo para ella.
      Un cordial saludo

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