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sábado, 13 de octubre de 2012

FAURÉ . AU BOR DE L’EAU (3 CHANSONS, Op. 8, Nº 1)

Au bord de l'eau (Al borde del agua) es una preciosa canción de Fauré con texto, no menos bello, de Sully-Prudhomme. Música y poesía se compenetran a la perfección: ante el agua, las nubes, el humo, los murmullos que se deslizan les corresponde Fauré con una armonía cromática que se desliza con suavidad. Al poeta Sully-Prudhomme, bastante desconocido por nuestros pagos, le concedieron, en 1901 el premio Nobel de literatura. El poema de esta chanson es, en mi modesta opinión, de gran calidad y profundidad en su sencillez: es un canto al devenir natural de los fenómenos y su contemplación sin más, y sin menos; además, menciona una palabra prohibida hoy en día, «aburrimiento», ¡ah! maravilloso, fértil, dulce aburrimiento; qué espantoso horror vacui el de hoy en día que siempre hay que estar haciendo algo, siempre ha de estar sonando algo, siempre hablando, gritando... Uno de los mayores deleites consiste, para mí, en estar con alguien sin mediar palabra, contemplando las nubes pasar, o el fluir de un arroyuelo, o el humo que sale de una chimenea mientras cae la tarde, o cómo quedamente caen las hojas en otoño; qué alto grado de amistad y complicidad, de afinidad ha de unir a dos personas para llevar a cabo esta sencilla actividad.




Au bord de l'eau

S'asseoir tous deux au bord d'un flot qui passe,
  Le voir passer ;
Tous deux, s'il glisse un nuage en l'espace,
  Le voir glisser ;
À l'horizon, s'il fume un toit de chaume,
  Le voir fumer ;
Aux alentours si quelque fleur embaume,
  S'en embaumer ;
[Si quelque fruit, où les abeilles goûtent,
  Tente, y goûter ;
Si quelque oiseau, dans les bois qui l'écoutent,
  Chante, écouter...
Entendre au pied du saule où l'eau murmure
  L'eau murmurer ;
Ne pas sentir, tant que ce rêve dure,
  Le temps durer ;
Mais n'apportant de passion profonde
  Qu'à s'adorer,
Sans nul souci des querelles du monde,
  Les ignorer ;
Et seuls, heureux devant tout ce qui lasse,
  Sans se lasser,
Sentir l'amour, devant tout ce qui passe,
  Ne point passer!


Al borde del agua *

Sentarse los dos al borde de la corriente que pasa,
  verla pasar;
Juntos, si se desliza una nube en el espacio,
  verla deslizarse;
En el horizonte, si humea una chimenea,
  verla humear;
Si en los alrededores alguna flor perfuma el aire,
  Perfumarse;
Oír, al pie del sauce donde el agua murmura,
  murmurar el agua;
No sentir, mientras que este sueño dure,
  la duración del tiempo;
Y no teniendo pasión más profunda
  que adorarse,
Sin preocuparse por los problemas del mundo,
  ignorarlos;
Y solos, los dos, delante de todo lo que aburre,
  Sin aburrirse,
Sentir el amor, ante todo lo que pasa,
  ¡No pasar!

(René-François Sully-Prudhomme)

Por una vez dejemos de lado las versiones de más solera para dedicarnos a otras más recientes. Comencemos escuchando a Benita Valente, de una voz clara como el agua:
A continuación podemos escuchar a Ian Bostridge acompañado por Julius Drake:

A algunas de las efímeras criaturas que deambulan en busca de saber y consuelo por las aulas en las que yo intento hacer lo que buenamente puedo les he encomendado el arduo ejercicio de tocar al piano esta canción pero no sólo su acompañamiento, sino también simultáneamente la melodía. Si a lo que podemos escuchar a continuación le quitamos los añadidos e improvisaciones podemos hacernos una idea aproximada de la tarea que han de llevar a cabo. Toca el piano un tipo llamado Giorgio Gastini:
Porque claro, de esta canción se han hecho incontables versiones, como esta para chelo que interpreta Thérèse Ryan:
También para chelo pero interpretada por el inefable y magnífico chelista Misha Maisky:
Esta versión es impagable, para clarinete y órgano interpretada por Guy Morançon y Guy Deplus, aunque no sé quién cada cosa:
En esta otra transcripción, muy elaborada y también bellísima, podemos apreciar las soberbias líneas trazadas por Fauré en la composición de esta mélodie. Toca el Odyssey Trio:
Llega el momento de una versión mucho menos ortodoxa. Ti Harmon canta bien bien:
Aunque para versiones poco ortodoxas las que el lector curioso podrá encontrar en el pack que se puede bajar pinchando en signo rarito de abajo. Nosotros nos despedimos con dos versiones convencionales pero excepcionales. En primer lugar la de Scott Weir:
Y para despedir la entrada hagámoslo escuchando la deliciosa voz de Véronique Dietschy:
Mañana es domingo, quizá puedan encontrar un rato para simplemente contemplar cómo caen, o no caen, unas cuantas hojas.

Creo que es uno de estos signos raros: Ж۞

2 comentarios:

  1. Estimado Carlos no le conozco pero por todo lo que escribe me hago una idea de su gran talento, bondad y gran generosidad. Valoro como usted el aburrimiento en esta vida sin vida llena de velocidad y con tanta ligereza que se convierte en inapreciable. Inapreciables las nubes, las noches sus sonidos, las estrellas, el horizonte. Su blog hace que podamos apreciar estas maravillas casi olvidadas. Sus alumnos tienen una gran suerte de tenerle y nosotros de leerle. Siempre estaremos en deuda con usted. Gracias, miles de gracias.

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    1. Qué gozo supone encontrar de vez en cuando alguien que no sólo no se extraña de reflexiones como las mías sino que además las comparte. Si además esa comprensión se ve acompañada, como en su caso, de unas palabras tan amables y generosas ya siento algo más que alegría.

      Le estoy muy agradecido

      Un afectuoso saludo

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