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jueves, 15 de noviembre de 2012

BRAHMS – FELDEINSAMKEIT

Este Lied, Feldeinsamkeit, fue compuesto por Brahms, junto con los otros cinco que constituyen su Opus 86, entre 1877 y el año siguiente, en una época que ya se considera de madurez plena en la obra del maestro. Dice Geiringer en «Brahms. Su vida y su obra»: «En la segunda parte de los años setenta, comenzó para Brahms un período de numerosas giras y conciertos. (…) Tantas eran las ciudades que reclamaban que reclamaban la presencia del artista, que hubiera necesitado el año entero para responder a esta demanda, cosa que, por supuesto, no entraba en absoluto en los planes del Brahms. Como norma general había decidido los meses invernales a dar conciertos; el otoño y, sobre todo, la primavera le gustaba pasarlos en Viena, ya que, como escribió una vez a Billroth, “no hay primavera sin unos cuantos atardeceres en el Prater (el parque favorito de Brahms)”. A principios de del verano se iba al campo, y en largas caminatas, sin ser molestado, maduraban y adquirían su forma final las obras que había concebido a lo largo del año»
El Prater en 1890

De todos es sabido el amor, casi la devoción, que se siente en Centro Europa por la primavera. Si a esto añadimos el descubrimiento idealizado que se hace en las mismas latitudes de la Naturaleza en el Romanticismo comprenderemos mejor la actitud de Brahms. Por otro lado, sólo quien haya tenido la inmensa suerte de haber estado en Viena durante la primavera entenderá cuán bella puede llegar a ser esta estación: el amor que siente el vienés por ella hace que la ciudad se llene de flores, muchas flores: los jardines, pero también las calles, las plazas, se ven adornadas con todo tipo de flores; los bosques y grandes jardines situados en los alrededores de la ciudad florecen, reverdecen con un ímpetu inusitado, los aromas convierten el aire en un licor suavemente embriagador. Brahms amaba en particular, además de la música y de su querida Clara, dos cosas, la soledad y la naturaleza. Por eso este Lied es tan brahmsmiano; su texto, un poema de Hermann Allmers (1821 – 1902), conjuga estos dos elementos de una manera encantadora. También Allmers amaba la naturaleza, y vivió muy próximo a ella, en una casa ubicada en el campo.
Incluso el panteón de la familia Allmers estaba completamente tomado por árboles y vegetación, sumido en ese característico misterio vegetal tan pintoresco, tan romántico, tan en el estilo de ese artista un poco anterior que fue Piranesi.
La traducción del título ya plantea dificultades. Yo me decanto por «Soledad en el campo», claro, esos dos elementos tan amados por Brahms. Dice así el texto original:

  Feldeinsamkeit 
 
    Ich ruhe still im hohen grünen Gras
    Und sende lange meinen Blick nach oben,
    Von Grillen rings umschwirrt ohn Unterlaß,
    Von Himmelsbläue wundersam umwoben.

    Die schönen weißen Wolken ziehn dahin
    Durchs tiefe Blau, wie schöne stille Träume;
    Mir ist, als ob ich längst gestorben bin
    Und ziehe selig mit durch ew’ge Räume.
 
 
Sólo he encontrado una traducción, en un Blog que sólo por su título ya merece ser visitado: «Canciones que nos hacen mejores». Creo recordar que tampoco allí se cita al autor de la traducción:

Soledad en el campo
 
    Descanso tranquilo sobre la alta hierba verde
    y dirijo largamente mi mirada a lo alto,
    reclamado constantemente por los grillos
    envuelto por el maravilloso azul del cielo.

    Las bellas nubes blancas surcan
    el profundo azul, como sueños tranquilos y dulces.
    Me siento como si hubiera muerto hace tiempo,
    y navego con ellas por la Morada Eterna.
Pasemos a escuchar este bello Lied. Y comencemos por el final, es decir, por la versión más autorizada en la actualidad, la del gran Dietrich Fischer-Dieskau, incontestable, como siempre; le acompaña al piano Jörg Demus.


La versión que terminamos de escuchar es, como ha quedado dicho, inapelable. Pero, ¿cómo se cantaba en la época de Brahms?, o, mejor aún, ¿cómo escuchaba el propio Brahms cantar este su Lied? Mucho se trabaja en los últimos cincuenta, sesenta años en la búsqueda de interpretaciones «originales», es decir, lo más fieles a los planteamientos interpretativos de la época en la que fueron escritas las obras. Estos estudios, y sus consecuentes resultados, se aplican sobre todo a épocas bastante alejadas, Barroco, Renacimiento, aunque cada vez más se está trabajando en épocas más próximas. Cuando estudiamos épocas remotas siempre queda un margen, más o menos grande, de especulación: evidentemente no podemos saber cómo se interpretaba en la época de Bach porque, entre otros motivos, no ha llegado a nuestros días una grabación del propio Bach tocando el órgano. Pero en el caso de Brahms la cosa es un poco distinta. Por un lado, sí que ha llegado a nuestros días una «grabación» del propio Brahms tocando el piano; se trata de una grabación que en la actualidad se oye muy mal; quizá, con el avance imparable de la tecnología pueda mejorarse la calidad de esa grabación y podamos hacernos una idea más fiel de cómo tocaba el mismísimo Brahms. Ahora bien, sí que nos han llegado grabaciones de una gran calidad de intérpretes muy cercanos a la época de Brahms, casi contemporáneos. Tal es el caso de la efectuada por el mítico tenor Leo Slezak, acompañado al piano por Heinrich Schacker en ¡1928! (jaque mate). Leo Slezak (1873 – 1946), de quien podemos ver unas fotografías, en una de las cuales aparece con su hija Margarete cuidando de su jardín (una vez más el amor a la naturaleza)
Leo Slezak, como decía, estudió con el gran barítono Adolf Robinson (1838 – 1920), quien tras una brillante carrera como cantante se establece en Viena como profesor en 1892. Es obvio que Robinson bien pudo escuchar a Brahms y viceversa, también Brahms pudo haber escuchado a Robinson. En todo caso, Robinson, cantaba según la tradición interpretativa del momento, y esa tradición sería la que transmitió a su alumno Slezak. Si hoy en día, o desde hace unos treinta años a esta parte, escuchásemos a alguien cantar como lo hacía Slezak, más de uno se llevaría las manos a la cabeza, escandalizado por las «licencias» que se tomaba ese gran tenor. Por mi parte no digo ni que sí ni que no; cuando escuché esta grabación cuando apareció remasterizada en 1998, en primer lugar me impactó: los rubati, portamenti, retardandos y otros efectos son tan acusados, su interpretación tan emotiva, que me quedé muy sorprendido; al poco tiempo quedé cautivado por la voz de este gran tenor y por su manera de cantar este Lied, y su versión pasó a ser una de mis predilectas. Escuchen, y cada cual saque sus propias consecuencias:


Otra versión cercana a la época de Brahms, la de Alexander Kipnis con Arthur Bergh al piano, efectuada en una fecha imprecisa entre 1940 y 1950.

 

Otra de mis predilectas: Hans Hotter acompañado por Gerald Moore.


Ahora una más actual, la de Hermann Prey, gran amigo de nuestro querido Fritz Wunderlich, acompañado por Leonard Hokanson.


Ahora una dama, Vasselina Kasarova, acompañada por no sé quién.


Esta versión también me parece magnífica, Heinz Rehfuss acompañado por Frank Martin.


Y ahora comencemos con las travesuras, inocentes travesuras: las transcripiones. En primer lugar una versión para piano solo a cargo de Theo Bleckmann. Y un pequeño reto: si alguno de mis alumnos realiza una transcripción similar, quedará automáticamente invitado a un Choleck, sabor a elegir, naturalmente.


Muchas transcripciones y muchas versiones se han realizado para violonchelo de esta canción. Escojo una interpretada por Juhani Lagerspetz.


Esta versión, muy digna, para voz y guitarra, a cargo de Lidiyya Naumova y A. Chudak.


Y ahora seamos un poco iconoclastas, ¿por qué no? Lo único que pone en el cd del que extraido esta versión es Jugend. No me pregunten más.


Ahora una curiosa versión para fagot y piano interpretada por Kim Walker y Leonard Hokanson.


Esta, preciosa, para viola y piano. Toca la viola Ettore Causa, el piano no lo sé.


Concluimos con la versión (quizá) más iconoclasta, un pequeño scherzo, una inocente broma. Se trata de una versión para... bueno, adivínenlo ustedes. Dado el carácter del instrumento solista la afinación no es todo lo perfecta que sería deseable. Pero creo que la calidad artística es suficiente como para subirla a esta página. Tocan Wilfried Glas y Markus Vorzellner. Y mis alumnos ya saben, quien lo adivine, Choleck al canto.


Confío en que este Lied y sus versiones les haya gustado tanto, o más, que a mí. Y no sufran, quien quiera saber para qué es la última transcripción que se baje (si así lo desea) el siguiente archivo comprimido. Conste que no es un ardid; no voy a ver incrementada mi colosal fortuna aunque se lo bajen diez mil millones de personas (por metro cuadrado y minuto).


Las partituras para voz y piano.
  


9 comentarios:

  1. Reconozco que me cuesta diferenciar entre el theremin y las ondas martenot, pero uno de esos :D

    El cholec de vainilla!

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    1. No, señor, ninguno de los dos. Vamos, vamos, damas y caballeros, hagan juego, lo importante no es ganar sino la pasta gansa.

      Muchas gracias, Erthel, por echar tu cuarto a espadas. Aunque no hayas acertado, por ser el primero en apostar, el tribunal de las aguas ha decidido, por mayoría (siempre hay algún tontainas), concederte tu Choleck de vainilla.

      Un cordial saludo

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  2. Guau... Esta último versión me ha desconcertado. Para nada me hubiera imaginado que fuera una SIERRA con un arco. Incredible! Es toda una proeza conseguir esa afinación tan semejante. Por ahora he encontrado esta foto.

    http://static.qobuz.com/images/jaquettes/0884/0884385741570_230.jpg

    Muchas gracias por seguir escribiendo en este blog, querido Carlos. Es un verdadero deleite para el intelecto.

    Un fuerte abrazo.

    24mille

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  3. Muy bien, 24mille, a ti te corresponde el Choleck: un serrucho. Hace bastante tiempo, iban por los circos estos señores que tocaban el serrucho valiéndose, como has indicado, del arco de un violín. Hoy en día, en los circos, la gente espera encontrar otro tipo de cosas pero cuando yo era niño, por la tele, cuando veías un número de circo de este tipo te quedabas boquiabierto. Y es que siempre ha habido, y los sigue habiendo, músicos de circo, músicos humoristas o payasos, verdaderos aristas. Los hermanos Marx son un ejemplo de ello.

    Ya me indicarás a qué dirección he de enviarte tu premio. ¡Ah! y no te olvides de indicarme tu sabor preferido.

    Un afectuoso saludo

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  4. ¿Choleck? El premio es poder seguir leyéndote. La dirección para recibir el siguiente regalo ya la sabemos todos de sobra...

    Cuídate.

    Un fuerte abrazo

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    1. Muchas gracias, leer un «cuídate» cuando me encuentro, una vez más, en la sala de espera de un médico es especialmente reconfortante, además de ser muy oportuno.

      Gracias de nuevo, un abrazo

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  5. Lo he pensado al salir de clase, y le he dicho a Eli que si era una sierra la semana que viene te llevaba yo el Cholec... en fin, lo dicho, no me vuelvo a tirar a la piscina en tu blog :D. Vainilla o chocolate?

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  6. Ahora tengo la impresión de que el Theremin es un invento de "serruchista" frustrado

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    1. No, Erthel, no, te cambio todos los Cholecks del mundo por una sola de tus intervenciones en este mi/tu modesto blog. Y, además, como tú dices, te tiras a la piscina de cabeza, sin trampa ni cartón, y eso vale mucho: por volver al mundo del circo eres como un trapecista sin red. Y eran muy acertadas tus apuestas, en efecto, yo pensé que se confundiría con los dos instrumentos que mencionas, ese timbre "del más allá" es muy similar en los tres instrumentos. Y otro acierto: siempre he pensado (sin decírselo a nadie pues en esguida te toman por un "inorante")que para qué tanto cable y tanto enchufe si con un serrucho, un arco y un buen músico (y una silla) se podría haber echado "palante". Un carpintero, un serruchista, un leñador... frustrado, muy frustrado, el pobre...

      Así que a un Chóle y a una paella de aceitunas, a lo que tú quieras, mi querido Erthel.

      Un abrazo y gracias, muchas gracias por tus impagables visitas.

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