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domingo, 16 de diciembre de 2012

YEVGENI MRAVINSKI – DIRECTOR DE ORQUESTA SOVIÉTICO, ARISTÓCRATA RUSO (Subtitulado en español)

 
Cada persona encierra en sí misma
la historia de la humanidad
Yevgeni Mravinski

He alcanzado la cima,
pero no puedo alegrarme de ello
Boris Godunov

El vídeo que he subido hoy a YouTube se titula:

«Yevgeny Mravinski. Soviet Conductor, Russian Aristocrat»,

lo que en español significa:

«Yevgeny Mravinski. Director de orquesta soviético, aristócrata ruso»
Mravinski fue un director de orquesta ruso, puesto que nació ruso, nacido en 1903 en el seno de una familia aristocrática rusa y fallecido en 1988. Con la revolución rusa, acaecida en 1917, su familia lo perdió todo. Ni qué decir tiene que la época de los zares, con episodios de verdadero terror, con la esclavitud, las enormes desigualdades sociales y todas sus injusticias de todo tipo habidas y por haber tenía que terminar algún día. También está claro que en todas las guerras se cometen atrocidades: así, en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918, por orden de Lenin, fueron asesinados a manos de los bolcheviques el zar Nicolás II, su esposa, la emperatriz Alejandra Fiódorovna Románovna, su hijo, sus cuatro hijas, su criado personal, la camarera de la emperatriz y el cocinero. «Si emprendes el camino de la venganza, cava dos tumbas», dijo Confucio. No dos, miles, millones de tumbas, muchas de ellas comunes, hubo que cavar como consecuencia de aquella venganza. Mucho hincapié ha hecho el poderosísimo aparato de propaganda estadounidense para desprestigiar el sistema soviético. Pues más poderosa ha sido la ignorancia e incultura, todavía en vigor, que ha querido que la única, la gran bestia negra de la historia moderna fuera Hitler, sólo Hitler y nadie más que Hitler; la Alemania nazi sigue siendo la alfombra bajo la que esconder toda la miseria humana y su crueldad del nefasto siglo XX. Todavía queda mal recordar las atrocidades, los macabros excesos cometidos por Stalin y su monstruosa cohorte de asesinos y criminales, todavía suena facha. Y digo todo esto porque ya desde las primeras imágenes del vídeo que hoy vamos a tener oportunidad de contemplar se pone de manifiesto el carácter aristocrático, antisoviético de Mravinski; en efecto, comienza el vídeo con la visita que todos los años, en el aniversario de la muerte del maestro, realizan a su sepulcro un grupo de músicos de su amada Orquesta Filarmónica de Leningrado, de la que fue director durante cincuenta años, para recordarle y hacerlo al más puro estilo ruso, brindando y derramando sobre su tumba la copa correspondiente al maestro.
Mravinski nunca fue miembro del partido comunista soviético. Las autoridades le acuciaban pero al final siempre lo dejaban en paz. Por ejemplo, estas autoridades le preguntaban si era creyente, a lo que él respondía afirmativamente, y añadía que no era miembro de ninguna secta religiosa y que no hacía proselitismo de su fe; al cabo le permitían acudir a la iglesia. Cuánto padeció Mravinski bajo el régimen soviético. Cuando estrenó la Octava sinfonía de su gran amigo Shostakovich  esta fue prohibida durante 15 años. Luego vino la célebre caza de brujas contra los artistas acusados de «decadentes y formalistas cosmopolitas». Muchos de ellos fueron deportados a los tristemente famosos gulags, hechos desaparecer o claramente asesinados. Pues a pesar de que Mravinski no podía seguir dirigiendo la Octava asumió el gran riesgo de montar una función especial de la quinta. «La dirigió y resultó ser un éxito tremendo. El público estaba exaltado. Tuvo que salir a escena innumerables veces. Y después de la sinfonía cogió la partitura y la elevó cual icono. Es imposible describir la reacción del público. El público se levantó; fue un estallido. Esa fue la verdadera respuesta, no la oficial. Pues el público intuía a qué se refería la sinfonía, qué quería expresar su música». Esta experiencia y muchas más de parecida índole debieron causar gran sufrimiento al pobre Mravinski. Resulta conmovedor lo que nos cuenta el primer chelo de la Filarmónica, y la ternura y dulzura con que lo hace, a quien en ocasiones, Mravinski le llamaba y le decía: «Tengo el ánimo destrozado. Ven a verme y tráete una buena botella. Yo la llevaba y manteníamos conversaciones no aptas para el Pravda o publicaciones similares».
Así como hay gran cantidad de «directores de orquesta», porque de alguna manera hay que llamarlos, que disfrutan como cerdos en su lodazal durante los conciertos, en los que lucen sus mejores galas y se pavonean como las más repulsivas divas, «directores» de espejo, Mravinski sufría lo indecible durante e inmediatamente antes de un concierto. Cuenta el gran director Kurt Sanderling, amigo de Mravinski, que en cierta ocasión entró antes de un concierto a ver a su amigo en su camerino y se lo encontró con lágrimas en los ojos: ¿Qué te pasa?, le preguntó: ¿crees que las trompas entrarán a la vez?, tal era el afán perfeccionista de Mravinski. En otra ocasión estaba preparando un concierto con la Séptima de Bruckner; se trabajó muchísimo, hasta que en el ensayo general sencillamente se toco de arriba abajo. En ese ensayo la interpretación fue realmente excepcional, magnífica en todos los sentidos, fabulosa. Sin embargo, a continuación, Mravinski canceló el concierto. Se le preguntó a su mujer por qué lo había cancelado, a lo que respondió: «Cuando Mravinski volvió a la habitación (tras ese ensayo general) dijo que nunca conseguiría en concierto el nivel que acababa de conseguir. Y añadió que no podía hacer lo mismo dos veces»

Buscando por la red he encontrado opiniones desfavorables sobre Mravinski, pronunciadas por críticos musicales de renombre, de esos que se saben de memoria mil grabaciones, mil fechas, mil cedés, pero que en la mayoría de los casos no saben qué es una negra con puntillo. En la especialidad de Historia del Arte existe lo que se llama el «connaisseur»: se trata de un crítico, de un especialista en arte que sin tener estudios específicos de ninguna clase tiene un ojo infalible. Un ejemplo admirable de connaisseur fue el de Bruce Chatwin, quien sin poseer unos estudios concretos fue contratado, siendo muy joven, por Sotheby’s; si Chatwin decía que tal pieza, o pintura, era auténtica salía a subasta, pero si Chatwin decía que no, aquello no salía a subasta; hablamos de millones de libras. He conocido algunos de estos «críticos de música», incluso «profesores de universidad de música», «doctores»; un día de estos hablaré de alguno de ellos, ya pueden ir temblando. Personajes casi tan ignorantes como pedantes, lo único que hacen es pavonearse por salas de concierto, o aulas de universidad, luciendo sus multicolores plumas de plumero quita polvo. Aprovecharé la digresión para aconsejar la lectura de un libro precioso de Bruce Chatwin, aunque escribió otros igual o más valiosos: «Anatomía de la inquietud», cuyo título ya es sumamente sugestivo, publicado por Anaya & Mario Muchnik.
Para concluir con esta introducción, siempre demasiado extensa, siempre demasiado pesada, añadiré algo que he observado en algún otro gran artista: Mravinski no fue feliz: «He alcanzado la cima, pero no puedo alegrarme de ello». No obstante «amaba la vida. Cuando se adentraba en los campos podía oír la música del trigo, la música de los campos, y se tornaba feliz» «Pero también oía la gélida muerte», decía, «Oigo el tiempo susurrar al compás de las manillas del reloj». Desde que cumplió cuarenta años presentía que se aproximaba su fin.
A pesar de lo tedioso de mi introducción, sólo he escogido una ínfima parte del contenido del DVD. Será necesario verlo con atención, estudiarlo con atención, tal como he hecho yo, para obtener de él el máximo provecho, y cada vez que se vuelva a ver, a estudiar, se descubrirán cosas nuevas. Damas y caballeros, con ustedes, Yevgeni Mravinski, el gran director de orquesta soviético, el gran maestro y aristócrata ruso que, sin embargo, no fue feliz.
 


4 comentarios:

  1. Querido Carlos:

    En la situación en la que te encuentras, con las heridas de guerra todavía calientes, tiene un valor añadido cualquier gesto que nos muestres, ni qué decir el inmenso derroche de energía que te han debido de suponer las últimas entradas, en especial esta. Es una verdadera gozada. Todavía no he visto el vídeo porque no quería dejar pasar un instante sin decirte GRACIAS. Gracias otra vez más por contagiarnos de tu pasión por la música.

    Qué grande eres, Carlitos.

    Un fuerte abrazo.

    24Mille

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    1. Bah, no te creas, total me ha costado unas doce horitas, desde las seis hasta las diecinueve, descontando una media horita para mi frugal comida, ¿qué es eso comparado con toda una vida consagrada al arte, la de estos grandes hombres?

      Y tampoco soy tan grande, uno setenta y ocho, sesenta y cuatro kilos escasos, según los últimos pesos y medidas de los galenos, poca cosa.

      Gracias, una vez más, y otra y otra y otra...

      Un abrazo

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  2. Magnífica entrada, Carlos, con un director de orquesta que no conocía y con esa sinfonía Nº 5 de Piotr Ilich Tchaikovsky, que preside desde el inicio la apasionante historia de un músico, aristócrata, que vivió la revolución de 1917 y también la caída de la URSS. Una azarosa vida que formó un carácter y una hoja de ruta en lo profesional y en lo humano, con sus filias y fobias en los recovecos de una mente que buscaba la perfección, sin lograr una estabilidad emocional, pensando en la muerte.
    Otro regalazo, amigo profesor.

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    1. Muchas gracias, apreciado Jano, por tus siempre amables palabras. Siempre, desde que comencé a ejercer mi humilde y noble oficio, y ahora, a través de Internet, siempre he pensado que lo único que hago es devover a la vida y al mundo lo que la vida y el mundo me han dado. Es cierto que, en los tiempos que me tocó vivir, fue muy difícil, muy duro, recoger la cosecha que otros habían sembrado. Hoy en día, afortunadamente, todo es mucho más fácil. Pero algo no ha cambiado: hay que ir, e indagar y buscar con esfuerzo, nunca dejar a la mente dormirse y apelmazarse entre sus acogedoras paredes craneales.
      Para regalo tus palabras, Jano, y las de tantas personas como tú.
      Un abrazo

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