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lunes, 28 de mayo de 2012

BORGES POR ÉL MISMO


Alguien, (facedu), me pregunta en mi cuenta de Youtube en dónde puede encontrar poemas recitados por el propio Borges. Por esa razón publico esta entrada, para complacer la petición lacónica (dígalo pues). Haciendo clic aquí abajo se abrirá el link de Mediafire en donde he ubicado el cd titulado «Borges por él mismo»; una vez visto el link hay que pinchar en la franja verde, tras lo cual comenzará a bajar el cd entero. No creo que tarde mucho en completarse el proceso. Espero que lo gocen y disfruten como yo lo hice, en su día.


Si hubiera cualquier problema no duden en indicármelo aquí mismo.

lunes, 21 de mayo de 2012

LA CANTANTE CALVA - EUGÈNE IONESCO


(...)

EL BOMBERO:
- ¡Ah, no sé si voy a poder. Estoy en misión de servicio. Depende de la hora que sea!

SRA. SMITH:
- En nuestra casa no tenemos hora.

EL BOMBERO:
- ¿Y el reloj?

SR. SMITH:
- Anda mal. Tiene el espíritu de la contradicción. Marca siempre la contraria de la hora que es.






UN POCO DE BUEN HUMOR

«Julius Bloom, Yehudi Menuhin, Dietrich Fischer-Dieskau, Mstislav Rostropovich, Vladimir Horowitz, Leonard Bernstein and Isaac Stern sing Handel's Hallelujah at the 85th anniversary of the opening of Carnegie Hall in New York, 18 May 1976.»


En esta fotografía, el único que «sobra» es Fischer-Dieskau...

P. S. Gracias, Eugenia

domingo, 20 de mayo de 2012

QUÉ ENORME TRISTEZA

No puedo dejar de volver a poner el Lied de Schumann que subí en la entrada anterior. Siento que no ensalcé debidamente su inmensa belleza, su profunda tristeza. Confieso que lo he descubierto, el Lied, esta mañana, buscando que te busca interpretaciones de Dietrich. Ahora me percato de que, sin conocerlo, era una pieza que faltaba en mi imaginario, como si intuyera su existencia pero sólo de un modo fantasmal, como en un sueño. ¿Por qué nadie, nunca, jamás, por qué ninguno de mis profesores me advirtieron de su existencia? ¡Pensar que podría haberme muerto sin haberlo escuchado...! Al mismo tiempo, al fin he encontrado lo que me ha hecho percatarme de la irreparable pérdida, de la inmensa pérdida que yo, que ustedes, que Julia Varady, que la Humanidad entera ha sufrido con la muerte de este gran hombre. Ha hecho falta que viniera Schumann a abrirme los ojos y los oídos, a abrirme el alma para que entrara en mí la pena. Y qué tristeza más grande, madre mía, que desconsuelo infinito ver cómo un mundo que sólo he vivido desde la distancia ya no es, ya no está, ni será ni estará. Dietrich, cuánto nos dio Dietrich, cuánto y qué valioso. Gracias, Dietrich, yo no sería como soy si tú no hubieses existido. Sé que no hubiese sido tan feliz, aunque ahora no pueda dejar de llorar por tu ausencia. Y si Dietrich fue grande, ¿cómo fue Schumann que escribió esta música? ¿qué pensaba, qué sentía al escribirla? De dónde, ¿de dónde sacó tanta tristeza? ¿en qué lugar de su alma halló este infinito desconsuelo? ¿intuía su locura? Qué hermosa, que terriblemente hermosa es la vida, qué emocionante y qué triste, cuanta tristeza hay que pagar a cambio de tanta belleza, de tanta emoción, de tanta grandeza.


DIETRICH UND JULIA



Para continuar con nuestro modesto homenaje al gran cantante desaparecido tenía pensado realizar una entrada con música cantada exclusivamente por él. Pero el azar ha puesto en mis manos un dúo en el que el maestro canta con quien fuera su esposa, la soprano alemana de origen húngaro, Julia Varady. Ella debe de haber sido quien ha acompañado al maestro en sus últimos momentos, ella quien más honda pena estará viviendo. Cuando se repasan someramente las experiencias compartidas por estos dos grandes intérpretes es cuando más patente se hace el dolor que debe suponer saber que ya no se podrá volver a disfrutar de los momentos vividos. Julia fue la cuarta esposa de Fischer-Dieskau; su primera mujer, la violonchelista Irmgard Poppen falleció como consecuencia del parto de su tercer hijo, lo que, en una entrevista concedida por el maestro en 2005, le llevaría a decir:

«Fui un viudo y he sufrido mucho en mi vida, y fui un soldado, que fue lo peor de todo»

Julia Varady es una excepcional cantante, como podremos comprobar a continuación, y, por qué no decirlo, también es una mujer de una gran belleza:


Fischer-Dieskau se dedicó a la dirección de orquesta. Ni qué decir tiene que fue un más que aceptable pianista; tal como nunca me canso de repetir, considero prácticamente indispensable para todo músico, sea cual sea su especialidad, tocar el piano con solvencia. Como veremos a continuación, la casa de Dietrich era una biblioteca, un museo, un lugar dedicado al estudio y deleite en el arte. Lo cual viene a demostrar, una vez más, que no hay un gran músico sin una gran cultura. En este vídeo podemos ver un ensayo dirigido por Dieskau para su esposa en el estudio de la casa de ambos:


Qué diferencia tan inmensa, el ambiente de estudio, de recogimiento, de silencio de un hogar berlinés, comparado con un patio vecinal de aquí del sur... Escuchemos a continuación el bello Lied de Schubert, Der Tod und das Mädchen, «La muerte y la doncella», con texto de Matthias Claudius; canta Julia Varady acompañada al piano por Dietrich Fischer-Dieskau:

Das Mädchen: / La Doncella:

Vorüber! ach, vorüber! / ¡Déjame, ay, déjame!
Geh, wilder Knochenmann! / ¡Vete, feroz esqueleto!
Ich bin noch jung, geh, Lieber! / ¡Soy joven aún, vete, querido!
Und rühre mich nicht an. / ¡No me toques!

Der Tod: / La Muerte:

Gib deine Hand, du schön und zart Gebild, / Dame tu mano, hermosa y tierna criatura,
Bin Freund und komme nicht zu strafen. / soy tu amiga y no vengo para apenarte.
Sei gutes Muts! Ich bin nicht wild, / ¡Ten valor! No soy cruel,
Sollst sanft in meinen Armen schlafen. / vas a dormir dulcemente en mis brazos.




Escuchemos a Varady en un papel operístico, la bella Regina Coeli, de Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni:


Varady grabó con Pavarotti la ópera que acabamos de mencionar. No puedo resistir la tentación de presentar aquí el bellísimo dúo Ah lo vedi che hai tu detto, interpretado por estas dos magníficas voces:


Uf, madre mía, cuánta belleza. Bien, y para finalizar, el dúo que mencioné al principio de la entrada. Se trata del dúo número cuatro, titulado In der Nacht, cuyo subtítulo en español es «Todos duermen, corazón», del ciclo Spanisches Liederspiel, Op. 74, de Robert Schumann; cantan Julia Varady y Dietrich Fischer-Dieskau, al piano Cord Garben o Hertha Klust, no está especificado:


Alle gingen, Herz, zur Ruh,
alle schlafen, nur nicht du.
Denn der hoffnungslose Kummer
scheucht von deinem Bett den Schlummer,
und dein Sinnen schweift in stummer Sorge
seiner Liebe zu.

Todo camina, corazón mío, hacia la calma,
hacia el sueño, excepto tú.
Puesto que tu dolor desesperado
ahuyenta el sueño de tu lecho
y tus pensamientos llevan en silencio
la tristeza de tu amor.


sábado, 19 de mayo de 2012

DIETRICH FISCHER-DIESKAU / EPITAFIO



Rose, oh reiner Widerspruch, Lust,
Niemandes Schlaf zu sein unter soviel
Lidern.

Rosa, oh, contradicción pura en el deleite
de ser el sueño de nadie bajo tantos
párpados.

Rainer Maria Rilke
Este es el epitafio que escogió Rainer Maria Rilke para sí mismo. Me gusta porque es una manera deliciosamente poética de describir la nada, la nada absoluta a la que todos abocaremos, más tarde, más temprano. 


Ayer murió Dietrich Fischer-Dieskau, y hoy sigo preguntándome, ¿qué decir? Para mí Fischer-Dieskau no estaba ni vivo ni muerto, era, es, una leyenda, una utopía, un mito, y ni las unas ni los otros mueren, tan solo son; comenzaron en un momento desconocido, es decir, nacieron, casi in illo tempore, si es que se puede decir «casi». Por eso, cuando ayer me enteré de su muerte, me quedé en cierto modo como alelado; algo así me ocurrió, salvando magnitudes, con el atentado de las Torres Gemelas: lo veía por la tele y me quedaba igual, era como una película, como unos efectos especiales; solo con el paso de los días fui asimilando la indescriptible tragedia. 


He recibido dos comentarios que ambos dirigen mi mirada hacia el mismo sitio; uno de un apreciado asiduo de este blog «Entremeses musicales»; el otro de un amigo muy querido, Fernando: se trata de la interpretación de Fischer-Dieskau de uno de los Rückert Lieder, con texto de Friedrich Rückert, de Gustav Mahler, en concreto del bellísimo Ich bin der Welt abhanden gekommen, «Me he retirado del mundo»:

4. Ich bin der Welt abhanden gekommen

Ich bin der Welt abhanden gekommen,
Mit der ich sonst viele Zeit verdorben,
Sie hat so lange nichts von mir vernommen,
Sie mag wohl glauben, ich sei gestorben!

Es ist mir auch gar nichts daran gelegen,
Ob sie mich für gestorben hält,
Ich kann auch gar nichts sagen dagegen,
Denn wirklich bin ich gestorben der Welt.

Ich bin gestorben dem Weltgetümmel,
Und ruh' in einem stillen Gebiet!
Ich leb' allein in meinem Himmel,
In meinem Lieben, in meinem Lied!

.oO0Oo.

Estoy perdido para el mundo
en el que solía pasar tanto tiempo;
hace tanto que no ha sabido nada de mí,
que es muy probable que piense que estoy muerto.

No tiene consecuencias para mí,
que me crea muerto,
no lo puedo negar
porque es cierto que estoy muerto para el mundo.

Estoy muerto para el tumulto del mundo,
y descanso en un lugar tranquilo.
Vivo solo en mi cielo,
en mi amor, en mi canción.

.oO0Oo.

He abandonado el mundo
en el que malgasté mucho tiempo,
hace tanto que no se habla de mí
¡que muy bien pueden creer que he muerto!

Y muy poco me importa
que me crean muerto;
no puedo decir nada en contra
pues ciertamente estoy muerto para el mundo.

¡Estoy muerto para el bullicioso mundo
y reposo en un lugar tranquilo!
¡Vivo solo en mi cielo,
en mi amor, en mi canción!

Friedrich Rückert
Mahler escribió los Rückert Lieder entre los años 1901 y 1904. En ellos está presente ya el inconfundible sabor, aroma de su música; su estilo tan personal ya está completamente definido. A Mahler le gusta citarse a sí mismo en sus obras, recurso no sólo absolutamente lícito sino, en su caso, característica de su estilo y genio. Así, en este Lied, encontramos citas textuales del cuarto y quinto movimientos de su quinta sinfonía, sinfonía que fue compuesta en torno a las mismas fechas, así como pasajes impregnados de la atmósfera brumosa y melancólica del cuarto movimiento, el célebre Adagietto.



Gustav Mahler
De nuevo, no puedo rendir mejor homenaje a este colosal artista que convocando aquí a un puñado de buenos músicos para que con su arte creen para él el mejor epitafio. En primer lugar, escucharemos al propio Dieskau cantando este Lied, cuyo hermoso texto no puede ser más adecuado. A continuación seguirán otros excelentes cantantes interpretando el mismo Lied. Todo el mundo conoce ya mi afición por las transcripciones; he encontrado algunas para coro y no he dudado en ponerlas; dada la circunstancia de que «Aperitivos musicales» ha dirigido, no sé si lo hace todavía, agrupaciones corales, su inclusión en esta entrada ha sido para mí consecuencia lógica.






















Ayer escuchamos unas cuantas versiones del Lied de Schubert An die Musik, «A la música»; sin embargo no encontré por ningún sitio una versión en transcripción para coro, bueno, no, encontré una pero era muy flojita, y para ustedes sólo lo mejor es suficientemente bueno; cosas del azar hoy sí he encontrado una versión buena, la del Rodolfus Choir con Ralph Allwood:


He de reconocer que a medida que va transcurriendo el tiempo, durante el rato que me está llevando escribir esta entrada, voy tomando más conciencia de la desaparición del maestro. Escuchando esta música, estas voces, en más de un momento me he sorprendido con los ojos húmedos, emocionado y apenado casi hasta el llanto. Y no sólo por la muerte del gran, incomparable artista: también por la desaparición del hombre, de ese anciano cuyo cerebro contenía tanto, tantas cosas que quedaron en el pasado, tantos momentos sublimes irrecuperables, y con la pérdida de este hombre, también la pérdida cada vez mayor de otra época, de otro mundo, de otro modo de ver y hacer las cosas. Descansa en paz tu merecido descanso, amigo Dietrich, quienes te amamos siempre te echaremos de menos, y el mundo que has dejado ya nunca será el mismo.



viernes, 18 de mayo de 2012

DIETRICH FISCHER-DIESKAU / 1925 - 2012



La noticia ya es vox pópuli, este viernes, a la edad de 87 años, ha muerto el gran cantante Dietrich Fischer-Dieskau. Me enteré al mediodía y, la verdad, no tenía intención de publicar una entrada dedicada a este suceso. Por un lado porque ya correrá la noticia por miles de lugares, ya se publicarán miles y miles de entradas, ya miles de ondas repetirán en eco el triste acontecimiento; por otro lado, ¿qué decir de Fischer-Dieskau? ¿que ha sido el mejor cantante de los últimos cincuenta o sesenta años? Aquí hemos hablado de Wunderlich, de Souzay, de Hotter, de Talvela, todos ellos sin duda grandes cantantes de voces bellísimas. Pero al lado de Fischer-Dieskau todos se quedan un poco, aunque sólo sea un poco, pequeños. A uno le puede gustar más o menos este timbre de voz o este otro; a mí, por ejemplo, la voz y la manera de cantar de Wunderlich me tienen completamente enamorado. Pero Fischer-Dieskau... su voz, su dicción, su técnica vocal, su interpretación... la perfección no existe, en su lugar tan sólo existe la voz de Fischer-Dieskau.


Fischer-Dieskau no era un cantante, era músico, era la música hecha cantante, hecha voz. Sin concesiones de ningún tipo, con honradez rigurosa, ponía su voz y su sabiduría al servicio de la música. Dedicó su dilatada vida exclusivamente a la música: a transmitir mensaje intangible que con gran esfuerzo y gran sacrificio dejaron a la humanidad los grandes maestros. Siempre será diminuta cualquier tentativa de homenaje a este gran músico. Por eso dejo la palabra, la palabra hecha música, en la voz de otros para que homenajeen, no ya a Fischer-Dieskau, sino a lo que más amó durante toda su vida, «A la música».


 
An die Musik
Franz Schubert
Franz von Schober

Du holde Kunst, in wieviel grauen Stunden,
Wo mich des Lebens wilder Kreis umstrickt,
Hast du mein Herz zu warmer Lieb entzunden,
Hast mich in eine Beßre Welt entrückt.

Oft had ein Seufzer, deiner Harf entflossen,
Ein Süßer, heiliger Akkord von dir
Den Himmel beßrer Zeiten mir erschlossen,
Du holde Kunst, ich danke dir dafür!


A la música
(Trad. de Fernando Pérez Cárceles)

Noble arte, en cuántas horas tristes,
cuando la vida me cercaba salvajemente,
has seducido mi corazón con tu cálido amor;
¡me has arrebatado a un mundo mucho mejor!

A veces un suspiro, al salir de tu arpa
un dulce y sagrado acorde,
me ha transportado al cielo de los felices tiempos.
¡Noble arte, te doy las gracias por ello!