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domingo, 13 de enero de 2013

CARLOS KLEIBER · ESTOY PERDIDO PARA ESTE MUNDO · Subtitulado íntegro en español


 
Nadie puede tocar las estrellas.
Pero necesitamos personas
que traten de alcanzarlas.

La entrada de hoy va a estar dedicada al vídeo:

Carlos Kleiber – I am lost to the World (Estoy perdido para este  mundo)
Subtitulado íntegro en español
Directed by Georg Wübbolt
Produced by Bernhard Fleischer
Con intervenciones de:
Ileana Cotrubas - Michael Gielen - Riccardo Muti - Otto Schenk
Ioan Holender - Sir Peter Jonas - Wolfgang Sawallisch

Ya tuvimos oportunidad de contemplar a este gran director de orquesta en dos vídeos anteriores publicados en «Guerra y Paz». En aquellos le pudimos ver únicamente ensayando. En esta ocasión vamos a dar un interesante y ameno paseo por algunos aspectos de su vida, de la mano de personas que le conocieron muy de cerca, por lo que sus testimonios son sumamente valiosos.

El padre de Kleiber, el también gran director Erich Kleiber
no estaba muy dispuesto a que su hijo siguiera su tradición musical. 
Pero sus pretensiones de desviar la vida profesional de Carlos no se vieron cumplidas. Carlos comenzó a estudiar música y pronto se dedicó a lo que tantos músicos han tenido que dedicarse en sus comienzos, repetidor de teatro de ópera, como fue el caso de Sviatoslav Richter, por sólo citar un ejemplo. Un repetidor (répétiteur), para quien no lo sepa, es un pianista que se dedica a ensayar a los cantantes aparte, además, de los ensayos generales; en muchos casos, se ha trata de hacer aprender sus papeles de memoria a muchos cantantes, a fuerza de «repetir».
Sin embargo, Carlos no era un buen pianista, y, por supuesto, y a diferencia de Furtwängler -que, como vimos, su verdadera vocación era la de compositor-, él quería ser director de orquesta a toda costa. Los comienzos y vicisitudes por los que transcurrió su inicio en la profesión quedan suficientemente detallados en el vídeo. Yo quisiera tan sólo destacar algunos aspectos de la personalidad de Kleiber que me parecen dignos de una mención en particular.
Carlos Kleiber era un poco golfo y caprichoso: a pesar de estar casado desde muy joven, «tenía pasión erótica por las mujeres. Para él era algo importante, surgía y cambiaba de repente». Se casó «con una mujer maravillosa, una bailarina de Düsseldorf», Stanislava Brezovar (1937 - 2003), con quien tuvo dos hijos. Nos comentan quienes le conocieron: «Es curioso, no escogió a ninguna estrella. Era encantadora pero no llamaba la atención»
A pesar de sus supuestas infidelidades, Stlinaslava fue su compañera durante toda su vida, fue su apoyo, su hogar; cuando falleció, Carlos se vino abajo y, unos meses después, también dejó él este mundo. Ambos fueron enterrados en Litija, Eslovenia, país de origen de Brezovar. Sus otros caprichos eran cancelar y rechazar conciertos continuamente, pedir cachés desorbitados y estrambóticos, cosas así.
Carlos Kleiber fue un músico extraordinario. A pesar de no ser un buen pianista era capaz de escuchar internamente a la perfección, tanto las partituras sin la ayuda de ningún instrumento, como, por supuesto, escuchar internamente con absoluta exactitud qué interpretación pensaba, sentía, él de una obra. Ya al comienzo de su carrera poseía un repertorio de unas sesenta óperas. Su oído musical, afilado hasta la impiedad, era un cincel bien afilado con el que obtener de las orquestas con las que trabajó -esto es, con sus músicos- versiones de una corrección impecable, riquísima en matices dinámicos, tímbricos, rítmicos, pero sobre todo dotadas de ese algo más, la magia: elegancia, pasión, virtud, alegría, frescura, una música de una impresionante y llamativa vitalidad, rebosante de salud. Magia.
Su oído por un lado, y como herramienta su gestualidad, de la que se puede decir mucho, hablar y discutir mucho, una técnica nada ortodoxa. Esa gestualidad se pone sobre todo de manifiesto en los ensayos; complementada con una inagotable imaginación metafórica, colorida, fantástica, y, sobre todo, efectiva para conseguir convertir en sonido, en sonoro, la idea musical que escucha hasta el mínimo detalle en su oído interno. Sobre todo, con la música de Wagner, su gestualidad era absolutamente excepcional e iconoclasta, en lugar de dirigir parecía que estaba bailando una extraña danza cuya música sólo él conociese, desarbolando unos movimientos que recuerdan a un bailarín de danza contemporánea.
«Puedes imitar la técnica gestual de un director de orquesta, pero no la de un director que es libre como un pájaro», dice Muti.
Es muy famoso su «Dejen que empiece el otro, dejen comenzar a su compañero. Quizá adivine dónde...»: decir eso como directriz para comenzar una obra en pianissimo es asombroso. «El cazador furtivo», de Weber, comienza pianissimo con los instrumentos de viento; con ese modus operandi es obvio que habrá que probar varias veces, habrá que repetir la entrada bastantes veces. Los músicos se miraban: «¿Qué dice? ¿Cómo vamos a hacer eso?. Primero te ríes, si todos dejan que empiece el compañero, no toca nadie». Kleiber puede ser hasta ofensivo. «Cuando vean que han comenzado los más valientes pueden entrar silenciosamente e ir creciendo». Lo contrario de valiente es cobarde... Sea como fuere llega un momento en el que Kleiber dice: «Ja» (sí). ¿Qué ha cambiado? ¿cómo una indicación tan aparentemente imprecisa, incluso paradójica puede conseguir que a la siguiente entrada Kleiber diga «Sí »?
La apariencia de esta técnica parece demasiado desenfadada. Sin embargo quería indicaciones minuciosas que él mismo anotaba, durante meses, en la partitura, en cada partichela. 
En ese aspecto era intolerante y meticuloso: por ejemplo, convertía un mezzoforte en un mezzopiano. Y todo a mano y para todas las voces. «No se preocupaba por la técnica gestual, imaginaba la música y las manos, los brazos hacían lo correcto», dice Muti. Y, en efecto, no se sabe cómo, pero con sus desmedidos gestos conseguía lo que quería: con un cambio de gesto efectuado a la velocidad de un rayo, llevado a cabo con la justa anticipación indicaba el cambio de un forte a un pianissimo, y los músicos lo captaban, era milagroso.
En ocasiones, dice cosas que demuestran una grande, seria, profundidad de pensamiento musical, es decir, un preciso, exacto oído interno, implacable, que despiertan una honda admiración y evidencian su genio musical: «Pero no le oigo a usted escuchar. Yo siempre oigo cuando alguien escucha a otro. Eso tiene un sonido especial, como aguardando con tiento… No toque, sólo escuche. Gustav».
Aparte de ese Carlos alegre, vitalista, vividor, genial también había otra persona. Cuentan quienes le conocieron: «Era vulnerable. No estaba ni enfermo ni sano. Estaba al límite. Carlos era un fronterizo, como todos los genios. Siempre estaba al borde»; «Eso es lo que lo caracterizaba. Esa hipersensibilidad nerviosa. Percibía el más mínimo detalle de la orquesta.»; otro, con un poco de buen humor nos dice: «En el primer compás ya pensabas ¡se acaba el mundo!». No puedo dejar de escribir aquí, una cita que me envió una amiga recientemente:

«Los artistas son como los filósofos en este aspecto: tienen a menudo una salud precaria y demasiado frágil, pero no por culpa de sus enfermedades ni de sus neurosis, sino porque han visto en la vida algo demasiado grande para cualquiera, demasiado grande para ellos, y que los ha marcado discretamente con el sello de la muerte. Pero este algo también es la fuente o el soplo que los hace vivir a través de las enfermedades de la vivencia (lo que Nietzsche llama salud).» (Deleuze y Guatari)
Este vídeo que he subido hoy para «Guerra y Paz» a YouTube es un documental realmente excepcional, con una realización impecable, con un ritmo y una cadencia en la presentación y alternancia de los distintos momentos y aspectos de la figura de Carlos Kleiber, además de brillantes, entrañables, afectuosos con el maestro, incluso tiernos. Les aconsejo no despistarse al final, es conmovedor: «Los genios algún día se alejan de nuestra tierra, antes de dejarla realmente».




P. S. Gracias a Clara por la cita; a B. por todo.

13 comentarios:

  1. Querido Kleiber, yo más bien le diría que es el mundo el que está perdido. No Usted para el mundo que es diferente.

    Todos los vídeos que está subiendo están siendo francamente interesantes. Muy buenos.

    Curiosa la faceta voluptuosa de este director. No me lo imaginaba así aunque es cierto que todo el mundo necesita echar una cana (o dos) al aire de vez en cuando.

    Su esposa era bella como se aprecia en la foto de juventud. Tiene una finura especial.

    Me ha resultado divertida la foro de Carlos con esas "gafapastas" gigantes y esa corbata cantarina. Parece una especie de ejecutivo de General Motors de los años 50 o el de la película de "Superman".

    Por lo demás, la técnica de dirección es exquisita y embelesa mirarle, verle disfrutar de la dirección.

    Lo de las anotaciones de la partichela es "flipante". ¡¡Casi cada nota tiene algo encima!! Los músicos sudarían la gota gorda para seguir su ritmo y adecuarse a las exigencias del maestro.

    La cita que le ha pasado su amiga es una verdad como un templo. No se podría explicar mejor.

    Personalmente me gustan Karajan y Abbado. Dos de los que más aprecio.

    Sé que Karajan era un "cabronazo"(y me quedo corto) pero me gusta su pose aristocrática y esa forma de dirigir, de saberlo todo bajo control.
    De Abbado aprecio su oficio y su energía de hombre menudo que vive apasionadamente la música.

    Él y Pollini eran una buena pareja y, a veces, formaban a los obreros con conciertos.

    Un cordial saludo y seguiremos disfrutando de todos estos directores soberbios.

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    1. Carlos Kleiber fue un director de orquesta genial, y como toda persona genial tenía sus excentricidades, comportamientos caprichosos y rarezas. Ante una figura tan excepcional como esta es cuando más en guardia debemos estar ante la tentación de admirar, y mirar, más al interpréte que a la música. En ese sentido ya nos prevenía muy mucho Sviatoslav Richter, quien decía que la gente debía acudir a sus conciertos a escuchar la música y no a verle a él; por esa, entre otras razones, decidió tocar casi a oscuras.
      Pollini es uno de los más grandes pianistas del siglo XX y, en efecto, existen grabaciones suyas junto a Abbado, los dos italianos y grandes amigos, absolutamente admirables.
      Y luego está Karajan... Pero de ese ya hablaremos otro día.
      Un afectuoso saludo.

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  2. Nadie puede tocar las estrellas, pero necesitamos de personas que quieran alcanzarlas...Estas preciosas palabras sintetizan lo que Carlos Kleiber dejó a la humanidad.
    Es muy hermoso el documental, me ha gustado mucho, instiga a seguir disfrutando del legado de este creador indiscutible.
    Verlo en directo debe haber sido espeluznante, tanta vitalidad, y energías por alcanzar la perfección!
    Si algo me conmueve como ser humano, es su lucha infatigable por desarrollar lo que llevaba dentro, superar la sombra del padre era un desafío terrible.
    Qué vegetal puede crecer a la sombra de un ombú?
    Desafiando el mandato: Carlos no tiene talento para la música.
    No sólo desafía, actúa, y construye su propio camino.
    Me gusta la escena final del vídeo, donde padre e hijo salen al mismo tiempo.
    Ese contrapunto de estilos, de imágenes, de manera de dirigir una orquesta.
    Gracias Carlos por estas joyas que nos regalas, y por el impecable homenaje a un talento.
    Un gran saludo

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  3. Cuando escuché la cita sobre alcanzar las estrellas no dudé ni un instante en escogerla como inicio de la entrada. Es una frase emocionante, y a la vez un reto, ¿quién sabe, quién dice, qué personas deben o pueden tratar de alcanzar las estrellas? ¿por qué no uno mismo? Tan imposible es para Kleiber alcanzar una estrella como lo es, por ejemplo, para mí; entonces ¿por qué no intentar, cada día, en algún momento ponerse de puntillas y llegar más alto, más lejos?
    En efecto, es una relación muy compleja la que existe entre padre e hijo, o mejor habría que decir entre hijo y padre: es Carlos quien desobedece a su padre pero que a la vez lo adora, quien lo idolatra, quien protege sus partituras y, por fin, quien lo supera, quien llega a ser más grande que su padre; también está la cuestión del supuesto suicidio de Erich, ¿acaso el hecho de que Carlos se encierre en su casa y se siente a la mesa "a morir" tras la muerte de su esposa no se puede considerar un suicidio?
    Una vida hermosa y trágica, como la de un héroe griego.
    Seguiré, estimada Inés, subiendo vídeos y otras cosas mientras pueda seguir haciéndolo, pues todo ello a todos por igual nos pertenece, y porque es un gozo compartir, como lo es también rendir homenaje a estos grandes hombres, y sacarlos del olvido y del desconocimiento que en este nuestro país, alimentado en la ignorancia por sus sucesivos mandatarios, sufren.
    Un afectuoso saludo

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  4. Cree Ud que el hijo supera al padre?
    En mi ignorancia más absoluta no hablaría de superación, más bien de otro camino alcanzado con creces, y de manera brillante.
    Hay diferencias generacionales e histórias entre estos dos talentos.
    El padre mantiene una coherencia absoluta con la música y las libertades humanas hasta el final.
    Nunca tranzó, ni dobló las rodillas frente a un régimen brutal y aniquilador.
    Su suicidio es un acto de valentía, más que de orgullo y derrota.
    El hijo apuesta por el reconocimiento, no sólo del padre, sino de la sociedad, sin mantener esa "elegancia" o "seriedad" del padre frente a la vida.
    Es rompedor, caprichoso, divo, consciente de lo que ha alcanzado.
    Me gusta la historia de ambos, tanta intensidad, pasión y entrega, más allá de las cuestiones personales.
    Sus apuestas a muerte por la música.
    Sin ésto, ninguno de los dos habrían sobrevivido, nunca habrían cruzado la línea que separa lo gris de la luz.
    Un gran saludo

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    1. Perdone, Inés, mi demora en responderle, en contra de mi voluntad.
      En efecto, no es que superase en un sentido estricto, en un sentido estrictamente musical a su padre. Pero para mí lo supera sobre todo en "comunicabilidad" (vaya palabra); es tanta la energía, la alegría de vivir que transmite en su manera de interpretar, que en eso es insuperable. Preparando una nueva entrada, encontré por ahí: "Al preguntarle a Ramón Tebar, flamante director musical de la Florida Grand Opera, por sus directores favoritos, el joven valenciano sintetizó el sentimiento de muchos de sus colegas “Está Carlos Kleiber y están… los demás”"; este Ramón Tebar fue alumno mío, por eso lo traigo a colación. Carlos es especial, además de un músico sin concesiones, es algo más, no sé qué, y cuando no sé definir una cosa sé que es algo grande.
      El suicido del padre es, en efecto, valiente, anónimo, incluso, me atrevería a decir, elegante.
      Cada día, como una criatura que intenta salir del seno materno, intentamos con esfuerzo cruzar esa línea que separa lo gris de la luz, ¿no?
      Un sentido saludo

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  5. Sí que es especial, entrega todo por formar, por trasmitir la música, y esa pasión que lleva dentro y de manera altruista y sin concesiones, da.
    He seguido mirando su jugoso blog, ayer descubrí otro vídeo de Kleiber.
    Venía a completar este último que nos ha dejado.
    Es facinante todo el ensayo!
    Como fascinante la cara de los músicos que reciben sus enseñanzas.
    Me gusta como "encamina" cada uno de los apuntes, estimulando la imaginación, va más allá de la simple corrección de una nota.
    Sus comparaciones son extraordinarias, es la manera de dejarse llevar, de entregarse y gozar.
    Y esa vitalidad, esa alegría! No me extraña que haya enamorado a tantas mujeres...
    Con gusto esperaré su próxima entrada, más aún sabiendo que tiene que ver son Ud, con ese alumno prodigioso que ha formado.
    Un gran abrazo desde el agradecimiento!

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  6. Estimado Carlos.
    Le agradezco enormemente por sus espléndidas aportaciones y sobretodo por las traducciones de estos magníficos documentales. Es usted muy amable por dedicar su tiempo y hacerlos más accesibles a las personas, que como yo, tenemos unos escasos conocimientos de otras lenguas pero amamos la música y a las personas que las hicieron posible como es el caso de el recordado Carlos Kleiber, todo un torrente de vitalidad y que contagiaba su pasión de manera tan sincera.
    De nuevo gracias y un gran abrazo.

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    1. Apreciado Adriano, soy yo quien le agradece sus amables palabras. A mí me ocurre lo mismo que a usted: mis conocimientos de otros idiomas son limitados, pero mi curiosidad no reconoce fronteras. Por esa razón intento conseguir y recopilar estos documentales; en primer lugar para mi propio aprendizaje y deleite y después, como no concibo de otro modo, para compartirlos con todos aquellos que como usted y como yo amamos la música y admiramos a sus creadores e intérpretes.

      Mi más afectuoso saludo

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  7. No quisiera sonar amargado, pero para mi Carlos Kleiber representa muchas cosas que sinceramente desprecio de la ejecucion musical.
    La primera y mas importante es su falta de conocimiento teorico musical, y eso se nota a leguas en todas sus interpretaciones, su tratamiento del sonido es impecable, pero es solo eso, no llega a hacer un analisis profundo de la obra por que sus capacidades no le permitieron, yo creo que por eso le tomaba tanto estudiar una partitura o por eso nunca presento ningun estreno o por eso nunca dirigio literatura contemporanea. Por esa misma razon me parece que se desgasto tan rapido, en vez de ir madurando con los años (como los verdaderos grandes directores lo hicieron: Klemperer, Furtwangler, Mravinsky, Celibidache...) simplemente se fue agotando, su conocimiento musical lastimosamente solo fue intuitivo, solo eso, dependio siempre de grabaciones para estudiar una partitura, y debido al gran trabajo que le costaba estudiar se fue desgastando (obviamente) con el tiempo.
    Lo otro es que Carlos era pura emocion, solo emocion y nada mas que emocion, la musica es muco ams que las emociones que estan ligadas a ella, y Carlos dirigia completamente entregado a la emocion.
    Como dije no quisiera sonar amargado, Carlos Tenia un talento extraordinario, tal vez fatalmente limitado por su padre, pero hay muchos ejemplos que no me parece adecuados un un director de orquesta serio.

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    1. Muchas gracias por sus apreciaciones que, además de sinceras, son serias y bien informadas. No sé de dónde es usted pero por aquí, por España, sus comentarios no serían interpretados como amargados, quizá, sólo quizá podríamos apreciar en ellos cierto resentimiento. Aun así, también ese posible resentimiento estaría justificado: es cierto que siempre ha habido en el ámbito de la interpretación, y también en el de la creación, personajes que pecan de lo que usted señala: mucha intuición pero poca formación. Esta circunstancia puede ser más o menos perdonable, según que casos. Yo desconozco qué tipo de formación recibió Kleiber pero sí que puedo ver lo que usted dice: mucha intuición, pasión, emoción... También es cierto que su repertorio fue muy limitado, posiblemente, como usted dice, por su dificultad de lectura y comprensión musical. Todo esto explicaría ese posible resentimiento que, en todo caso, podría apreciarse en su visión: desde luego que el amateurismo, cuando no un descarado intrusismo, puede hacer mucho daño en cualquiera de las artes. Entiendo y respeto plenamente su opinión. Teniendo en cuenta todos estos argumentos... en fin, a mí, personalmente, hay aspectos de Kleiber que me cautivan: su desbordante personalidad, su imaginación con las metáforas y, sí, la emoción que transmite.

      Le agradezco sinceramente su comentario

      Un cordial saludo

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  8. Una pena que se haya cancelado el enlace al video por derechos de autor. No hay manera de encontrarlo en la web más que en alemán y es un documento interesantísimo. A veces los derechos de autor sirven sólo para evitar la sana difusión de lo bello.

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    1. Así son los tiempos que corren. Afortunadamente, estos tiempos también llevan consigo portentos propicios.
      Gracias por su visita

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