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domingo, 22 de septiembre de 2013

ESA VISIBLE OSCURIDAD – WILLIAM STYRON

Esta entrada está dedicada al libro:

«Esa visible oscuridad»
Memoria de la locura
de
William Styron
Ed. La otra orilla
Traducción y epílogo de:
Horacio Vázquez-Rial 

(y a quienes padecen lo que se describe en este libro)

William Clark Styron Jr. Fue un escritor estadounidense nacido en 1925 y fallecido en 2006. No es un escritor demasiado conocido. Asimismo, su obra no es demasiado extensa, aunque sí de gran calidad. Recibió algunos premios, destacaremos el «Premio Pulitzer», el «American Book Award» por su novela más famosa «La decisión de Sophie», que fue llevada a la gran pantalla, y el «National Magazine Award», galardón que le fue concedido por el libro aquí comentado.

«Esa visible oscuridad» fue escrito por Styron tras sufrir una grave depresión, y el gran interés de este libro radica en las descripciones que hace de los sufrimientos de quienes padecen esta despiadada enfermedad: sólo un buen escritor es capaz de, mediante su lúcido manejo del lenguaje, crear imágenes que ayuden a entender los indescriptibles padecimientos de quienes sufren este mal. En la sociedad en la que vivimos, todavía no se asocia la palabra «enfermedad» con la palabra «depresión», más bien se considera la depresión como un estado de ánimo más o menos pasajero suscitado por un percance personal. No es menos cierto que la depresión tiene muy mala fama: ha sido durante muchos años un estupendo pretexto para cogerse, en especial los funcionarios, largas temporadas de vacaciones, que mezquinamente han denominado «bajas». Yo, como quijotesco paladín de causas perdidas, vuelvo sobre este tema, entre otros motivos, he de admitirlo, porque soy un viejo enfermo de esta terrible enfermedad.

Comienza Styron su relato con una cita del Libro de Job:

Todo lo que yo temía,
lo que más miedo me causaba,
ha caído sobre mí.
No tengo descanso ni sosiego;
no encuentro paz, sino inquietud.
Job


Fue en París, esa bella ciudad a la que Styron había acudido a recoger el «Prix Mondial Cino del Duca» donde, según sus propias palabras (los subrayados son míos):

«tomé plena conciencia de que la lucha contra el desorden de mi mente –lucha en la que estaba atrapado desde hacía varios meses- podía llegar a tener un desenlace fatal
(…)
«Hacía apenas unos días que había llegado a la conclusión de que estaba sufriendo una grave enfermedad depresiva y luchaba por mantenerme a flote, indefenso, en mis esfuerzos por enfrentarme a ella. No me alegraba la ocasión festiva que me había llevado a Francia. El sentimiento de odio a uno mismo –o, por decirlo con menos rigor, la falta de autoestima- es uno de los síntomas más universalmente experimentados, entre las muchas temibles manifestaciones de la depresión… (…) Mi morbosa tristeza era, por ende, aún más irónica, porque había volado en un apresurado viaje de cuatro días a París para recibir un premio que tendría que haber restaurado mi ego de manera brillante

En efecto, este premio, una vez más, desconocido soberanamente por en nuestro país, ha sido otorgado a escritores de la talla de Alejo Carpentier o Jorge Luis Borges. En las entradas anteriores a esta hablamos, por encima, de reconocimientos y premios:

«Aunque el dar y recibir premios suele inducir por diversos motivos una malsana erupción de falsa modestia, habladurías, autocastigos y envidias, pienso que es muy agradable recibir algunos, aunque no sean necesarios.»
(…)
«Si hubiese sido capaz de prever mi estado mental a medida que se acercaba la fecha del premio, lo habría rechazado de plano.»
«La depresión es un desorden del carácter, tan misteriosamente doloroso y elusivo en la manera en la que se da a conocer al yo –al intelecto intermediario- que se sitúa al borde de lo indescriptible»
La siguiente confesión describe con exactitud lo que le ocurre a la mayor parte de la sociedad:

«… me asombró comprobar que estaba cerca de la total ignorancia respecto de la depresión, que podía ser un problema médico tan serio como la diabetes o el cáncer.»

A pesar de que este libro fue escrito en 1984, la siguiente afirmación sigue siendo válida:

«… no poseemos ningún remedio rápido para la depresión en sus estadios más avanzados: el fracaso de los intentos de aliviarla es uno de los factores más penosos del desorden, tal como se le revela a la víctima, y uno de los que contribuyen a ponerlo sin vacilaciones en la categoría de las enfermedades graves»

En efecto, los laboratorios farmacéuticos siguen investigando y obteniendo medicamentos cada vez más sintetizados, más eficaces, ¡más caros!, pero con éxitos muy parciales, puntuales. El célebre adagio «No existen enfermedades sino enfermos» se hace sólido como una pirámide cuando nos referimos a enfermedades mentales, las cuales, no sólo están ocasionadas por la enfermedad de un órgano, el cerebro, sino en la que también tienen gran relevancia factores de índole biográfico de las personas que las padecen. Del mismo modo que la eficacia de los medicamentos es muy dispar entre los afectados por esta enfermedad, también sus manifestaciones son muy distintas.

«… mi situación era exactamente opuesta. Aunque era capaz de levantarme y funcionar casi normalmente durante la primera parte del día, empezaba a sentir la aparición de los síntomas a media tarde o un poco después: la invasión de la melancolía, una sensación de miedo y extrañamiento y, sobre todo, una agobiante ansiedad.»
(…)
«Sentía una especie de insensibilidad, un enervamiento, pero más especialmente una suerte de fragilidad, como si mi cuerpo se hubiese vuelto realmente friable*, hipersensible y, en cierto modo, desarticulado y torpe, carente de coordinación normal
(*He tenido que buscar en el diccionario la palabra «friable», creyendo incluso que se trataba de una errata: friable. [Del lat. friabĭlis, desmenuzable]. 1. adj. Que se desmenuza fácilmente.)


Así, Styron, en un acto matinal, pudo acudir al salón en el que fue presentado con el premio y pudo pronunciar su discurso de aceptación del galardón. Sin embargo, a medida de que fue transcurriendo la mañana, los síntomas descritos por Styron fueron haciendo acto de presencia:

«Simone del Duca (…) , se mostró primero comprensiblemente incrédula, y luego montó en cólera cuando, tras la ceremonia de presentación, le dije que no podía unirme a la comida que se serviría en la planta alta de la gran mansión, con alrededor de una docena de miembros de la Academia Francesa, los que me habían escogido para el premio. Mi negativa fue a la vez categórica y estúpida; le dije a quemarropa que había quedado a comer en un restaurante con mi editora francesa, Françoise Gallimard. Desde luego, esa decisión por mi parte era ofensiva… (…) Pero mi conducta era realmente resultado de la enfermedad, que había avanzado hasta el punto de producir algunos de sus más famosos y siniestros rasgos: confusión, pérdida de la claridad mental y fallos de memoria. En un estadio más tardío, mi mente sería enteramente dominada por desconexiones anárquicas; como he dicho, había ahora algo parecido a una bifurcación del carácter…»
(…)
«mi cerebro había empezado a soportar su habitual asedio: pánico y desequilibrio, y la impresión de que los procesos de mi pensamiento estaban siendo inundados por una marea tóxica e innombrable que obliteraba cualquier respuesta amable al mundo viviente
(…)
«si el dolor fuese fácilmente descriptible, la mayoría de los incontables pacientes de esta antigua enfermedad habrían sido capaces de describir confidencialmente a sus amigos y a sus seres queridos (hasta a sus médicos) algunas de las dimensiones reales de su tormento, y quizás obtener una comprensión que por lo general ha faltado»

A continuación, Styron describe una de las más demoledoras manifestaciones de esta inmisericorde enfermedad: el insomnio.

«… uno de los más intolerables aspectos (…) era la imposibilidad de dormir. Había tenido por costumbre durante casi toda mi vida, como otra mucha gente, instalarme en una balsámica siesta a primera hora de la tarde, pero la distorsión de los patrones normales del sueño es un rasgo notoriamente devastador de la depresión; a la humillante falta de sueño que me había afligido cada noche, se añadía la injuria de este insomnio de la siesta, mínimo en comparación, pero más horrendo porque me atacaba en las horas de más intensa miseria. Era evidente que nunca más podría contar siquiera con unos minutos de alivio para mi completo agotamiento. Me recuerdo claramente pensando, echado, con Rose (su mujer) leyendo sentada cerca, que mis tardes y anocheceres se estaban haciendo casi censurablemente peores, y que aquel episodio era el peor hasta la fecha.»
Afortunadamente para Styron, «Físicamente no estaba solo. Como siempre, Rose estaba presente y escuchaba mis lamentos con inagotable paciencia. Pero yo sentía una inmensa y dolorosa soledad. (…) El más aflictivo de todos los trastornos vegetativos era el insomnio, con la completa ausencia de sueños.
El agotamiento combinado con el insomnio es una tortura excepcional. Las dos o tres horas que lograba dormir de noche eran siempre debidas al Halcion (un medicamento).
En cualquier caso, las pocas horas que dormía solían terminar a las tres o las cuatro de la mañana, cuando miraba la bostezante oscuridad con desconcierto, y con dolor la devastación que estaba teniendo lugar en mi mente, y esperaba el alba, que habitualmente me permitía un duermevela febril y sin sueños. Estoy bastante seguro de que fue durante uno de esos trances de insomnio cuando supe de pronto –una misteriosa y chocante revelación, como la de una verdad metafísica largamente buscada- que esa situación podía costarme la vida si continuaba ese curso.»

Es una constante en esta enfermedad padecer pensamientos que rondan la superstición. Son pensamientos dolorosos, únicamente peligrosos y dañinos para el enfermo. Freud demostró que indagar, profundizar, a través del psicoanálisis, en este tipo de pensamientos, y en cualesquiera otros, puede mejorar, incluso casi sanar, la atormentada mente del enfermo. Volvamos a la parisina cena en homenaje a Styron, quien nos cuenta:

«Y como un zombie, en mitad de la cena, perdí el cheque de 25.000 dólares del premio Del Duca. Lo había metido en el bolsillo interior de la chaqueta; dejé pasear la mano hasta allí y comprendí que ya no estaba. ¿Había “procurado” perder el dinero? Hacía poco me había preocupado la idea de que yo no merecía el premio. (…) … era muy fácil que aquella pérdida no fuera una pérdida, sino una forma de repudio, nacida de aquel autoodio (insignia principal de la depresión) por el cual me había persuadido de que no estaba a la altura del premio, de que realmente no estaba a la altura de ninguno de los reconocimientos recibidos en los últimos años. (…) Al final, fue una escena de mala opereta: todos agachados, buscando el dinero desvanecido.»

Saben ustedes que cuando comento un libro procuro no decir demasiado sobre él, dejando al futuro lector la experiencia e interpretación propia de su lectura. En esta ocasión he roto, un poco, mi norma. La razón no ha sido otra que la de llevar a una mayoría ciertos contenidos de este libro que quizá no lean y que considero que deben ser lo más ampliamente difundidos. Aun, mucho queda en el libro que aquí no ha sido expuesto. No es un libro extenso, y aunque la edición que yo he utilizado, que compré no hace mucho, está datada en una fecha tan próxima como marzo de 2009, no es fácil de conseguir, recomiendo encarecidamente su lectura.

Todavía copiaré aquí un párrafo, al final del cual aparece una cita, que escribiré en negrita, que fue la que me indujo a leer este libro magnífico:

«A pesar de los todavía vacilantes métodos de tratamiento, la psiquiatría, en un plano analítico y filosófico, ha contribuido mucho al conocimiento de los orígenes de la depresión. Es obvio que queda mucho por aprender (y gran parte seguirá, sin duda, siendo un misterio, debido a la naturaleza idiopática de la enfermedad y la constante intercambiabilidad de sus factores) pero se ha establecido más allá de toda duda razonable un elemento psicológico, el concepto de pérdida. La pérdida, en todas sus manifestaciones, es la piedra de toque de la depresión, en el desarrollo de la enfermedad y, muy probablemente, en su origen. Más tarde, me iría convenciendo de que la devastadora pérdida en mi infancia figuraba como génesis probable de mi propio desorden; entretanto, observando mi condición retrógrada, sentía pérdidas a manos llenas. La pérdida de la autoestima es un síntoma bien conocido, y mi propia conciencia del yo estaba al borde de la desaparición, junto con la confianza en mí mismo.
(…)
Había llegado la fase del desorden en que todo sentimiento de esperanza se desvanece, junto con la noción de futuro; mi cerebro, esclavo de sus descontroladas hormonas, había llegado a ser menos un órgano de pensamiento que un instrumento para el registro, minuto a minuto, de los distintos grados de su propio sufrimiento. Hasta las mañanas ya eran malas, mientras daba vueltas aletargado, después de mi breve sueño, pero las tardes eran aún peores, empezando alrededor de las tres de la tarde, cuando sentía que el horror, como un banco de niebla venenosa, avasallaba mi mente, obligándome a irme a la cama. Allí me quedaba durante seis largas horas, estupefacto y prácticamente paralizado, observando el techo y aguardando el momento del anochecer en que, misteriosamente, la crucifixión se aliviara lo justo para permitirme tragar a la fuerza algo de comida y luego, como un autómata, volver a procurarme una o dos horas de sueño.»

Como dije al principio, he escogido este libro por contener descripciones que sólo un escritor es capaz de escribir. No obstante, quedan una infinidad de síntomas, de manifestaciones de esta enfermedad que no se han mencionado, como, por ejemplo, los inhumanos ataques de pánico, las pesadillas, las palpitaciones, el llanto… No obstante, espero que con lo expuesto, haya quedado claro que la depresión es una grave enfermedad, quizá la más tortuosa de todas. Tampoco he dicho que quienes padecen esta enfermedad suelen desarrollar actitudes bastante comunes: una de ellas consiste en que les resulta muy molesto que la gente profana les dé consejos sobre qué deben o no deben hacer: frases como «tú también has de poner de tu parte» tienen, aunque quien la pronuncie lo haga con la mejor de las intenciones, un efecto completamente contraproducente.

En la solapa trasera del libro aparecen acertados comentarios sobre este libro, rescato alguna de ellas:

«Absorbente… desgarrador… un retrato vívido de un trastorno extenuante… Ofrece el consuelo de la experiencia compartida»
The New York Times

«Bellamente escrito, profundamente conmovedor, valientemente sincero… Styron ha realizado una contribución asombrosa a las testimonios notables de la enfermedad mental»
The Washington Post Book World

«Tan breve como la cuerda de un ahorcado y casi tan deslumbrante… un texto de gran circunspección y resonancia. Styron nunca ha usado tan pocas palabras de forma tan eficaz»
Newsweek

EPÍLOGO
He dudado mucho sobre la pertinencia de publicar esta entrada. Dado que yo padezco esta enfermedad: ¿podría interpretarse como victimista? ¿podría algún conocido mío entenderla como justificación de alguna conducta, quizá, no demasiado correcta por mi parte? ¿podría pensarse que la he escrito para justificar alguna ausencia a mi puesto de trabajo o alguna pequeña negligencia en el desempeño de mis obligaciones? Al cabo he decidido que cada cual piense lo que quiera, pero que debía asumir los riesgos, que debía tener el coraje suficiente para alzar la voz en nombre de quienes no disponen de un lugar como este blog para expresarse, para intentar encontrar «el consuelo de la experiencia compartida.»

 



P. S. Un ruego, recuerden que a quienes padecemos esta enfermedad nos resultan un poco incómodos los consejos, por muy bien intencionados que sean, del tipo «has de poner de tu parte», dicho sea esto con el mayor respeto y gratitud por la solidaridad, por el afecto con que se manifiesten. Asimismo, como dejara dicho Sigmund Freud: «La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas»

44 comentarios:

  1. Es Ud amigo una de las personas más transparentes y de exquisita sensibilidad que se puede encontrar en este mundo virtual...
    Confieso que le he buscado faltas, hiatos para retornar al masoquista escepticismo adquirido pero invariablemente sus textos me regresan a mi primera mirada fascinada con el mundo.
    Y se lo agradezco infinitamente.
    Un abrazo.

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    1. Querida Inés, soy yo quien le agradece a usted infinitamente sus siempre generosas, como bondadosas, palabras. Le confieso con absoluta sinceridad que no me reconozco en la descripción que que hace usted de mí y de mis escritos. En esta entrada se habla de premios y reconocimientos: sus palabras, amiga Inés, significan para mí de los más altos y apreciados que he recibido, y de nuevo no dejo de serle absolutamente sincero.

      Le mando, así como he sentido de usted, un cálido abrazo.

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    1. Gracias a ti, Julio, siempre me siento en deuda con quienes dedicáis un rato a leer mis pequeños trabajos.

      Un fuerte abrazo

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  3. Querido amigo, se trata de hacer la trampa del arcoíris, reinventándose una y otra vez...

    Die Verwandlung del alma
    No tenemos una historia, solo relatos y reinterpretaciones de los relatos.
    Recuerde las Variaciones Goldberg y a Glenn Gould ese "hombre que al piano produce un efecto casi hipnótico"
    Sugiero un nuevo relato de su vida; lleve el piano vertical al parque...
    Los pájaros no subirán el volumen de de sus trinos y lo escucharan a usted conmovidos.


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    1. Muchas gracias de nuevo, querida Inés. Es muy bonito lo que dice: "La transformación del alma"; algo de eso se pretende con el psicoanálisis, acudir al pasado y cambiarlo, o si no, al menos, entenderlo de otro modo, reinterpretarlo. Créame, lo he hecho, no una, mil veces... Seguiré intentándolo, pero... bueno, en todo caso, ya le contaré.

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  4. Nunca lo agrediría a usted Carlos, sugiriéndole el psicoanálisis,
    Solo pensé que debería hablar con los pájaros en el idioma de la música.

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    1. Jamás me sentiría agredido por usted, querida Inés, en usted sólo encuentro comprensión, apoyo y consuelo. Y ya esta mañana, cuando he salido a realizar unas compras, he prestado especial atención a lo que nos cuentan los pájaros, que aunque canten en un idioma muy distinto al nuestro, nos dicen cosas que van directamente al alma, y allí actúa su voz como un bálsamo, como un canto de esperanza.

      Infinitas gracias una vez más, Inés, que las aves nos acompañen.

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  5. No hallé aún tiempo suficiente para escribir a usted un saludo tal como he querido hace rato y a propósito de otras entradas de su blog. Hoy, además de la casualidad de que ayer mismo he recordado "La decisión de Sophie", otras experiencias, otros sentimientos y pensamientos me impulsan a escribir ésta nota. Me parece que la haré larga, por lo que le ruego me disculpe. Escribo muy espontáneamente, y la lectura que he hecho de su entrada - saltando un poco, mientras la retomo-, me causa el deseo de decir varias cosas de las que seguro, una sola o ninguna vale. Porque es el gesto, el gesto de un amigo que nos siente y nos comprende, o el gesto luz del sol que en cualquier momento del día nos sorprenda, el que acaso exprese sin palabras más.
    ...,
    L.

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    1. Sí, el gesto, el acto, cuaquier manifestación de la vida, ese rayo de sol, esa voz de un pájaro distante, la primera brisa de la mañana, la primera brisa de la tarde, la mirada -tan solo la mirada- comprensiva del amigo, la sonrisa -solo la muda sonrisa- del amigo, sí, es ahí, y en lugares como ese, donde se encierra casi todo lo que es necesario saber, o todo lo que necesitamos para respirar, para vivir, para tener esperanza. Pero... sí, casi siempre hay un pero, en ocasiones, la enfermedad nos impide ver, oler, sentir, incluso respirar. Entonces, todas esas cosas que usted, y yo luego, ha mencionado hay que buscarlas en el interior de uno mismo; y están, están ahí, aun cuando el día sea nublado, y la brisa no corra, y no encuentres al amigo y el pájaro enmudezca. Sólo hace falta coraje, un poco, un mucho, coraje.

      Muchas, muchas gracias por su comentario, no se imagina cuánto lo aprecio.















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  6. Hace ya unos meses atrás que comencé a frecuentar su blog, leyendo las entradas sobre música y músicos, escuchándo y queriendo aprender de ellas. Luego, algunos de sus relatos y comentarios literarios-musicales. Ha sido recientemente que leí y conocí de la depresión que le acontece, profesor Gimeno. Con la entrada Johannes Brahms - Geistliches Lied Op.30., que es bella su escritura ...
    ¿Cuál es la música que toca en ésta entrada, por favor?

    Su posdata. Los consejos suelen ser incómodos en bastantes ocasiones, no solo para "a quienes padecemos depresión"
    ... (Usted, con su blog, me causa muchas resonancias y recuerdos, ahora mismo ésto se me hace presente. Se trata de algo como lo que expresa Ines Iturriche Etchegaray - a quien saludo respetuosamente-, la exquisita sensibilidad suya que nos alcanza).
    Los consejos ... bueno, existen algunos... ¿o no se llamarán bien dicho: consejos? Indicaciones de andadura -como en Sancho y Alonso Quijano, a quienes leo. El Quijote me arranca muchas risas, me da felicidad-. Pienso, por ejemplo, en algunos que nos dicen personas sencillas, consejos sabios de toda la vida, o, muy simples, que eventualmente nos pueden hacer sonreir y alegrar.

    Lo que estoy escuchando ahora, aquí, me gusta muchísimo, no dejo de escucharlo mientras escribo, ... de pronto creo reconocer alguna frase o acorde... pero no...
    Los psicoanalistas no ofrecen consejos, ni los psiquiatras, en general. Alguna vez uno de ellos, mencionó "La decisión de Sophie", solo la mencionó, como en el aire, como indicándome algo después de que yo, con urgencia, con angustia, expresara mi imposibilidad dolorosísima de aceptar un acontecimiento de la vida.
    Aquello de la cura por el tiempo, más la memoria, viva, de la indicación que hiciera el neuropsiquiatra, más -no se decir qué más ahora: querer vivir, sí esto- lo que me ayudó con un nuevo relato desde el que ha venido siendo posible el reconocimiento de mi limitación tan humana para transformar lo que se imponía desde afuera.

    Soltaría a escribir tres páginas si continuara. Muchas gracias, es casi todo lo que realmente arribo a decir. Consuelo es también serenidad. Y aliento. Yo creo que la Transformación del Alma va más allá del método psicoanálitico. Aunque mediante éste algunos alcanzan la poesía.
    O, de un poema-canción de Serrat que hoy he redescubierto: De vez en cuando la vida
    De vez en cuando la vida
    toma conmigo café
    y está tan bonita que
    da gusto verla.

    Gracias maestro,
    L.




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    1. Comenzaré por lo prosaico; la pieza que suena es la que da título a la entrada: Geistliches Lied (Canto espiritual) Opus 30, para coro y órgano, de Johannes Brahms, no puedo o no sé darle más referencias.

      A mí no me gusta dar consejos, me parece descortés, una impertinencia. Creo que, a lo sumo, podemos hacer algo como lo que usted dice. Yo, como profesor que he sido durante toda mi vida, siempre he dicho, y sigo manteniendo, que los profesores no enseñamos, tan sólo "ayudamos a descubrir"; podemos señalar este objeto o aquel otro, esto o aquello, podemos decir: "mira, yo, para llegar a este punto en el que me encuentro ahora desde el punto en el que tú te encuentras ahora, anduve por aquí, merodeé por allá, cogí aquella senda, tomé este atajo, tuve que desbrozar tal tramo, subir quella empinada cuesta... y, al cabo, alcancé este claro en medio de la espesura del bosque". Creo profundamente en esto, por eso, generalmente no voy con ideas premeditadas a mis clases: siempre hay alguien que lanza una buena pregunta, y ahí es donde el profesor ha de estar bien atento, captarla, ¡vale más una buena pregunta que cien respuestas! Una buena pregunta es un intento se ponerse a caminar, de querer ir a alguna parte (aunque no se sepa bien a dónde).

      Ayer comentaba con algunos alumnos que un psicoanalista no habla, como usted dice, casi nunca; el paciente va contando su vida, cómo recuerda su vida, y sólo cuando el analista percibe que tu recuerdo es distorsionado interviene, y tampoco te lo corrige, sólo te dice que reflexiones sobre ese recuerdo.

      En efecto, podríamos estar escribiendo páginas y más páginas. Pero la conclusión siempre sería la misma, la respuesta siempre es la misma, y puedes encontrarla en los lugares más insospechados, y siempre nos dice que la vida, con sus mil fatigas, daños y perjuicios, sufrimientos de todo tipo, la vida es una oportunidad de descubrir que es hermosa y que siempre, aunque sea por un instante, conseguiremos algo valioso, que no por su tamaño será más o menos valioso. Así, en una novela policiaca que intento leer para distraerme (pero que voy a tener que empezar de nuevo porque hace muchas páginas que perdí el hilo) encontré el siguiente diálogo:

      "-Yo... yo. Ahora estoy solo. Mi vida ya no tiene mucho sentido. Si esa pistola hubiera sido de verdad...
      -No -dijo Harry- No pienses eso. (...) Aunque tu vida no tenga valor para ti, la tiene para otras personas"

      Es más, añadiría yo, la vida siempre tiene valor en sí misma, por sí misma: siempre, hasta el infinito y más allá, siempre hay que darle una oportunidad a la vida.

      Muchas gracias a usted, L.

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  7. Brahms. Alguna vez en mi niñez, recuerdo, decidí que él era mi músico -compositor- predilecto. Sonrío. Es una anécdota infantil y solo tiene un valor personal: el de que a mi edad de los cincuenta y pico desee saber qué, cómo es que se me acercó él, su música. Escucharlo de nuevo, que hace mucho tiempo no lo hago bien, cosa imperdonable, naturalmente. Y no es que lo conozca a Brahms, al contrario. Aquello que usted escribió y nos obsequió con la Geistliches Lied» (Canción espiritual) Op. 30., como también hace en ésta entrada, lo aprecio mucho, profundamente.

    Usted dice, profesor, que la vida siempre tiene valor en sí misma; lo he comprendido así, desde siempre. Y lo he experimentado, más allá o, más acá, de la situaciones límites personales o de las que un@ observa de la historia. Es, si cabe el término, mi fé. Sobra repetir la palabra de gratitud hacia usted.
    Entre otros muchos motivos, la lectura y recomendación de éste libro del señor Styron, que ha de contribuir a mi comprensión de la vida, de la propia y de la de todos.
    L.
    _______________
    Ayer encontré, en cualquier lugar de paso, una cita de un artista de quien no sé más, Fernando de Szyzslo: "Siempre he creído que existen dos puertas para escapar de la ferocidad de la condición humana, una es el Amor, la otra el Arte”

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    1. Su comentario es, una vez más, como la vida, valioso en sí mismo, en cada una de las palabras que con franqueza y sensibilidad nos transmite. Pero de todo él destacaría la frase de Szyzslo, y de las dos cosas importantes que señala, rescato el Amor: para mí, que no soy creyente, es muy cierta la frase: "Si no tienes Amor, todo te falta". Sí, el arte, ese "entretejido de naderías" que dice Borges, qué sería de nosostros sin el arte; pero sin Amor... sin amor no somos nada.

      Muchisimas gracias, L., por su inestimable participación en este humilde blog.

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    2. He estado leyendo apartes del texto "Esa visible oscuridad..." , pronto le leeré completo y en su orden. William Styron relata no solo el acontecimiento de la enfermedad sino la salida de ella.
      L.

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    3. En efecto, narra cómo, su enfermedad, casi como había aparecido desapareció. Estuvo internado una temporada en un hospital y a él eso le fue de maravilla. Pero, como yo me atrevo a decir en mi entrada: "No hay enfermedades, sino enfermos". A cada cual le va de una manera un otra con esta enfermedad. Styron fue afortunado: en su caso, se conjugaron una serie de circunstancias, entre las que cuenta mucho su propia manera de ser, que propiciaron su curación. Envidiable.

      Un afectuoso saludo

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  8. http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=ITgvPYM8hsE


    En las cimas de la desesperacion libro de Cioran.

    http://crimideia.com.br/blog/wp-content/uploads/2010/02/en-las-cimas-de-la-desesperacian-completo.pdf

    Completo


    Con mucho cariño , Carlos.


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    1. Querida Inés he visto, escuchado y leído el vídeo sobre Cioran al que me ha remitido. No coocía ese libro y lo que he leído en el vídeo me ha impresionado. He comenzado a leer el libro completo, pero es duro de leer, no sé si lo leeré entero ahora o lo dejaré para más adelante.

      Como siempre, muchas gracias por todo.

      Un fuerte abrazo

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  9. Profesor,
    Me permito enviar éste discurso del presidente José Mujica (Uruguay) en la 68 Asamblea General de Naciones Unidas hace dos días. Impactó a todos. Dice del Mundo y del hoy. Realmente inspirador, poético y sabio. Se me ocurrió que a usted le interesaría y le gustaría escucharlo o leerlo. L.
    http://www.youtube.com/watch?v=OLef1zl7k4Q

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  10. Estimado anónimo,

    Gracias por hacernos descubrir este discurso de José Mújica. Yo en concreto he percibido una gran dosis de verdad en las palabras de este buen hombre.

    Saludos y gracias de nuevo.

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    1. Gracias a usted, Raúl.

      De la transcripción; un aparte: " Nuestra época es portentosamente revolucionaria [refiriéndo a los cambios tecnológicos] como no ha conocido la historia de la humanidad. Pero no tiene conducción consciente, o menos, conducción simplemente instintiva.
      Mucho menos todavía, conducción política organizada porque ni siquiera hemos tenido filosofía precursora ante la velocidad de los cambios que se acumularon.

      La codicia, tanto negativa y tanto motor de la historia, eso que empujó al progreso material técnico y científico, que ha hecho lo que es nuestra época y nuestro tiempo y un fenomenal adelanto en muchos frentes, paradojalmente, esa misma herramienta, la codicia que nos empujó a domesticar la ciencia y transformarla en tecnología nos precipita a un abismo brumoso. A una historia que no conocemos, a una época sin historia y nos estamos quedando sin ojos ni inteligencia colectiva ..."

      L.

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    2. Estimados Raúl y L.: Me parece magnífico que en este lugar se haya creado, espontáneamente, un sitio en el que comentar y compartir, incluso confrontar, opiniones. Cuando descubrí y escuché, gracias a L., el discurso de Mújica quedé vivamente impresionado: ¡todavía un jefe de estado que piense así, que diga esas cosas! Verdades, muchas verdades, y también verdad, en singular. Lamentablemente también "realidad", mucha realidad, amarga realidad hay en las palabras de este "buen hombre", como ha definido Raúl, y a quien también podríamos llamar "este hombre bueno". ¿Qué, quién, cómo detendrá esta vorágine, esta frenética y absurda carrera hacia el abismo? Quizá, lo único que haya echado un poco en falta en el discurso de Mújica haya sido un poco de esperanza, o, un poco más de esperanza. ¿Podremos, insignificantes como nosotros, desde este insignificante foro, pero que seguro que los hay a miles, contribuir a cambiar el actual estado de las cosas, a detener este canallesco pandemónium? Quizá la Historia, quién lo sabe, en sus insondables misterios, haya depositado en nuestras diminutas manos la semilla, las semillas que deberán ser sembradas, o, en todo caso, protegidas para el futuro, para que el hombre vuelva a ser hombre, o alcance ser hombre. No cejemos.
      Gracias, queridos amigos, por estar ahí, y por venir a compartir ideas e ideales bajo este modesto techo, humilde techumbre en la que guarecernos de la sinrazón de tantas cosas horrendas que nos ha tocado vivir en esta paradójica época, que hace poco llamábamos "el futuro".

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    3. Releo la transcripción del discurso del presidente Mújica. Veo en ese un llamado, un llamado desde el foro mundial. Siento que el buen hombre guarda esperanzas. En el acuerdo de naciones, en la Ciencia, en la juventud. Y creo que, aún escépticos o, por el contrario, alimentado razonables esperanzas podemos sembrar y proteger semillas como nos convoca usted.
      (Transcripción:
      http://www.taringa.net/posts/noticias/17180850/Discurso-Jose-Pepe-Mujica-Asamblea-ONU-2013.html

      Continúo haciendo hilos hacia surámerica (hispanoamérica), expontáneamente ... pues que ahora mismo recordé este video lindo, y ésta experiencia. Tal vez lo conozca (¿?). Una escuela de música con chicos... >
      http://www.youtube.com/watch?v=7AOnZb7ZlJI

      Gracias a usted,
      L.

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    4. Excúseme por favor, profesor: envié antes el link que no era, éste próximo es mejor y más completo:
      http://www.youtube.com/watch?v=ZqeaBonSPQA

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  11. Dices tú, o extraes, de tu confluencia con esa visible oscuridad.
    Y que quieres que te diga, y no es un halago, o sí, que tú si podrías escribir como William Styron (y lo haces, y me gusta ese punto tuyo de extrema educación, cortesía, furia y rabia).
    Cuídate, Carlos.

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  12. ¿Sabes? Me gusta que captes lo que dices: educación, cortesía, furia, rabia... Cuando escribo cualquier cosa no sé si transmito lo que quiero, y en este caso, y casi siempre, esas cuatro cosas están en mi mente: por eso, que alguien, como tú, me lo confirme, me indica que no voy "desencaminao" del todo, que por ahí van los tiros.
    Me cuido, todo lo que soy capaz. Y tu halago me da un "empujoncillo pa lante".
    Un abrazo, Manuel

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  13. Saludo, profesor Gimeno
    ¿Le gustaria leer ésta charla TED: "Andrew Solomon: Depression, the secret we share"? Me han gustado dos o tres pasajes de ella en particular..., mas no es mi intención comentar sino compartir. (He pasado por un momento muy difícil recientemente, creo que saldré adelante, bajo el sol). La transcripción, en inglés, se encuentra activando el cajón: "show transcript" a la derecha bajo el video.
    http://www.ted.com/talks/andrew_solomon_depression_the_secret_we_share.html

    Mis mejores deseos por su bienestar.
    L.

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  14. Hace muchos años leí el texto citado, no necesito decir que me sorprendió y me conmovió al mismo tiempo. He sufrido depresiones a lo largo de mi vida. De hecho lo compré y lo leí saliendo de una que fue especialemente atormentadora y paralizante, que terminó de manera por lo demás maravillosa. Me dispongo a leerlo por estos días. Poniendo atención a la lectura de los parrafos citados hay uno que me pareció especialmente sorprendente y que la primera vez que lo leí no reparé. Para no reinterpretar lo copiaré tal cual:
    «La depresión es un desorden del carácter, tan misteriosamente doloroso y elusivo en la manera en la que se da a conocer al yo –al intelecto intermediario- que se sitúa al borde de lo indescriptible»
    Creo entender que es un problema de caracter en el que particia más bien poco el cerebro que no la mente, que creo es otra cosa. Es por eso que los medicamentos no pueden dar resultados por que, aunque no tengo muchas noticias farmaceuticas, aun no se inventa ningún medicamento para crear, formar o mejorar el caracter de una persona.
    Ese era mi comentario y felicito tu iniciativa para compartir tus aficiones y pesquisas.
    Feliz año a todos.

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    1. Ayer mismo pensaba lo que subyace del párrafo que ha escrito para nosotros. La mente, el cerebro, la biografía, que si depresión endóngena o exógena... Como en todas las cosas de esta vida, son casi infinitas las variables que producen cada hecho: infinitas variables con infinitas consecuencias. Estoy completamente de acuerdo con usted.
      Me alegra saber que usted tuvo la fortuna de salir de su estado, además de un modo maravilloso. Yo hace tiempo que estoy inmerso en una profunda crisis, de ahí que no escriba nada en el blog desde el mes de octubre, aunque mi crisis viene desde mucho antes. Yo ya no sé qué hacer. El tiempo nos dará la respuesta.
      Muchas gracias por su comentario.
      Le deseo un feliz Año Nuevo
      Un fuerte abrazo

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    2. Sería bastardo de mi parte espetarle frases como "echale ganas", "tú puedes, sólo es que pongas de tu parte" Un enfermo de depresión encuentra esas frases hechas como un tormento en plomo fundido. Además, de que un enfermo no puede compadecer a otro por su mal, eso lo supondría parado en un plano superior inexistentes en cuanto a la depresión pués sabe que así como se fue puede retornar como la mañana cada día. Confio en que pueda estar mejor para el próximo año que nos espera, que por lo que alcanzo a ver es poco entusiasmante. Pero si lleno de esperanza para cada uno de nosotros.
      Si no le molesta haré un oración para que esa visible obscuridad vaya en retirada y no recrudezca.
      Un abrazo.

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    3. No hay nada que venga de usted que pudiera parecerme bastardo, si bien es muy cierto que cualquier frase de las que menciona no es de gran ayuda. Y no me molesta en absoluto, todo lo contrario, que tenga usted a bien elevar una oración para que se despejen las nieblas de mi entorno, le agradezco su plegaria, así como todas y cada una de las palabras que con tanto afecto y comprensión me ha dedicado.
      Le abrazo con fuerza de nuevo

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  15. hoy supe de este autor y del libro, Mi madre sufrió esta enfermedad y terminó a los 86 con un cáncer de pàncreas, Mi hermano mayor, un médico extraordinario, neurólogo, parece paradòjico, enfermó de a poco, hasta terminar a los 63 años con su corta vida. No sabemos còmo, probablemente en sus desvelos y muchos medicamentos, lo cogió el frío de la noche. No quisiera repetir la historia a pesar que la genética me lleva por mejores caminos. Pero leeré el libro por ellos, los que me rodeamn y por mì. Muchas gracias Carlos.

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    1. Todas las enfermedades son crueles, implacables en sus determinaciones. La depresión no es diferente. Además, tiene muchas peculiaridades que la hacen, en algunos aspectos, especialmente malvada. La gente que rodea a quien la padece o no la constata o le resta importancia o, incluso, la menosprecia. Aquí, en España, a los funcionarios se les ha impuesto unas severas medidas con respecto a las bajas por enfermedad: si están más de dos días de baja se les recorta el sueldo. Sin embargo, las autoridades, ahora han suavizado un poco esta normativa, sólo un poco, y una de las contadas rectificaciones que han introducido ha sido la de no recortar el sueldo a quien esté de baja por depresión mayor, con lo que han demostrado que consideran esta enfermedad como algo muy serio, grave, y con ello una loable sensibilidad. Su experiencia familiar es especialmente triste, y nos viene a demostrar, entre otras cosas, que este mal no hace distinciones. Ya hemos leído a lo largo de todos los comentarios a esta entrada que el mejor consejo es no dar consejos. Yo no voy a hacer una excepción. Pero sí me atrevo a decirle que en la misma medida que cruel, la depresión, así como el resto de las enfermedades, es caprichosa, voluble, y el hecho de que su madre y hermano la padeciesen no le hacen a usted más proclive a sufrirla. Usted ha de vivir el duelo por tan dolorosas pérdidas, pero no confunda la natural tristeza que ese duelo conlleva con ningún síntoma de la enfermedad. Y piense que al contarnos aquí su experiencia hace que comparta con nosotros su dolor, lo cual hace que ese dolor sea un poco, aunque sea mínimamente, más liviano.

      Le agradezco su participación en este blog y le deseo una larga, feliz y saludable vida.

      Con mi más afectuoso saludo

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  16. Muchas gracias por una reseña tan personal y cercana de este bellísimo libro. La literatura nos une, también en el sufrimiento. Me he tomado la libertad de citarlo en mi comentario en http://goo.gl/cNTjRO
    Un abrazo,
    Sonia

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    1. Estimada Sonia,

      acabo de leer la entrada de su blog en la que ha citado esta otra, la de aquí arriba. Su artículo es magnífico, y me hace pensar que quizá sea usted escritora o profesora de literatura. Le felicito. Y le doy las gracias por citarme, me siento honrado.

      Un abrazo

      Carlos

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  17. Estimado Carlos:
    La versión original en inglés dice:
    I felt a kind of numbness, an enervation, but more particularly an odd fragility--as if my body had actually become frail, hypersensitive and somehow disjointed and clumsy, lacking normal coordination.
    La traducción de frial es débil, delicado, frágil . En ningún diccionario encontré que frial se traduzca como friable, aunque la palabra exista en castellano y quiera decir "desmenuzable", no parece que el autor haya querido decir eso.
    Saludos.
    Pedro

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    1. Muchas gracias, estimado Pedro, por su matización, son muy importantes los matices. Traducir es un arte que requiere de gran sutileza. Las palabras, pueden tener tantos sinónimos, tanto objetivos como,
      -más escurridizos- subjetivos que su empleo puede aclarar, matizar, o confundir, generalizar. La matización que hace usted es muy apreciable, en tanto que pone coto a una excesiva subjetividad. Muchas gracias.

      Un cordial saludo

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  18. Mi estimado Carlos:
    Antes que nada, quisiera darte una felicitación por tan buena traducción y por tan magnifica relación entre las citas del libro y tu opinión, me parece sumamente grandiosa.
    Soy de México, y he estado buscando este libro por un tiempo considerable, pero desgraciadamente no he logrado dar con él por ningún lado.
    Perdona el atrevimiento, pero no sé si exista una versión digital de todo el libro. Tengo unas ganas impresionantes de leer todo el libro.
    Saludos.

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    1. Estimado Alexandrox:

      Muchas gracias por tu comentario. Me satisface haberte complacido con mi entrada.

      No es ningún atrevimiento el tuyo. En estos momentos no dispongo del libro para poder enviártelo o de la referencia de ningún lugar donde puedas conseguirlo. Pero es más que probable que consiga una de las dos cosas en un breve plazo. Te pido por favor que me escribas a mi correo personal. Lo encontrarás un poco más abajo a la izquierda; si haces clic en «ver todo mi perfil» te aparecerá una página en la que aparece la foto que escogí para mi perfil y, un poco más abajo, podrás leer «contacto» y «correo electrónico»; si vuelves a hacer clic en «correo electrónico» ya podrás escribirme personalmente. De ese modo, en cuanto consiga lo que me pides te lo podré comunicar personalmente. Si encuentras algún problema vuelve a escribir un nuevo comentario y buscaremos una nueva solución.

      Recibe un cordial saludo

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    2. Muchas gracias, ya te escribí a tu correo personal.

      Recibe un fuerte abrazo.

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  19. Por lo menos ustedes pueden expresarlo mediante una buena redacción... creo que eso ayuda un poco, libera algo...
    Mientras que los que carecemos de ciertas virtudes terminamos cayendo en la desesperación y la ansiedad con más facilidad.
    Sigo esperando el gran momento en el que mis debilidades se conviertan en fortalezas :)
    Un placer leerlos. Saludos!

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    1. Sería contradictorio con el espíritu de todo lo más arriba expesado que intentara aconsejarle, en cualquier cosa.

      Usted no sólo escribe bien, en su manera de escribir hay algo más: usted también expresa con una buena redacción aquello que quiere decir. En mi modesta oipinión sólo tiene que seguir haciéndolo tal como lo hace: sin pretensiones, sin afectaciones, sin querer parecer ninguna otra cosa que lo que usted es.

      No sé si habrá observado que hace tres mese que no escribo ninguna entrada. Se podría decir que estoy en un momento de esos de «caída en la desesperación y la ansiedad», aunque en mi caso quizá tan sólo se trate de depresión, en todo caso también desesperación. Estoy en un momento de esos en los que se siente que todo es inútil, que nada sirve para nada, que ya no tengo nada que decir, que soy una fuente extinguida. Aun así, entre la espesa bruma, creo saber que es sólo un espejismo, que es sólo una percepción momentánea, transitoria (aunque ya dure tres meses o mucho más). Comienzo una entrada y no dejo de pensar todo esto, y me detengo, y lo dejo. Sin embargo, cuando escribo un email, creo ver que escribo como siempre, con una corrección, quizá, un poco más que aceptable. Todas las debilidades se convierten en fortalezas sólo por no abandonarse en la debilidad: ese no abandonarse ya es una fortaleza, en el doble sentido de la palabra: energía, fuerza, y también un lugar seguro en el que guarecerse y protegerse.

      Muchas gracias a usted por su comentario.

      Un cordial saludo

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  20. Navegando en busca de material sobre depresión he llegado a este blog, desconocido para mí (tan extenso es ete mundo de la red virtual, imposible de abarcar). Ciertamente es de agradecer que quienes tienen la facilidad de la palabra pongan en renglones los sentimientos y emociones que genera una enfermedad como esta, tan desconocida, tan rechazada por quienes no la padecen, ya que el ser humano tiende a sobrevivir, no hacia el fin, y es el fin el que prevalece en el alma de un deprimido, el fin de sí mismo, el no ser, el fin del dolor, el fin de la culpa, el fin de una carga insoportable. Y qué quieren esos ajenos al dolor sino que no les cuentes más tu pena, tu dolor, que no les empujes hacia abajo contigo.
    No he podido encontrar este maravilloso libro, está descatalogado, y los múltiples enlaces en los que encuentro una posible descarga se encuentran en páginas de dudosos reclamos. Quizá algún editor con depresión, en algún momento, se decida a relanzarlo. Nos hace falta.
    un saludo

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    1. He encontrado en epub el libro que se comenta en esta entrada. No he podido revisarlo, sólo he constatado que el traductor no es el mismo que el de la edición que comenté en su día. No sé si va a funcionar pero voy a pegar a continuación un enlace mediante el cual (creo) que se puede descargar de manera anónima y absolutamente libre de publicidades:

      http://www.prialepaste.com/ep.php#UBWjKUvl+r2IqKSmN4XRXQeAn96oPjJHV7dykFiul3DMK6ZMB+t0oBi8tufu/jJwSXYUwVTCBxe9jCkCis7u5S6j7eri4hVWLh7By11i4lxpM8UGkM1K/RUlXDYGWSR8vIn7EMzMFAoQZPhRo1MZA1othWGFehDADgIyQTYJNPEg==

      Si no funciona este enlace dígamelo que intentaré, si lo desea, hacerle llegar el epub de algún otro modo.

      Gracias por su comentario, un cordial saludo.


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